Una de las inconsistencias más evidentes de la hipótesis “VIH/ SIDA” ha sido la de los niveles extremadamente bajos o inexis- tentes de actividad bioquímica (viral) por parte del VIH en las personas que padecen alguna de las enfermedades con que se defi- ne el SIDA. El significado de la actividad bioquímica en los virus puede entenderse si la comparamos con la actividad bioquímica de los seres humanos. Una persona que cava un hueco, por ejemplo, está comprometida en un alto nivel de actividad mientras realiza esa tarea y el nivel de esta actividad puede medirse en términos del fun- cionamiento fisiológico, tales como la respiración, los latidos cardía- cos y el movimiento; en cambio, una persona que duerme tiene muy poco nivel de actividad y manifiesta bajos niveles de las mismas funciones, además una persona muerta no manifiesta actividad algu- na. Igual que una persona duerme, o que está muerta no es capaz de cavar ningún hueco, un virus que está apenas activo o completa- mente inactivo tampoco puede causar enfermedad.
En el caso del VIH, los científicos han encontrado siempre ni- veles extremadamente bajos o ninguna actividad bioquímica, aún en personas que se están muriendo de SIDA. Esta falta de actividad viral representa un problema obvio para la hipótesis del VIH; ¿cómo puede causar una enfermedad un virus que esté “muerto” o “inactivo?”.
En un esfuerzo por contestar la pregunta de arriba, la mayoría de la prensa y de los médicos del SIDA aceptan la teoría propuesta como si fuera un hecho. Los expertos aseguraron que el VIH era un virus silencioso (lento) que permanecía inactivo (latente) por un período de tiempo antes de volverse activo y causar la enfermedad. Esta teoría del virus lento reinó por más de una década como el “período de latencia” durante el cual había un crecimiento inexpli- cable –de 12 meses a 30 años- pero el VIH activo tampoco podía
ser detectado ni siquiera en pacientes severamente enfermos de SI DA. Montagnier lo calificó como perteneciente a la familia “lenti- virinae” y Gallo como “oneovirinae”. Toxonómicamente supone un error y una diferencia contradictoria abismales desde el punto de vista de “clasificación de las especies”.
Otra paradoja problemática con la hipótesis de que el virus es la causa del SIDA, ha sido la carencia de cantidades significativas de virus en las personas diagnosticadas de SIDA.
Una enfermedad viral requiere de cantidades suficientes de vi- rus para causar la enfermedad en cuestión. En la hepatitis, el res- friado común o la influenza, la respuesta viral que se encuentra es de millones o billones de virus por centímetro cúbico de sangre y en cada una de las células que constituyen el hígado. Por eso es cito- tóxico, porque intoxica y mata la célula. En el caso del SIDA, rara- mente se encuentra al virus supuestamente responsable, y cuando se encuentra, es en cantidades insuficientes para causar en-fermedad alguna. Además, cuando el VIH se replica no mata a las células hospederas, lo cual quiere decir que el VIH no es citotóxico. Otros virus al causar una enfermedad lo hacen porque son citotóxicos y destruyen las células hospederas cuando se reproducen, cuando pro- liferan e infectan entre el 30% y el 60% de todas las células blancas. Con el VIH, solamente se han encontrado muy bajas concentra- ciones del supuesto virus y únicamente en una fracción muy peque- ña de las células blancas.
El método estandar para detectar la presencia viral es cultivar el virus, un hecho que no cumple en el VIH. Para cultivar un virus, se coloca una muestra de sangre o del plasma del paciente en un cultivo de células y se deja allí para que se multiplique. Si el virus está presente, crecerá y proliferará; si no lo está, no lo podrá hacer. Este método simple y directo de detección se ha logrado con éxito en todos los virus menos con el VIH. El VIH nunca ha sido visto o encontrado en cultivos; su presencia se ha asumido por la detección de anticuerpos. Pero la presencia de anticuerpos no indica presencia viral; los anticuerpos neutralizan los virus produciendo inmunidad contra la infección. Las pruebas de anticuerpos para el VIH detec- tan proteínas, tal como la p24, la cual ni siquiera es específica del VIH. Si las personas que resultan positivas en las pruebas de anti- cuerpos para el VIH o si las personas diagnosticadas con SIDA, tu-
vieran cantidades significativas del VIH, no serían necesarios méto- dos indirectos de detección.
En 1993, los intentos por resolver el misterio de la falta del VIH inspiraron un “nuevo descubrimiento” y los expertos anunciaron que finalmente habían encontrado al VIH “escondido en los gan- glios linfáticos”. (Nature 1993; 362:355-359 la infección es masiva y progresiva en tejido linfático). Los medios de comunicación y las organizaciones del SIDA anunciaron este descubrimiento hasta que cayeron en cuenta que las partículas retrovirales enviadas por Mon- tagnier a Gallo en 1983 también habían sido extraídas de ganglios linfáticos, y que la cantidad del virus “escondido” encontrada en 1993 era todavía insignificante.