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CAPITULO III. REFERENTES TEORICOS PARA COMPRENDER LAS

3.3. Infancia y cultura

Abordar un concepto de infancia implicó para este trabajo desde la perspectiva teórica

comprender la categoría infancia en el marco de la cultura, entendida como lo refiere el

antropólogo Geertz (1992) un entramado de significados, creadas por los seres humanos y desde

encuentra atravesado por muchas significaciones y con múltiples sentidos que se le han otorgado

a través del tiempo en nuestra cultura occidental.

Se ha pensado en la infancia como una idea que refiere a las niñas y los niños, al inicio de

la vida del ser humano; estipulando desde estas significaciones ciertas características biológicas,

psíquicas, cognitivas, espirituales y sociales para su desarrollo, significaciones construidas por los

adultos en el marco de las instituciones sociales como la escuela y la familia.

Lo cual implica que la infancia como realidad, es además una construcción histórica - social

que ha existido en la mente de los adultos pero que ha adquirido diferentes significados a través

del tiempo y en las diversas culturas.

Sin embargo, se debe reconocer que la infancia es un concepto de aparición “reciente”

donde las ciencias como la pedagogía, sociología, psicología y demás por ejemplo se han

preocupado por estudiar y analizar dicho fenómeno. Como lo señala Rincón (2013):

Desde los aportes teóricos de los estudios históricos, psicológicos, sociales y culturales, en torno a la infancia se ha logrado configurar un “campo de estudio” interdisciplinario que permite ubicar la infancia como sujeto-objeto de investigación. En este campo de estudios, la infancia es abordada como una construcción histórica social, ligada a la cultura, y asumirla como objeto de estudio ha exigido transitar por fronteras y marcos epistémicos diversos, con lecturas interpretativas que develan las formas de constitución de los sujetos, de los saberes y de las prácticas (p. 1).

Entonces, podemos decir que desde el interés de autores como Aries (1987), DeMause

(1982), Pollock (1983), Álzate (2003), entre otros, el concepto de infancia a lo largo de la historia,

se configurado como un campo de estudios, donde la infancia es una categoría histórico-social, en

tanto hace referencia a un grupo poblacional específico como son los niños y las niñas, a sus

condiciones de vida y sus experiencias infantiles en contextos culturales y sociales específicos y

a las niñas y los niños en el desarrollo de la cultura de occidente que ha construido representaciones

sentimientos, afectos, discursos y prácticas en torno a ellos en cada época.

Rincón (2013) en el capítulo II “Construcción Simbólica de la Infancia: Historiografía de

los imaginarios sociales de infancia en la cultura de occidente”, da cuenta de una del desarrollo

histórico de algunas significaciones imaginarias que ha tenido la infancia en la cultura de

Occidente; presenta tres matrices históricas: infancia premoderna, infancia moderna e infancia

contemporánea, señalando como en cada una de estas matrices aparecen significaciones

imaginarias las cuales determinado y orientan el devenir de las niñas y niños, los discursos, las

prácticas y las instituciones creadas para su cuidado y formación” (p. 5).

Por su parte el Francés Phillippe Ariès en 1960, en la obra titulada “El niño y la vida

familiar en el antiguo régimen” muestra que los infantes comenzaron a ser objeto de interés

particular a partir de finales del siglo XV y comienzos del XVI, anotando que en la edad Media no

existía un sentimiento claro hacia la infancia, no en términos de abandono, descuido o desprecio,

sino en el reconocimiento de la diferencia con respecto al mundo adulto, al respecto Ariès dice”

El sentimiento de la infancia no se confunde con el afecto por los niños: sino que corresponde a

una conciencia de la particularidad infantil, esta particularidad que distingue esencialmente al niño

del adulto, incluso al joven” (Ariès, 1987, pág. 178).

Según Aguilar (2011), durante el siglo XVII en torno a los educadores y moralistas, surge

otro sentimiento de infancia inspirado no en la diversión que representan sino en el interés

psicológico y necesidad de cuidado moral y físico que requieren los niños y niñas. Esta concepción

fundada en una idea de la niñez como edad de carencia, imperfección y fragilidad.

A fines del siglo XVII, según Philippe Aries (1962), de forma definitiva se produjo una

(2011), la escuela sustituyó al aprendizaje como medio de educación, lo que significa que cesó la

cohabitación del infante con los adultos y por ello cesó el aprendizaje de la vida por el contacto

directo con ellos. A pesar de muchas resistencias y retrasos, los niños y las niñas fueron separados

de los adultos y mantenidos aparte, en una especie de cuarentena, antes de dejarlos sueltos en el

mundo.

