Los estudios más actuales de la interacción progeni tor-bebé, incluido el nuestro, se han alejado del análi sis de conductas moleculares y unidades de tiempo se paradas para abordar enfoques más globales y contex túales. Cuando se suman y agrupan conductas aisladas, comienzan a cobrar significación los~pBtronés~dé cóñduc- ta y respuesta. Ciertas series de~condiictas~~del proge- nitor se pueden considerar como un estímulo, v ciertas senes de conductas del bebé como una respuesta. En el marco de determinadas fases de la interacción (así como de las reacciones emocionales de cada participante), las conductas adquieren un significado matizado. Por ejem plo, una interacción puede dividirse en períodos de ini ciación, regulación, mantenimiento y terminación. La misma conducta en cada uno de estos períodos tiene di ferente significación. Por consiguiente, una interacción debe contemplarse como un proceso, con ciclos de par ticipación y de cese de la participación. Dentro de cada ciclo, la conducta puede catalogarse según su calidad: intrusiva, recíproca, empática o transgresora.
En este modelo se presupone una mutua influencia: un miembro íntluye en el otro y ío moldea,"pero tam bién es influido y moldeado por el otro. Cada miembro guarda una memoria o una expectativa respecto del otro que moldea sus propias respuestas. Todas las diferen-
cías individuales entre los bebés descritas en la segun da parte de este libro afectan a los progenitores, cuyas historias y fantasías, según se expuso en la primera par te, determinan su capacidad de ser moldeados y respon der a su vez.
La dimensión comunicativa de la interacción también ha sido objeto de estudio. La conducta se puede consi derar una señal que determina la respuesta del socio. Las expresiones faciales, el juego, el tono de voz son uti lizados como indicadores por cada socio. La intensidad de las manifestaciones afectivas posee valor comunica tivo. Estos mensajes tienen dos aspectos: un aspecto de contenido y un aspecto regulatorio (Brazelton, 1976). El contenido se refiere a un acontecimiento o un objeto y es similar a lo que Watzlawick, Beavin y Jackson (1967) denominan un "informe". El aspecto regulatorio com prende información acerca de la aceptación, el rechazo o la modificación del estado actual de la interacción por parte de uno de los participantes en la comunicación. Es una “metacomunicación” (es decir, una comunicación acerca de una comunicación).
Mientras que cada gesto o expresión por separado constituyen una comunicación, la distribución en el tiempo y el agrupamiento sensible de conductas comu nica más que las conductas mismas. P or^em plo, una madre se inclina para acercarse a~su bebé, toma en su mano una extremidad que éste está agitando, lo sostie ne en sus brazos y lo cobija en una envoltura formada por su intensa mirada y sus suaves vocalizaciones. De este conglomerado de cinco conductas, la madre inten sifica una de ellas, su voz, para suscitar una respues ta. Al levantar ella suavemente la voz, el bebé respon de con una serie de conductas: relajación de todo el cuer po, ablandamiento de los rasgos faciales, intensas mi radas a la madre y luego un suave “arrullo”. El agru- pamiento de conductas de la madre en torno a cada vo-
calizacián_es tan importante para producir la respues ta como su voz por~sí solafE l bebe debe^éT^conteni do ’ para que "atienda a 'la madre7"Esta también debe aprender el sistema de seríes de conductas de su beFé. La capacidad de una madre de íormar~üna envoltura conductual para contener al bebé, de mantenerlo en e$- taaode alerta y de posibilitar los ritmos necesarios de atención y retraimiento es un factor crucial para su ca pacidad de comunicarse. Por lo tanto, es importante que pueda alternar roles. Si la madre logra crear una ex pectativa o predecibilidad dentro de la cual el bebé pue da aprender qué indicios son pertinentes y cuáles no lo son, entonces le habrá suministrado a su hijo la base necesaria para que aprenda a comunicarse con ella.
La comunicación no verbal requiere que el bebé ten ga cierto nivel de control sobre el sistema neuromotor y el psicoñsiológico. Los bebés deben ser capaces de po nerse alerta y prestar una atención prolongada a los estímulos provenientes del exterior. Al mismo tiempo, deben saber lo suficiente acerca de ellos mismos como para no sentirse abrumados por los estímulos externos. El sistema nervioso central, a medida que se desarro lla, lleva a los bebés a adquirir un dominio de sí mis mos y de su mundo. Al alcanzar cada nivel de dominio, los bebés buscan una especie de homeostasis, hasta que el sistema nervioso los impulsa hacia el siguiente nivel. El equilibrio interno se ve continuamente trastornado por cada nuevo desequilibrio que se crea a medida que el sistema nervioso madura. La maduración del siste ma nervioso, acompañada por una creciente diferencia ción de las capacidades, lleva a los bebés a reorganizar sus sistemas de control. A cada paso, también los pro genitores deben readaptarse, encontrando un modo nue vo y más apropiado de ponerse en contacto con su hijo. Esta realimentación recíproca que se da en un siste ma mutuamente regulado parece ser aprehendida, me-
jor que por ningún otro, por el concepto de la cibernéti ca (Walcher y Peters, 1971). Dentro de un ciclo conti nuo de realimentación se pueden describir las parejas madre-bebé y padre-bebé, así como la tríada madre-pa dre-bebé (Tronick y otros, 1977; Brazelton, 1979; Dixon y otros, 1981). El bebé aprende la sincronización, así como la diferenciación, con cada socio, y éstos, a su vez, aprenden con el bebé. Cada ruptura del sistema posi bilita la separación, diferenciación e individuación de cada miembro de la tríada. Con la reorganización, cada miembro obtiene la sensación de equilibrio y de resin cronización.
