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Sin inmunidad y meta personal

mares del Sur (1979), Asesinato en el Comité Central (1981) y Los pájaros de Bangkok (1983)

1.3. Características del detective

1.3.2. Sin inmunidad y meta personal

La novela negra española no solo pertenece al género de misterio, en el que tradicionalmente se encasillaba la novela policíaca clásica, sino también al de suspense, comprendiendo una mezcla de ambos géneros. Sobre ellos, Todorov (1977: 47) afirma que “this kind of detective fiction fuses the two stories or, in other words, suppresses the first and vitalizes the second. We are no longer told about a crime anterior to the moment of the narrative; the narrative coincides with the action. [...] There is no story to be guess; and there is no mystery, in the sense that it was present in the whodunit. But the reader’s interest is not thereby diminished; we realize here that two entirely different forms of interest exist. The first can be called curiosity; it proceeds from effect to cause: starting from a certain effect (a corpse and certain clues) we must find its cause (the culprit and his motive). The second form is suspense, and here the movement is from cause to effect: we are first shown the causes, the initial données (gangsters preparing a heist), and our interest is sustained by the expectation of what will happen, that is, certain effects (corpses, crimes, fights).”

La novela negra atrae al lector por estos aspectos. Normalmente, el lector no puede conocer lo sucedido como ocurre en la novela de misterio y solo focaliza su atención a lo que va a ocurrir. El detective de novela negra ya no tiene la inmunidad del héroe de la novela de misterio, porque la negra también pertenece a la de suspense. Todorov lo sigue explicando: “this type of interest was inconceivable in the whodunit, for its chief characters (the detective and his friend the narrator) were, by definition, immunized: nothing could happen to them. The situation is reversed in the thriller: everything is possible, and the detective risks his health, if not his life.” (47)

El recorrido por las proximidades de los canales significó para Carvalho una doble tensión. La de la prevención ante la posibilidad de que realmente le tiraran a un canal de noche y la provocada por el tono de voz histérico y desagradable que empleaba uno de sus guardianes, entusiasmado ante la utilización de una oreja de Carvalho como micrófono para la retransmisión de un montón de horrores. Finalmente el coche se detuvo en una de las zonas más oscuras del mundo, una zona donde probablemente no llegaba la luz del sol desde la violenta

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separación de la Tierra del Sol, y en cuanto Carvalho estuvo fuera del coche tratando de orientarse en la oscuridad recibió un patadón en los riñones que le hizo perder el equilibrio y rodar por una pendiente blanda que olía a quemado. [...] Era imposible salir de aquella situación sin asumirla hasta las últimas consecuencias, y las últimas consecuencias consistieron en subir a cuatro patas, apuñando la basura con las manos, buscando profundidades para que las piernas pudieran ir impulsando el cuerpo hacia arriba. (Los pájaros, pp. 227-228)

En Bangkok, cuando estaba cenando Carvalho, cuatro nativos disfrazados de mafiosos italianos interrumpieron su cena y lo secuestraron; la situación y la sensación que tenía Carvalho nos ubica ante una gran tensión argumental debido a las posibilidades de muerte del detective. Confesando que es “un detective privado poco cultivado”, se sitúa en muchas situaciones arriesgadas y le cuesta escaparse, así como sucede con los detectives estadounidenses de la escuela de hard boiled. Parece poco ducho en resolver casos criminales. Al final, cuando Carvalho se encuentra con Teresa Marsé y su pareja Archit, aparece también

Jungle Kid, que también está persiguiendo a Archit. El tiroteo se desata:

Carvalho disparó y la bala levantó arena de duna unos metros más allá de Jungle Kid, que se revolvió y disparó contra Carvalho para luego echar a correr en dirección a un coche que le esperaba. Carvalho se dio a sí mismo la orden de pasarse una mano por la frente y luego la contempló llena de sangre. No le dolía, pero sabía que le habían dado. (407)

Cuando en Los mares ya Carvalho intuía que el asesino era Pedro, hermano de Ana Briongos, aquel recibe a Carvalho con una pelea:

Dieron dos pasos hacia adelante. Carvalho estaba al alcance físico de sus brazos, a su espalda quedaba la tapia de un solar en construcción. El jovencillo fue el primero en sacar la navaja. La paseó ante la cara de Carvalho. Pedro sacó la suya, diríase que abierta ya dentro del bolsillo. [∙∙∙] El jovencillo lanzó un navajazo a la cara de Carvalho. Lo esquivó retrocediendo y el corpulento se le echó encima mientras Pedro atacaba de frente. El puño del corpulento le llegó blando a la cara. (Los mares, pp.

