consideran que, ante
el escándalo y
desprestigio que las
actuaciones de
algunos colectivos
evangélicos están
dando del verdadero
cristianismo, sería
mejor presentarnos
ante nuestra sociedad
como protestantes; de
esta manera, se
piensa que podremos
recuperar el sentido
de nuestra identidad
histórica y volver a
las verdaderas fuentes
de nuestro origen
El sentido de
la vida
#12
José Manuel
González Campa
Licenciado en Medicina y Cirugía. Especialista en Psiquiatría Comunitaria. Psicoterapeuta. Especialista en alcoholismo y toxicomanías. Conferenciante de temas científicos, paracientíficos y teológicos, a nivel nacional e internacional. Teólogo y Escritor evangélico.La Revelación de Dios se puede contemplar, de forma un tanto re- duccionista, como aquel conjunto de conocimientos que nos ponen de manifiesto que el hombre se puede vivenciar a sí mismo proyectándose en dos dimensiones: una vertical, que le pemite relacionarse espiritua- lmente con lo trascendente (Dios), y otra horizontal, en la que deviene dinámicamente su experiencia in- manente (social y humana).
El capítulo 4 del Eclesiastés –al que vamos a introducirnos en este capítulo y que examinaremos más detalladamente en el próximo, en el que transcribiremos todo el pasaje– se ocupa de manera preferente de las diversas circunstancias socioló- gicas en que el ser humano vive in- merso aquí y ahora. Los textos que vamos a considerar nos ponen de relieve las diversas situaciones la- borales, económicas, sociopolíticas y existenciales en las que nos deve- nimos históricamente
Resulta impresionante que nuestro autor pudiera tener, hace más de
2.500 años, una visión de la reali- dad tan coincidente con la que se vive en la mayor parte de la Tierra en la época actual.
Qoheleth comienza diciendo: “Me volví y vi todas las violencias (en heb. opresiones) que se hacen deba- jo del sol; y he aquí las lágrimas de los oprimidos sin tener quien les consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador”[74].
La lectura de este texto no puede por menos que traer a nuestra me- moria el denominado MANIFIES- TO COMUNISTA que Carlos Marx, fundador del Socialismo Científico conjuntamente con Frie- derich Engel, publicó en 1848. En múltiples ocasiones he venido insis- tiendo, tanto en mis conferencias [75] como en mis escritos, en que la Revelación de Dios contenía antici- padamente los elementos básicos que han constituido la infraestructu-
ra ideológica de los diferentes sis- temas, tanto filosóficos como so- ciopolíticos, que se han venido desarrollando a lo largo de la His- toria. Si el pueblo de Dios se hu- biera realizado históricamente con una voluntad decidida de plasmar en la praxis los deseos de Dios contenidos en su Revelación, la historia del mundo hubiera sido otra. De manera muy especial, el Cristianismo tuvo la gran oportuni- dad de poner en práctica conteni- dos fundamentales del Reino de Dios, pero las diversas influencias peristáticas (el medio sociocultural, socioeconómico, sociorreligioso y psicosocial) le desviaron de su ver- dadera vocación.
La religiosidad, en su sentido más peyorativo, ocupó y sigue ocupan- do el centro de atención de las igle- sias. Se espiritualiza el Evangelio, y se ofrece a los seres humanos una salvación que opera exclusivamen- te en el ámbito de lo anímico y pneumático. De manera más con- creta, en el marco del campo evan- gélico español –que es para mí el más cercano y, por tanto, el que más me duele– se está produciendo una evolución ideológica más que preocupante.
Durante más de cien años, y a par- tir de lo que se conoce en España como la Segunda Reforma, nos he- mos venido denominando cristia- nos evangélicos, con la intención de diferenciarnos de otras denomi- naciones que también asumen, cada una a su manera, el nombre de cristianas. Nos hemos distanciado
de manera clarísima de la Iglesia Católica Romana y también, en el ámbito de las denominaciones más importantes, del cristianismo pro- testante (reformado). Hoy en día, cuando vamos tomando conciencia de nuestra falta de sentido de iden- tidad, y, con el pretexto de recupe- rar la personalidad perdida como pueblo de Dios, estamos empezan- do a reconsiderar cuál debe de ser, desde el punto de vista semántico, nuestra denominación.
Tengo la impresión de que muchos consideran que, ante el escándalo y desprestigio que las actuaciones de algunos colectivos evangélicos es- tán dando del verdadero cristianis- mo, sería mejor presentarnos ante nuestra sociedad como protes- tantes; de esta manera, se piensa que podremos recuperar el sentido de nuestra identidad histórica y vol- ver a las verdaderas fuentes de nuestro origen. Bueno sería que, de una vez por todas, dejásemos a un lado la fantasía elucubrativa de que nuestras iglesias suponen un conti- niuum ideológico y doctrinal con las comunidades y asambleas novo- testamentarias.
