en estudiantes de bachillerato
norMa alicia ruvalcaba roMero
Universidad de Guadalajara
julia GalleGos GuajarDo
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esuMenEl ámbito educativo se ha constituido como una de las áreas más fructíferas para la intervención e investigación de la inteligencia emocional; el rendimiento académico es uno de los tópicos analizados. A continuación se ex- plora el vínculo entre inteligencia emocional percibida y el rendimiento académico en estudiantes de bachillerato de la Zona Metropolitana de Guadalajara. Se aplicó el Trait Meta Mood Scale (tMMs–24) a 373 alumnos. La varia-
ble correspondiente al rendimiento se obtuvo de las ca- lificaciones de los participantes en el semestre anterior a la realización de las escalas.
Los resultados indican que sólo la subescala «aten- ción emocional» correlaciona ligeramente con el prome- dio general (r = 0.134, p<0.01) y las calificaciones de las
materias concernientes a Humanidades (r = 0.121, p<0.05), Artísticas (r = 0.177, p<0.05) y Administrativas (r = 0.266,
p<0.05), por lo que se advierte que tal asociación es indi-
recta. Al efectuar análisis de varianza (anova) entre los
puntajes en inteligencia emocional percibida de los estu- diantes que cursan el sistema de competencias y los del tradicional, hubo una diferencia estadísticamente signi- ficativa en la subescala «comprensión emocional». Palabras clave: inteligencia emocional, rendimiento acadé- mico, subescala.
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ustificaciónEl modelo educativo para el siglo xxi, derivado de las po-
líticas internacionales de la Organización de las Nacio- nes Unidas, plantea la integridad en la formación de las personas; incluye los denominados cuatro pilares de la educación: aprender a conocer, a hacer, a convivir y a ser (Delors, 1996). El sistema de competencias implementa-
do en el Sistema Educativo Nacional, pretende fomentar dichos pilares en las personas; es precisamente en ese tenor que el desarrollo de las habilidades orientadas a fortalecer al individuo se vuelven prioritarias, entre ellas el adecuado manejo de las emociones. El objetivo de esta investigación es monitorear si el recién implementado sistema fomenta habilidades emocionales y si éstas, re- presentadas por la inteligencia emocional, se relacionan con el rendimiento académico.
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ntroDucciónA partir del desarrollo del constructo de inteligencia emo- cional en 1990 —por sus autores John Mayer y Peter Salo-
vey— y su respectiva reformulación en 1997, las investiga-
ciones destinadas a validar sus aplicaciones prácticas han ido en aumento. Uno de los temas que más análisis ha tenido es la importancia de la inteligencia emocional en el ámbito educativo; con ello se intenta establecer otras variables involucradas debido a la limitada validez pre- dictiva que se ha encontrado en la inteligencia tradicional y el éxito profesional (Fernández Berrocal y Ruiz Aranda,
Respecto al estudio sobre la relación entre las com- petencias emocionales y el rendimiento académico, los resultados han sido inconsistentes. El objetivo de esta in- vestigación es asociar la inteligencia emocional percibida y el rendimiento académico medido, a través de las califi- caciones obtenidas por los estudiantes de bachillerato de la Zona Metropolitana de Guadalajara.
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nteliGencia eMocionalSegún el modelo de Mayer y Salovey (1997), la inteligencia
emocional se define como «la habilidad para percibir y valorar con exactitud la emoción, la habilidad para acce- der y generar sentimientos cuando éstos facilitan el pen- samiento, la habilidad para comprender la emoción y el conocimiento emocional y la habilidad para regular las emociones que promueven el crecimiento emocional e intelectual».1A partir de esa nueva conceptualización, se
le conoce también como el modelo de las cuatro ramas
(Four Branches Model); su disposición (de la percepción a la
regulación) representa el grado en el cual se ha integrado la habilidad en la personalidad del individuo. En cada una existe un nivel de progresión en la adquisición de habi- lidades en un orden creciente (Mayer, Salovey y Caruso,
2004). A continuación se describen:
Percepción, valoración y expresión de la emoción. Implica la ha- bilidad para percibir las emociones de forma precisa, in- cluye las capacidades involucradas en la identificación de
1 Traducción realizada por Mestre y Nuñez de Mayer y Salovey (1997), What is
las emociones y sus manifestaciones. Obedece al atribu- to de compartir esas expresiones con la humanidad, aun cuando haya diferencias sutiles entre los individuos, basa- das en sus experiencias vitales (Mayer et al., 2004; Salovey
y Grewal, 2006). Asimismo, abarca el registro, atención y decodificación de los mensajes emocionales que se ma- nifiestan mediante gestos, tonos de voz o aspectos cultu- rales (Salovey, Mayer, Caruso, 2002), e identificación de los
estados fisiológicos y cognitivos que conllevan las emo- ciones (Fernández–Berrocal y Extremera, 2005).