FUENTES DE INCENTIVACION
Hay dos fuentes de incentivación para el costoso pro ceso de maduración en este sistema de realimentación (Brazelton y Yogman, 1986). Los circuitos que se cierran al completarse un desempeño anticipado, afectan al bebé desde dentro. En pocas palabras, la anticipación genera energía; la verificación preconsciente de que el paso ha sido completado crea una recompensa gratifi- cante. De este modo, el bebé en desarrollo incorpora una sensación de dominio, liberando energía que lo impul sa hacia el próximo logro.
Al mismo tiempo, el ambiente que rodea al bebé, cuando es propiiriDpiiicejttivá^irHesarrollo y realza cada experiencia. "Si el bebé dice “ooh”, por ejemplo, los pa dres dicen “así es”, y tras el tercer “ooh” es probable que exclamen: “ ¡Qué maravilloso eres!”. Cada vocalización del bebé es reforzada por una respuesta alentadora. Los padres no sólo reconocen y aprueban el logro del bebé, sino que a menudo agregan nuevas señales a su apro bación. Junto con el refuerzo positivo, estas señales in centivan a los bebés v los llevan a satisfacer las expec-
tativas del adulto. Cuando un bebé vocaliza un “ooh”, el progenitor podría agregarle: “¡Oh, sí!”. De este modo, los padres le brindan al bebé un refuerzo positivo y agre gan una meta a alcanzar.
En condiciones ideales, estas dos fuentes de energía —desde dentro v desde fuera^-„están en eoullifirio y su ministran la energía para el futuro desarrollo. La ex periencia que hace el bebé de cada una de estas fuen tes acrecienta un reconocimiento preconsciente de su do minio; una sensación de competencia en desarrollo. Esta representación interna, junto con el cierre de los circui tos de realimentación para los pasos correspondientes al control del sistema nervioso central y autónomo, es precursora del reconocimiento emocional, y luego cog- nitivo, de la propia competencia y contribuye al desa rrollo del yo del bebé (Brazelton, 1981).
Cuando todo va bien para el bebé, el logro de cada nuevo acto"tiene estas dobles recompensas. Las~carac- terísticas genéticas, sin embargo, determinan la clase de sistemas de realimentación interna y externa dispo nibles. Cuando uno u otro de estos sistemas es deficien te, el control del bebé sobre los estados afectivos y cog- nitivos puede verse debilitado. Esto sucede cuando un bebé (1) por diversas razones noresponde a los eStitnu'- los, ó~{2) tieñiT un umbral bajo para la asimilación de estímulos, por lo que éstos lo abruman. Si el ambien- te también le responde al bebé de maneralnaprÓpiacTa (ya sea excesiva o insuficiente), las I nteracciones no serán gratificantes. Cuando la falla es sistemática, es posible que el bebé no logre desarrollarse en ciertos as pectos-críticos v que se vuelva retraído, áp~át!co o inclu so que no adelante.
La^TúerzsTde litro tipo de incentivo para estas inter acciones tempranas, la experiencia pasada de los pro genitores, ya se comentó en la primera parte del libro. En la cuarta parte exploraremos la variedad de fan
tasías de los padres y su repercusión, así como los di versos guiones en los que pueden desplegarse estas fan tasías.
E L B E B E Y L O S O B J E T O S
El sistema regulador que sustenta la atención a cual quier objeto fue definido por primera vez por T.G.Bo- wer (1969), Jerome Bruner (1969) y Colwvn Trevarthan (1977), quienes hicieron un estudio en el que suscita ron las conductas desplegadas en la actividad tempra na de alcanzar un objeto. Estos autores estudiaron a los bebés en la situación de prestarle atención a un obje to situado en el “espacio al alcance” (25-30 centímetros frente a ellos en la línea media). Cuando los bebés con templan un objeto, comprobaron, toda su conducta re fleja su intensa y absorta atención. No sólo tienen un estado de atención “enganchada” observable y predeci ble cuando el objeto es puesto en este espacio, sino que todo su cuerpo responde de una manera apropiada y predecible mientras prestan atención al objeto.
