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Implantar el método perfeccionado. 7- Implantar

C. Modelo de las máquinas y herramientas

5.8 Implantar el método perfeccionado. 7- Implantar

Las fases finales del procedimiento básico son tal vez las más difíciles, y se necesita entonces la cooperación activa de la dirección y de los sindicatos. Ahí adquieren especial importancia las dotes personales del especialista en estudio del trabajo, su capacidad para explicar clara y sencillamente lo que propone, su don de gentes y su aptitud para inspirar confianza.

La implantación del nuevo método puede subdividirse en cinco fases: 1) Obtener la aprobación de la dirección.

2) Conseguir que acepte el cambio el jefe del departamento o del taller.

Ya hemos examinado esas dos etapas y sería inútil empeñarse en seguir adelante si han sido un fracaso.

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4) Enseñar el nuevo método a los trabajadores.

5) Seguir de cerca la marcha del trabajo hasta tener la seguridad de que se ejecuta como estaba previsto.

Si se proponen cambios que influyan en el número de trabajadores empleados en la operación, como suele ocurrir, deberá consultarse lo antes posible a los representantes de los trabajadores. Los planes para cambiar la distribución de la mano de obra se deben estudiar con todo cuidado, a fin de ocasionar el mínimo de trastornos o molestias. No hay que olvidar que incluso el obrero que ejecuta una operación por sí solo no es una entidad aislada en el taller o empresa donde trabaja. Si no forma parte de un equipo, igual pertenece a una sección o departamento y está acostumbrado a ver alrededor suyo a los mismos compañeros y a pasar la hora de la comida con ellos. Aunque trabajen a una distancia que les impida conversar, pueden verse y, de vez en cuando, tal vez bromear o quejarse de los superiores. Se han adaptado unos a otros, y si se traslada a alguno de repente, aunque no sea más que al otro extremo del taller, se lo quita de su círculo social y se lo hará sentir un poco perdido sin sus compañeros, y a estos sin él.

Cuando se trata de una cuadrilla o equipo de trabajo, los lazos son todavía más estrechos, y romperlos puede tener graves consecuencias para la productividad, pese a la mejora de los métodos. Solo en los años treinta se empezó a reconocer la importancia del comportamiento del grupo en el lugar de trabajo. El especialista que lo olvide se arriesga a provocar entre los trabajadores, sin necesidad, una resistencia a las reformas propuestas.

Al llevar a cabo las tres primeras etapas de la implantación resalta la importancia de dar instrucción y capacitación previas en estudio del trabajo a todos los interesados: dirección, personal dirigente subalterno y representantes de los trabajadores. La gente esta mas dispuesta a aceptar la idea de un cambio si sabe y comprende lo que va ocurriendo que si se encuentra ante transformaciones efectuadas como por arte de magia. Si los cambios conciernen a un equipo de trabajo, resulta a menudo preferible mantener discusiones con el grupo en su conjunto, en lugar de hacerlo individualmente con cada uno de sus integrantes.

De esa manera, el grupo podrá expresar su punto de vista y sus reparos.

Preparar la introducción de cambios

Cuando no es probable que se produzca una reducción o una transferencia de personal, es muy posible que los trabajadores acepten nuevos métodos si se les ha permitido participar en su establecimiento. El encargado del estudio del trabajo debe tener confianza en el operario desde el comienzo, explicándole lo que está tratando de hacer y porque y los medios con que espera hacerlo. Si el operario muestra interés, se le debe explicar los usos de los diversos instrumentos de investigación. El diagrama de secuencias es uno de los más útiles para atraer el interés a la mayor parte de las personas les gusta que sus actividades estén representadas, y la idea de que da tantos pasos en la ejecución de su trabajo de la mañana a menudo sorprende al trabajador y le hace que se sienta encantado con la idea de reducir su esfuerzo. Se debe pedir siempre a los trabajadores que presenten sus sugerencias o ideas sobre las mejoras que se pueden hacer y estas se deben introducir cuando es posible, expresando el debido reconocimiento a las personas que las han formulado (las sugerencias importantes pueden merecer una recompensa en dinero). Es preciso que los trabajadores participen lo más plenamente posible en el establecimiento del nuevo método, para que lleguen a pensar que este es principal o parcialmente obra suya.

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No siempre será posible obtener una cooperación muy activa del personal no calificado, pero estos trabajadores suelen tener algunas opiniones sobre cómo sus tareas se podrían facilitar - o someter menos a interrupciones - que darían pistas importantes al encargado del estudio del trabajo para reducir el desperdicio de tiempo y esfuerzos.

Una cooperación entusiasta a todos los niveles solo se obtendrá si existe confianza. Los profesionales del estudio del trabajo deben convencer a la dirección de la empresa de que saben lo que están haciendo. Deben conquistarse el respeto de los supervisores y técnicos, quienes han de captar que no solo no están ahí para desplazarlos o desenmascararlos, sino como especialistas dispuestos a ayudarlos. Por último, los especialistas en el estudio del trabajo deben convencer a los trabajadores de que no van a influir en su seguridad de empleo.

