El señor FOXLEY .-
Señor Presidente , la Comisión de Hacienda se reunió el día de ayer con motivo del proyecto de acuerdo en examen. Deseo ser muy sintético: después de escuchar al señor Ministro de Hacienda y al señor Presidente del Banco Central , lo aprobó unánimemente, al igual que el estudio del costo financiero que significará para el Fisco en los próximos años la implementación del acuerdo de libre comercio con Estados Unidos.
Más que referirme a la discusión en ese órgano especializado, quiero dar a conocer, con su autorización, señor Presidente , mis propias observaciones respecto de lo que me parece el texto del Tratado.
Creo que el equipo de Gobierno ha culminado una muy buena negociación. Y una demostración de ello es que quienes integramos la Comisión Especial y escuchamos a los distintos sectores involucrados o supuestamente afectados concluimos - por lo menos, así fue en el caso del Senador que habla- que su reacción había sido, en general, notablemente positiva. Incluso, algunos de los representantes del ámbito agrícola, como los del rubro lechero, aunque pusieron una nota de cautela, al mismo tiempo indicaban, desde el punto de vista de su reacción pública al Convenio, que a partir de ahora podían pensar en un desarrollo que llevara a que en un plazo de diez años, las exportaciones de productos lácteos implicasen hasta 500 millones de dólares.
Visiones similarmente optimistas encontramos, por ejemplo, en el área textil, la cual estimó que el Tratado le aportaba de inmediato un mercado adicional de 120 millones de dólares.
Y representantes de las organizaciones en el plano ambiental y en el mundo sindical plantearon, en forma interesante, que tras el acuerdo será posible exigir un cumplimiento más riguroso, más a fondo, más al día, de la legislación vigente, tanto en lo ambiental como en lo laboral, porque dicho instrumento impone estándares más altos al respecto. Se opinó que en adelante, con este Tratado Internacional, nos veremos obligados a ser particularmente rigurosos en su cumplimiento. Ahora bien, quisiera ir un poco más allá e intentar responder una pregunta surgida en la discusión en instancias anteriores. En efecto, algunos Honorables colegas han sostenido: "¿Por qué tanta historia con el Tratado cuando, en realidad, no es más que un pequeño paso adicional a lo que el país ha estado haciendo en los últimos trece años y, en cierta medida, por lo tanto, refleja más de lo mismo, en cuanto a lo que hay que hacer para enfrentar la etapa que viene?".
Creo que no es así. Pienso que nos hallamos, en realidad, en el "punto de llegada", por así decirlo, de una estrategia que se ha llevado a cabo durante un período de trece años, y que ella representa la apertura de una ventana discreta, distinta, hacia un nuevo desarrollo posible para la economía. Constituye una oportunidad, una nueva etapa, una ocasión de dar un salto adelante cualitativa y cuantitativamente diferente de la situación hasta ahora. ¿Por qué? Porque me parece que, cuando se firman dos acuerdos que dan acceso al mercado de Europa, uno, y al de Estados Unidos, el otro, se enfrenta un aumento de escala en lo que se puede hacer en Chile, desde el punto de vista productivo.
En cierta medida, es como si a partir de ahora -tratándose de un país con dos grandes desventajas: un tamaño muy pequeño y una distancia grande hasta los centros de los mercados principales en el mundo- se nos planteara la proposición de que Chile debe considerar su desarrollo como Brasil; es decir, como si dispusiese de un mercado suficientemente amplio que le cambie su visión de cómo concebir el desenvolvimiento futuro de su economía, de sus negocios, de sus procesos de generación de empleo. No seremos más una economía con la enorme limitación de un mercado interno de 15 millones de personas. Podemos hoy pensar en proyectar inversiones y negocios a una escala de varios cientos de millones de personas. Que ello no es una ilusión lo demuestran ciertos ejemplos históricos contemporáneos concretos, recientes, en que países que comparten las condiciones estructurales de la economía chilena en cuanto a ser pequeños, con economías abiertas, relativamente periféricas respecto de los mercados principales, tuvieron que hacer el mismo giro a propósito de haber firmado acuerdos de libre comercio, similares a los que ha suscrito Chile este año. Estoy pensando en naciones como las escandinavas y, más recientemente, en Finlandia e Irlanda. Éstas, a propósito de su incorporación al libre mercado de la Unión Europea, cambiaron la mentalidad con que enfrentaban su futuro y lograron, por ejemplo, que sus empresas pensaran en términos globales; que sus Gobiernos y agencias de fomento hicieran lo mismo y, sobre todo, que su clase dirigente,
política, empresarial, universitaria, sindical, se decidiera a sumar esfuerzos en torno de un proyecto país; a iniciar procesos de conversación que llevaran a la cooperación, a alianzas entre los sectores público y privado; que empujaran hacia asociaciones de empresas medianas y pequeñas para enfrentar el mercado global en forma conjunta, y que el país entero fuera capaz de poner antenas en el mundo para estar alerto y demostrar que estaban en las fronteras de la innovación, y aprender a hacer las cosas más rápido que los competidores, llegando a los mercados internacionales antes que los países con los cuales se va a competir.