Sin duda alguna, somos hijos de la Reforma del siglo XVI; pero si asu- mir esta realidad histórica se con- cretiza exclusivamente en levantar nuestro estandarte con el nombre de Protestantes, sin romper con el sentido de religiosidad y de tradi- cionalismo que han ido suplantan- do a lo largo de tiempo la verdade- ra doctrina del Evangelio, no ha- bremos hecho más que dar un paso
que nos definirá, en la Historia y ante Dios, como un pueblo religio- so que ha invalidado con sus tradi- ciones la verdadera Palabra de Dios.
Volviendo al tema del capítulo 4, debiéramos de tomar conciencia de que nuestro compromiso –como creyentes– ante el mundo debe de trascender lo anímico y espiritual, para devolverle al Evangelio la gran dimensión social que sus con- tenidos fundamentales conllevan. El apóstol Pablo nos enseña que “somos hechura suya (lit. cosa de su hacer), creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que an- duviésemos en ellas”[76]. En este sentido, conviene que volvamos a
Capítulo 9
Sociología de la realidad
[74]. Ecles. 4:1.
[75]. JOSÉ MANUEL GONZÁLEZ CAM- PA: “El comunismo bíblico”.
Tengo la impresión
de que muchos
consideran que, ante
el escándalo y
desprestigio que las
actuaciones de
algunos colectivos
evangélicos están
dando del verdadero
cristianismo, sería
mejor presentarnos
ante nuestra sociedad
como protestantes; de
esta manera, se
piensa que podremos
recuperar el sentido
de nuestra identidad
histórica y volver a
las verdaderas fuentes
de nuestro origen
considerar la traducción de 4:1 en algunas otras versiones. Por ejem- plo, La versión Nuevo Mundo (NM) lo traduce así: “Y yo mismo me volví para poder ver todos los actos de opresión que se están ha- ciendo bajo el sol, y ¡mira! las lá- grimas de los que están siendo opri midos, pero que no tenían consola- dor; y de parte de sus opresores ha- bía poder, de modo que no tenían consolador”. Asimismo, resulta in- teresante la traducción de André Barucq: ”He aquí para las lágrimas de los oprimidos no hay consolador; y para el poder de sus poderosos opresores no hay liberador”.
Sin duda alguna, desde el punto de vista de este texto, la visión sociola- boral y existencial de los seres hu- manos es pesimista. ¡Como que no hay esperanza!
La Historia es testigo fiel de que los diversos movimientos ideológicos redentores; es decir, liberadores y gestores de la emancipación de los oprimidos (“¡proletarios del mundo entero, uníos!”), han terminado convertidos en sistemas totalitarios y esclavizadores; y su devenir ideo- lógico se orienta en nuestros días hacia una conversión descarada a los principios alienantes y materia- listas del denominado neoliberalis- mo capitalista. Dicho en otras pala-
bras: en el mundo, los ricos y pode- rosos aumentarán su riqueza y su poder en la medida que van expo- liando a la mayor parte de la huma- nidad, que vive en la indigencia y en la penuria económica y social más precaria y alienante.
Es quizá por este hecho histórico e incontrovertible que nuestro autor plasma en las páginas de su extraor- dinaria obra lo siguiente: “Y alabé yo a los finados, (lit.= felicité a los muertos) los que ya murieron, más que a los vivientes, los que viven todavía. Y tuve por más feliz que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen”[77]. En consecuencia, Qoheleth, al analizar la realidad psicosocial, socioeconó- mica y sociolaboral de los seres hu- manos, y tomar conciencia de que la mayoría de los mismos viven bajo la opresión y la explotación más abyecta y degradante, termina proclamando una vez más lo que es la tesis fundamental de su obra: “Todo esto es vanidad y aflicción de espíritu”.
Lo que resta de este capítulo 4 se refiere a posibles soluciones que re- suelvan la pobreza en la Tierra de esa mayoría de seres oprimidos que
malviven en una situación de fla- grante injusticia, desposeídos de los más elementales derechos humanos. Como en su momento comentare- mos, sólo el establecimiento pleno del Reino de Dios sobre las nacio- nes permitirá que “los pobres sean juzgados con justicia”[78]. Nos res- ta ahora que todos los cristianos, que vivimos esperando la manifes tación gloriosa de aquel que dijo: “Volveré otra vez”[79], hemos de concienciarnos de que nosotros ya vivimos en el marco del Reino de Dios, y de que la voluntad salvífica del Señor es que nuestro servicio y vocación cristiana colabore, en la medida de nuestras posibilidades, a que ese ya, pero todavía no del emi- nente teólogo Oscar Cullman[80] se vaya plasmando en nuestro testimo- nio cotidiano. R
[77]. Ecles. 4:23. [78]. Is 11:4. [79]. Jn 14:3.
[80]. Oscar Cullman: “CRISTO Y EL TIEMPO”.