VIVI SALUD INFANTIL
VII. SALUD MENTAL Nabil Sayed-Ahmad Beiruti, María Jesús Río Benito
3. LoS hIjoS DE LoS INMIgrANTES
Dentro de este grupo es conveniente diferenciar entre los nacidos en el país de origen y los nacidos en el país de acogida, los llamados de 2ª generación, y la edad de emigrar, ya que a pesar de los problemas comunes existen rasgos específicos de cada uno de estos subgrupos. Los menores y adolescentes, por el hecho de hallarse entre dos culturas y dos países, pueden mostrar sentimientos y vivencias ambivalentes, debido entre otras cosas a la ausencia de una identidad de base fuerte.
La imagen que nos hacemos del niño es en gran parte cultural. Esta representación apa- rece antes del nacimiento, se construye en el deseo de hijos, en la anticipación de la función parental y después durante el embarazo.
Presentamos a continuación algunas de las aportaciones de la doctora Marie Rose Moro (2003) y su escuela de Avicenne (París) sobre la psicoterapia transcultural del menor y sus padres. Del análisis realizado por la citada autora de las terapias padres-hijos en situación de migración, destacan tres parámetros culturales funcionales que generan un discurso acerca del menor y que constituyen para ella verdaderos soportes del insight. Se trata de las matrices ontológicas, las teorías etiológicas y las lógicas del hacer, que pasamos a describir someramente. Las matrices ontológicas designan las representaciones que los padres tienen
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del niño y de su naturaleza: su identidad, su origen, las modalidades de su desarrollo, de sus necesidades y de sus lazos con la familia. A partir de esta primera matriz se desarrollan las teorías etiológicas, los relatos que dan sentido a lo que no tiene sentido (Zempléni, 1985). Estos relatos se refieren al sentido, no a la causa. Es a partir de estos dos niveles que puede establecerse un acto terapéutico por alguien culturalmente habilitado para dotar de sentido la experiencia de la desgracia.
La Dra. Moro destaca cuatro factores en el proceso del desarrollo del niño migrante: vulnerabilidad, competencia, resiliencia2 y creatividad. Como para otros autores, los hijos de
migrantes son vulnerables, reseñando tres momentos de especial riesgo: la fase postnatal
en que el bebé y la madre tienen que adaptarse el uno al otro, el momento de los grandes aprendizajes en la escuela (cálculo, lectura y escritura) cuando el niño se inscribe en la socie- dad de acogida, y la adolescencia, época en que se plantean las cuestiones de la filiación y la afiliación. Los otros tres factores antes citados permiten el beneficio extra (enriquecimiento) que pueden obtener estos niños de la situación transcultural. La competencia hace alusión a las capacidades de adaptación activa del lactante a su entorno, la resiliencia a los factores internos o externos de protección (Cyrulnik, 1999), y la creatividad a la potencialidad de algunos niños para inventar nuevas formas de vida a partir de la alteridad o el trauma.
Es especialmente delicada la situación de los adolescentes porque viven una doble crisis: la de su propia edad con su particular problemática psicofisiológica, y la derivada de los conflictos debidos al desarraigo y rechazo. Se encuentran en la encrucijada entre dos edades y dos culturas produciéndose doble crisis de identidad, que se manifiesta en el proceso de afirmación de sí mismo, la adaptación sexual y la conquista de su autonomía que, habitual- mente, se acompaña de ruptura con la familia, la cultura y la sociedad así como la búsqueda del grupo de pertenencia en la pandilla (debido a la importancia del grupo de iguales en el desarrollo de la identidad social y el papel protector que juega).
Este proceso natural se ve complicado en la situación de inmigración por las actitudes de rechazo (de la sociedad de acogida, del propio entorno cultural y del adolescente hacia ambos), la marginación y/o automarginación y los sentimientos de confusión, a causa de tener que elegir entre una única, ninguna o doble pertenencia (la identificación con una cultura es independiente de la identificación con otra). La aculturación puede incrementar su margina- ción intracultural, la no adaptación puede producir situaciones de marginación y rechazo de parte de la sociedad de acogida y la ausencia de una pandilla bien definida culturalmente podría llevar a graves confusiones y alteraciones en el proceso de identificación y posibles problemas de comportamiento, asimismo, la ausencia de una pandilla mixta dificultaría el proceso de adaptación.
Los adolescentes que emigran con sus padres, son los que presentan mayores dificultades de adaptación, debido a que su proceso de socialización se interrumpe bruscamente, y que el aprendizaje de nuevas estructuras culturales resulta dificultoso debido a la pérdida de la plasticidad infantil. La interrupción de su proyecto vital en el país de origen, la ausencia de
2 La resiliencia es la capacidad de sobreponerse a los traumatismos. Este término, tomado prestado de la física, designa la vuelta al estado inicial de un elemento deformado. Se adoptó por parte de los psiquiatras americanos especializados en la primera infancia en los años 90, popularizándose en Francia por Boris Cyrulnik. Para este autor la resiliencia cuenta con elementos innatos y adquiridos. En sus palabras «Traer un niño al mundo no es suficiente, es necesario hacerle un sitio en el mundo».
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proyecto migratorio propio, las posibles actitudes negativas de la sociedad de asentamiento y las dificultades de promoción cultural, educativa, social y laboral; todos ellos son factores que podrían entorpecer su proceso de adaptación. Sin embargo para los nacidos en la sociedad de acogida, su conflicto consiste en que ellos viven en la sociedad de nacimiento, han adquirido ampliamente su cultura, pero la sociedad no les considera como ciudadanos suyos de pleno derecho, manteniendo cierto grado de rechazo y marginación. Esta actitud junto a las exigencias de su grupo cultural de un comportamiento de acuerdo con sus normas, dificultan bastante el proceso de socialización, la adquisición de una identidad sólida y el acceso a una vida normalizada. Asimismo, les condena, en la mayoría de los casos, a vivir en barrios marginales y a ocupar lugares más bajos en la escala social, por impedirles el acceso a la educación, al mercado laboral y por reducir al mínimo sus posibilidades de promoción y participación en la vida colectiva (Sayed-Ahmad, 2006).
Los principales problemas psicosociales encontrados en los hijos de inmigrantes son (Pechevis, 1995):
Importante fracaso escolar.
Aislamiento social, lingüístico y cultural.
Escasas o casi nulas posibilidades de promoción. Pobreza del ambiente sociofamiliar.
Dificultades de comprensión de las normas socioculturales. Tendencia a la «deculturación».