CAPÍTULO II. Marco teórico
2. Estado de la cuestión
2.1. La importancia de la formación en habilidades de comunicación
2.
Estado de la cuestión
En este apartado se revisarán los antecedentes, la importancia y la justificación de formar a los alumnos en HC, tanto bajo un punto de vista general como para su aplicación a la entrevista clínica.
2.1.
La importancia de la formación en habilidades de comunicación
El hecho de formar a los alumnos de Medicina y a los profesionales de las Ciencias de la Salud en habilidades de comunicación interpersonal, durante su estancia en la Universidad, tiene una larga tradición en los países anglosajones. Dicho proceso llega de forma más tardía a Europa y se implementa de un modo más lento y heterogéneo, bajo un punto de vista geográfico y cronológico, en España. En éste caso fue en el ámbito de la educación médica donde se iniciaron las primeras experiencias docentes para dotar, a los futuros profesionales, de la competencia suficiente en habilidades de comunicación. Más adelante iniciaron este proceso otras titulaciones de las Ciencias de la Salud (Enfermería, Fisioterapia, Terapia ocupacional, etc.).
Existen diferentes motivos que permiten justificar la importancia de la formación en habilidades de comunicación. Para algunos autores, los cambios socioculturales que se produjeron desde la mitad del siglo XX hasta la actualidad han contribuido a modificar el modelo de la relación médico – paciente, la vivencia del proceso de salud – enfermedad así como el grado de implicación del paciente en dichos procesos.
Según Suchman, A.; Botelho, R.; Hinton‐Walker, P. (1998), la interacción entre el proveedor de salud y el paciente ha sufrido diversos cambios, pues se ha pasado de un modelo paternalista (centrado en el proveedor) a un modelo más centrado en el paciente y más cooperativo, donde la forma de establecer la relación con el paciente juega un papel importante a la hora de compartir las responsabilidades y de tomar decisiones (Clèries Costa et al., 2003). El mismo autor enumera tres aspectos que justificarían la introducción de esta competencia y su relevancia: el progreso de la sociedad y la implicación de los ciudadanos en la toma de decisiones; la pérdida de prestigio de los profesionales de la
9
salud, ligada a la incapacidad para comunicarse con los pacientes, y el impacto de las nuevas tecnologías (NNTT) donde el acceso a la información no está limitado exclusivamente a la cultura de “los expertos”. Por otra parte se ha producido una evolución en el patrón de comportamiento de los pacientes, donde éstos juegan un rol más activo, asumen el protagonismo en su proceso de salud y de enfermedad y demandan ser escuchados e informados1.
En el estudio de Stenmar & Nordholm (1994), dirigido a detectar cuáles son los factores más relevantes que contribuyen a la realización de un tratamiento exitoso, en una muestra de 187 fisioterapeutas de Suecia, la mayoría de los participantes coincidieron en dar una mayor relevancia a la calidad de la relación entre el terapeuta‐paciente que al tipo de tratamiento utilizado.
Se acepta que la calidad de la comunicación, proporcionada por el proveedor de salud a los pacientes, tiene un impacto relevante en los procesos de atención de salud que puede tener que ver con distintos aspectos que enumeramos a continuación:
‐ Con la relación entre el manejo adecuado de las habilidades de comunicación y el grado de
satisfacción del paciente (Bultman & Svarstad 2000; Dieppe, Rafferty, & Kitson 2002;
DiMatteo, Haskard, & Williams 2007; Seif, Brown, & Annan‐Coultas, 2013).
‐ Con el grado de adherencia a los consejos y a la prescripción de tratamientos (Razavi &
Delvaux 1997; Stewart et al. 1999; DiMatteo et al. 2007).
1
Dichos patrones tienen su origen en el modelo biopsicosocial, centrado en el paciente, (Engel,
1977), en contraposición al modelo biomédico centrado en la enfermedad (Engel, 1977). Para (Fava
& Sonino, 2008) “el estudio de la enfermedad debe incluir a la persona, su cuerpo y su entorno
medioambiental como componentes esenciales de un sistema global”. En este sentido consideramos
que la formación del fisioterapeuta debe ir más allá del modelo biomédico y apoyarse más en un
10
‐ Con la obtención de mejores decisiones, de mejores diagnósticos y de mejores resultados
terapéuticos (Levinson, Roter, Mullooly, Dull, & Frankel 1997; Bultman & Svarstad 2000;
Dieppe et al. 2002; DiMatteo et al. 2007).
‐ Con la disminución de los errores médicos, la disminución de reclamaciones y de los
procesos legales asociados a una mala praxis (Makoul & Curry, 2007; Clèries, 2010).
‐ Con la reducción de la morbilidad y de la mortalidad y en algunos casos con la reducción de
los costes sanitarios (Lonsdale et al., 2012).
Gard & Gyllensten (2000a) y Roberts, Whittle, Cleland, & Wald (2013a) describieron las
evidencias relacionadas con la calidad de la comunicación durante la relación fisioterapeuta‐paciente. Entre los aspectos a destacar constataron: el cumplimiento y la adherencia a los tratamientos, la mejora de la auto‐confianza del paciente y la mejora de la sensación de control respecto a la vivencia de su problema y a su capacidad de superación.
Respecto a los proveedores de la salud, se ha observado una disminución en los niveles de estrés psicológico cuando el proceso de comunicación se ha desarrollado en condiciones óptimas (Yeates, Stewart, & Roger Barton 2008; Stewart et al. 2000; Seif et al. 2013). Por el contrario, la comunicación ineficaz se ha vinculado a efectos adversos en el cumplimiento de los regímenes de tratamiento recomendados al paciente, a un aumento de errores médicos, de litigios y de reclamaciones asociados a una mala praxis, así como a un incremento del estrés y de la insatisfacción de los profesionales del ámbito de la salud (Stewart et al. 1999; Silverman, Kurtz, & Draper 2005; Clèries, Borrell, Epstein, Kronfly, & Escoda 2003; Clèries, 2010).
Desde el año 1999 la educación en habilidades de comunicación interpersonal (HCI) constituye un objetivo prioritario de las Facultades de Medicina en los Estados Unidos (Association of American Medical Colleges, 1999). La necesidad de introducir en los Planes de estudio la formación en habilidades de comunicación ha sido avalada por los cambios socioculturales ya comentados y por las recomendaciones proporcionadas desde diferentes instituciones cuya labor es acreditar la competencia profesional. De este modo existen diferentes entidades que fomentan y supervisan la inclusión de la evaluación de la competencia profesional en habilidades de comunicación médica. De éstas destacaremos,
11
entre otras: The Accreditation Council for Graduate Medical Education” (ACGME), mencionada por Hargie, Boohan, McCoy, & Murphy, 2010 y “The UK Council of Clinical Communication Skills Teaching in Undergraduate Medical Education”(von Fragstein et al. 2008).