TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD
II. Trastornos de la Personalidad
¾ Grupo A (trastornos raros o excéntricos)
• Trastorno paranoide de la personalidad, personalidad paranoide.
• Trastorno esquizoide de la personalidad, personalidad esquizoide.
• Trastorno esquizotípico de la personalidad.
¾ Grupo B (trastornos dramáticos, emocionales o
erráticos)
• Trastorno antisocial de la personalidad, personalidad antisocial
(también considerado como carácter sociópata o psicópata).4
• Trastorno límite de la personalidad, personalidad límite o Borderline.
4 Algunos profesionales de la salud mental diferencian los trastornos de la personalidad de los llamados “trastornos de carácter”. A los sociópatas o psicópatas, por ejemplo, los ubican dentro de los trastornos de carácter, en lugar de considerarlos dentro del grupo del trastorno de la personalidad antisocial.
• Trastorno histriónico de la personalidad, personalidad histriónica o histrionismo.
• Trastorno narcisista de la personalidad, personalidad narcisista.
¾ Grupo C (trastornos de ansiedad o temor)
• Trastorno de la personalidad por evitación, personalidad fóbica.
• Trastorno de la personalidad por dependencia, personalidad dependiente.
• Trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad, trastorno anancástico de la personalidad o personalidad obsesiva- compulsiva.
Los abusadores que padecen algún trastorno de la personalidad, por lo general suelen exhibir trastornos del grupo B, o bien, una variedad del trastorno obsesivo-compulsivo del grupo C.
Por otro lado, las víctimas suelen presentar características muy similares a aquellas que presentan las personas que padecen el “trastorno de la
personalidad por dependencia o personalidad dependiente”. (Ampliaremos más
sobre este trastorno, más adelante).
Otras causas comunes del abuso emocional
Ahora bien, a continuación citaremos algunas otras causas probables que llevan a una persona (el abusador) a cometer actos de abuso emocional, y a otra persona (la víctima) a permitirlos, inconscientemente:
• Complejo de inferioridad del abusador o de la víctima. Baja autoestima.
• Sentimientos de frustración, ira, u otras emociones negativas que no se logran procesar adecuadamente.
• Malos modelos de referencia durante la niñez. Un abusador puede haber sido víctima de abuso emocional o haber sido testigo de una relación abusiva.
• Problemas propios no resueltos que llevan a la depresión o a la agresión.
• Incapacidad intelectual o evolutiva (o inmadurez emocional) que le impiden comprender y emplear maneras diferentes de relacionarse con los demás, de un modo saludable.
• Necesidad de ejercer el control sobre otras personas o de ser controlados (inseguridad propia inconsciente).
• Inseguridad o falta de confianza en uno mismo (consciente).
• Falta de control de las emociones y reacciones propias.
• Falta de aceptación de una actitud poco ética, y trastornos morales o de carácter que llevan a un abusador a ejercer un control permanente
• Falta de conocimiento de información clave sobre el abuso emocional.
También hay que tener en cuenta otros factores igualmente importantes, como las presiones sociales o al impacto debido a las diferencias entre los distintos valores culturales, las diferentes creencias religiosas y/o políticas, las tradiciones, el entorno social, el contexto familiar, y la personalidad de cada persona, forjada por las experiencias de vida que ha tenido.
Cada persona es única
Típicamente, un niño que se cría en el seno de una familia tradicional (de mentalidad muy conservadora), crecerá con valores muy diferentes a los de un niño que se cría en una familia menos convencional (con una mentalidad más liberal).
Además, hay países, dónde culturalmente, es “incorrecto” que dos mujeres se sienten juntas a tomar un café en una cafetería o un restaurante, sin estar acompañadas por un hombre.
En ese tipo de países, el hecho de que un hombre no le permita a una mujer salir a tomar un café con una amiga, no se considera un abuso restrictivo, ya que según sus propias tradiciones culturales, “no es correcto
que dos mujeres salgan solas”.
