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La importancia de la sexualidad dentro de la relación de pareja

2 Consideraciones previas al inicio

2.3. La pareja: cómo optimizar la terapia sexual

2.3.3. La importancia de la sexualidad dentro de la relación de pareja

Una relación de pareja debe tener tres componentes o ingredientes, según Sternberg (2000). Sternberg nos habla de intimidad, compromiso y pasión.

 – La intimidad  se refiere a aquellos sentimientos dentro de una relación que buscan el acercamiento, el vínculo, la conexión y, principalmente, que permiten que el otro conozca el propio ser íntimo, las emociones y pensamientos.

 – El compromiso implica la decisión de amar a la pareja y mantener el vínculo o, al menos, hacer todo lo que sea posible para poder mantener la relación de pareja.  – La pasión es el deseo de unión con el ser amado como muestra de las emociones

y sentimientos que se están sintiendo. Aquí es donde se incluye la unión sexual con la pareja. Es importante aclarar que la pasión no solamente incluye el contacto sexual con el otro, sino que contiene también el deseo de estar con aquella persona para expresarle el amor que se siente por ella. Y la expresión del amor puede hacerse de muchas maneras, entre ellas, a través de las relaciones sexuales.

Figura 2.2. El triángulo del amor de R. J. Sternberg (2000).

Por lo tanto, Sternberg concibe la pasión como parte fundamental de la construcción del amor. Y una de las formas que toma la pasión es a través de la sexualidad en pareja, por lo que es importante alimentar las distintas formas de expresión del amor o de la pasión que puedan existir. Si a ello le sumamos la importancia de que el contacto humano forme parte de nuestras vidas, dentro de la relación de pareja el contacto íntimo también puede ser primordial. Eso no significa que la sexualidad tenga el  papel protagonista dentro de la relación de pareja, pero quizás signifique que debemos

Siguiendo a los filósofos Comte-Sponville y Guitton, Walter Riso (2005) nos describe el amor unificado como aquel que es completo, sano y gratificante, como aquel amor que nos acerca a la tranquilidad y nos aleja del sufrimiento. Para ello, también debemos encontrar el equilibrio entre tres factores: eros, philia y ágape.

 –  Eros  sería el deseo sexual, aquella parte que cobra más importancia en el enamoramiento. Equivale al amor más pasional. Esta parte del amor busca la  propia satisfacción, es el amor egoísta, el amor posesivo. Es importante tener en cuenta que es el factor que más duele, el que se relaciona con la locura y con la incapacidad de controlarse. Por lo tanto, si sumamos este grado de locura, la falta de autocontrol, el anhelo de posesión del otro y un deseo sexual muy elevado, nos encontramos ante un tipo de amor muy peligroso, ya que puede hacer subir a la persona hasta límites insospechados de placer pero, como es  poco sostenible, al poco tiempo puede llevar a quien lo padece a golpearse contra el suelo con una brutalidad extrema. Riso dice que es el amor “que nos eleva al cielo y nos baja al infierno en un instante”.

 –  Philia  es la amistad en pareja, aquel amor que se comparte y que causa gran alegría. El objetivo de esta parte del amor es la reciprocidad y estar bien juntos. Y se puede enriquecer este amor que implica la amistad en pareja con el eros.  No son excluyentes. De ese modo tendremos un amor recíproco, que aporta tranquilidad, diversión y bienestar, junto con la chispa de aquello erótico,  pasional. Toda relación estable necesita de ambos factores para mantenerse en el

tiempo de manera sana.

 –  Ágape  es la ternura, es aquel amor que da y se compadece, es el amor  desinteresado. Dentro de este amor nos encontramos la delicadeza, la no violencia, el amor que se entrega. Es desinteresado porque no implica egoísmos, es compasivo porque nos mueve a estar junto con la persona amada cuando lo necesita, cuando está sufriendo. Significa estar al lado de la pareja y mostrarle apoyo sin esfuerzo alguno. Y, como sucede con la  philia, no excluye los otros dos factores. El ágape se complementa junto con el eros y la  philia.

