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13. La vida recreativa en Santiago de Compostela: Sus aspectos positivos y

14.2. Salgo de marcha

14.2.3. Riesgo, control y autocontrol

14.2.3.2. Impulsividad y autocontrol

Son varias las asunciones de la teoría del autocontrol, que Karoly (1995) resume en tres. La primera es que se asume que la conciencia tiene un papel funcional en la adaptación humana. Por medio de la conciencia reflexiva de nuestras experiencias internas y externas somos presumiblemente capaces de atravesar un continuo cambio y a menudo desafiando los contextos de vida externos. El control automático y no consciente es probable que tenga una importante función para la adaptación humana junto con el control ejercido por las poderosas fuerzas ambientales. De este modo, cuando se establece un papel adaptativo, a través de la guía externa, interna o de ambas, se hará capaz del mantenimiento subsimbólico. La segunda es que, entre las funciones importantes de la mentalidad consciente, está la selección del ambiente; la habilidad para construir, modelar o simular los eventos actuales o los eventos hipotéticos; y la comparación de los eventos sentidos para las

representaciones internas (simulaciones) de los estados futuros deseados (metas). De ahí que se utilice la palabra volición, a la que se refieren como la capacidad de que de modo deliberado y consciente poner en marcha el sistema motor para realizar la ejecución en línea con objetivos múltiples, especialmente cuando hay varias metas en conflicto, están asociados con refuerzos externos mínimos o tienen un valor diferencial a lo largo del tiempo. Y, tercero, el significado de la acción autodirigida se cree que ocurre en un contexto social (interpersonal), biológico y temporal. Y, se asume que hay que tener en cuenta a todos estos elementos en cada momento y acción sin descartar a ninguno de ellos. Con ello los niveles cognitivo, ambiental, temporal y biológico, son parte de una etapa explicativa y el autocontrol no ocurre si no se considera todo ello a un tiempo. Al tiempo, esto asume que una explicación basada exclusivamente en las contingencias es insuficiente. La elección de los humanos es más compleja y se basa en parte importante en los significados. Incluso el valor de cada refuerzo depende de la interpretación que le de el individuo al mismo y a la validación social. También se asume la continuidad de la conducta observable y de la encubierta, o no observable, lo cual es de gran relevancia desde una perspectiva de aprendizaje y de procesos semejantes a nivel observable y encubierto.

Una de las conceptualizaciones actuales más claras y útiles sobre el autocontrol es la de Logue (1998). Parte de la asunción básica de que la impulsividad es lo opuesto al autocontrol. A partir de esta afirmación, basada en la evidencia empírica, elabora toda la teoría del autocontrol basada en los conocimientos que tenemos sobre el mismo. Lo cierto es que en nuestra vida tenemos que tomar frecuentemente decisiones que implican optar por algo inmediato o algo diferido. Cuando la persona opta siempre o casi siempre por lo inmediato, aunque lo que más le apetece es lo diferido, no está ejerciendo autocontrol, o puede que esté actuando impulsivamente. La clave del autocontrol es la demora del refuerzo para la obtención de un resultado. Normalmente se demora un refuerzo pequeño o de baja magnitud para logar en el futuro un refuerzo importante de mayor magnitud. Un ejemplo típico ocurre en el estudiante universitario que tiene que decidir no salir de marcha en una semana para preparar un examen. No sale habitualmente porque sabe que si lo aprueba, y aprueba además el resto de las asignaturas, le quedará libre el verano y a lo largo de él podrá divertirse más, tener todo el tiempo para si y no estar preocupado por estudiar a

diferencia de si hubiese suspendido. Pero, además, si va aprobando año a año todas las asignaturas podrá finalizar una carrera que le permitirá ganarse la vida y, si además, estudia lo que le gusta, sentirse realizado en aquello que va a marcar su vida futura a nivel laboral, económico y a otros niveles sociales. El autocontrol se basa en la mayor o menor importancia que el refuerzo tiene para la persona, en el mayor o menor tiempo de retraso del refuerzo y de los resultados positivos o negativos que se obtengan (Logue, 1998).

Lo que sabemos es que, en un ambiente incierto, la persona es más probable que actúe con impulsividad que con autocontrol; esto es, se sabe que la impulsividad es más probable que ocurra que el autocontrol para maximizar los beneficios en conjunto en un ambiente incierto. Y, esto ocurre tanto en los animales como en el hombre. También se sugiere que esto puede ser fruto de la evolución, lo que explicaría la propensión genética en unos casos a la impulsividad y en otros al autocontrol (Logue, 1998).

