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RELACIONES SALUDABLES O POSITIVAS

In document Abu So Emo c Ional Digital (página 192-197)

Las relaciones saludables se caracterizan por que cada persona respeta y valora a la otra. El “control” y la toma de decisiones están compartidos por igual. Las relaciones saludables se caracterizan por lo siguiente:

• Ambos integrantes de la relación respetan la opinión de la otra persona.

• Ambas personas se expresan libremente y comparten sus sentimientos y necesidades.

• Ambas personas están comprometidas con la relación de la misma manera.

• Ambas personas aceptan a su pareja tal cuál es, sin necesidad de pedirle que cambie.

• Ambas personas comparten parte del tiempo y también dedican parte del tiempo a sus actividades independientes.

• Ambas personas son sinceras respecto de sus sentimientos e sus planes para el futuro.

• Ambas personas se sienten plenas, felices, se divierten juntas, sienten mucho afecto por el otro, tienen independencia y promueven el desarrollo personal de la otra persona.

• Comparten metas y objetivos en común, tienen un proyecto de vida en común.

• Valoran a la otra persona y respetan su manera de pensar.

• El trato es cordial, afectuoso, equitativo, respetuoso, honesto y digno.

• No son personas posesivas, ni celosas, ni controladoras. Son personas seguras de sí mismas y confían en su pareja.

El respeto mutuo

El respeto es esencial para construir una relación interpersonal saludable. Esto es válido también para el respeto propio. Si no nos respetamos a nosotros mismos, difícilmente respetemos a los demás.

A modo de ejemplo, podríamos aplicar las normas laborales de una “empresa modelo” a las relaciones de pareja o a las relaciones familiares. En una empresa, el respeto mutuo entre los compañeros de trabajo, así como el respeto entre los superiores y los subordinados, es esencial. Si un empleado maltrata a otro, o si un empleado le contesta mal a su jefe, o si un jefe discrimina a un empleado, es muy factible que la persona agraviada inicie un juicio por daños y perjuicios morales. En una empresa modelo, se espera que los empleados y los jefes se respeten mutuamente y no se agredan, no se amenacen, no se insulten, no se ataquen físicamente, etc.

Cuando un empleado se comporta de un modo incorrecto se le aplica una sanción disciplinaria cuyo propósito es el de corregir la acción inadecuada. Pero, esta medida correctiva no incluye cosas como insultar, agraviar, golpear o humillar a la persona que cometió la falta.

Lo mismo puede decirse de las relaciones de pareja o familiares. El respeto es esencial. Cuando alguna persona dice o hace algo que ofende o hiere a otra persona, la persona agraviada puede hablar sobre el tema con quien cometió la falta, quien tendrá la oportunidad de disculparse sinceramente.

En las relaciones saludables, las personas no temen discutir sus diferencias y solucionar sus problemas hablando. Los temas se tratan dentro de un marco de respeto y confianza mutuos. Las disculpas que se piden son sinceras y las conductas inadecuadas se corrigen y no se repiten en el futuro. Por otro lado, en las relaciones saludables, las promesas se cumplen, las opiniones de ambas personas se tienen en cuenta, las decisiones se toman de común acuerdo, se tiene en cuenta el mejor interés de la relación, en lugar de pensar en los intereses propios e individuales. Cuando los padres corrigen a sus hijos deben establecer normas y un diálogo basado en el respeto. Se debe poner énfasis en la conducta y en cómo corregirla, pero no se debe criticar, humillar, insultar o golpear a los hijos.

Los seres humanos no nacemos con un manual bajo el brazo acerca de cómo ser hijos o personas saludables. Durante la niñez, esperamos que las personas que nos crían o nos cuidan, nos guíen y nos enseñen, desde el respeto y a través de una actitud positiva que enriquezca nuestros valores y refuerce nuestra autoestima.

Padres prehistóricos

Algunos padres se sienten impotentes cuando tienen hijos “especiales”. En realidad, estos hijos especiales pueden ser, simplemente, niños hiperactivos, curiosos, inquietos, con una energía excesiva o desbordante, o bien, niños muy retraídos o que viven a un ritmo mucho más lento que los demás (como si siempre estuvieran cansados o como si no tuvieran suficiente energía). Además, como vimos antes, hay niños con problemas de salud como el síndrome de déficit de atención e hiperactividad, u otros problemas similares.

Con frecuencia, los padres suelen vivir con bastantes preocupaciones y estrés, y no tienen mucha paciencia adicional para lidiar con niños que requieren una dosis extra de paciencia. De modo que es importante, que los padres comprendan sus propias limitaciones y las necesidades reales de sus hijos, como también, que tenga presente que cada niño es diferente. Cuando se sienten frustrados, los padres “prehistóricos” no dudan en canalizar su propia impotencia a través de algún método disciplinario agresivo o violento. Hay padres “prehistóricos” que, al igual que lo haría un cavernícola, golpean a los hijos, los meten debajo del agua si tienen un berrinche, les arrojan zapatos u otros objetos, los encierran en un armario

o en un cuarto a oscuras durante horas, los envían a la cama sin comer, etc.