Entonces, según Riso, nos encontraríamos ante el amor completo, en la pareja, cuando se complementan estos tres factores o ingredientes de manera equilibrada. Por lo tanto, una vez más se hace evidente la importancia del eros, del erotismo, de la pasión dentro de la relación de pareja, para que esta sea estable y duradera, pero de nuevo vemos que no es más importante que los otros factores, sino que tienen que estar los tres equilibrados para poder tener una relación sana y divertida. Ante la ausencia de uno de estos tres factores nos podemos encontrar con distintas dificultades dentro de la relación de pareja. Por ejemplo:

a) Cuando el   eros desaparece:  es cuando la persona no se siente deseada o cuando siente que no desea a su pareja, lo erótico pierde importancia y pasa a un segundo plano.

b) Cuando la  philia desaparece:  es cuando el aburrimiento entra por la puerta; ambos miembros ya no se divierten juntos, ya no hay alegría en la relación. c) Cuando el   ágape desaparece:  la pareja empieza a faltarse al respeto, no se

tiene en cuenta la perspectiva de ver la pareja como un equipo y se piensa de manera egoísta, sin que el otro importe.

Para evitar que desaparezcan estos factores debemos visualizar la relación de pareja como algo no estático: ambos miembros siguen evolucionando y cambiando a lo largo de toda la vida y la relación también seguirá una evolución que implicará cambios. Es importante cuidar al otro y cuidar la relación para que esa evolución no separe a quien está dentro de la pareja.

Antes de finalizar, es importante tener en cuenta que la sexualidad es imprescindible dentro de una relación de pareja, pero entendida en su sentido más amplio. Eso no implica gran cantidad, sino calidad. Matizo algo que creo que es de suma importancia: una pareja no puede vivir sin sexualidad, en cambio puede vivir sin relaciones sexuales. Me explico: hay quien decide no tener relaciones sexuales, y cada uno es libre de decidir  lo que quiera. Lo que sí es imposible es vivir sin sexualidad si la entendemos como la necesidad de tener contacto con el otro, ya que los humanos necesitamos del contacto con otro ser humano para poder sobrevivir y estar bien. Hoy en día se han confundido muchas cosas, como que la cantidad de relaciones sexuales que tiene una pareja es lo más importante. Y no es así. Cada pareja tiene que encontrar el equilibrio que le aporte felicidad y bienestar en lo que a su sexualidad se refiere. Debe ver en qué clase de juegos se siente más cómoda e incluirlos cuando le apetezca a ambos miembros de la pareja. Claro que es importante mantener viva esta parte de la relación, pero no hay que confundirlo con la obligación de tener relaciones sexuales cada día.

Cuento un caso que nos puede servir de ejemplo:

 Ana, de 33 años, y Manuel, de 34, son una pareja que llevan alrededor de cinco años saliendo juntos. De estos cinco años, los tres últimos han estado conviviendo.

El motivo de su consulta es que, según ellos, ambos tienen bajo deseo sexual.

manifiestan que están completamente satisfechos con su cantidad de relaciones sexuales. Me comentan que juegan una vez al mes o una vez cada mes y medio. Pero su malestar viene derivado de los estándares sociales. “Se supone que deberíamos tener más de una relación sexual por semana”, me dice Ana. Manuel afirma que ellos están muy contentos con sus relaciones sexuales, tanto en lo que se refiere a la cantidad como a la calidad, “pero las parejas de nuestro entorno nos dicen que tienen relaciones sexuales más de una vez a la semana y hemos pensado que deberíamos pedir ayuda para aumentar la cantidad de nuestros encuentros, quizás tenemos algún problema”.

 Nos encontramos ante un caso en el que “aquello que se dice” o “aquello que debería ser” interrumpe la felicidad de una pareja. En más de una ocasión he comentado que las falsas creencias pueden alterar una relación de pareja. En el caso de Ana y Manuel, si ellos están contentos con lo que tienen… ¿para qué buscar dificultades donde no las hay?

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