Para la explicación de muchas conductas, y de la existencia de escaso o nulo autocontrol en las mismas, el peso de la cultura y del funcionamiento actual de nuestro mundo es importante. Hoy, la mayoría de los eventos que ocurren en nuestro ambiente son predecibles. Esto no ocurría en otras épocas de nuestra historia. Pero además, las consecuencias de muchas conductas son específicas y ciertas o casi siempre ciertas. Pero la elección de la respuesta correcta puede no ser adaptativa a corto plazo (ej., lo que ocurre con la conducta de fumar, salir de marcha, beber alcohol hasta emborracharse, etc.). Aquí se produce la discrepancia entre como la persona cree (que es inmune a todo, que siempre será joven, que a él no le va a pasar nada) y el ambiente actual (enfermedades por consumo de sustancias psicoactivas, accidentes de tráfico, sida, embarazos no deseados, etc.). La persona piensa que ciertos eventos son improbables o inexistentes; por ello se implica en conductas impulsivas, donde busca una gratificación inmediata, y no ejerce autocontrol sobre su conducta. Lo anterior no debe llevar a la conclusión de que el autocontrol siempre es bueno y la impulsividad siempre es mala. Como elemento de nuestra evolución son buenos o malos dependiendo de cada situación y en cada ambiente. Sin embargo, aplicado al consumo abusivo de drogas, normalmente la impulsividad sería mala, aunque en otras conductas, como una parte de nuestra herencia evolutiva, puede ser buena. Sin

embargo, en otros el autocontrol es más adaptativo, más adecuado y nos preserva como especie de distintos peligros.

Para Logue (1998) los factores que afectan al autocontrol dependen de las características de un resultado y de las características de la persona individual. Al menos hay tres características de un resultado que afectan a si se puede o no ejercer autocontrol: retraso del resultado, tamaño del resultado y contingencias del resultado. Cuanto mayor es el retraso del resultado mayor es la probabilidad de que se desestime ejercerlo. Además, en el retraso relativo percibido de los reforzadores puede afectar al autocontrol. Es importante tener experiencias previas de retraso de los resultados para habituarse a la frustración o a la aversión causada por ese retraso. Con ello se incrementa posteriormente el autocontrol.

El autocontrol también depende del tamaño de los resultados disponibles. La percepción de dicho tamaño es de gran relevancia. Pensar en términos de coste- beneficios facilita elegir más adecuadamente qué hacer; el autocontrol se incrementa cuando la persona incrementa su conocimiento de la existencia de un resultado retrasado mayor; también la experiencia previa de los resultados positivos o negativos obtenidos mediante el autocontrol influye en el incremento o no del tamaño relativo del resultado que se espera mediante el autocontrol.

La relación entre respuestas y resultados se denomina contingencias del resultado. Ciertas contingencias del resultado y la presencia percibida de aquellas contingencias, pueden ser utilizadas para incrementar el autocontrol. Una de estas contingencias del resultado que puede afectar el autocontrol es si la persona tiene o no la opción de cambiar su elección mientras espera por el mayor, pero más retrasado, resultado. Los estudios de laboratorio indican que en este caso es más probable que se de la impulsividad. Otro tipo de contingencia que afecta al autocontrol es una contingencia de precompromiso. Cuando ésta existe es más probable que el individuo realice el autocontrol y no la impulsividad (ej., cuando suena el despertador por la mañana, que nosotros hemos programado la noche anterior antes de acostarnos para que suene a esa hora, nos lleva a levantarnos, no a quedarnos en cama aunque tengamos sueño). También el autocontrol puede verse afectado por el conocimiento de los resultados que lleva cada una de las distintas respuestas posibles. Si la persona sabe que demorando la respuesta obtiene un resultado, porque así le ha ocurrido en el

pasado, es más probable que la demore; si en el pasado no le ha ocurrido tal cosa es menos probable que demore el resultado ahora. Igualmente, cuando la respuesta de autocontrol y el resultado parece tenuo e incierto, es menos probable que la persona aplique el autocontrol. En cambio, las autoafirmaciones parece que influencien las percepciones del sujeto de las contingencias respuesta-resultado, sirviendo como una especie de guía para ejercer el autocontrol.

Dentro de las características de la persona individual se sabe que el autocontrol se incrementa con la edad: en niños es menor que en adultos. Se sugiere que hay dos etapas. Una, que está en torno los 6 años, en la que el niño aprende a esperar por su resultado más preferido. Otra, entre los 9 y los 12 años, en que aprende cuando deben esperar por el resultado que prefiere y que no siempre tiene ventajas esperar por el resultado que más prefiere. Junto a ello, conforme se avanza en edad, las personas desarrollan habilidades o aprenden estrategias que les ayudan a disminuir o eliminar los efectos de desestimar los resultados retrasados. Entre éstas se han indicado la habilidad de discriminar intervalos de tiempo, habilidad intelectual, menor nivel de actividad general, aprendizaje de estrategias generales que incrementan el autocontrol (ej., distraerse, darse instrucciones), sexo (las chicas tienen más autocontrol que los chicos) y cultura (unas culturas priman más el autocontrol que otras; el ejemplo típico del autocontrol y la resistencia a la tentación en la religión judeo-cristiana).