Señor Presidente , estamos en una carrera contra el tiempo, en la cual Chile tiene obligaciones como país, independientemente de las legítimas diferencias políticas existentes. Ése es otro modo de enfrentar el desafío con urgencia. Para el sector privado, tal desafío consiste en cambiar lo que fue su estrategia de internacionalización de comienzos de los años 90, y que en alguna medida hizo crisis con el episodio argentino. El sector privado pensó que la manera de romper la desventaja del pequeño mercado interno era invertir en países vecinos, básicamente para tratar de actuar en la misma forma que lo estaba haciendo en el nuestro. Para eso invirtió fuertemente en Argentina y, en menor medida, en Brasil.
La crisis argentina demostró que esa estrategia tiene dos debilidades: primero, los mercados latinoamericanos siguen siendo fragmentados y, por lo tanto, con el traslado a Argentina no se enfrenta el mercado global; segundo, el sistema tenía los pies de barro en el sentido de que, al invertir allí, importábamos riesgo país mucho más amenazante hacia Chile. El riesgo país de nuestro vecino superó los 7 mil puntos; nosotros hoy día no superamos los 80 puntos. Al comprometer nuestras inversiones allende Los Andes, las empresas han tenido que hacer las pérdidas y quedar en situación de repliegue.
Por lo tanto, esta oportunidad obliga al sector privado a replantearse, a programarse ahora desde Chile, proyectando inversiones en nuestro territorio en una escala que no es la del mercado chileno, sino del mundial, del mercado global, que incluye a Estados Unidos y a Europa.
Hace unos días, un industrial nos contó que un representante de una firma distribuidora de artículos deportivos de Estados Unidos llegó a su empresa textil a hacerle la siguiente proposición: "Yo quiero que usted me produzca 30 mil docenas de poleras a la semana.", frente a lo cual explicó: "No estoy acostumbrado a eso. El mercado nacional es muy pequeño; tendré que pensar en otra manera de hacer las cosas: asociarme en Chile y en el exterior para enfrentar una demanda de ese tipo". Por lo tanto, el área privada debe despertar, readecuar su estrategia y plantearse en términos globales.
En mi opinión, el sector público tiene el mismo desafío. Por ejemplo, el servicio exterior chileno ha de pensar que, de ahora en adelante, su tarea principal será la de facilitador de negocios, de oportunidades de inversión y de generación de empleos para nuestras empresas.
Se nos ilustraba que se negoció -creo que se hizo muy bien- el acceso de Chile a los procesos de licitación en materia de compras gubernamentales en Estados Unidos y en Europa. Eso quiere decir que se van a abrir ventanas de oportunidades, donde se anuncien licitaciones no sólo por parte del Gobierno federal de Estados Unidos, sino también de los condados de cada uno de los Estados. ¿Cómo el sector privado chileno se va a poner a punto? Primero, para tener la información a tiempo; segundo, para buscar socios dentro y fuera de Chile, a fin de participar oportunamente en esas licitaciones, y tercero, para concentrar su esfuerzo en aquellas licitaciones en las cuales nuestra estructura productiva pueda llegar con mayor facilidad; por ejemplo, en muebles y artículos escolares, en equipos para la minería, etcétera, etcétera. Eso no está organizado. Es un desafío enorme para el sector público chileno, para el Servicio de Relaciones Exteriores, para la estructura de embajadas y consulados.