Desde posturas más psicogénicas en la historia de la infancia, autores como DeMause

(1991) han encontrado que las concepciones de niñez han estado ligadas a las pautas de crianza,

las cuales no se muestran con un desarrollo lineal sino por el contrario teñidas por el matiz o

espíritu de la época. Así por ejemplo, en la antigüedad, Siglo IV, las relaciones con los infantes

podían estar caracterizadas por el infanticidio; en el siglo IV-XIII se da bajo la perspectiva del

ocultamiento, abandono e indiferenciación; la ambivalencia marcó la época de los siglos XIV al

XVII; la intrusión el siglo XVIII , la socialización en los siglos XIX a mediados del XX; la ayuda

y protección caracteriza todo el siglo XX y se puede decir que la perspectiva de sujeto de derechos

y sujeto político ha podido caracterizar la mirada del siglo XXI (Aguilar, 2011).

En este orden de ideas, la categoría de infancia es “claramente un producto de las representaciones colectivas orientadas por los intereses socioculturales de toda sociedad o grupo humano dando respuesta al espíritu de la época. Dichos intereses configuran la forma de establecer las relaciones adulto- niños, en el marco de la familia, la escuela y la sociedad” (Aguilar, 2011, pág. 67).

La UNESCO (1996) establece que la primera infancia es “el período desde el nacimiento

hasta los seis años, siendo el más importante para el desarrollo del ser humano; proporcionalmente

ese período es el más rico en términos de resultados, tanto en los aprendizajes como en el desarrollo

físico y mental. A los seis años, el niño ha desarrollado las principales capacidades físicas y

mentales sobre las cuales apoyará su desarrollo posterior” (Pineda Roa & Herrera Gonzalez, 2016,

Al respecto Herrera (2016) define:

Desde esta perspectiva la primera infancia es un momento de la vida que marca todas las etapas del ciclo vital, donde se aprende más que en cualquier otro período del transcurrir vital. Allí los niños y niñas experimentan una manera de ver, conocer y comprender las cosas, construyen una imagen del mundo que los orientará a sus relaciones consigo mismo y con los demás. En particular las imágenes del niño y la niña que vemos en la televisión, en los periódicos, en las revistas y en otros medios de comunicación son diferentes a los que no encontramos en los diferentes contextos de la ciudad (p. 24).

También se puede ver a la infancia, representada en un espacio importante en el conjunto

de discursos y las posibilidades de construirse de múltiples maneras, según Carli (2006):

Mirar la infancia significa dar cuenta y pensar a cerca de las transformaciones que se produjeron en la existencia infantil, desde mediados del siglo XX hasta la fecha, según la autora también implica leer las formas en que la infancia ha sido pensada, interpretada y representada, a medida que los niños despertaron un cierto interés por la sociedad adulta. (p. 24).

Desde esta construcción de la infancia como una categoría histórica social podemos

entender como las niñas y los niños han venido ocupado un lugar en la sociedad que implica

diversas formas de significar a las niñas y los niños en el marco de cada cultura. Desde esta idea,

entonces cada cultura ha elaborado una suma de conocimientos, ideas, actuaciones entorno a las

niñas y los niños que han sido trasmitidas de generación en generación y que han instalado las

formas de ser niño o niña, han construido realidades y condiciones de vida de los niños en cada

sociedad particular.

Así mismo las niñas y niños han sido educados en el marco de una cultura donde han

aprendido e internalizado las formas de actuar desde las relaciones con los padres y los adultos, ha

terminado por establecer una historia de la infancia en la sociedad contemporánea.

Desde lo expuesto se establece que la cultura es ese entramado de significados e

permitido significar la infancia en diferentes momentos y desde los cuales se estable la historia de

las niñas y niños en contexto reales.

En este sentido, se ve en esta investigación que los Agentes Educativos trabajan con la

primera infancia y son el complemento a las acciones de la familia, por esto, las relaciones entre

cultura y entorno inmediato de las niñas y los niños se encuentran mediadas por la red de

significaciones que se han tejido desde la cultura sobre la infancia y es en el marco de ese

entramado de significaciones que desde la cualificación de las Agentes Educativas vemos la

posibilidad de contribuir a las trasformaciones en la sociedad colombiana en relación con las niñas

y los niños.