Uno de los casos más perversos fue el de una madre que para castigar a uno de sus hijos, envolvió una patata podrida en una bonita caja y se la entregó a su hijo como regalo de Navidad porque se había portado mal. Hay padres que son verdaderas bestias y no tienen en cuenta el daño emocional que les infligen a sus hijos desde temprana edad.

También hay padres que humillan a sus hijos delante de los demás, o no dudan en echarles la culpa a sus hijos por problemas que los hijos no causaron. Y nunca falta el padre o la madre que proyecta en sus hijos sus propias frustraciones, ansiedades y temores.

Un padre o una madre que desea que su hijo sea perfecto, está canalizando sus expectativas y sus miedos o frustraciones en esa misma área de su propia vida. Por ejemplo, un padre que desea que su hijo de 14 años le presente una “novia” formal a la familia, está canalizando su impotencia y su frustración como hombre por no haber podido tener una novia a esa edad. Probablemente se trate de un hombre abusador y controlador que tema no hallar otra pareja si su mujer lo deja.

Son muchos los padres (y las madres) que empujan a sus hijos a crecer a un ritmo acelerado. Cuando observamos un niño preadolescente con características o hábitos propios de un adulto, podemos tener la certeza que sus padres están abusando emocionalmente del niño. Los padres que no abusan de sus hijos, los crían con expectativas realistas que están de acuerdo con la edad biológica del niño. Visten a sus hijos de acuerdo con la edad del niño, no como si éste fuera mayor o menor de la edad que tiene. Usan un lenguaje acorde a la edad del niño, etc.

Veamos un ejemplo:

• Si los padres normalmente visten a una niña de 7 u 8 años como si fueran una mujer joven que trabaja en un club nocturno (medias de red, tacos altos, maquillaje, etc.) le están enviando a la niña un mensaje muy fuerte: “Seduce a los hombres a temprana edad”. La niña hará el ridículo ante otras niñas y niños de su edad, y probablemente comenzará a relacionarse con niños mayores que ella, adolescentes rebeldes o problemáticos, o desarrollará hábitos nocivos como mecanismo de defensa (mentirá con respecto a muchas cosas de su vida). Además, es común que los padres le hablen a la niña (o

hablen delante de ella) empleando palabrotas vulgares y hablando abiertamente sobre temas de adultos. Eso también es una forma bastante común de abuso emocional que desestabiliza a los niños.

• En otros casos, hay padres que visten a sus hijos y les hablan como si tuvieran muchos menos años de los que en realidad tienen. Para los niños y los adolescentes, el sentido de pertenencia a un grupo social formado por sus pares es esencial. Esto les permite alcanzar un desarrollo emocional saludable. Si a un niño de 13 años se lo viste como a un niño pequeño (ropa con dibujos de muñecos de Disney, por ejemplo) y se le habla como si fuera un niño de 5 años o no se le permite tener cierta independencia y ciertas responsabilidades, se le está causando un daño emocional importante. Es muy probable que el niño sea el blanco de burlas por parte de sus compañeros de clase, vecinos, u otros niños de su edad o mayores.

• Lo mismo ocurre cuando los padres son altamente incongruentes y malcrían a sus hijos, no les ponen límites, los educan sin reglas coherentes, y al mismo tiempo, los maltratan y los castigan cuando tienen un berrinche. Los niños necesitan una manera de actuar coherente por parte de sus padres. Hay padres que crían muy mal a sus hijos y además les echan la culpa por aquellos límites que no les supieron imponer. Algo que, por supuesto, los niños no comprenden. Los niños no tienen la culpa. Sin embargo, los padres abusadores culpan a sus hijos por los errores que ellos (los padres) cometen. Esto es similar a lo que ocurre cuando un abusador le echa la culpa a su pareja por cosas que la víctima no tiene la culpa.

Lamentablemente, muchos padres se lavan las manos después que sus hijos cumplen la mayoría de edad, ya que a partir de ese momento, los hijos ya son "jóvenes adultos" que pueden hacerse responsables de sus propias decisiones. Si bien esto es cierto, lo más probable es que los hijos tomen muchas decisiones incorrectas debido al daño emocional profundo que ya sufrieron durante su infancia... algo de lo que los padres no aceptarán hacerse responsables.

Los niños que son criados de una manera emocionalmente abusiva tienden a establecer relaciones abusivas durante su vida adulta. Por esta razón, es fundamental que los padres desarrollen habilidades de crianza, adecuadas y saludables.

En la comunidad suele haber asistentes sociales que brindan servicios de educación para padres. Estos servicios les ayudan a los padres a

desarrollar las habilidades de crianza necesarias para preservar el bienestar emocional de sus hijos, como también su propio bienestar personal.

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