La pedagogía crítica, que toma elementos de las complejas tradiciones ins- critas en la investigación-acción participativa, así como del giro crítico del discurso feminista y de la literatura, cada vez mayor, que trata sobre los pueblo indígenas o ha sido producida en su seno (Smith, 1999 y 2005), pone en práctica un compromiso con la participación y representación hechas con miembros de la comunidad, y no para los miembros de la comunidad. Este proyecto, que amplifica la propuesta de Fine y Weis (2003, p. 176-177), se construye sobre el conocimiento y la experiencia locales, que se desarrollan en la parte más baja de la jerarquía social. Siguiendo los pasos de Smith (1995), un trabajo participativo de repre- sentación honra y respeta el conocimiento y las costumbres locales y practica e incorpora esos valores y creencias en una indagación actuación- acción participativa (Fine y Weis, 2003, p. 176).
El trabajo dentro de esta tradición activista, participativa y de repre- sentación es un acto de devolución a la comunidad, «creando un legado de
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PEDAGOGÍA CRÍTICAinvestigación, un proceso de cambio, y medios materiales para hacer que sea posible la transformación en las prácticas sociales» (Fine y Weis, 2003, p. 177). Por medio de la representación y de la participación, el intelectual desarrolla «un modo participativo de conciencia» (Bishop, 1998, p. 208). Esto ayuda a dar forma a la naturaleza de la investigación, orientada a la participación, e introduce al investigador como actuante en las estructuras narrativas y de responsabilidad moral del grupo.
Este proyecto opera hacia fuera, partiendo de la universidad y sus aulas, y trata los espacios académicos como esferas públicas críticas, como lugares de resistencia y de empoderamiento (Giroux, 2000, p. 134). La pedagogía crítica se resiste a las crecientes mercantilización v comercialización de la educación superior. Lucha contra la penetración de los valores neoliberales en las zonas de investigación, en las aulas y en los currículos. Es crítica con los comités de evaluación institucional, cuyos juicios sobre las investigacio- nes de disciplinas humanísticas son todavía más restrictivos.
El compromiso con la pedagogía crítica en las aulas puede ser una experiencia dialógica empoderadora. Los espacios institucionales se con- vierten en espacios sagrados. En ellos, los alumnos y alumnas se arriesgan y dicen lo que sienten, y utilizan sus propias experiencias como herramientas con las que forjar una conciencia racial crítica. El discurso crítico que se crea en esta esfera pública puede trasladarse a otras aulas y a otros espacios pedagógicos, en los que imaginar y experimentar una utopía militante.
Como práctica performativa de la representación, este proyecto cues- tiona y critica las narraciones culturales que responsabilizan a las víctimas de la violencia cultural e interpersonal que sufren. Estas narraciones culpan y castigan a las víctimas. Pero las narraciones de representación hacen algo más que celebrar las vidas y las luchas de personas que han sobrevivido a la violencia y los abusos. Estas narraciones deben estar dirigidas siempre, como respuesta, hacia las estructuras que dan forma a la violencia en cuestión, que la producen. Desde el punto de vista pedagógico, la representación siempre es política y se centra en el poder. Las representaciones se sitúan dentro de su momento histórico, y ponen su atención en los manejos del poder y la ideología. Lo performativo o representativo se convierte en una manera de criticar lo político, una manera de analizar de qué modo actúa la cultura, pedagógicamente, en la producción y la reproducción de las víctimas.
Desde los puntos de vista pedagógico e ideológico, lo performativo se convierte en un acto, en algo que se hace (Giroux, 2000, p. 135), una forma dialógica de estar en el mundo, una forma de cimentar las repre- sentaciones en las situaciones concretas del presente. Lo performativo se convierte en una forma de preguntar de qué modo «los objetos, los discur- sos y las prácticas construyen posibilidades para la ciudadanía, y la tensan» ( Nelson y Gaonkar, 1996, p. 7; citado también por Giroux, 2000, p. 134). Esta postura relaciona lo biográfico y lo personal con lo pedagógico y lo
TA POLÍTICA Y LA ÉTICA DE LA REPRESENTACIÓN PEDAGÓGICA: HACIA UNA PEDAGOGÍA DE LA ESPERANZA
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performativo. Proyecta la crítica cultural en la identidad de un ciudadano o ciudadana críticos, una persona que colabora con los demás en proyec- tos de acción participativa que representan las visiones democráticas mili- tantes de la vida pública, de la comunidad y de la responsabilidad moral ( Giroux, 2000, p. 141). Este público intelectual practica una pedagogía crí- tica de la representación. Como ciudadano o ciudadana preocupado que trabaja con otras personas, toma una posición acerca de los asuntos críticos de su momento presente, y comprende que no puede existir una demo- cracia genuina si no hay una oposición y un criticismo genuinos (p. 136). A su vez, la pedagogía democrática radical exige que los ciudadanos y ciudadanas, tanto intelectuales como no, se comprometan a arriesgarse; personas deseosas de actuar en situaciones en las que el resultado no puede preverse. En estas situaciones, puede imaginarse una nueva política de nuevas posibilidades, y se puede hacer que se materialice. Sin embargo, en estos espacios pedagógicos no hay líderes y seguidores, sólo hay copar- ticipantes, personas que trabajan juntas para desarrollar nuevas líneas de acción, nuevas historias, nuevas narraciones, en un esfuerzo colectivo. ( Bishop, 1998, p. 207).Debemos encontrar un nuevo relato que representas.. debemos preservar un modelo de sociedad libre y democrática. ( Kittridge, 1987, p. 87)
Una pedagogía de la representación radical significa poner manos a la obra a la imaginación sociológica crítica, tanto desde el punto de vista polí- tico como desde el punto de vista ético. Es un trabajo que implica a las pedagogías de la esperanza y de la libertad. Unos estudios culturales per- formativos representan estas pedagogías tanto en lo reflexivo como en lo ético. Se trata de prácticas que requieren una ética de la representación, que he tratado de mostrar con algún detalle.