Facilitación emocional del pensamiento y razonamiento. Con- sidera a las emociones como un vital y complejo orga- nizador de subsistemas psicológicos, entre ellos los pro- cesos experienciales, cognitivos y emocionales. Ayuda a priorizar los procesos cognitivos básicos focalizando la atención (Fernández–Berrocal y Extremera 2005). Favore-
ce también la capacidad para aprovechar la información emocional y simplificar el razonamiento, la resolución de problemas, la toma de decisiones, la comunicación interpersonal, los fines creativos, entre otros (Brackett y Salovey, 2004; Salovey, Mayer y Caruso, 2002). Estima que ciertos estados emocionales crean condiciones menta- les propicias para el desarrollo de determinadas tareas, a la vez de utilizarlos de manera eficiente (Salovey y Grewal, 2006).
El elemento hace referencia a la acción de la emoción con la inteligencia, parte del supuesto de que aquella se desempeña como un sistema de alerta para centrar la atención en los aspectos trascendentales. Otra función es la posibilidad de generar emociones para que puedan comprenderse mejor, para tomar en cuenta otras pers- pectivas y finalmente posibilitar nuevas formas de razo-
namiento con base en los estados de ánimo (Mayer y Salovey, 1997).
Habilidad para comprender y analizar emociones. Designa la aptitud para discernir la información acerca de la relación entre las emociones, las transiciones de una a otra, nom- brarlas y categorizarlas. Esa disposición para diferenciar tiene notables aplicaciones en la sensación de bienestar de los sujetos (Salovey y Grewal, 2006), supone una gran
cantidad de lenguaje y pensamiento proposicional para reflejar la capacidad de analizar las emociones. Consis- te en la comprensión del léxico emocional y del modo en que las emociones se combinan, progresan y evolu- cionan de una a otra (Brackett y Salovey, 2004), además de una actividad anticipatoria como retrospectiva para percatarse de las causas generadoras del estado anímico y las futuras consecuencias de las acciones (Fernández– Berrocal y Extremera, 2005).
Una persona apta para entender y describir las emo- ciones (sus significados, de qué manera pueden mezclar- se y cómo evolucionan en el tiempo) puede comprender la naturaleza humana y las relaciones interpersonales; por ello es indispensable el desarrollo del lenguaje y del pensamiento lógico (Mayer, Roberts y Barsade, 2008;
Salovey, Mayer y Caruso 2002, 2004). Quien conoce sus
sentimientos, se mostrará más capaz para resolver pro- blemas emocionales y, en consecuencia, experimentará un mayor bienestar emocional que quien tiene menos habilidades de claridad emocional (Fernández–Berrocal y Extremera, 2008).
Regulación reflexiva de las emociones para promover el crecimien- to intelectual y emocional. Alude a la destreza para manejar las propias emociones y las de los demás. Constituye el
carácter más asociado a la inteligencia emocional; des- empeña un papel trascendental en el uso de estrategias, mantenimiento y expresión de algunas emociones cuan- do es necesario, lo que facilita las relaciones interper- sonales (Salovey y Grewal, 2006). Al tener control de los sentimientos, las personas serán capaces de observarlos, distinguirlos y etiquetarlos de modo preciso; creerán que pueden mejorarlos, hacer uso de estrategias2 y valorar su
eficacia (Brackett y Salovey, 2004).
Tal dimensión engloba también la capacidad para abrirse a los sentimientos (positivos y negativos), re- flexionar sobre ellos para descartar o aprovechar la in- formación que los acompaña en función de su uso, así como la habilidad para regular las emociones propias y ajenas, moderando las negativas e intensificando las po- sitivas (Fernández–Berrocal y Extremera, 2005).