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Peculiaridades de Carvalho

mares del Sur (1979), Asesinato en el Comité Central (1981) y Los pájaros de Bangkok (1983)

1.3. Características del detective

1.3.4. Peculiaridades de Carvalho

El detective Carvalho, como hemos visto antes, es un tipo de los típicos detectives hard

boiled norteamericano –Philip Marlowe, Sam Spade– pero también “aderezado con ciertas

señas de identidad propias –el hedonismo, la gastronomía, la quema de libros, el lenguaje erótico, la ironía, el sarcasmo, las múltiples referencias culturales, el reflejo de la realidad social- ” (Jorge L. Catalá Carrasco: 2008). En realidad se trata del ‘alter ego’ de Manuel Vázquez Montalbán: la vida de Carvalho y la del autor son muy semejantes. Lo claro es que esta semejanza de la vida del autor y de su protagonista le s confiere un toque que los diferencia de otros detectives privados. Carvalho es un personaje muy corriente, o mejor dicho, más corriente que otros ya que no es un personaje ficticio, sino casi de carne y hueso. Por lo tanto, se destaca más de entre los personajes típicos del detective privado de las novelas negras.

Hay varios testimonios en sus novelas que así lo atestiguan. Cuando le preguntan a Carvalho si es catalán, él responde que “Yo más diría que soy un charnego.” (La soledad, p. 155). Como ya hemos mencionado con anterioridad, Manuel Vázquez Montalbán, aunque nació en Barcelona, tiene origen murciano por parte de madre, Rosa Montalbán Pérez que, aunque también nació en la capital catalana, su familia es de Murcia, y gallego por parte de padre, Evaristo Montalbán. Por eso, el propio autor se considera a sí mismo una víctima histórica “Inmigrante por antecedente familiar” (Florence Estrade, 2004: 18). Son más que evidentes los rasgos autobiográficos que encontramos en el entorno familiar de Carvalho en la novela. En primer lugar, en los orígenes gallegos tanto de Carvalho como de toda su familia, aunque luego pasó toda su vida en Barcelona; En segundo lugar, los nombres de los personajes, si bien el padre de Carvalho se llama Evaristo, igual que el padre del propio Manuel Vázquez Montalbán, y su madre se llama Ofelia.

Sabemos que nuestro detective vive en los altos de Barcelona, en la zona que se llaman Vallvidrera. Realmente el propio autor también reside en el mismo lugar que Carvalho: “Yo vivo lejos de Barcelona, vivo en el Tibidabo, en Vallvidrera; entonces bajo a la ciudad para los contactos familiares, personales, laborales o los que sea, y luego regreso a casa y continúo

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escribiendo. Casi escribo más que vivo.” (Manuel Blanco Chivite, 1992: 34). “Asimismo, tanto Manuel Vázquez Montalbán como Pepe Carvalho fueron en sus tiempos de estudiantes militantes de izquierdas y, como consecuencia de ello, ambos pasaron tiempo en la cárcel.” (Agustín Cuadrado, 2010)

Como menciona Manuel Blanco Chivite, “su mundo infantil fue la plaza del Pedró, la calle Botella, la calle Carmen, la calle Hospital... El mismo que pateó el Montalbán niño.” (1997: 17). A lo largo de toda la serie Carvalho, que comprende más de veinte obras, el escritor va reflejando sus propias vidas y pensamientos en las novelas y en su personaje principal. Es cierto que el carácter del detective ha quedado marcado como el prototipo del investigador privado en la novela negra española durante muchos años, tanto por su serie como por los aspectos personales que tiene el personaje: su conocimiento político, su gusto gastronómico y su comprensión del contexto.

