La historia de AAPRESID está asociada a la innovación. La innovación tiene que ver con darse cuenta y cambiar.
La innovación supone, un desarrollo y reproducción de la experiencia en escala y a costos económicos.
El ejemplo que da Peter Senge de innovación, tiene que ver con la aviación. Refiere Senge, que los hermanos Wright demostraron que volar, era posible; pero “la innovación” tiene que ver con la Douglas, que hizo, que lo posible se pudiera hacer a costos razonables. Nació entonces la aviación comercial. ¡Innovar! Eso fue lo que hizo AAPRESID con la siembra directa.
Había antecedentes de la siembra directa, podemos citar el libro “La insensatez del agricultor”- de Edward Faulkner (1947), traducido por el Dr. Jorge Molina – que refería que “nadie había demostrado científicamente la razón de arar”.
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Yendo a nuestra historia, en los años 70 tuvo lugar “una experiencia”, a partir de la aparición del gramoxone, una herbicida entonces de Duperial. ICI promovía su uso como desecante, lo que permitía sembrar soja sobre el rastrojo de trigo. El problema era que las malezas rebrotaban. Se recurría entonces, entre otras prácticas, al escardillo químico. Esto experiencia fue efímera. Hoy podemos decir que se empezó a “sembrar directamente” a fines de los años 70 y se dejo. Esto no implicó un cambio de paradigmas, fue un intento de ganar tiempo.
Recordemos, que entonces estábamos en los comienzos del desarrollo del cultivo de soja. Por otra parte después de la cosecha de trigo, había poco tiempo y mucha paja y no había sembradoras adecuadas, para sembrar sin labranzas en esas circunstancias, tampoco había herbicidas adecuados para controlar las malezas. Entonces, se solía quemar el rastrojo, pasar la rastra de disco, a veces más de una vez y es así que en ocasiones nos quedábamos sin humedad para sembrar. Esta operatoria no era buena para el suelo, ni para el negocio agrícola.
Era el momento de la labranza vertical. Cinceles y Vibro cultivadores.
Parecía ser que la conservación, consistía solo en “no arar”, no invertir el suelo. Hoy diría que entonces había conciencia de conservación, pero no había compromiso.
Una práctica para dejar de arar, consistió en distribuir la semilla de trigo al voleo sobre el rastrojo de soja e incorporarlo luego con una pasada de disco y una “rastrita” que tapara. Trigo en mínima labranza, soja con “cero labranza”. Fue una de prácticas de la época. “La combinada”, la llamábamos.
La industria de la maquinaria, había empezado por desarrollar sembradoras de grano grueso, con cuchillas de corte ravioleras y doble discos plantadores en surcos a 70 centímetros, “inspirados” en la maquinaria americana. Era más o menos eficiente; pero el problema era que no había forma adecuada para sembrar trigo en directa, no se disponía de una sembradora de grano fino eficiente, para hacer siembra directa.
Fue entonces que conocimos a Carlos Crovetto, agricultor chileno, en una visita al INTA de Marcos Juárez. El acontecimiento nos “shockeo”. Hacía años que en Chile practicaba una agricultura de Cero Labranza. La hacía en un campo forestal, sobre un suelo decapitado, con pendientes de 20%. Sembraba trigo y maíz, con una “maquinita” de apenas 2 metros de ancho; que fabricaban en Brasil, más precisamente en Paso Fundo.
Pienso que Carlos Crovetto, fue un pionero de paradigma, en lo que se refiere a Siembra Directa.
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Afortunadamente lo tomamos en serio. Así fue que fuimos a Brasil y trajimos las primeras maquinas para hacer siembra directa de grano fino y de esa forma, empezamos a pensar en la siembra directa como un nuevo paradigma. Ya nunca más volvimos a labrar el suelo.
Fue entonces, el año 86 si mal no recuerdo, por iniciativa de Rogelio Fogante, surgió la idea de formar una institución para resolver problemas juntos. Rogelio convocó a algunos técnicos amigos y productores a los que el asesoraba y se sumaron otros. Así fue que, con mi amigo Luis Giraudo, conocimos a los hermanos Rosso de Marcos Juárez, a los hermanos Minucci de Pérez Millan, a Jorge Romagnoli, a Roberto Peiretti, a Mario Gilardoni, Hugo Ghio y otros que no recuerdo en este momento y decidimos constituir AAPRESID. La asamblea constituyente fue en Venado Tuerto. Entonces fui elegido presidente y “Quique Rosso”, vice.