En otros países, si un hombre no le permite a una mujer salir a encontrarse con una amiga para conversar y tomar un café, se considera que el hombre está restringiendo y violando los derechos y la libertad de la mujer. Por esta razón, el aspecto cultural es muy importante.
E igualmente lo es el nivel intelectual o el grado de desarrollo cognitivo de las personas. Si una madre o un padre viven exigiéndole demasiado a un hijo, que sufre un leve retraso evolutivo o mental, entonces están abusando emocionalmente del niño. Debido a su retraso, el niño no podría nunca (ni aunque quisiera) satisfacer las expectativas de sus padres.
Son numerosos los casos donde las víctimas tienden a vivir fuera de la realidad, al punto de creer que la vida es un cuento de hadas. Muchas mujeres suelen pensar que si provocan los celos de su pareja, su pareja hará lo que sea necesario con tal de recuperarlas. En la mayoría de los casos, su pareja no sólo no hará nada por recuperarlas, sino que encontrará una magnífica excusa para terminar la relación.
La necesidad de afecto de algunas personas puede llevarlas a perder a quienes son sus parejas o a las personas con las que desearían tener una relación de pareja.
Errores de criterio
De igual manera, hay hombres que para llamar la atención de su pareja tienen un “affaire” con otra persona, pensando que así su pareja los valorará más y le prestará más atención. Lo que esto hace es que la relación ya no sea la misma, ya no habrá confianza. Además, es muy posible que a la pareja de ese hombre no le interese tener una relación abierta o compartir a su compañero con otras personas.
Otros errores de criterio comunes tienen que ver con la falta de aceptación personal. Hay personas que piensan que para ser aceptadas por sus amigos, o por la sociedad, deben satisfacer determinado perfil social. Así, del mismo modo que ocurre con muchos adolescentes, hay adultos que tienen una imperiosa necesidad de aprobación y aceptación externa y por consiguiente, necesitan pertenecer a determinado círculo social. Esto tiene un precio, claro. Para ser aceptados dentro de dicho círculo deberán cumplir con determinadas pautas.
Por ejemplo, si una pareja ve que sus vecinos se van a esquiar a Suiza, ellos no querrán ser menos y se endeudarán o harán lo que sea para ir a esquiar allí, también. En el afán de no ser menos que sus vecinos, es posible que la pareja descuide las necesidades de sus hijos. No importa si los niños tienen celebran algún evento familiar en la escuela, o incluso si es el cumpleaños de alguno de ellos; los padres priorizarán su viaje para poder estar a la altura de sus vecinos, en lugar de emplear un criterio sensato y decidir si vale la pena o no incurrir en ese gasto monstruoso o cuán importante es para sus hijos que ellos acudan al evento familiar de la escuela.
Es común ver padres adultos que se comportan como adolescentes y compiten con sus vecinos, descuidando las necesidades emocionales o
económicas de sus hijos. Los padres emplean un criterio erróneo que desvirtúa la realidad. Sus prioridades se centran en sus necesidades personales, en lugar de pensar a favor del mejor interés de sus hijos o de la familia, en general.
Esto es similar a cuando uno de los padres sale corriendo detrás de un amante y abandona las necesidades de su familia original. Lamentablemente, suele ser bastante común encontrar padres que limitan económicamente a su esposa e hijos para poder satisfacer las demandas económicas de su amante. Del mismo modo, algunas madres no dudan en dejar a sus niños solos, con el propósito de poder pasar la mayor cantidad de tiempo posible con su amante.
Son muchas las personas adultas que abusan de los niños debido a un criterio totalmente erróneo. Luego, más tarde en la vida, no comprenden por qué los hijos les “pasan la cuenta”.
¿Qué esperaba?