Carvalho trabajó en la CIA en los Estados Unidos y fue comunista en Barcelona. Es sabido que el propio autor, Manuel Vázquez Montalbán, también era socio del partido comunista y participaba en el PSCU14 (Partido Socialista Unificado de Cataluña, Partit

Socialista Unificat de Catalunya o PSUC), que fue un partido catalán de ideología comunista

federado originalmente con el Partido Comunista de España (PCE). Escribió varios artículos sobre política y siempre se declaró contra el régimen de Franco. Manuel Blanco Chivite

(1992: 44) pregunta en su entrevista a Manuel Vázquez Montalbán por su participación en el IV Congreso del PSUC:

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PSUC(Partido Socialista Un ificado de Cataluña) : “Fundado en junio de 1936 por fusión de partidos de izquerda marxista cata lanes, era nac ionalista y lenin ista. El líder de la Unió Socia lista de Cata lunya Joan Co morera le imprimió su doble y especial ca rácter, inscrib iéndole en 1939 en la Internacional Co munista co mo una fuerza independiente del PCE. Hasta la e xpu lsión de Co mo rera en 1950 –ganando así quienes deseaban una unión sin fisuras de todos los comunistas -, mantuvo con el PCE unas polémi cas relac iones de coordinación. Actuando con relativa independencia en los últimos años del franquismo y en la Transic ión, p roporcionó a l PCE nada menos que nueve de los 20 diputados de 1977. Ahí co men zaron las discrepancias con los prosoviéticos (que fundarían e l Part itdels Co munistes de Catalunya e n 1982). Con Antoni Guit iérre z y Gregorio Lópe z Ra imundo, el PSUC optó del todo por la modern iza ción. En la últ ima década, si no tanto co mo las formac iones de la izquie rda del resto de España, tamb i én sufrió el PSCU las consecuencias del perceptible g iro hac ia el centro-derecha de la op inión, y natur almente se resintió de los efectos del fin del b loque socialista” – Véa se en Jaime Alvar Ezquerra, Diccio

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-Eres miembro del Comité Central desde noviembre del 77, cuando se celebró el IV Congreso del PSUC, el primero tras su legalización.

-Asistí al IV Congreso como invitado participativo. Me metieron en unas listas alternativas a las listas oficiales para el Comité Central y fue, me parece, el primer caso en la historia del movimiento comunista que alguien de las listas alternativas se impone a alguien de la lista oficial. Entré en el Comité Central por la puerta trasera y a partir de ahí empezó mi militancia, mi estancia en ese organismo.

Debido al enorme interés que le suscita la política de su país y su afiliación reconocida al partido comunista, las elecciones generales del 28 de octubre en 1982 le importan mucho a Carvalho y se preocupa por su ausencia en el viaje a Bangkok durante el periodo electoral. En

Los pájaros se ve su nerviosismo en la conversación con la madre de Teresa Marsé, que

quiere a toda costa que Carvalho viaje a Tailandia para buscar a su hija desaparecida:

-[...] Estamos en un periodo difícil. Va a haber elecciones. Quisiera votar. -Vote por correo. Yo estoy empadronada en Barcelona y vivo en el

Maresme.

Votaré por correo. Es muy fácil. Hay que ir a Estadística y hablar con un señor que se lo arreglará todo.

-Imagínese que ganan los socialistas, que hay un golpe de Estado y que todo eso me pilla en Tailandia. (Los pájaros, p. 170)

Y ya en las Ramblas se sorprendió a sí mismo callejeando, dejándose llevar por estelas subconscientes que le movían entre los peatones mañaneros y las evidencias de los reclamos electorales florecidos durante la noche, llena la ciudad de imágenes de pago de Felipe González y de imágenes militantes de los líderes comunistas, uno de ellos, Gutiérrez Díaz, en el trance de bendecir a los electores, le votasen o no le votasen. Y la primera conciencia de objetivo la tuvo cuando se encontró ante los escalones del edificio de Estadística y luego ante un bedel al que preguntó:

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Al final, Carvalho fue al edificio de Estadística para poder ejercer el derecho a voto por correo. Este personaje no suelta nunca su interés en la política aunque siempre afirmase de forma paradójica que no le interesaba nada de la misma, como podemos leer en Asesinato (1982: 31): “Yo soy apolítico, que quede claro” y “Han mejorado ustedes mucho si están dispuestos a aceptar la ayuda de un apóstata. Pero ni siquiera soy eso. Casi me había olvidado de que en cierta ocasión fui comunista” (Asesinato, p. 34).