Lo primero que hicimos, fue alquilar una oficina en Rosario y contratar a un técnico y una secretaria: al ingeniero Daniel Canova y la señorita Hilda Geary. Ahí me di cuenta que para que una institución tenga vida, necesita un lugar, un teléfono, alguien que se ocupe todo el tiempo y obviamente un presupuesto. Decidimos aportar el valor de un quintal de soja por mes. Recursos a los que hubo que ajustarse pues no eran para nada abundantes, sino más bien modestos.
Roberto Peiretti, recuerda que entonces, generamos el concepto de que AAPRESID en su accionar debía parecerse a “una enzima” o sea, catalizar la reacción, sin ser consumirse en el proceso. Por lo que debíamos encontrar la manera de que los acontecimientos ocurran, sin involucrarnos directamente. Que productores “se dieran cuenta”, diríamos ahora. Ayudar, ayudándonos. Experimentar juntos, evitando que otros cometan nuestros errores y aprendiendo de la experiencia de los demás. Interesante, curioso, funciona… Así debe ser.
Pensamos en una institución de productores, que podrían ser miembros plenos de la Asociación y de “compañías interesadas” en el desarrollo de la Siembra Directa, que podría ser socias, pero que no podrían integrar el Consejo Directivo y aportaban una cuota 10 qq de soja por mes (10 veces lo que aportaba un productor).
Para 1989 ya teníamos aprobados los estatutos por la Dirección de Personerías jurídicas de la Provincia de Santa Fe.
Nos localizamos próximos a la Bolsa de Comercio de Rosario, que desde un principio nos apoyó y facilitó su ámbito para realizar conferencias y a la que nos trasladamos cuando se habilitó el nuevo edificio en la Calle Paraguay de la ciudad de Rosario.
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Los Congresos de AAPRESID
En el año 1989, Realizamos junto con la Sociedad de Conservación de Suelos de Chile, las 1ras. Jornadas Bi-Nacionales de Cero Labranza, Concepción, Chile. Fue en Chequen, el campo de Carlos Crovetto, 150 has en la Cordillera de la Costa, del país hermano.
Un grupo importante de argentinos viajamos.
Recuerdo que una mañana caminando por Chequen, con el Dr. Grant Thomas, me decía: “si la siembra directa funciona en este campo, funciona en cualquier parte”. Chequen, es un campo muy erosionado, que ha perdido metros de suelo, como resultado de su historia agrícola y la condición de esos suelos. Roberto Peiretti recuerda que le dijo entonces a Carlos Crovetto: “como agrónomo y como productor, la realidad de tu campo bajo siembra directa, sobre suelos de tan pobres, me corre los límites de lo posible, en materia de calidad de suelos y agro-ecosistemas, para poder llevar a cabo una agricultura productiva y sustentable” Crovetto recuerda esta anécdota y larepite.
En marzo de 1992, realizamos el 1° Congreso Interamericano de Siembra Directa en Villa Giardino, Córdoba. El objetivo de ese congreso, fue convocar a técnicos y productores de otras partes del mundo, en especial de Brasil y EEUU, para mostrar que no estábamos locos.
La siembra directa funcionaba y había empezado a funcionar en campos donde otra agricultura no funcionaba como Brasil y Chile; y funcionaba donde se realizaba la agricultura más productiva del mundo, en EEUU; en el propio Corn Belt Americano.
Invitamos entonces de la Universidad de Kentucky al Dr. Grant Thomas; a Frankie Dijsktra y Manoel Pereira de Brasil. Conocimos entonces a Jim Kinsella, quien decía que: “el agricultor nacía con el gen de la labranza” y se lo apodaba “Míster No Till”.
También estuvo Crovetto; Patrick Wall, del CIMMYT y otros tantos técnicos y productores en especial de Argentina y Brasil.
El propósito era mostrar que no éramos los únicos locos. “Gringo loco no ara mais”, así había titulado un periódico brasilero, en un reportaje a Crovetto. La siembra directa también sorprendía en Brasil.
A partir de entonces todos los años realizábamos un congreso, al que invitábamos a un grupo de productores pioneros y técnicos que participaban de paneles, donde se presentaban adelantos, problemas, posibles soluciones y casos.