• Una agencia de servicios sociales gubernamental le quitó a una madre la tenencia de sus hijos debido a que no logró protegerlos contra un padre abusivo. El padre no golpeaba a los niños ni a la madre, no había agredido físicamente a nadie, no se trataba de un caso de violencia familiar. Pero, a veces, el padre consumía drogas delante de los niños y les vendía drogas a otras personas conocidas o que vivían en el vecindario. El padre fue arrestado por la policía y sentenciado a un año de cárcel por posesión, consumo y tráfico de drogas. La madre envió a sus hijos a vivir temporalmente con un familiar para poder ahorrar hasta el dinero de la comida de los niños y así pagar la fianza para que su marido saliera de la cárcel anticipadamente.
Por estas razones, la agencia de servicios sociales le quitó la tenencia de los niños a la madre. Pero también, le ofrecieron a la madre ingresar en un programa gratuito de educación para padres y le impusieron ciertas condiciones para asegurar la protección de sus hijos. Una de estas condiciones era que no debía volver a vivir bajo el mismo techo con el padre que consumía y vendía drogas. Sin embargo, en una de las entrevistas, la madre reveló que acababa de pagar la fianza y ahora que su marido sería liberado, volverían a vivir juntos bajo el mismo techo. Cuando la agencia de servicios sociales le explicó a la madre que, bajo esas circunstancias, no podían restituirle la tenencia de sus hijos, la madre se enfureció.
Pero, esta mujer ¿qué esperaba? Esta madre priorizaba las necesidades de su marido delincuente a las prioridades básicas de sus propios hijos. ¿Cómo podía esperar que le restituyeran la custodia de sus hijos si se los habían quitado, precisamente por no lograr protegerlos de un padre abusador?
De nuevo, son muchas las personas que “en lugar de pensar con la cabeza,
piensan con los pies”. Lo peor es que después, culpan a los demás por las
malas decisiones que ellas mismas toman.
¿Cuándo se debe pedir ayuda a un profesional?
Cualquiera sea la causa del abuso emocional, es importante comprender que no siempre un abusador es capaz de cambiar su patrón de conducta, y que muchas veces la necesidad que tiene la víctima de creer que el abusador puede llegar a cambiar y que la relación podría mejorar, hace que la relación abusiva continúe indefinidamente, cumpliendo el típico ciclo del abuso emocional, una y otra vez. En estos casos, es importante que la víctima solicite ayuda profesional.
Además, para conocer con precisión las causas del abuso emocional no basta con estudiar detalladamente los distintos tipos de personalidad y trastornos de personalidad, es necesario consultar a un profesional de salud mental, quién podrá darnos un diagnóstico preciso, basado en entrevistas y/o evaluaciones psicológicas que realice.
Los profesionales de salud mental cuentan con amplios conocimientos y una extensa trayectoria clínica que les brinda la objetividad y el enfoque profesional necesarios, que las personas comunes carecen.
Un buen terapeuta podrá diferenciar entre un abusador que realmente no es consciente del abuso que comete, de un abusador que es un sociópata; es decir, que comete actos de maldad y niega sus acciones. De este modo, el terapeuta podrá recomendar el tipo de tratamiento más eficaz, según el caso.
A veces, los problemas de abuso emocional son mucho más leves y las personas pueden resolverlos conversando abierta y honestamente. Pero se debe tener mucha claridad de pensamiento y mucha objetividad, como también, se debe contar con mucha información de alta calidad para poder resolver estos problemas sin ayuda profesional.
Veamos algunos ejemplos:
• Si una persona es víctima de abuso verbal y acoso emocional en el lugar de trabajo, lo más probable es que esa persona renuncie a su empleo y busque un empleo dónde se sienta valorada y respetada. Es probable que esta persona no haya recurrido a una terapia para tomar la decisión de cambiar de empleo. También tiene la opción de elevar el problema al Departamento de Recursos Humanos y, seguramente, no habrá ninguna necesidad de consultar a un terapeuta profesional.
