CAPÍTULO II. SELECCIONANDO LAS SEMILLAS: ENTRAMADO TEÓRICO Y CONCEPTUAL
2.1. El fenómeno de la educación
2.1.2. Instituciones e injusticias educativas
Ante este planteamiento, no es difícil comprender el estado actual de la educación- escolarización a nivel mundial y en nuestro país. En México, la investigación y la política educativas están prácticamente circunscritas al ámbito institucional. La educación escolarizada - no a nivel particular de escuela sino del Sistema Educativo Nacional en general- está
34 estructurada desde este modelo, lo que tiene como consecuencia que “el sistema educativo reproduce las desigualdades” y la injusticia social4 (INEE, 2009 p.125).
“A nivel de la escuela individual y a nivel social, a mayor nivel socioeconómico y escolaridad de la familia de origen, mayor el logro académico del alumno. La justicia social, y la forma como ésta se refleja en la estratificación social o en la estructura de clases sociales; la distribución del ingreso, y el “capital cultural” (o la distribución de la distancia de la cultura de la familia respecto de la cultura dominante, o al menos de la cultura escolar), explican contundentemente la distribución del bien educativo y de sus resultados. Explican también, según investigaciones recientes, las decisiones de la política educativa, su implementación y su funcionamiento.” (Schmelkes, 2011:3) . A pesar de que en los últimos años la educación formal ha sido planteada, tanto a nivel nacional como internacional (UNESCO) desde la perspectiva del derecho a la educación (INEE, 2009; UNESCO, 2007); los resultados, al menos en nuestro país, muestran que este derecho no se está garantizando de manera equitativa a la población. Más que hablarse de justicia educativa, lo que está ocurriendo corresponde a una injusticia educativa; Schmelkes denomina a este fenómeno “Las grandes injusticias del Sistema Educativo Mexicano” y lo divide en siete rubros: Inequidad, irrelevancia del aprendizaje, injusticias con el magisterio, injusticias pedagógicas, injusticias de la gestión escolar, las injusticias de la gestión del sistema educativo, y la ausencia de logros de los efectos constatados de la educación (Schmelkes, 2011).
Así la connotación escolarizada de la educación en nuestro país, o bien se puede decir que no está cumpliendo con sus objetivos según los organismos internacionales, posición a mi parecer acrítica e incluso ingenua; o bien se puede afirmar que por el contrario está cumpliendo al pie
4 En el documento referido, se observa cómo los docentes con mayor escolaridad se encuentran en las escuelas (públicas urbanas y privadas), que también son las que tienen una mayor dotación de servicios básicos y materiales didácticos; mientras las condiciones más desfavorables son enfrentadas en las escuelas comunitarias e indígenas, que son las que presentan mayores carencias y laboran los docentes con menor escolaridad (Tablas 3.1 a 3.11). Se muestra también el nivel de logro de los estudiantes en relación con la escolaridad de la madre, encontrándose una proporción directa entre mayor escolaridad y mayor nivel de logro, y viceversa (gráficos 4.3, 4.4 y 4.5 y Tabla 5.2); así como los promedios de alumnos en condiciones favorables y desfavorables, por sus mejores condiciones socioeconómicas, así como por las condiciones de infraestructura escolar, los grandes grupos con condiciones favorables en todos los casos corresponden a la modalidad privada (Tabla 4.2 y Gráficas 5.2 a 5.4).
35 de la letra su cometido de reproducir un sistema social y económico generador de desigualdad e injusticias como es el capitalismo neoliberal. Decía Paulo Freire que “sería en verdad una actitud ingenua esperar que las clases dominantes desarrollasen una forma de educación que permitiese a las clases dominadas percibir las injusticias sociales en forma crítica” (Freire, 1984:71).
“la atávica estructura y los estereotipados procesos escolares son más parte del problema que de la solución... [más aún] la práctica de la educación bajo estas condiciones obstruye revelar las verdaderas causas de los problemas.. y los intereses enquistados en el mismo, por lo que no tiene la capacidad de generar los compromisos básicos que requiere la formación de los valores y comportamientos individuales y colectivos necesarios” (González Gaudiano & Arias, 2009, p. 65). Lo anterior ocurre tanto en su vertiente de pobreza y desigualdad social como ya se mencionó, como en su vertiente ambiental en cuanto a sobreexplotación, contaminación y degradación de la naturaleza. El modelo consumista que de manera irreflexiva se reproduce, no necesariamente de manera explícita ni por medio del currículum sino a través de prácticas y patrones de comportamiento y convivencia cotidiana que ocurren en el entorno escolar, y al no ser cuestionado profunda y abiertamente, es un ejemplo claro de esto.
Sin embargo y más allá de estas profundas debilidades y deudas de la práctica educativa en la actualidad, “la realidad es susceptible de ser transformada y, aunque la educación por sí misma no puede generar el cambio, sin ella, este no es posible” (Hurtado, 2005, p. 200). Resulta evidente que es preciso e incluso urgente hacer transformaciones sustanciales; “pero no se trata de revisar el enfoque de la educación formal, de la no formal o de la informal, sino de revisar el enfoque de la educación en general” (Fuentes, 2007, p. 81). Es ineludible asumir el compromiso como instituciones educativas, como académicos, y como sociedad civil, de transitar otros procesos, abrirse a distintos planteamientos y construir nuevos paradigmas en educación -de manera crítica y en articulación con otras disciplinas y otros campos de acción- que resulten verdaderamente pertinentes y transformadores ante la compleja realidad socio- ambiental que vivimos.
36 En este sentido, Schmelkes proporciona una conclusión contundente:
“El sistema educativo, dejado a su inercia, está condenado a reproducir las desigualdades socioeconómicas existentes. [Esto mismo es cierto para las unidades mínimas, las escuelas, y para toda la estructura intermedia que gobierna y administra el sistema]. Mientras no existan fuerzas sociales en el sentido contrario, las políticas educativas responderán a las exigencias de quienes tienen mayor poder y por tanto más voz.
Una transformación en el sistema educativo que se proponga actuar en sentido contrario, es decir, evitando o mejor aún, combatiendo la reproducción, no ocurrirá por iniciativa del Estado, cuya función es mantener el estatus quo y cambiar sólo cuando el cambio es necesario para mantenerlo. Para que ello ocurra, se requerirá de fuerzas sociales lo suficientemente poderosas para desatarlo y vigilarlo.” (Schmelkes, 2011:4)
A manera de cierre se puede decir que si bien en este momento la educación escolarizada parece no estar teniendo la pertinencia social que la compleja realidad le demanda, ésta constituye una vía fundamental, tanto a nivel personal como colectivo y social, para lograr los cambios necesarios en las tres esferas de la vida humana antes mencionadas (mental, ambiental y social) y por tanto en los paradigmas de civilización que tanto demanda la realidad actual; por lo que se reconocen igualmente indispensables las luchas que se llevan a cabo en defensa del derecho a la educación escolar y a su dignificación, para todas las personas.
En este mismo sentido, existen enfoques educativos que, partiendo de otros paradigmas de sociedad, se encuentran en constante búsqueda por incentivar estas fuerzas sociales capaces de detener y revertir las tendencias del modelo de desarrollo actual; en esta posición se ubican las corrientes o enfoques educativos que se presentan a continuación.
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