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Se introdujeron nuevos conceptos: el del “secuestro de carbono”, por ejemplo por el Dr. Reicosky. El nos enseño que cuando hacíamos siembra directa, secuestrábamos carbono.
Fue así que hicimos una presentación en la COP4, que tuvo lugar en Buenos Aires, junto con Raicosky y un bróker, especializado en el mercado de bonos, por entonces relacionados con la lluvia ácida, pero se pensaba en el Mercado de Carbono.
Reicosky habló de la base científica, por mi parte presente los datos de nuestro campo, mostraban que la M.O. se incrementaba con la siembra directa y la exposición sobre el posible negocio futuro, quedó a cargo del “bróker”, del que no recuerdo su nombre.
Esta acción se repitió dos años después en la COP6, que tuvo lugar en La Haya, donde Roberto Peiretti por AAPRESID, junto a un productor que hacia siembra directa de Canadá y al Dr. Julian Dumansky representando al Soil Conservation Council of Canadá, reiteraron los conceptos. Participó también el Dr. Rattan Lal de la Universidad de Ohio (máximo especialista mundial en la fijación de carbono en los suelos).
Se presentaron las mismas ideas y evidencias que veíamos en la Argentina y en América. Es bueno recordar estas acciones, especialmente pensando en lo que ocurrió después.
Hoy creo que se puede valorar mejor, estas iniciativas cuando está instalada la preocupación y conciencia, sobre el papel de las emisiones y la importancia del Secuestro de Carbono, en el ámbito del problema del Cambio Climático. El 2° Congreso, 1993 el lema fue: “SIEMBRA DIRECTA”. Agricultura de Fin de Siglo. Éramos consientes del cambio de paradigmas que se estaba produciendo.
El 3°, en 1994, se realizó con la consigna: “Estrategias para una Producción Sustentable”. Entonces participo el Dr. Jorge Molina. Siempre quisimos mantener unidas a “la tradición y a la innovación”.
Fue un merecido homenaje a un pionero de la Conservación de Suelos. El 4° congreso, en 1996, fue con la consigna: “Una estrategias para todos”, nos referíamos entonces al propósito de constituir un círculo virtuoso, abierto que se enriquecía con las experiencias de los productores y el conocimiento científico- técnico, de la academia y los técnicos.
En el 5°, en 1997, el lema fue: ¡“ASAP, Ya”! Agricultura Sustentable de Alta Producción, Ahora! Tenía que ver con que ya no había dudas, ni tiempo para esperar.
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En el 98, la consigna fue ¡ASAP, 98! pensábamos, que la actividad agrícola no debe ser realizada, en forma asilada, sino que debe ser parte del Desarrollo Sustentable.
Tratábamos temas de interés científico para la conservación. Entonces nos visito la Dra. Sara Wright, que nos enseñó sobre la formación de agregados del suelo y las “glomalinas” que se formaban por acción de las micorrizas, en el sistema de siembra directa. Nos interesaba que las cosas funcionaran, pero también conocer ¿Por qué?
Como institución incorporamos a nuestra inquietud agronómica, el tema de los mercados mundial de alimentos y la visión de futuro, con la intención de tener una visión amplia sobre el futuro de nuestro negocio. Pensar en las demandas de la Humanidad y la suerte de Argentina y de los argentinos. A esto lo llamamos: “pensar más allá de los rastrojos”. Esto ocurrió después.
CAAPAS, Cumbre de Rio de Janeiro 1992: Sustentabilidad.
Un hecho destacable de AAPRESID en el año 92, fue impulsar la formación de la Confederación Americana de Agricultura Sustentable, CAAPAS que reunía a instituciones similares de Brasil, Uruguay, Chile, Paraguay y México. El propósito fue presentar en la Reunión Cumbre de Río de Jainero, un mensaje en el sentido de que una agricultura productiva y sustentable, era posible.