De acuerdo con este estudio, los bebés de seis sema nas miran el objeto con los ojos muy abiertos, fijando la vista en él durante un lapso de hasta dos minutos sin desviar la mirada. Mantienen una expresión fija, los músculos del rostro tensos, los ojos mirando con fijeza y los labios fruncidos hacia el objeto. Esta mirada fija y estática de atención va acompañada por pequeños mo vimientos espasmódicos de los músculos faciales. Los bebés sacan la lengua hacia el objeto y luego vuelven a meterla rápidamente en la boca. A veces dirigen vo calizaciones breves hacia el objeto. Durante estos lar gos períodos de atención, ocasionalmente pestañean, con parpadeos aislados. El cuerpo está sentado, tenso e inmóvil, con el objeto en su línea media. Cuando se mue-
ve el objeto a un lado o al otro, el bebé tiende a cam biar la posición del cuerpo. Encorva los hombros, como si estuviera por “abalanzarse”. Sus extremidades están inmóviles, flexionadas en los codos y las rodillas, con los dedos de las manos y los pies apuntando al objeto. Las manos están semiflexionadas o cerradas, pero los dedos de las manos y los pies se agitan reiteradamente para apuntar al objeto. De vez en cuando, el bebé agita un brazo o una pierna en dirección al objeto. Durante este período, el bebé parece reprimir cualquier conducta in- terferente que pudiera quebrar este prolongado estado de atención. Gradualmente, va aumentando la tensión en todas las partes del cuerpo del bebé, hasta que fi nalmente sobreviene una abrupta caída de la atención, como un inevitable y necesario alivio.
La conducta aquí descrita se vuelve más notoria entre las 12 y 16 semanas de vida, pero se la puede obser var ya a las cuatro semanas, mucho antes de estar el bebé en condiciones de alcanzar el objeto observado.
E L B E B E Y L O S P R O G E N IT O R E S
El contraste entre la conducta y la atención del bebé cuando atiende a un objeto y cuando interactúa con uno de sus progenitores puede advertirse ya a las cuatro se manas de_vi da.
DesSe luego, la expectativa generada en una interac ción coñ~ un objeto estático es muy diferente de la que se crea al interactuar con una persona que responde (Piaget, 1951, 1954)TL.o que sorprende es lo temprano que esta expectativa parece reflejarse en la conducta y en el empleo de atención del bebé (Brazelton, 1976). Cuando los bebés están interactuando con sus madres, parece haber un ciclo de atención seguido por un decai miento de la atención: un ciclo usado por cada socio al
aproximarse y luego replegarse a esperar una respues ta del otro participante. Dentro de este ciclo, los estímu los que controlan el tiempo de la respuesta de cada in teractuante al otro son series de conductas, más que conductas simples. Una sonrisa por sí sola no provoca necesariamente una sonrisa, ni una vocalización sola da lugar a otra vocalización. Pero si éstas se dan en el mar co de otras varias conductas, la probabilidad de que ob tengan una respuesta aumenta notablemente. Para comprender qué series de conductas darán por resulta do una serie de conductas de respuesta por parte del otro miembro de la pareja, hay que comprender también el estado de atención afectiva que existe entre ambos. En otras palabras, la fuerza de la interacción misma do mina el significado de la conducta de cada miembro. Si la madre responde de un modo, la energía interactiva se vigoriza; si responde de otro modo, el bebé podría re traerse. Lo mismo sucede con las respuestas de la ma dre a la conducta del bebé. Las predicciones de la con- ducta_interactiva, por lo tanto, son de unjTcomplejidad varios órdenes mavor que la de las prediccioñeÍ~dé~la atención que le prestará un bebé a un objeto.