Cuando existe una resistencia enraizada al cambio, puede resultar necesario decidir si los ahorros que es probable se obtengan mediante la adopción del nuevo método justifican el tiempo y las complicaciones que entraña la incorporación del cambio mediante la readaptación profesional de los operarios de más edad. Puede resultar más barato concentrarse en los trabajadores recién incorporados y dejar que los de más edad sigan trabajando como saben.

Una vez que se gane la confianza de los trabajadores, el especialista en el estudio del trabajo descubrirá que recurren a él más que al supervisor para adoptar decisiones (peligro ya examinado). No se debe permitir que surja esta situación. El especialista en el estudio del trabajo debe asegurarse desde el principio de que todo el mundo entiende que no puede adoptar decisiones generales y que las instrucciones relativas a la introducción y aplicación de los nuevos métodos deben proceder del supervisor del trabajador en primer lugar. Solo entonces podrá seguir adelante con su trabajo.

Conviene que la sustitución de un método existente por un método revisado se planifique debidamente. La primera tarea estriba en señalar las diversas actividades que se deben realizar para que sea posible aplicar el método nuevo. Las más obvias son la compra o construcción de nuevo equipo, herramientas, dispositivos, etc., pero la lista puede incluir la modificación de las instalaciones o la capacitación de los operarios. Cada uno de estos cambios tendrá un “tiempo de espera” diferente antes de quedar completado, por lo que se debe elaborar un plan global de aplicación para asegurarse de que cada actividad quedara completada antes de que se efectué la introducción definitiva del nuevo método.

Capacitación y readaptación profesional de los operarios

El grado en que los trabajadores necesitaran una readaptación profesional dependerá íntegramente de la índole del puesto de trabajo. Sera mayor para los puestos de trabajo que entrañen un alto grado de pericia manual en los que se aplican desde hace tiempo métodos tradicionales. En esos casos es posible que sea necesario recurrir a películas para demostrar los métodos antiguos y los nuevos y la manera de efectuar los movimientos. Cada trabajo tendrá que tratarse con arreglo a sus propias circunstancias.

En la capacitación o readaptación profesional de los operarios, lo importante es crear el hábito de hacer la tarea de la manera correcta. El hábito constituye un elemento inapreciable para aumentar la productividad al reducir la necesidad de una reflexión consciente. Es tan fácil imbuir un buen hábito como uno malo.

A los principiantes se les puede enseñar a seguir en orden numerado ilustrando en un diagrama o ante la propia maquina. Con cualquier de los métodos, se les debe hacer comprender la razón de cada

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movimiento. Las imágenes fijas unidas a unas hojas de instrucciones han dado muy buen resultado. Cabe asimismo utilizar diapositivas o videos.

Las películas son particularmente útiles para la readaptación profesional. Cuando hay que acabar con viejos hábitos, puede ponerse de manifiesto que los trabajadores son totalmente inconscientes de lo que hacen. Una película de movimiento lento les permitirá ver cuáles son sus movimientos exactos y, una vez que los hayan captado, podrán empezar a aprender el nuevo método. Es importante que el nuevo método sea realmente diferente del viejo, ya que de lo contrario los operarios tenderán a volver a sus viejas costumbres, especialmente si no son jóvenes y han pasado muchos años haciendo ese trabajo.

Al aprender una nueva serie de movimientos, el operario adquiere velocidad y reduce el tiempo necesario para realizarlos muy rápidamente al principio. El índice de mejora empieza pronto a hacerse más lento, sin embargo, y a menudo hace falta una larga practica para alcanzar una velocidad realmente elevada y constante, aunque la adopción de métodos modernos de capacitación acelerada reducirá considerablemente el tiempo necesario.

En la figura 57 está representada una “curva de aprendizaje” típica. Los experimentos han mostrado que en las primeras etapas de aprendizaje, para obtener resultados óptimos, los periodos de descanso entre los periodos de práctica deben ser más largos que los propios periodos de práctica. Esta situación se modifica, no obstante, rápidamente y cuando el operario ha empezado a captar el nuevo método y a adquirir velocidad, los periodos de descanso pueden ser mucho más breves.

Uno de los elementos de la implantación esencial consiste en mantener un estrecho contacto con el trabajo, una vez que se ha iniciado, para verificar que el operario está adquiriendo velocidad y pericia y que no surgen inconvenientes imprevistos. A esta actividad se la designa a menudo con la expresión “cuidados asiduos” del nuevo método, y la expresión es apropiada. Solo cuando el especialista en el estudio del trabajo está convencido de que la productividad alcanza por lo menos el nivel previsto y de que el operario domina su trabajo podrá descuidar su vigilancia, por cierto tiempo.

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