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CAPÍTULO 2. INTELIGENCIA EMOCIONAL

2.7. La inteligencia emocional en la empresa

Goleman (2005) realiza una clasificación de distintos aspectos relacionados con la inteligencia emocional, los cuales se considera inciden e influyen en el desempeño laboral de las personas del siguiente modo:

I. Conciencia de las propias emociones. “Quien no se percata de sus emociones queda a merced de las mismas. Identificar las propias emociones al evaluar situaciones pasadas implica una primaria inteligencia emocional. Distinguir un sentimiento mientras está aconteciendo supone una inteligencia emocional desarrollada” (Goleman, 2005, p. 39). Aquí, se destaca el papel emocional de la inteligencia y el modo en que es posible “desprenderse” de ciertas pautas, parámetros o esquemas de pensamiento que dificultan la acción transformadora. Si se aplica esto al ámbito laboral, se trata de aprender de los errores cometidos, fundamentalmente en la comunicación con los compañeros de trabajo y el desarrollo de buenas relaciones interpersonales.

II. Manejo de las emociones. “Me refiero a la capacidad de controlar los impulsos para adecuarlos a un objetivo. Habilidad que se puede ‘entrenar’ como, de hecho, hacen los actores que son capaces de generarse el estado emocional más apropiado para representar un papel. Aprender a crear un determinado estado emocional son palabras mayores. Recomiendo empezar por intentar controlar la duración de las emociones. Algo que sucede hace emerger nuestra furia. Parece inevitable pero esa furia puede durar un minuto, una hora o un día. Algo que acontece nos pone tristes. ¿Cuánto tiempo haremos durar esa tristeza?” (Goleman, 2005, p. 51). La orientación hacia un objetivo concreto, marca, como se ve, una posibilidad de sobrellevar un estado de tristeza o pesimismo, de superarlo y ser fuerte mentalmente para que una situación desgraciada –por ejemplo, la disolución de una pareja-, no afecte el rendimiento laboral.

III. Capacidad de auto-motivación. “Las emociones nos ponen en movimiento. Desarrollar la capacidad de entusiasmarnos con lo que tenemos que hacer, para poder llevarlo a cabo de la mejor manera, aplacando otros impulsos que nos desviarían de la tarea, mejora el rendimiento en cualquier actividad que se emprenda”. (Goleman, 2005, p. 58). De esto se desprende que, ante igualdad de

condiciones económicas y presupuestarias, un grupo humano que esté más motivado que otro podrá brindar mejores soluciones a los problemas que se planteen en el trabajo.

IV. Empatía. “Es el nombre que recibe la aptitud para reconocer las emociones en los demás. Proviene del griego empatheia, que significa algo así como ‘sentir dentro’, es decir, percibir lo que el otro siente dentro de sí. Los sentimientos no suelen expresarse verbalmente sino a través del tono de voz, los gestos, miradas, etc. La clave para la empatía reside en la destreza para interpretar el lenguaje corporal”. (Goleman, 2005, p. 69). Este aspecto resulta fundamental para el caso que tratamos, pues en casi todos los ámbitos laborales –salvo que se trabaje en aislamiento- resulta esencial el ponerse en el lugar de la persona con la cual se interactúa o se comparte una tarea, y así poder llevar adelante una dinámica laboral.

V. Manejo de las relaciones. “Así como un paso posterior a reconocer nuestras emociones consiste en aprender a controlarlas; de modo análogo, una instancia ulterior a la empatía estriba en manipular las emociones de los demás” (Goleman, 2005, p. 74). Aquí, el factor de la inteligencia se destaca no sólo por dar una solución, sino además por poder transmitirla a los demás bajo una situación empática.

Otras habilidades que caracterizan a la inteligencia emocional dentro de la empresa son: la persistencia y tenacidad en sostener los proyectos, resistencia a las frustraciones, control de los impulsos, regulación del humor, desarrollo de la empatía y manejo del estrés (Ledoux, 1999).

Los expertos coinciden hoy en día en que escalar posiciones rápidamente en la empresa depende más que nada de un alto grado de Inteligencia Emocional, y quienes posean este “ingrediente” serán más exitosos, se sentirán más realizados y disfrutarán del respeto de sus directivos, compañeros y subalternos.

Además, estarán más satisfechos con su vida, su sistema inmunológico se fortalecerá y como consecuencia su estado de salud. Incrementando el Capital Emocional de la organización, aumentaremos la energía personal, la motivación, la claridad de la misión, el compromiso con los objetivos de la empresa, lo que se traducirá en un incremento en la satisfacción personal y en la productividad.

A través de la Inteligencia Emocional podemos optimizar el desempeño personal, la comunicación y por consiguiente el clima laboral. La gente sentirá que es tomada en cuenta, lo que podrá disminuir el absentismo y la rotación. Aumentará la autoestima de los individuos y sus actitudes tendrán una tendencia positiva. Habrá una mayor adaptabilidad a los procesos de cambio, porque se sabrá manejar el miedo y la incertidumbre.

Con este modelo, podemos también facilitar procesos de cambio de cultura, sobre todo en fusiones de empresas de culturas diferentes. Se podrá solucionar conflictos con mayor facilidad y hasta prevenirlos, así como también resolver problemas y por consiguiente se manejarán mejor las relaciones interpersonales, lo que permitirá una mejor integración de equipos de trabajo.

También, a través del desarrollo de la Inteligencia Emocional surgirán líderes internos y se optimizarán las habilidades de liderazgo en los puestos directivos. La importancia del Capital Emocional en la organización es indiscutible y puede convertirse en una fuente de energía positiva o negativa; esto dependerá de la Inteligencia Emocional de la gente (Ledoux, 1999).

2.8. Diferencias entre el enfoque de inteligencias múltiples de