mares del Sur (1979), Asesinato en el Comité Central (1981) y Los pájaros de Bangkok (1983)
1.3. Características del detective
1.4.2. Tema nacional: lo social
Después de la muerte de Franco, afloraron una enorme cantidad de problemas sociales ocultos durante la larga dictadura de entre los que destaca uno: la corrupción. En La soledad, Carvalho queda con Alemany, contable de la familia del difunto Jaumá, y le pregunta por la desaparición del dinero y su relación con la muerte de Jaumá. Alemany se lamenta de la situación de España, tan sumamente corrompida:
-¿No relacionó la muerte de Jaumá con la desaparición de ese dinero? -Claro que lo pensé. Pero como en este país hay tanta basura, tanta basura acumulada bajo la dictadura de aquel ... brétol!... de aquel pótol!
(La soledad, p. 152)
Alemany realiza los insultos en catalán como método productivo de intensificar la angustia que siente ante la deplorable situación política. Al igual que él, casi ningún español se fía de su propio país, siempre muestran algunas dudas en lo que el gobierno hace o ha hecho o hará. De manera general, a los personajes parece que les cuesta identificar que los problemas sociales provienen del anterior régimen. Bromuro, que es un limpiabotas y pertenece a la clase baja, se lleva bien con Carvalho y a veces le da pistas al detective que le sirven de gran ayuda para su investigación:
-Que estoy mal, que os lo vengo diciendo y ni caso. Me ha puesto a régimen el hijo puta del médico del Seguro. Carne a la plancha, verdura y fruta del tiempo. Ya ves. Yo, que como un vermut, una tapita de esto o aquello y un carajillo de postre. Por veinte duros salgo todos los días. Con veinte duros no tengo ni para una manzana. Es que no piensan, tú. Se gastaron todo el cerebro en estudiar la carrera y luego se acabó, a joder la marrana, a chinchar a todo Dios y a sacarnos los cuartos. Y te pongas como te pongas, las cosas son así. Porque si se te ocurre no hacerles caso, igual te mueres. No sé cómo se lo hacen, pero así pasa. Mira mi cuñado. Estaba algo pachucho y va al médico. Cáncer, le dice. Cáncer lo tendrá su padre, le contestó mi cuñado. Pues bien. Tenía
107
cáncer y se murió tres meses después. Yo creo que se murió porque se enteró de que tenía cáncer. Y casos así, a miles. Tú estás tan tranquilo, vas mañana al médico, te dice: cáncer, y Pepe, te lo puedes creer, te viene un cáncer. Nunca te arreglan nada, y sobre todo a mi edad. A estas alturas ya solo saben decirte el mal del que has de morir. (La soledad, p.39)
Es evidente la desconfianza que muestra Bromuro hacia la medicina por el mero hecho de que un médico no ha sido capaz de curar un cáncer ; este disgusto del personaje puede valernos como metáfora de la situación política de la España de entonces: los políticos solo hablan, pero “nunca te arreglan nada”. La economía sufrió una inflación y el limpiabotas, sumido en una crisis económica, no tiene dinero para hacer el régimen que le recomienda el médico. Existe una gran semejanza entre los discursos médicos y políticos, pues ambos están plagados de un fuerte idealismo en el que no se reconoce la realidad. La gente de clase baja vive en la pobreza y no alcanza a hacer nada por la lejanía de estos políticos, tan solo esperan su muerte sin poder evitarla. Tanto médicos como políticos no sirven para nada:
-Pensaba que habías ido para consultar lo del bromuro.
-¿A ese esaborío? Es mi médico desde hace... bueno... desde que empezó lo del Seguro, cuando los bedeles iban disfrazados de mariscal Goering. Lo del bromuro se lo he dicho mil veces y ni caso. ¿Por qué te crees que la gente se muere tanto ahora? De las porquerías que los gobiernos echan en las aguas para tranquilizarnos.
El Bromuro se asegura de que nadie escucha.