CAAPAS, sigue existiendo y hoy es parte de una red internacional, que organiza los Congresos Mundiales de Agricultura de Conservación, el que este año se realiza en Australia y el próximo probablemente tenga lugar en Argentina. Regionales
En otro sentido AAPRESID, ha constituido Regionales formadas por grupo de productores, que realizan experiencias agronómicas e intercambian información, efectúan días de campos y ensayos; en los que participan instituciones como INTA, Universidades y empresas. Entiendo que constituye uno de los factores, que ha contribuido fuertemente en el desarrollo agrícola argentino de los últimos tiempos. Un desarrollo que sorprende al mundo. Deseo destacar, que “El Espíritu AAPRESID”, más allá del interés por compartir novedades agronómicas, la institución alimentó un espíritu generoso, en el sentido de compartir experiencia: si me equivoqué, si cometí un error; compartirlo para que no lo cometa otro. También, si logre una mejora, un avance; también compartirlo, para que los retrasados corrijan el camino. No competimos entre nosotros, sino que compartimos experiencias.
La Biotecnología
Más allá de la siembra directa, en AAPRESID siempre estuvimos atentos a las innovaciones y abiertos a los cambios.
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Una contribución importante de AAPRESID, fue el rol impulsor de la adopción de la “soja genéticamente modificada”.
Es así que con la llegada de la soja genéticamente modificada y ante la resistencia de entidades ambientalistas e incluso de instituciones argentinas, decidimos formar una comisión encargada de buscar información al respecto. Miguel Lucero, médico, un científico argentino, biólogo y regresado de Francia, que se había incorporado a AAPRESID, como director del entonces Instituto de Capacitación y Roberto Peiretti, produjeron un informe contundente; Instituciones prestigiosas de EEUU: Food and Drug Administration (FDA); Enmviromental Protection Agency (EPA) y U.S. Department of Agriculture (USDA), certificaban que eran productos seguros y los aprobaba para EEUU.
Por lo tanto “si los OGM eran seguros para EEUU, una nación muy rigurosa en ese sentido, también tenían que ser seguros para nosotros”.
Con esta convicción y con la colaboración del Profesor Otto Solbrig, de la Universidad de Harvard realizamos dos Seminarios de Biotecnología, uno en el año 2000 y otro en el 2001. Al que se invitó a las autoridades argentinas (CONABIA); científicos del CONICET y delegación de productores, reguladores y exportadores de los países del Mercosur. Participaron también una delegación importante de personalidades y teníamos el auspicio del David Rockefeller Center para Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Harvard. Además de Otto Solbrig, participaron entre otros Juan Enríquez y Francesco di Castri; quienes sin duda enriquecieron y ampliaron nuestra visión más allá de la agricultura.
Las conclusiones de estos encuentros fueron presentadas en el Congreso de la Nación y fuimos fundadores del Grupo Biotecnología, integrado por representante de instituciones como la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, Bolsa de Comercio de Rosario, Foro Argentino de Biotecnología, ACTA, etc. Lo que deseo destacar es que: “Argentina incorporó la biotecnología agrícola, con responsabilidad y consenso institucional y AAPRESID, fue una institución fuertemente involucrada en este proceso”.
Desde AAPRESID nos sentimos orgullosos de haber sido protagonista de esta gesta. Creo que no es necesario destacar en este ámbito lo que significo para el país, el cultivo de soja, que se empezó a sembrar en los años 70; la siembra directa en los 80 y la biotecnología en los 90. No fue solo iniciar estos procesos sino el desarrollo que ha tenido el cultivo de soja, la sustentabilidad de la agricultura y la productividad de la biotecnología. Estos procesos han sido claves, no sólo para el sector agrícola, sino también para la economía nacional y sin duda contribuyó en forma importante a la alimentación de la humanidad. En especial a lo que se refiere a la oferta de proteínas.
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Actualmente la sociedad argentina, sabe de la importancia de la soja en su economía, lo que desconoce es que este nivel de producción no hubiera sido posible, sin siembra directa, que amplió la superficie apta para el cultivo y su productividad: más agua disponible, más tiempo para sembrar y mejores suelos. Por otra parte, el aporte de la biotecnología - que fue muy resistido y alimento un resentimiento, que aún persiste en algunos sectores – pero que significó la simplificación y reducción de costos en el cultivo de soja. Con lo cual mejoró la productividad en zonas marginales y de productores menos informados.
Por eso la producción de soja no es fruto de la suerte, sino del desarrollo del cultivo en el sentido más amplio, desde la academia y la tecnología, al esfuerzo, la capacidad y la inversión de los productores agrícolas. Y en esta historia,
AAPRESID tuvo un rol del que estamos orgullosos.