• Un adolescente que es víctima de burlas y de abuso emocional constante dentro de cierto grupo social, posiblemente deje de formar parte de ese grupo dónde es descalificado permanentemente. O bien, cuando un adolescente vive en el seno de una familia disfuncional, dónde el abuso emocional es moneda corriente, no es de sorprender que huya del hogar a una temprana edad, sin haber pedido ayuda a un terapeuta profesional. A veces, los adolescentes se apoyan en el consejo de otros adultos. Por ejemplo, pueden pedirle ayuda a un consejero escolar, un mentor o un clérigo. Cuando un adolescente no encuentra un ambiente positivo, protector y de contención en su propio hogar, es posible que busque ayuda en su comunidad. Algunas terapias suelen ser económicamente inaccesibles para un adolescente, por lo que éste buscará encontrar una solución empleando otros recursos válidos.
• En el caso de una mujer que es maltratada física y/o psicológicamente por su pareja, la mujer puede decidir terminar esa relación, sin que se lo tenga que sugerir un psicólogo. A veces, el simple consejo de una persona amiga que tenga muy buen sentido común, puede ser suficiente para comprender que la relación no era saludable y que lo mejor era terminar con ella.
Es decir, la ayuda profesional es importante, pero algunas veces, las personas son capaces de tomar las decisiones correctas o más adecuadas, al detectar indicios de una situación de abuso emocional, sin necesidad de hacer una terapia. El ser humano tiende a buscar su bienestar emocional. Cuando no nos sentimos valorados o respetados en un lugar, lo más natural es que nos inclinemos por alejarnos ese lugar o terminar una relación con una persona (o varias) que no nos tratan bien.
Esto es normal y no siempre requiere que la víctima haga una terapia para poner un límite saludable que le ayuda a preservar su salud emocional. Cuando los casos son más graves, entonces conviene consultar a un profesional (psicólogo, consejero matrimonial, terapeuta de familia, etc.)
Cuando las cosas no son tan simples como parecen
Lamentablemente, hay abusadores muy hábiles que logran confundir y desorientar a sus víctimas de modo tal, que las víctimas tienden a creer que ellas son las culpables de la conducta abusiva del abusador. Recuerde que los abusadores evitan todo tipo de responsabilidad por sus propios actos de abuso. Y la situación puede empeorar más cuando la víctima busca justificar la conducta del abusador.
Muchas veces, las víctimas sólo están buscando una explicación ante la conducta del abusador porque es doloroso admitir que una persona pueda causar tanto daño como lo hace un abusador. Los abusadores más agresivos culparán a la víctima y tergiversarán los hechos, con el propósito de obligar a la víctima a aceptar una culpabilidad que no le compete. O bien, negarán cualquier acción dañina que lleven a cabo.
Los más sutiles, pretenderán desentenderse del tema, minimizarán las reacciones de la víctima, le restarán importancia o ignorarán sus sentimientos, y lo que es peor aún, pretenderán no comprender de qué
está hablando la víctima.
Este tipo de abusadores suele “tirar la piedra y esconder la mano”. Son los que invariablemente juegan a “tonto” y acaban clavándole el puñal por la espalda a la verdadera víctima del abuso.
En este caso sus frases preferidas son:
• Realmente no sé de qué estás hablando
• Realmente no logro comprender qué te pasa
• No entiendo por qué te sientes así
• No entiendo a qué viene tu reclamo
• Realmente creo que estás exagerando
En el caso de los abusadores que son conscientes del daño causan, las frases (o excusas) que citamos anteriormente podrían traducirse de la siguiente manera:
• Realmente sí sé de lo que estás hablando, pero me niego a reconocer que tienes razón
• Realmente comprendo cómo te sientes y ése es el objetivo de mi manipulación
• Entiendo cómo te sientes, pero no pienso aceptar ninguna responsabilidad por ello
• Realmente sé que no exageras, pero no pienso admitir que estás en lo cierto
Nota: Las personas que sufren algunos problemas de salud mental,
pueden no tener conciencia de lo que hacen o dicen. Por eso, es importante tener presente que algunas personas abusan de otras inconscientemente, mientras que otras abusan de los demás siendo totalmente conscientes de sus manipulaciones.