-¿Por qué te crees tú que Franco duró tanto? Porque estábamos como atontados y era del bromuro que nos echaban en el agua y en el pan. -Tú no pruebas ni el agua ni el pan.
-Pues en el carajillo. ¿O es que te crees que el café se hace de vino? El agua del café, ahí te pillaba el bromuro. Mira lo que te digo, Pepe. Si yo tuviera algún poder político, que no tengo ninguno, lo que haría sería denunciar el uso y abuso del bromuro bajo el franquismo. ¿No estamos en pleno período de revisión? ¿Quieres tú una mayor violación de los derechos humanos que el empleo del bromuro contra toda una colectividad? (La soledad, pp. 39-40)
108
Como vemos en esta conversación, Bromuro está ya harto a causa de la desconfianza que tenía con la dictadura, aunque esté exagerando con el tema del bromuro. También refiriéndose a los políticos implica que, aunque ellos ostentan el poder, no hacen nada para la colectividad. España ya no está en la dictadura, como dice Bromuro, sino que está en “pleno período de revisión”. Si los políticos quieren denunciar cualquier duda ciudadana y algo sospechoso en el sistema, el poder podría quedar limpio sin problema. Pero como no lo hacen, Bromuro está deseando poder hacer, pero no tiene poder. ¿Qué estarían haciendo los políticos durante la época de Franco? A través de su mirada, los españoles estaban atontados, sin enterarse de nada.
Además no solo echa la culpa a los políticos, ya que afirma que el mero hecho de ser español es también considerado una culpa. Podemos comprobar esta idea en la conversación que tiene Carvalho con la hermana de Rhomberg, cuando sospecha que Peter Herzen es la misma persona que Rhomberg. Su hermana está negando la intuición de Carvalho e impugnando al detective privado. Esta mujer está muy impaciente porque el detective considera a su hermano como un sospechoso:
-Me parece que usted tiene un temperamento muy español. Muy trágico. No se puede ir por el mundo dando sustos así. (La soledad, p. 163)
Resultan evidentes las burlas que la hermana hace sobre el hecho de ser español con sus sarcasmos. Se ve que todo el mundo está decepcionado ante su país y, además, el ambiente de España es peligroso. Biscuter ve a Carvalho mientras examina el mecanismo de la pistola Star y le pregunta: “¿siempre lleva la pistola encima?” (226); Carvalho le responde que “en este país hay que ir armado.” (226)
En cambio, entrando en la Transición, los ricos campan a sus aires sin preocuparse por nadie, ni por la pobreza, simplemente disfrutan enriqueciéndose cada vez más gracias a sus aliados políticos. En Asesinato Carvalho está recordando la conversación que mantuvo con Garrido, el asesinado secretario general del PCE. Garrido le dijo: “si la burguesía española no está dispuesta a secundar nuestra propuesta de reconciliación nacional, no vacilaremos en
109
volver a coger el fusil y marchar hacia las montañas.” (Asesinato, p. 19).
Los comunistas españoles de entonces no aguantaban a los burgueses. Podemos suponer que había muchas manifestaciones contra ellos. Por eso, los comunistas siempre se situaban en el extremo contra los demócratas que trae el capitalismo, principal causante de la crisis económica en España. Este hecho podemos comprobarlo en la escena en la que Carvalho está escuchando la conversación de tres personas que están sentadas cerca de él y de Carmela, que es su acompañante en Madrid:
-Tú me dices a mí: si reduces la plantilla me quedo en la calle con un seguro de paro que un día u otro terminará y después, ¿qué hago? Tú me dices a mí eso y yo tengo que pensarlo y llevarlo a donde tengo la conciencia.
-Es que...
-Déjame hablar. Ya lo tengo en la conciencia. Brrrummm. Brummmm. Brummmm. La conciencia empieza a darle vueltas a la cosa. Yo sé lo que es eso, bueno, no lo sé pero puedo imaginármelo. Y mi conciencia me dice: reduce plantilla porque si no reduces plantilla, Macario, se acabó el invento y te verás obligado a cerrar. Yo te digo a ti: ¿qué es peor? ¿El mal de pocos y el bien de muchos o al revés?