Carvalho quiere olvidar su actividad como comunista en su pasado, ya que la política española, en general, lo decepcionó, incluso los comunistas, que “siempre pierden”. En el caso del asesinato del secretario general del Comité Central del Partido Comunista, a Carvalho le visita Salvatella, miembro del Comité Ejecutivo del Partido Comunista de España. Este le encarga la investigación del caso, puesto que sabe que Carvalho era comunista y entendería a los suyos. Aunque el detective niega su interés en la política de su país, no abandona nunca sus reflexiones. Su cinismo ante la política española se demuestra en la siguiente escena:

En caso de golpe de Estado, Carvalho consideraba que su negocio iría mejor. La democracia liberaliza a las gentes y cada vez eran menos los maridos que buscaban o seguían a sus mujeres y los padres que le ponían tras la pista de adolescentes fugitivos de las oligarquías familiares. Sin duda las dictaduras dan una mayor clientela a los confesionarios, a los detectives privados y a los abogados laboralistas. Las contraindicaciones estéticas y éticas no iban con él. (156-157)

Como hemos visto hasta ahora, Carvalho es un detective activista en cuanto a la política, como lo fue su creador Manuel Vázquez Montalbán. Los personajes arquetípicos de investigador americano no son muy conscientes de la política en la que se mueven, por lo tanto, el carácter del detective político hace excepcional al personaje Carvalho y se puede incluir como arquetipo de los intelectuales en la España de la Transición.

Como confiesa Carvalho en Los pájaros, “En efecto, amigo, soy un alcohólico” (2003: 19). Así ocurre también con casi todos los detectives privados de las novelas policíacas, por

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ejemplo, Philip Marlowe de Raymond Chandler, Sam Spade de Dashiell Hammett, Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle, etc. Siempre aparecen en la novela los escenarios en los que está bebiendo alcohol, pidiéndolo en un bar, etc. Sobre todo, Carvalho es adicto al orujo y lo toma con frecuencia. Cuando Pedro Parra, antiguo compañero de Carvalho de la universidad y actualmente trabajador del Banco Urquijo, visitó Vallvidrera para cenar, “Carvalho se sirvió un tazón de café y dos copas de orujo ” (La soledad, p. 207). En la escena en la que Enric Fuster, vecino de Carvalho e historiador de la universidad, pasó por la casa del detective, “Carvalho se llenó un vaso de orujo frío y con él en la mano recibió a Enric Fuster” (Asesinato, p. 42). El orujo, además de beberlo para pasar el tiempo acompañado por alguien, tiene la función de ser ingerido para consolarse de una pena como la muerte de su mascota, Bleda.: “Le ardían los ojos, pero sentía una súbita limpieza en la cabeza y en el pecho. Mirando hacia la ciudad iluminada dijo: -Hijos de puta, hijos de puta. Se bebió una botella de orujo helado y a las cinco de la madrugada le despertaron el hambre y la sed.” (Los mares, p. 220)

Al final de Los pájaros, Carvalho se ha encargado del crimen de la botella de champán, de marca desconocida, con la que se ha asesinado a Celia Mataix Cervera. Debido a su condición de alcóholico empedernido, teóricamente tenía que investigarlo sin problemas, pero se observa que le resulta difícil:

“El crimen de la botella de champán”, titulaba el periódico, y Carvalho saltó de línea en línea en busca de la marca de la botella empleada para el asesinato. Ni rastro. No es lo mismo que a uno le maten con un Codorniú Gran Cremant que con un Brut Nature Torelló, con un Juvé y Camps Reserva Familiar o con un Martí Solé Nature. Podía darse el caso de que el titular fuera realmente preciso y el asesinato hubiera sido cometido con una botella de champán francés, pero incluso de producirse esta circunstancia ¿es lo mismo un asesinato a base de Moët Chandon que un asesinato perpetrado con un Krugg o un Rollinger? (Los pájaros, p. 30)

