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INDICADORES, SIGNOS Y SÍNTOMAS

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Cuando nos relacionamos con las demás personas, es importante que aprendamos a prestar atención a la “actitud” que éstas tienen frente a la vida, más allá de sus palabras.

Cuando aprendemos a leer entre líneas, notamos que existen ciertas señales de alerta, o signos o síntomas que nos permiten reconocer a un abusador o una potencial relación de abuso emocional. Algunos síntomas son más evidentes, pero otros son mucho más sutiles.

Empecemos por analizar un ejemplo obvio:

Una persona que es desmedidamente ambiciosa, inescrupulosa, egoísta, desconsiderada con los demás, y que tiende a descalificar a otras, a menudo proyectará esta actitud en todos los aspectos de su vida (laboral, afectivo, social, etc.) Su capacidad de abusar emocionalmente la transmitirá a través de mensajes verbales o no verbales, sutiles o evidentes. A veces, hasta podemos darnos cuenta de cómo funciona este tipo de abusador por la manera en que trata a una camarera en un restaurante. Los abusadores suelen tratar despectivamente a otras personas, para sentirse superiores a alguien. O bien, pueden minimizar la importancia que tiene el tiempo de otras personas, llegando tarde a las reuniones de trabajo o faltando a las citas médicas sin avisar, etc.

Observar la conducta de una persona, su actitud en distintas situaciones y ámbitos, o cómo interactúa con otros, nos dice mucho acerca de esa persona, nos brinda información importante sobre la clase de persona que es. Si una persona trata con desprecio a una camarera, podemos esperar que el futuro también nos trate igual, porque se trata de una persona que no respeta a los demás.

Si una persona olvida sus citas personales o llega siempre tarde a las reuniones de trabajo, estamos frente a una persona en la que no se puede confiar mucho, ya que nunca sabemos si podremos contar con su presencia o si se le presentarán problemas (continuamente) que le impidan cumplir con sus obligaciones. Cuando esto ocurre esporádicamente, no es algo grave, pero cuando se convierte en una regla o en una norma habitual, entonces desestabiliza emocionalmente a las demás personas que trabajan con este sutil e irresponsable abusador. Además, su actitud nos habla de una persona egoísta que no tiene consideración por los demás. Por lo general, las personas que no tienen control sobre su vida, acaban entorpeciendo y desequilibrando la vida de los demás. Un jefe que es

incapaz de poner límites y acepta compromisos en nombre de un equipo de trabajo, puede perjudicar a los integrantes de dicho equipo, aceptando tareas que no les corresponde hacer o que afectarán el rendimiento personal de los integrantes de ese equipo.

También es importante tener en cuenta cómo nos sentimos nosotros mismos frente a determinadas personas:

¾ ¿Nos sentimos a gusto o nos sentimos incómodos?

¾ ¿Sentimos que debemos tener mucho cuidado con lo que hacemos y decimos a fin de no ofender a esta persona?

¾ ¿Podemos ser nosotros mismos, o tenemos que fingir ser alguien diferente para complacer a la otra persona o lograr su aceptación?

¾ ¿Nos sentimos presionados por alguna razón y no comprendemos bien por qué? ¿O nos sentimos relajados, sin presiones y sin necesidad de esforzarnos por agradar a la otra persona?

¾ ¿Compartimos los mismos códigos morales o los mismos valores?

¾ ¿Toleraríamos que un total desconocido nos tratara de esa manera?

Además, algunos síntomas de abuso emocional, o de una relación abusiva, pueden incluir los siguientes:

• La otra persona critica, humilla, se burla, o juzga permanentemente a los demás en nuestra presencia.

• La otra persona nos ridiculiza cuando expresamos lo que sentimos o lo que necesitamos.

• Interfiere constantemente en nuestra relación con los demás diciéndonos qué es lo que debemos hacer (cómo criar a nuestros hijos, cómo hablar con nuestro jefe, con qué amistades podemos relacionarnos, etc.)

• La otra persona nos hace sentir en deuda.

• La otra persona sólo nos tiene en cuenta cuando necesita algo de nosotros.

• La otra persona nos aísla de los demás, invade nuestra privacidad, tiende a ejercer un control desmedido sobre nosotros o es posesiva.

• Nos limita nuestro acceso al dinero, la independencia laboral, profesional o vocacional, o incurre en deudas que uno tiene que terminar pagando.

• Nos sentimos “atrapados” en una relación.

• No nos sentimos valorados, aceptados, ni respetados.

