Me toca hoy dar la bienvenida en nuestra casa al Dr. Oesterheld recientemente incorporado por unanimidad como Académico de Número. Lo hago con gran satisfacción y una pizca de orgullo porque Martín es un ex alumno mío de la Facultad de Agronomía, UBA y en un momento me eligió para ser director de su tesis de graduación.
Gran satisfacción experimenté cuando, al promedia el año pasado, tres de mis cofrades, me consultaron sobre la posibilidad de proponer la entrada de un nuevo Académico, preguntándome si yo conocía al Dr. Oesterheld.
Ninguno de esos colegas sabía de mi relación con Martín. Adherí inmediatamente, y me pareció buenísimo que la idea de la propuesta no hubiere partido de ninguno de los Académicos pertenecientes a nuestra Facultad de Agronomía.
El trámite de las nuevas designaciones requiere: una presentación del candidato por parte de al menos 4 académicos, luego, el análisis y tratamiento de la misma por una comisión especialmente designada y finalmente su tratamiento en un Plenario. El trámite finalizó con la designación como Académico de Número por unanimidad de Martín Oesterheld.
Me parece oportuno, permítanmelo, rememorar brevemente al estudiante Oesterheld. Fue alumno cuando en la Facultad estaba vigente el plan 1969 que ofrecía a los alumnos 4 orientaciones. Martín había elegido la orientación Fitotecnia y en consecuencia cursó conmigo la materia Ecología Vegetal y Fitogeografía que era cuatrimestral con 9 hs. de clases semanales (un verdadero lujo para el profesor y los alumnos).
Después de la tercera o cuarta clase yo ya conocía a buena parte de mis alumnos por sus nombres. Como cualquier docente, alguna característica de su comportamiento, de su aspecto físico, de su voz, de la originalidad de su nombre o apellido, me permitió la identificación de la mayor parte de mis nuevos alumnos.
Cuando tomé el primer examen parcial y corregí sucesivamente, como es mi costumbre, cada pregunta a cada alumno, para hacerlo con el mismo criterio.
En las respuestas a la 1er pregunta había algunas que califiqué con sobresaliente. Con la corrección de la segunda pregunta solo un alumno contestaba perfectamente tanto en lo atinente a lo conceptual como a la redacción. Cuando terminé y promedié las notas parciales sólo un alumno tenía un 10 absoluto. Ese era un tal Oesterheld que yo aún no había
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individualizado entre mis nuevos alumnos. Así de discreto y poco notable era mi mejor alumno de ese año!!
Imaginen la curiosidad que tenía al entregar los exámenes calificados. Al terminar ese curso varios alumnos se mostraron entusiasmados con la materia y se acercaron a mí con la intención de ser ayudantes de Cátedra. Yo muy contento con la cosecha, distribuí temas y varios de ellos empezaron a salir al campo ese verano conmigo.
Yo esperaba que acudiera quién me había parecido el mejor de la clase pero recién en marzo golpearon mi puerta dos de mis exalumnos, Martín uno de ellos, para pedirme que los dirigiera en su trabajo de intensificación. ¿Recuerdan ustedes a un personaje de las historietas de Divito?: «El otro yo del Dr. Merengue». Así me sentí yo. Muy serio les dije que pensaría un tema de estudio para ellos, que volvieran luego de algunos días, mientras mi otro yo detrás de mí daba saltos de satisfacción.
Cuando ya graduado Martín demostró interés por la investigación y la docencia yo me alegré mucho, pero le advertí que él, fuera de la Facultad, tendría posibilidades de desarrollar una carrera profesional brillante y probablemente muy bien remunerada. En cambio, como docente de la UBA, ganaría un sueldo muy bajo, que retardaría su matrimonio, que no le permitiría comprarse un auto, en fin, que las consecuencias económicas de tal elección serían en cierta medida, lamentables.
Pero que, si seguía con sus investigaciones, en el grupo del IFEVA, aunque pobremente remunerado yo le aseguraba que en los próximos 2 ó 3 años tendría muy probablemente la oportunidad de investigar en algún centro de excelencia del exterior, con el investigador que él eligiera. Martín decidió seguir en la Cátedra y obtuvo una beca de la CIC (Comisión de Investigaciones Científicas, Pcia. de Buenos Aires).
No recuerdo si a los 3 ó 4 años, lo visité en Syracuse adonde con una beca externa del CONICET, hacía un doctorado con Sam McNaughton, el autor de los libros de Ecología que usábamos en nuestros cursos.
Durante mi visita a esa Universidad del Estado de New York me emocionaba cuando, caminando por la ciudad, veía el monoblock de la Universidad, con el último piso totalmente iluminado. Allí estaba el invernáculo con los ensayos de Martín, donde cultivaba ecotipos de pastos de nuestro pastizal pampeano! como parte de su investigación.
Martín obtuvo su doctorado en Syracuse y a su regreso posible gracias a una beca de reinstalación que le concedió la Fundación Antorchas siguió trabajando en la Facultad ampliando su campo de investigación a la ecología de los ecosistemas patagónicos al lado del Dr. O. Sala.
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Martín, se inició en la docencia y en la investigación en 1978 como Ayudante de segunda no rentado y en la actualidad es Profesor Asociado Regular desde el año 2002 y como Investigador Principal en el CONICET, desde el 2006.
Después de actuar como coordinador del Programa de Maestría en Recursos Naturales, de la Escuela para Graduados «Alberto Soriano», FAUBA desde 1997 hasta el 2001 fue Subdirector y actualmente, desde el 2009 es Director de la misma.
Fue Director del Departamento de Ecología de la Faultad de Agronomía (1992-1994), Miembro Titular y Suplente del Consejo Directivo de la Facultad desde 1992-2002, y Miembro del Directorio del IFEVA en varias oportunidades desde 1991 y lo es actualmente.
Es Director, conjuntamente con José M. Paruelo del Laboratorio de Análisis Regional y Teledetección de la Facultad de Agronomía, UBA; y Miembro del Consejo de Investigación del Centro de Investigación del INTA, de Castelar. Desde el año pasado es Miembro del Consejo de Administración de la Fundación de San Andrés.
Fue Editor de la Revista Ecología Austral desde 1990 al 2000, período en que la publicación se afinazó y acumuló cambios muy favorables, en calidad y cantidad.
Fue Miembro del Comité Editorial de Environmental and Experimental Botany (Elsevier) y Plant Ecology (Springer) durante los últimos 6 años. Es requerido frecuentemente como Referee de 25 revistas científicas internacionales (Oikos, Ecology, J. Ecology, Applied Vegetation Science, Functional Ecology, J. of Vegetation Science, Plant Ecology, J. of Arid Environments, Canadian J. Botany, Environmental and Experimental Botany.
Ha recibido más de 30 subsidios de Investigación y ha participado en 18 convenios para el desarrollo de tecnología de instituciones como el AACREA, Halcrow Ltd., United States Geological Survey, FAO/Banco Mundial, ASAGIR, muchos de ellos con su colega J. M. Paruelo.
Su labor en la investigación ha tenido resultados superlativos: 62 publicaciones!!, la mayoría de ellas en revistas de gran relevancia internacional. Una de sus publicaciones, en Science, formando parte de un equipo numeroso ha tenido 1316 citaciones!! Otra en Oecología 122. Pero una,