El señor FOXLEY .-
Señor Presidente , no puedo resistir la tentación de referirme, de alguna manera, a lo que recién he escuchado, que es un ejercicio sublime de autoflagelación. Porque resulta que en estos días he estado tratando de hacer un balance de lo que ha sido la experiencia de Chile en el campo del desarrollo durante los últimos 12 ó 13 años. Me he impuesto de toda la información disponible. He leído todos los análisis efectuados desde la Derecha, la Izquierda, el Centro y fuera del país. Y me he encontrado con un cuadro en el que hay un consenso al respecto de personas de todos los colores políticos, que reconocen un conjunto de conclusiones fundamentales, con excepción de algunos, como el señor Senador que me antecedió en el uso de la palabra.
Primero, los estudios comparativos muestran que Chile ha sido uno de los tres o cuatro países que más han crecido en ese período.
Segundo, he revisado recientemente un tema que mencionó de pasada el señor Presidente del Banco Central , referente a las experiencias contemporáneas para la reducción de la pobreza.
Sobre el particular se han realizado dos o tres estudios, que comprenden a todos los países que en los últimos 20 ó 25 años han definido estrategias explícitas para reducir la pobreza en Asia, en América Latina y en otras regiones del mundo. Y esos análisis, que son objetivos, serios, científicos y abarcan toda la información, concluyen que Chile ha sido la nación que en el período más corto de tiempo contemporáneo la ha disminuido más rápido.
Y cerca está el caso de China, citado por el señor Corbo . Nosotros hemos procedido al revés de ese país, con un sistema plenamente democrático, abierto y con respeto por todos los puntos de vista, incluida, por cierto, la opinión del Senador señor Ávila y la de quienes continuamente hacen el ejercicio de autoflagelación.
Pues bien, es un propósito que hemos logrado en el lapso a que hice referencia. Y no es simplemente por alguna siniestra operación de comunicaciones a nivel internacional del Gobierno de Chile que se reconoce objetivamente en el resto del mundo que se trata de hechos duros, firmes y verdaderos.
Por supuesto, comenzamos con un nivel de ingreso muy bajo. Y, a pesar del rápido ritmo de crecimiento de la economía, seguimos con una tarea absolutamente incompleta. Por ejemplo -para tocar el plano social-, hemos triplicado el gasto en educación y salud en una década, experiencia absolutamente inédita en cualquier país en desarrollo. Hemos logrado aumentar la cobertura en ambos sectores. Sin embargo, como correctamente lo ha expresado aquí el señor Presidente del Banco Central , tenemos el problema de la calidad de la educación.
Quiero referirme a este último punto para llegar al fondo del tema. Uno podría decir que se observa incapacidad para enseñar mejor en las escuelas. Algo de eso hay. Es necesario renovar el cuerpo docente, evaluar a los profesores, etcétera. Pero, cuando digo que se trata de una tarea incompleta, debo aludir -de nuevo- a algunos estudios comparativos que he visto recientemente. Uno de ellos, de José Joaquín Brunner , denominado "El Capital Humano en Chile", refiriéndose a las diferencias de rendimiento escolar con otros países, hace presente que la que se registra en nuestro caso entre un estrato socioeconómico y otro se explica, en 40 por ciento, por lo que ocurre dentro de la escuela. Y, de lo que ocurre dentro de ella, dos tercios obedecen a la calidad de la enseñanza que transmite el profesor. Por lo tanto, lo relativo a la calificación, capacitación y evaluación de los docentes es central para la calidad de la educación.
¿Pero qué pasa con el 60 por ciento restante? Ese porcentaje lo compone el entorno sociocultural y la condición socioeconómica de los hogares. Y ahí sí que llegamos a un punto de encuentro con lo que planteaba recién el Honorable señor Ávila , en cuanto a que tenemos una transmisión intergeneracional, por lo menos de la pobreza dura -porque la otra ha disminuido fuertemente-, que se origina en el hecho de que el entorno sociocultural de la familia que se halla en ese sector es absolutamente adverso al aprendizaje, o bien, dicho de otra manera, a la capacidad cognitiva de los niños.
Tal vez hemos equivocado un poco la puntería, porque hemos puesto todo el esfuerzo en una reforma educacional que sólo dará cuenta de 40 por ciento del problema, pero no hemos entendido que la cuestión clave y crítica para lograr una sociedad menos desigual y un país que no sólo muestre un alto crecimiento, sino que también sea más humano y vivible, radica en que debemos ocuparnos en lo que ocurre entre 0 y 5 años de edad.
Si uno observa la experiencia comparativa, por ejemplo, de los países escandinavos, podrá apreciar cuál ha sido la respuesta para eliminar o reducir drásticamente la desigualdad fundamental que se produce en los niños entre 0 y 5 años de edad que viven en un entorno familiar adverso, donde las tensiones que provoca la inseguridad económica son de tal envergadura que no se sienten estimulados a aprender.
¿Qué se debe hacer? Es preciso abocarse a algunas tareas que no hemos abordado. Primero, hay que permitir a las madres jefas de hogar que trabajen en jornada parcial. En los países escandinavos, eso ocurre hoy con más de 80 por ciento de las mujeres en esa condición.
¿Por qué una jornada parcial? Porque si fuera una jornada completa la madre llegaría al hogar en un estado de estrés y agotamiento que no ayudaría a mejorar el entorno familiar que favorece el aprendizaje posterior.
En seguida, es necesario contar con una estructura institucional de cobertura ojalá universal que dé cuenta de la situación del niño entre 0 y 5 años de edad en el caso de familias de bajos ingresos, como guarderías infantiles, educación preescolar. Pero no guarderías infantiles en que una vecina buena persona acoge al pequeño mientras la mamá va a trabajar, sino un sistema preescolar de tal calidad en la estimulación de los niños que asegure que realmente se nivela el campo de juego en su origen.
Pienso que si creyéramos que hemos ido por el buen camino, que los resultados son espectaculares en lo fundamental, seríamos necios al no entender que lo único que eso nos dice es que existe una enorme tarea incompleta, que deberemos abordar en las próximas etapas.
Estoy simplemente señalando un ejemplo. Si tuviéramos tiempo, mencionaría tres o cuatro más, que harían que esa tarea incompleta empezara a adquirir el carácter de una obra posible y diese a Chile un rostro más humano.
Cabe recordar la historia de un país que ha estado marcado por el sello de un complejo nacional, habiéndose sostenido que es un caso de desarrollo frustrado. Y pareciera que algunos, desde el lado de la autoflagelación, estiman que lo será para siempre.
Creo que no es un acto de voluntarismo decir que Chile ha demostrado, por lo menos en los últimos doce años y tal vez un poco más, que se puede parar en sus propios pies y ofrecer una vida más vivible al conjunto de sus ciudadanos en un horizonte de tiempo razonablemente breve. Pero lo que se debe hacer no es disparar a la bandada, sino determinar con precisión las tareas que debemos realizar en común con un carácter verdaderamente nacional.
Perdón, señor Presidente , pero me pareció necesario efectuar este planteamiento después de lo escuchado recién. Porque si algo necesita la gente es creer en lo que hemos estado haciendo entre todos, sentirse orgullosa de ello y muy insatisfecha de lo que falta por hacer.
Diario de Sesión: Sesión Especial N° 3
Sesión: Sesión Especial N° 3
Legislatura: Legislatura Extraordinaria número 345 Fecha: martes 2 de octubre de 2001