• Nos sentimos obligados a hacer cosas que los demás nos exigen. • Sentimos que necesitamos el permiso o la aprobación de la otra

persona para tomar decisiones o hacer lo que queremos hacer. • Sentimos que no podemos hablar abiertamente con la otra persona

acerca de las cosas que nos molestan. • Sentimos temor a no encontrar algo mejor.

• Pensamos que la otra persona no podrá vivir sin nosotros • Pensamos que nosotros no podremos vivir sin ella.

• Tememos cuál pueda ser la reacción de la otra persona si queremos hacer valer nuestros derechos.

Éstos son algunos síntomas que nos indican que estamos viviendo bajo una situación o relación de abuso emocional. Pero hay otros indicadores que podemos tener en cuenta también, como los que explicaremos a continuación.

El condicional hipotético

Otra señal importante, al escuchar atentamente cuando las personas hablan, es prestar atención cuando utilizan el tiempo verbal condicional o lo que llamamos el "condicional hipotético", algo que también se conoce como el "ía". Cuando una persona habla siempre en tiempo condicional: “Si

tuviera… Yo haría… Si tú no hubieras... Yo habría podido...”, estamos en

presencia de una persona que vive en un mundo de fantasía y usa juegos psicológicos para distraernos, con el fin de que no nos demos cuenta de lo que en realidad está haciendo: nos está manipulando para alcanzar su

propósito oculto. Y como hemos visto, la manipulación es una

característica propia del abuso emocional.

Este tipo de abusador suele ser adicto al “juego de la culpa”. Nunca se responsabilizará por lo que hace, siempre tendrá una excusa y buscará alguna manera de justificar que la culpa es de otra persona y no de ella.

También habla de personas que viven en un mundo irreal, en lugar de vivir aquí y ahora, en tiempo presente, en la realidad o, como decimos coloquialmente, “con los pies en la tierra”.

Por eso, como dijimos antes, reiteradas veces, es muy importante ser

realistas.

Para detectar a este tipo de personas, lo mejor es confrontar sus discursos (lo que dicen) con la realidad (lo que hacen). De esta manera, su mundo de fantasía se desvanece y nos permite ver en qué medida podemos confiar en esa persona y en qué medida nos está engañando.

La confrontación con la realidad es un buen parámetro para detectar a un abusador.

Lo que sucede en la vida real:

¾ ¿Se cumplen las “promesas” (o los “deseos en voz alta") que expresa la otra

persona? ¿O se trata simplemente de una maniobra de distracción?

¾ ¿Realmente la otra persona es una víctima de los acontecimientos y no tiene culpa

alguna de lo que le sale mal? ¿O tenía otras opciones y podría haber evitado las consecuencias?

¾ ¿Se trata de una persona que permanente piensa que el mundo está en su contra

o tiene una actitud positiva la mayor parte del tiempo?

Son muchas las preguntas que podemos hacernos para detectar las maniobras de los manipuladores. Pero es importante recordar, una vez más, que no hay que volverse paranoico y sospechar que todo el mundo nos quiere perjudicar. Busque un equilibrio saludable entre la sana confianza y el sano escepticismo.

Sí, pero…

El “Sí, pero”… es otro indicador que podemos tener en cuenta. “Sí,

pero”, por lo general, equivale a NO. Por ejemplo, si alguien dice: “Sí, podemos hacer esto que te gustaría hacer, pero…” - Esto equivale a decir, NO, (“No haremos lo que te gustaría hacer, haremos lo que yo decida”).

A continuación citaremos algunos ejemplos de la vida real:

• Al intentar usar su tarjeta de crédito en un supermercado, una mujer se entera

que ha sido dada de baja. Al llegar a su casa le pregunta al esposo y éste le contesta: “Sí, ya sé que es importante tener dos tarjetas de crédito diferentes,

pero consideré que era un gasto excesivo y le di de baja. Olvidé avisarte”.

• Un grupo de personas acordó reunirse en un lugar determinado, a una hora

determinada. Uno de los integrantes llega al lugar acordado, a la hora indicada y no encuentra a nadie. Al cabo de unos minutos decide llamar al celular de otro de los integrantes del grupo, quién le dice: “Sí, es verdad, habíamos quedado en reunirnos allí, pero decidimos cambiar de lugar. Pensamos que ya lo sabías”.

• Un hombre le propone a su novia hacer juntos un viaje. Planifican todo el viaje

(las ilusiones crecen) y llegado el momento del sacar los pasajes, el hombre le explica a su novia: “Yo pensé que podías venir conmigo y con mi hermano,

pero mi hermano alquiló un departamento de un solo ambiente y no hay

lugar para ti. Lo siento, otra vez será”.