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198-199)

Según menciona José Colmeiro (1994:70), “el protagonista de la novela policíaca negra es un hombre de este mundo, cuya fortaleza física y moral (su ‘dureza’) no es invulnerable a los ataques de que es objeto constantemente”. Carvalho cae constantemente en situaciones muy arriesgadas, y en muchas escenas llega a estar al borde de la muerte por una bala o un navajazo. Esta sensación de valentía que nos transmite el personaje es lo que diferencia a los detectives de novela negra de los de novela policíaca clásica.

Como hemos comprobado en el texto, Carvalho no es un detective que siempre está a salvo; su carácter es diferente al de los detectives de las novelas policíacas clásicas. Además, generalmente, la investigación del detective privado favorece la acumulación de la propiedad de los ricos o el honor y la riqueza de los burgueses, y el detective tiene la responsabilidad de proteger a la sociedad burguesa. Por eso, el detective se describe como una persona de integridad y nunca se inclina por la realidad.

Así pues, con todo lo reflexionado hasta ahora nos surge una importante cuestión, ¿por qué Carvalho acepta estos trabajos tan peligrosos que le piden sus clientes? Simplemente por dinero. El detective es un hombre corriente y no tiene intención de aportar nada moralmente a la sociedad, solamente espera de su trabajo una mera retribución económica. En la novela negra el detective reconoce la inmoralidad de la sociedad y se mueve según su interés, muy superficial en algunos casos, como la necesidad económica o el honor personal. Ya no recibe la protección ni es moral. Carvalho se inclina por la realidad y es enormemente materialista.

Ricardo Piglia escribe sobre la diferencia del carácter del detective entre la novela policíaca clásica y la novela negra en su libro de Cuentos de la serie negra (1979)13:

Si la novela policial clásica se organiza a partir del fetiche de la inteligencia pura, y valora, sobre todo, la omnipotencia del pensamiento

13 Se ha menc ionado en Diego Tre lles Pa z, “ Novela polic ial a lternativa hispanoamericana (1971-2005)”, Aisthesis: Revista chilena de investigaciones estéticas, Pontificia Universidad Católica de Ch ile , 40,

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y la lógica abstracta, pero imbatible de los personajes encargados de proteger la vida burguesa, en los relatos de la serie negra esa función se transforma y el valor ideal pasa a ser la honestidad, la ´decencia`, la incorruptibilidad. Por lo demás se trata de una honestidad ligada exclusivamente a cuestiones de dinero. El detective no vacila en ser despiadado y brutal, pero su código moral es invariable en un solo punto: nadie podrá corromperlo. En las virtudes del individuo que lucha solo y por dinero contra el mal, el thriller encuentra su utopía. (1992: 57)

Cuando Biedma, que es el abogado laboralista y amigo del difunto Jaumá, habla con Carvalho, que también conoció a Jaumá en Estados Unidos, el detective afirma: “soy un profesional y mis motivaciones son rigurosamente económicas, aunque conociera hace años a Jaumá en Estados Unidos.” (La soledad, pp. 111-112). También en Los pájaros Carvalho le cuenta a Marta Miguel: “que nadie me encargue el caso. Yo soy profesional. Vivo de esto y no voy a investigar por amor al arte.” (Los pájaros, pp. 103). Carvalho acepta cualquier trabajo para ganar dinero y regatea las tarifas si no le convencen, lo que nos evidencia claramente que Carvalho no es un arquetipo del detective privado británico.