Esta complejidad de la interacción de madre e hijo se puede representar mejor gráficamente (Brazelton y otros, 1974). Las figuras que aquí se incluyen son dia gramas de los períodos de interacción entre la madre y el bebé. El tiempo se representa en el eje horizontal, y la cantidad de conductas en el vertical. Las curvas que figuran por encima del eje horizontal indican que el in dividuo cuya conducta representa esa curva estaba mi rando a su socio. Las curvas por debajo del eje indican que estaba mirando en otra dirección. Las líneas llenas representan la conducta de la madre; las líneas puntea das, la del bebé. Por consiguiente, una línea punteada profunda por debajo del eje horizontal indica que el bebé
N J DE C O N D U C T A S N 3 Ü F C O N Di I O T A S
estaba mirando en otra dirección mientras asumía va rias conductas. O acre Beí'e a \ \ \ OEVPG F ig u ra 1 acre Figura 2
En el caso que muestra la figura 1 (interacción de 16 segundos), la madre mira al bebé después de que éste se vuelve hacia ella. Mientras se miran, la madre agre-
ga conductas — sonreír, vocalizar, tocar la mano del bebé, tomarle una pierna— para acelerar la interacción. El bebé responde aumentando la cantidad de sus pro pias conductas (sonreír, vocalizar y mover brazos y pier nas en círculos) hasta el pico máximo en el punto (a). Tras llegar a este punto, el bebé comienza a aminorar sus conductas y a reducirlas gradualmente hacia el fi nal de la interacción. La madre sigue el ejemplo del bebé aminorando sus conductas más rápidamente y termina su parte del ciclo desviando la vista justo antes que el bebé. La figura 2 (interacción de 5 segundos) muestra el caso de un bebé que inicia un ciclo mirando a la ma dre. Esta lo sigue, mirando al bebé y agregando cuatro conductas más en rápida sucesión: tocarlo, sonreír, ha blarle y mover la cabeza. El bebé la contempla, voca liza, le devuelve la sonrisa, hace movimientos circula res brevemente y luego comienza a disminuir sus res puestas y desvía la vista en el punto (a). La madre deja de sonreír cuando el bebé comienza a desviar la vista, pero rápidamente agrega gestos faciales para tratar de volver a captar la atención del bebé. La madre continúa hablando, tocándolo, moviendo la cabeza y haciendo ges tos faciales hasta el punto (b). Al llegar a este punto, interrumpe los gestos pero comienza a acariciar al bebé. En el punto (c), deja de hablar brevemente y deja de mo ver la cabeza. En el punto (d), hace gestos con la mano además de los faciales, pero luego detiene ambos tipos de gestos de allí en adelante. En el punto (e), deja de vocalizar y el bebé empieza a mirarla de nuevo. El bebé vocaliza brevemente y luego vuelve a desviar la mira da cuando la actividad de la madre continúa.
En la figura 3 (también un período de 5 segundos), la madre y el bebé se están mirando, sonriendo y vo calizando juntos. El bebé comienza a hacer movimien tos circulares y a dirigirse hacia la madre. En el pun to (a), el bebé empieza a apartarse de la madre. Esta
N « D E C O N D U C T A S
responde mirándose las manos, y detiene su actividad brevemente. Esto hace que el bebé vuelva a mirarla en el punto (c). La madre sonríe, vocaliza y se inclina ha cia el bebé, que le responde con una sonrisa. Además, el bebé mueve brazos y piernas en círculos y emite ale gres arrullos mientras mira a la madre. Cuando el bebé desvía la vista, la madre primero agrega otras conduc tas y gestos. El bebé, sin embargo, agrega actividades —no haciendo caso de las señales de la madre— y se aparta de ella. La madre disminuye gradualmente toda su actividad y en el punto (e) deja de mirar al bebé. In mediatamente después, el bebé comienza a mirarla otra vez y el ciclo de mirarse uno a otro vuelve a empezar en el punto (f).
Figura 3
El poder que tiene la interacción de moldear la con ducta de cada participante se puede advertir en muchos niveles. Usando los actos de mirar y no mirar a la ma dre como medidas de la atención-desatención, en una in teracción de un minuto se observó un promedio de 4,4
ciclos de esa atención-desatención. Los lapsos de aten ción y de mirar hacia otro lado no sólo demostraron ser de menor duración que con los objetos, sino también más Huidos a medida que la atención crece, llega a su pico y luego disminuye de forma gradual. Tanto el crecimien to como la disminución de la atención son graduales y por lo general Huidamente acompasados.
La técnica más eficaz de la madre para mantener una interacción parece consistir en ser sensible a la capa cidad" de prestar atención y la necesidad de reTraerse —parcial o totalmente— de su hijo tras haberla aten dido durante^ cierto pe nodo. Todos los periodos de inter acción prolongada parecen estar basados en ciclos bre ves de atención y desatención. Aunque aparentemente el bebé atiende a la madre de forma continuada, el análisis de imágenes detenidas de una filmación reve la el carácter cíclico de la actividad de mirar y no mi rar del bebé. Desmando la mirada, los bebés conservan cierto control sobre la cantidad de estimulación que ab sorben durante esos intensos períodos de interacción.
Este ritmo de atención-desatención es un elemento básico del modelo homeostático antes descrito. La ma dre'^ébe^esH fEnFyTespetarlanecesidad que tiene su bebé de la regulación que esto le proporciona, o de lo contrario sobrecargará el sistema psicofisiológico inma duro de su hijo y éste deberá protegerse apartándose por completo de la madre (Brazelton y otros, 1975). Dentro de esta configuración rítmica coherente, la madre y el bebé pueden introducir los elementos mudables de la co municación: sonrisas, vocalizaciones, posturas y señales