• Una madre no se ha ocupado de preparar el uniforme de sus hijos cuando

faltan sólo dos días para comenzar las clases. Así, el primer día del año escolar, los niños deben asistir con el uniforme del año anterior que hora les queda muy chico y que, además, no se ha mandado a limpiar. Sus compañeros se burlan de ellos y los niños le reclaman a la madre, quien responde: “Sí, tienes razón, ese pantalón y esa falda están demasiado cortos para ustedes, han crecido mucho desde el año pasado a éste, pero la verdad es que no he tenido tiempo de ocuparme de sus uniformes escolares porque tuve cosas más importantes que hacer”. (Normalmente, entre un año escolar y otro

hay mucho tiempo como para que la madre pueda encontrar un minuto y ocuparse de los uniformes del año siguiente).

En resumen, esto refleja el egoísmo y egocentrismo de un abusador, que se debe principalmente a su falta de empatía y consideración por los demás, y en última instancia, a su propia inseguridad y su baja autoestima, negada y luego proyectada hacia la víctima.

Recuerde: Una persona que es segura de sí misma y que tiene un nivel de autoestima saludable, no necesita degradar ni humillar, ni controlar a otras. Además, buscará relacionarse con otras personas "emocionalmente sanas", que tampoco necesiten ser humilladas ni controladas.

A veces, cuando un abusador toma conocimiento de este tipo de información sobre aquellas cosas que constituyen una situación de abuso emocional, puede llegar a comprender que está relacionándose de un modo inadecuado con las demás personas, y puede llegar a cambiar, pero ésa es una decisión personal. La víctima no puede obligar al abusador

a cambiar.

Del mismo modo, las víctimas de abuso también pueden tomar la decisión de abandonar una relación abusiva (o de continuar formando parte de ella). Pueden elegir buscar ayuda para solucionar su problema o, simplemente engañarse, pensando que ese tipo de relación mejorará con el tiempo o que el abusador cambiará, etc.

No olvidemos que si el abuso emocional puede considerarse una “enfermedad” (por decirlo de alguna manera), podríamos también decir que tanto el abusador como la víctima, son personas “emocionalmente enfermas": es decir, no son personas emocionalmente saludables. Y por consiguiente, en la mayoría de los

casos, necesitan ayuda profesional para comprender cómo pueden hallar otras formas más saludables de relacionarse entre sí y con los demás.

“Si termino una relación, ¿habré solucionado todos mis problemas?”

Cabe destacar también, que si bien a veces es necesario romper con una relación no saludable, esta ruptura de por sí, no cura a la víctima ni al abusador. Sólo cuando comprendemos nuestros propios patrones de comportamiento y tomamos conciencia de nuestra manera de relacionarnos con los demás, empezamos a resolver nuestros propios problemas de fondo y tenemos la posibilidad de cambiar, definitivamente. De este modo, ya no continuaremos estableciendo relaciones de abuso emocional con diferentes abusadores.

Los cambios

Los procesos de cambio y aprendizaje no suelen ser procesos lineales. Esto se debe a que mientras recorremos el “camino” del cambio o del aprendizaje, podemos encontrarnos con diferentes obstáculos, que no siempre dependen de nosotros o están bajo nuestro control. Estos obstáculos se presentan como desafíos que nos obligan a tomar una decisión. Cada persona tiene sus propios tiempos. Algunas personas

tomarán una decisión de inmediato, mientras que otras demorarán un tiempo.

Estos obstáculos que nos impiden avanzar en nuestro proceso de cambio o aprendizaje, equivalen a encontrar una roca de gran tamaño que nos obstruye el camino. Esto nos obliga a detenernos un instante y pensar cómo vamos a superar ese obstáculo. Algunas personas decidirán remover la piedra del camino con ayuda de alguna herramienta, otras optarán por rodearla y pasar por el costado, otras decidirán trepar y pasar la roca por encima. Al continuar nuestro camino para alcanzar la meta de cambio deseada, podremos volver la cabeza y mirar hacia atrás. Allí veremos que la roca que nos obstruyó el camino en el pasado, ha quedado estancada en ese mismo lugar. No se ha movido, no ha evolucionado, mientras que nosotros, por el contrario, hemos logrado salir adelante.

Lo mismo pasa con algunas relaciones. A veces, pensamos que no podemos dejar esa relación, o que no podemos dejar atrás el recuerdo de una relación o de una persona. Pero, si realmente deseamos cambiar por nuestro bien, encontraremos la forma de sortear esa dificultad y de salir adelante. Con el tiempo, esa relación o esa persona (al igual que la roca del ejemplo) habrán quedado estancadas en el pasado. Ya no pertenecerán a nuestro presente. Nosotros habremos evolucionado y ya no necesitaremos esa relación o esa persona abusiva en nuestras vidas.

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