Y, como ya lo dijo también el Senador señor Núñez , el otro desafío para el sector público es que deberemos readecuar, reestructurar y refocalizar aquellos ciento cuarenta programas de fomento dispersos, sin contactos entre sí, con una enorme cantidad de duplicaciones y que, a veces, sólo atienden a clientelas pequeñas y restringidas. Por ello tenemos que enfocar ese esfuerzo, aumentar la ambición y subir por la vía asociativa la escala con la cual se conciben desarrollos productivos en Chile, sobre todo las empresas medianas no consolidadas en rubros nuevos, para que aporten mayor valor agregado. Señor Presidente , el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos no sólo nos obliga a repensar la estrategia de desarrollo y la escala con la cual nos planteamos en materia de inversiones. También nos impele a replantear la forma en que vemos, entendemos e implementamos las políticas sociales. Porque la mayoría de los países en un grado de desarrollo todavía incipiente tiende a que sus políticas sociales -de tipo asistencialista o educacionales- sean sólo instrumentos de supervivencia para las familias que viven en condiciones precarias. Y creo que en esta nueva estrategia de globalización tenemos que repensar las políticas sociales como instrumentos, a fin de habilitar la plena participación de los ciudadanos, particularmente de aquellos que nacieron en hogares más desfavorecidos desde el punto de vista sociocultural y económico, y capacitarlos para la plena participación de los ciudadanos en la sociedad del conocimiento, que es la que va a dar a esas personas la posibilidad de beneficiarse de los frutos de la globalización.
La educación, por lo tanto, no puede ser sólo una estrategia de supervivencia. Tiene que constituir un instrumento para aumentar la capacidad cognitiva, particularmente de los niños provenientes de estratos socioculturales o económicos más
desfavorecidos o marginales. Capacidad cognitiva significa aumentar el potencial de aprendizaje en el sistema educativo formal, y llegar a ser más creativos cuando se inserten en la fuerza de trabajo. También implica desarrollar la capacidad de pensar y de innovar, de fortalecer la sociabilidad, la disposición para relacionarse, para formar equipos, interactuar, todo lo cual constituye un elemento esencial de la nueva economía globalizada.
Postulo que ello nos va a obligar, en una etapa siguiente, a que la reforma educacional reenfatice su foco de acción desde los primeros cinco años de vida de los niños. Eso supone que las políticas sociales desde la visión sectorial fragmentada tradicional, pasen a concentrarse en la familia. Y tenemos que pensar en que la política educacional debe dirigirse al niño antes de que se incorpore a la educación formal; orientarse a la política de salud, para hacer posible que los episodios de emergencia no sean una disrupción de las finanzas familiares, sin que causen, por lo tanto, las tensiones que impiden a ese niño desenvolverse en un entorno normal, que le permita desarrollar una capacidad cognitiva apropiada, y signifique una política hacia la familia, en términos de que se permita a la mujer trabajar en jornada parcial mientras el niño es pequeño y vulnerable, cuando necesita de la calidez del hogar, de la cercanía de la madre y del padre, para que después pueda incorporarse como un ciudadano plenamente capaz y habilitado en el mundo a través de la globalización, pero que, al mismo tiempo, sienta la seguridad básica y el equilibrio necesario, que sólo podrá adquirir en el seno de la familia.
Por lo tanto, en dos palabras, creo que la proposición hacia el futuro, el desafío hacia adelante, que hoy es posible gracias a la culminación de una estrategia deliberada del país de tratar de insertarse plenamente en el mundo y de lograr la equidad social, es globalización a "full" y concentración en la familia, como los dos focos de las políticas públicas que harán posible que Chile en esta nueva etapa, no sólo se abra a la oportunidad histórica y al desafío, sino que también la aproveche íntegramente y logre un desarrollo pleno en un horizonte no lejano en la próxima década.
Diario de Sesión: Sesión Ordinaria N° 43
Sesión: Sesión Ordinaria N° 43
Legislatura: Legislatura Extraordinaria número 350 Fecha: miércoles 31 de marzo de 2004