-Visto así, desde luego...
-El mal de pocos. Además mi conciencia me dice más cosas. Hay una selección natural. Los fuertes quedan. Los débiles se van al carajo. ¿Cuántos fabricantes de pan han cerrado? Ninguno. ¿Cuántos fabricantes de tejido? Muchos. El pan se necesita cada día. Los tejidos de vez en cuando y a veces son más baratos importados.
-Es que, señor Macario, si usted me permite, Catalunya se hunde. -¡Claro! (Asesinato, pp. 79-80)
En esta conversación se ve que España está en plena crisis económica y, como Marcario y los tres representantes de pro vincias, se agobian por el recorte de plantillas. Si recorta, mucha gente se quedará en la calle en paro, que terminará un día; pero, si no lo hace, se hundirá su empresa. Debe tomar una decisión. Javier Tusell (1997: 182) habla así sobre la situación económica de entonces: “Se ha calculado que entre 1978 y 1984 se destruyó algo
110
más del 20 por 100 del empleo industrial en España, tasa superior a la de Italia o Francia aunque inferior a la británica. La gravedad del paro en España se explica, además por el crecimiento de la mano de obra activa en un país joven, en comparación con otros europeas, por el regreso de los emigrantes y por la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, fenómeno todos ellos muy peculiares de España en estos momentos”. Al final están refiriéndose a la ley de naturaleza: solo permanecen los fuertes. Antes de entrar en el Mercado Común, los fabricantes están preocupados por perder sus negocios a causa de la falta de competencia. Ellos siguen hablando de esto:
-Hemos llegado a la hora de la verdad. Si hay que entrar en el Mercado Común, se entra. Pero no entraremos todos, qué va...
-Qué va. -Qué va.
-Qué va. Entraremos los que lleguemos a las puertas en buenas condiciones de competencia. ¿Qué fabricas tú? Relojes. De eso no necesitamos, se los compramos a los suizos o a los japoneses. ¡Claro! Si los suizos o los japoneses hacen los mejores relojes, ¿para qué vamos a hacer nosotros relojes? (Asesinato, p. 80)
Uno de los hechos más beneficiosos para España fue entrar en el Mercado Común, aunque eso implicara que España estaría dispuesta a enfrentarse a todo tipo de competencia con otros países. Pero el mercado español, como hasta hacía poco estaba protegido bajo el régimen de Franco, realmente no podía competir ni estaba preparado para enfrentarse a los países más desarrollados industrialmente. Además, el capitalismo en España no estaba asentado debido a los problemas políticos y económicos. Por lo tanto, como resultado, hay una gran tasa de paro y muchos cierres de fábricas españolas, y así lo afirma Javier Tusell (1997: 182): “Un último rasgo de la situación española fue la peculiar situación del mercado de trabajo caracterizado por su falta de flexibilidad y por un crecimiento en sus costes, durante este período, superior al de la productividad. En definitiva, se ha calculado que durante la crisis la industria española perdió 3,5 puntos en costes y 6,5 en competitividad con respecto a la europea”.
111
del País Vasco, que quería independizarse de España. Los madrileños tienen una opinión bastante negativa sobre los vascos y los catalanes, en relación a los atentados de este grupo terrorista y el sentimiento independentista. Un madrileño está contando la historia de su propia vida a Carvalho y se ve que no le gustan los vascos:
-¿Es usted vasco? Menos mal. Porque me quiero ir a la otra punta pero con la condición de que no haya vascos. Se han creído que tienen más cojones que nadie. Es esa cosa de la boina. Les aplasta las ideas. Y no se crea. Quiero a mi mujer y a mis hijos, pero se me comen. Tengo la sensación de que se me comen. ¿De dónde es usted?
-De Barcelona. -Choque esos cinco. Chocó los cinco.