Carvalho se aprovecha de su conocimiento sobre el champán para imaginar el caso del asesinato de Celia, pero no encuentra el nombre. Esta escena nos presenta la variedad de dicha bebida gracias a los hábitos alcohólicos del detective. De manera general, en esta

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novela, como viaja a Tailandia, el detective se despacha a gusto saboreando lo exótico del alcohol local, el Mekong, en la compañía de Charoen, policía local de Bangkok:

Les trajeron dos vasos llenos de hielo picado y de un líquido que recordaba el color del whisky. Carvalho recuperó el sabor del Mekong, un whisky que sabía a arroz integral, ligero, incluso agradable.

-¿Le gusta?

-Me gustaba y me gustará.

-Los extranjeros se aficionan en seguida al Mekong. Es barato y tan sano como el whisky escocés. (199)

Al final, cuando no encuentra más alicientes en su viaje absurdo en busca de Teresa en Tailandia, busca descansar en el Mekong al que ya ha cogido gran afición:

Antes de ponerse en marcha, Carvalho compró una botella de Mekong y se la metió entre pecho y espalda en los primeros cincuenta kilómetros de recorrido. Estaba harto del viaje, de Teresa, de Archit, de sí mismo, y el alcohol le ayudó a cantar Alma, corazón y vida como hacía veinte años que no la había cantado y luego a dormirse entre ronquidos que provocaron las carcajadas del taxista. (347)

Carvalho utiliza el alcohol como remedio –como se aprecia, poco fructífero– para olvidar y consolarse. De todos modos, cabría la posibilidad de entender la adicción de Carvalho al alcohol como consecuencia de los difíciles tiempos que le han tocado vivir en la Transición y por el estrés que le produce un trabajo que le exige viajar continuamente.

En todo momento Carvalho muestra una considerable afición por la lectura. Estamos ante la figura de un personaje cultivado, que dispone incluso de su propia biblioteca en su casa. Sin embargo, como está muy desilusionado frente el mundo, al final decide quemar los libros que suelen hablar sobre la ‘fantasía del mundo’ o ‘lo positivo del mundo’ porque le parece una tontería lo que dicen los libros. Hallamos aquí un claro de Don Quijote –que también explicaremos más adelante– en lo que respecta al escrutinio de la biblioteca de Don Quijote,

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llevada a cabo por el barbero y el cura, ambos convencidos plenamente de que la locura del caballero andante provenía de la abultada lectura de libros de caballerías que provocaban que viviera permanentemente en un mundo de fantasía caballeresca irreal. El rasgo principal del detective es su desencanto y desengaño y así afronta el mundo. Carvalho “abomina del culturalismo tanto en su voz como en la quema de los títulos de su biblio teca para encender su chimenea” (Valles, 1991: 173). En toda la serie de Carvalho no deja de quemar libros:

-[...] Ahora estoy trabajando en la Crítica al programa de Gotha, de Marx. -Regálame un ejemplar. Suelo encender la chimenea con libros

trascendentales. Cuanto más pretensión de trascendentalidad, más culpabilidad. Seguro que han conseguido engañar a alguien. (La

soledad, p. 221)

La razón por la que Carvalho quema los libros está clara: su inutilidad y la facilidad para engañar a la población. Como afirma Lucía Iglesias Kuntz (1998: 46), el motivo de esto es porque “literature has not taught him how to live”. Este hecho también es uno de los aspectos originales que tiene el detective para demostrar su angustia y decepción ante el mundo. En

Los mares, sin duda alguna, Carvalho se plantea quemar su biblioteca:

Becer juró que había seguido todas las instrucciones del gestor. Inició Fuster la marcha hacia la cocina a través de un pasillo lleno de libros. Carvalho pensaba que con la mitad de aquellas existencias tenía asegurado el fuego en su chimenea hasta que muriera. Como si adivinara sus pensamientos, Fuster exclamó sin volver la espalda: -Cuidado, Sergio, que éste es un quemalibros. Los utiliza para encender

la chimenea.

