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CAPÍTULO 3. LA TOMA DE DECISIONES EN LA EMPRESA

3.1. El concepto de “Decisión”

3.1.1. Toma de decisiones desde una perspectiva racional

El modelo racional de toma de decisiones responde a las teorías clásicas de la Administración y prescribe una serie de pasos que se deben seguir para incrementar la probabilidad de tomar decisiones lógicas y bien fundamentadas. En esta concepción, una decisión racional permite el logro máximo dentro de las limitaciones de la situación. En este sentido, Soldevilla García (1984) plantea que quienes toman las decisiones deben ser capaces de definir perfectamente el problema, con el fin de alcanzar los mejores resultados posibles.

Es decir que se deben seguir pasos racionales, coherentes y decisivos para lograr el éxito. La necesidad y capacidad de entender de modo cabal el problema para la toma de una mejor decisión debe sostenerse en una información del problema clara y completa. Es importante en este sentido recabar los datos y la información necesarios para cumplir con los objetivos conocidos y acordados. Esta información recogida debe proveer la mayor certeza posible y debe ser lo más completa posible. Luego debe utilizarse un proceso racional y capturar la complejidad real de los acontecimientos en la organización (López Lubián, 2003). Después de iniciar el proceso de recopilación de información, el agente debe entender que todo el proceso de toma de decisiones debe ser visto en su totalidad y poder acercarse con una nueva situación, siguiendo las normas y los criterios necesarios de la empresa.

Es importante cumplir con todos los criterios de evaluación de alternativas, y así seleccionar la mejor decisión, siendo que esta búsqueda no debe limitarse por una potencial escasez de recursos, de personas o información. La evaluación de las alternativas y la asignación de valores es lo que aumentará la posibilidad de los objetivos a ser alcanzados a través de su aplicación (López Lubián, 2003).

Esta búsqueda de criterios de decisión a través de pasos alternativos muestra el uso de una decisión basada en la racionalidad para ayudar al

proceso de toma de decisiones. Tal modelo racional no es más que un conjunto de hechos o principios que son la base para un argumento que usa la razón para resolver problemas tales como la frustración, la ira, la percepción de las diferencias entre la situación ideal y la real, y la pérdida de perspectivas, por referir situaciones comunes en el contexto organizacional. En este sentido, “el modelo racional se basa en un conjunto de supuestos que determinan cómo se debe tomar una decisión en lugar de describir la forma en que se toma una decisión” (López Lubián, 2004, p. 13)

Para Soldevilla García (1984) todo proceso de toma de decisiones presenta principalmente cuatro problemas: la complejidad, la incertidumbre acerca de la decisión, los múltiples objetivos que están interrelacionados, y la posibilidad de diferentes perspectivas que conducen a diferentes conclusiones analíticas. En la búsqueda de mejores resultados, frente a estos factores de dificultad, es esencial diferenciar una “buena decisión” de una “decisión afortunada” (Soldevilla García, 1984, p.15). Una buena decisión se basa en un buen proceso, que en contra de todas las variables y las influencias que intervienen, busca el equilibrio en todos los factores y ofrece el resultado más racional, en comparación con los objetivos establecidos.

Desde un punto de vista normativo, la primera noción se diferencia de la segunda por ser el resultado de un proceso elaborado de una manera racional, que puede repetirse y traerá el mismo análisis de los resultados. Por lo tanto, es necesario crear un marco analítico que proporcione dirección para que los tomadores de decisiones puedan elegir el mejor camino a seguir, basado en todas las influencias y las variables que intervienen (Soldevilla García, 1984).

Desde el punto de vista descriptivo, es importante entender cómo se comportan los que toman decisiones frente a diferentes situaciones y diferentes perspectivas, y cómo se toman las decisiones en un contexto dado.

Davis & Newstrom (2007) afirman que se suele tomar decisiones basadas en la heurística, que son las reglas generales de influencia utilizadas por los que toman decisiones para llegar a sus juicios ante un panorama de incertidumbre. La heurística postula una formulación razonable, por lo que a veces puede producir resultados correctos. También permite ahorrar tiempo, y muchas veces este atributo se considera como más importante que la calidad de las decisiones tomadas.

Para los defensores del modelo racional, un comportamiento objetivamente racional y ejecutado de una manera específica y sistemática permite tomar decisiones efectivas. El modelo de decisión basado en la racionalidad provee una estrategia complementaria para tomar decisiones concretas e ir adquiriendo experiencia y conocimientos técnicos.

Es importante tener en cuenta que en el modelo racional no hay decisiones óptimas; solamente decisiones mejores que otras en cuanto a resultados. Sin embargo, la selección de una alternativa lleva a una secuencia de nuevas situaciones y tiene un coste de oportunidad, ya que se renuncia a las otras alternativas. De acuerdo con Simon (1980), el comportamiento administrativo es racional porque se determinan objetivos y se planea cómo alcanzarlos. Y en tanto que los procesos administrativos son procesos de decisiones racionales, es necesario establecer métodos rutinarios para seleccionar cursos de acción.

Simon (1980) propone “el proceso ideal” para un modelo racional de toma de decisiones:

1. Determinar la necesidad de una decisión. 2. Identificar los criterios de decisión.

3. Asignar peso a los criterios. 4. Desarrollar todas las alternativas. 5. Evaluar las alternativas.

Para Simon (1980) quien toma decisiones debe ser totalmente objetivo y lógico a la hora de tomarlas. Para ello es importante fijar una meta clara, porque esto permitirá que todas las acciones en el proceso de toma de decisiones se ejecuten de manera consistente a la selección de aquella alternativa que maximizará la meta (Simon, 1980).

Sin embargo, con el fin de mejorar la toma de decisiones, también debe mantenerse una mayor investigación empírica sobre los procesos que se realizan en las organizaciones, pudiendo llevarse adelante la descripción de todas las etapas y metodologías utilizadas no sólo para poder proveer un mapa de experiencias donde poder acudir en ocasiones, sino también para ser analizado a la luz de los conocimientos de los procesos de técnica de toma de decisiones, y crear nuevos conocimientos y perfeccionar tanto teorías como modelos disponibles (Greenwood, 1978). Estas actitudes deben poder convivir en una empresa sabiendo de los perjuicios y los beneficios que conllevan.