-Aquello es otra cosa. Son más listos que nadie. Tienen más dinero y más educación que nadie. Y no ponen bombas como los vascos. Es otra cosa. Aquello es Europa. (Asesinato, pp. 165-166)
En plena crisis económica española muchos españoles decidieron emigrar a otros países para poder trabajar. Uno de los numerosos destinos europeos fue a Alemania, un país que, en aquel momento, gozaba de una enorme riqueza comparada a la de América. Esparza Julve, mayorista de frutos tropicales, está hablando de su experiencia con Carvalho: “Me fui de emigrante. De emigrante, a trabajar con estas dos manos a Alemania.” (Asesinato, p. 235). Este fenómeno lo podemos comprobar también en la conversación de Ernesto, hijo de Teresa Marsé, con Carvalho y el padre de Ernesto en Los pájaros: “Allí, con un par de idiomas te defiendes y no sabes lo que les agradezco a papá y a mamá que me hicieran aprender alemán de pequeñito, chico, los alemanes son los americanos de Europa.” (Los pájaros, p. 139).
Mientras tanto, la España de entonces, con el sueño de los Juegos Olímpicos y de aparecer en el mundo con acceso al Mercado Común, trajo muchas inversiones, sobre todo, de tipo inmobiliario y empezó a construir los nuevos barrios o una nueva ciudad. Quizá este fue el comienzo de la burbuja inmobiliaria. En Los mares, los empresarios construyeron el nuevo barrio de San Magín. En Los pájaros, cuando Carvalho ingresa dinero en su cuenta de la Caja de Ahorros, Fuster lo mira con desesperación y le recomienda que compre un piso como
112 inversión:
-Cualquier banco te daría un doce y un trece. -Las Cajas de Ahorros no quiebran.
-Al ritmo que va la devaluación, ¿qué te significa un seis por ciento? Cómprate algo. Cómprate un piso y cuando seas viejo te lo vendes. -Quién sabe lo que puede ocurrir dentro de diez o quince años. Igual no
existe la propiedad privada. Van a ganar los socialistas. -Iluso.
-O hay tanta oferta de viviendas que me tengo que quedar el piso para pasar los fines de semana.
-Lo alquilas.
-Eso sí que no. Líos con los inquilinos a partir de los sesenta años. A partir de los sesenta años quiero meterme en casa de Vallvidrera, cobrar la pensión que me corresponda como trabajador autónomo, la rentecilla que me den los cuartos que acumule y a experimentar alguna cocina extraña. (Los pájaros, p. 95)
Cuando Carvalho visita al ex marido de la difunta Celia, Alfonso Alfarrás, supone que el suyo fue un matrimonio desastroso. Como Celia, ex mujer de Alfarrás, era licenciada en Historia del Arte, este tenía una opinión bastante negativa sobre la Universidad y los universitarios. Todavía le guarda rencor a Celia porque nunca pudo entenderla. Alfarrás se acuerda de Celia mientras critica a los universitarios, que no actúan ante la realidad o no aportan nada a la sociedad:
-¿Ha sido usted universitario?
-Hace demasiado tiempo. A veces creo que lo he soñado. Pero sí. Lo fui. -¿A cuántos subnormales conoció usted en la universidad?
-No fue un cupo alarmante.
-Pero sorprendente, sí. Sea sincero. -Sorprendente, sí.
-La burguesía tiene un gran talento camuflando a sus subnormales. Antes le bastaba con que tuvieran memoria y hasta podían llegar a médicos o abogados porque se sabían todos los huesos y todas las leyes. Ahora se
113
estudia de otra manera y el alumno ha de demostrar mínimamente que entiende las cosas, pero le basta entenderlas como el profesor para prosperar sin dejar de ser un subnormal... (60-61)
Normalmente, como los universitarios se consideran intelectuales, son los que guiarán el futuro del país. Sin embargo, según la crítica que hace Alfarrás, los universitarios de aquel momento parecen muy pasivos, por lo que no aportarán nada a la realidad presente, como tampoco lo hicieron en el pasado.