Beser se enfrentó a Carvalho con los ojos iluminados. -¿Es cierto?

-Completamente cierto.

-Ha de producir un placer extraordinario. -Incomparable.

-Mañana empezaré a quemar aquella estantería. Sin mirar qué libros son.

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Lo más interesante de su afición por quemar libros es el hecho de fijarse en los títulos o en su contenido antes de deshacerse de ellos, puesto que siempre nos revela sus nombres. Otros personajes como Fuster, Sergio o Biscuter le preguntan que por qué ha elegido estos libros para que sean devorados por las llamas en su chimenea y, no obstante, para cada uno existe una razón diferente por la que lo ha de quemar:

[...] se fue hacia la biblioteca llena de mellas y derrumbamientos, de libros deformes por un mal apoyo o por la asfixia excesiva a que les sometían libros mayores. Eligió El problema de la vivienda, de Engels, del que le bastó leer: “Tercera parte: observaciones complementarias acerca de Proudhon y el problema de la vivienda” para decidir que tenía bien merecido e l fuego. Rompió el libro en tres pedazos, arrugó las páginas para airearlas y permitir la combustión y empezó a ordenar el edificio de teas y ramas sobre las ruinas de uno de los libros más insuficientes de Engels. (Asesinato, p. 41)

Los títulos de las novelas normalmemente nos ofrecen las claves para su correcta interpretación. Baste con mencionar alguno claro ejemplo como El problema de la vivienda. Como ya sabemos que el propio autor y el detective privado eran ex comunistas, su ideología política y económica se inclinaría al marxismo. Engels es uno de los marxistas más famosos y luchaba contra el capitalismo. En Barcelona, cuando acabó la dictadura, con el nuevo modelo económico-político se planteó construir una nueva ciudad. Cada vez se invertía más en parcelas y se construían más edificios, pero los pobres nunca podían alcanzar su propia casa y la calidad de vida de obreros empeoró. Las clases más desfavorecidas se apartaron del centro debido al problema de la vivienda o, si estaban dentro, permanecen en la miseria. El capitalismo tiene un gran problema: solo los ricos se hacen ricos y los pobres nunca saldrán de pobres. Engels insiste en que el problema de la vivienda nunca se podrá resolver. El sistema permite a los obreros tener su propiedad, pero serán constantemente discriminados como mano de obra y clase inferior. El ex comunista Carvalho estaría de acuerdo con Engels, sin embargo, la sociedad rechaza esta ideología ya que el capitalismo gobernaba la España de entonces durante la transición. A través de su lectura se nota que Carvalho es un personaje cultivado e intelectual y esto se une a lo que ya lo resaltaba como figura detectivesca:

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Carvalho buscaba en la biblioteca el libro que iba a servir de combustible base para la fogata. Eligió un libro de versos de Justo Jorge Padrón y un pequeño librito con dos piezas teatrales de Beckett, La

última cinta y Acto sin palabras. Fuster examinó los libros antes de que

Carvalho los desguazara y quemara. […]15

Fuster selecciona un párrafo de La última cinta y lee con grandilocuencia cómica:

-Quizá mis mejores años han pasado. Cuando tenía alguna

probabilidad de ser feliz. Pero ya no deseo más probabilidades. Y menos ahora que tengo ese fuego en mí. No, no deseo más probabilidades. (Krapp permanece inmóvil, con los ojos fijos en el vacío. El carrete continúa rodando en silencio).

Entregó el libro a Carvalho como el aduanero receloso que devuelve el

pasaporte a un turista bajo sospecha. Carvalho apiló la leña y dejó un