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INTERDISCIPLINARIA DE LO RURAL Francisco Rodríguez****

In document Hacia una psicología rural latinoamericana (página 137-143)

En este trabajo me propongo contribuir desde la antropología a una visión interdisciplinaria de lo rural. En concreto, voy a plantear qué ha- cemos los antropólogos cuando investigamos cuestiones rurales. Todo lo que voy a compartir a continuación está en relación a trabajos reali- zados desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) en el contexto del Programa Nacional de Apoyo al Desarrollo de los Territorios y de proyectos regionales con el mismo enfoque. Voy a des- cribir brevemente tres estudios de caso relacionados a intervenciones de INTA, también voy a plantear una reflexión sobre la metodología que utilizamos, para, finalmente, retomar la cuestión de la especificidad de la indagación antropológica sobre lo rural.

El primer caso, es un estudio que hicimos sobre la feria franca de San Vicente. Cuando empezamos a estudiar esta feria, nos encontramos con expresiones de los feriantes que establecían distinciones para noso- tros sorprendentes. Por ejemplo, nos decían: “el feriante que maneje allá su mesa, no el mercado, porque es otra cosa el mercado”. Ahora bien,

**** Lic. en Antropología social y Magister en Metodología de la Investigación. Inves- tigador del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y director de la Maestría en Desarrollo Rural de la Universidad Nacional de Misiones y del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, Argentina.

para nosotros, para la economía, la transacción en la feria, como toda transacción mercantil, es mercado. Pero ellos distinguían la transacción en las mesas, que es la forma en que está organizada la feria franca de San Vicente, de otra cosa, del ‘mercado’. Esa misma feria tenía un local de ventas permanente. Entonces comparamos cómo se trabajaba en la feria y las representaciones que los feriantes construían sobre la feria, y cómo funcionaba ese local y cómo lo veían los propios feriantes. Lo que observamos fue que todo el trabajo, buen número de las representaciones y valores que se movilizan para hablar de la feria y los dispositivos que se construyen para evitar los conflictos en la comercialización, se basaban en la operación del principio de reciprocidad. Los grupos, cada mesa en la que se organiza la feria, estaban integrados por parientes y vecinos de una localidad. Entonces, en la mesa aparecen relaciones cara a cara sustentadas en la reciprocidad. En el funcionamiento cotidiano de las mesas, el principal problema que enfrentaban los feriantes era el interés individual. Si bien en cada mesa se vendía la producción de 7 u 8 produc- tores, era uno sólo de ellos el que realizaba las ventas. Si éste, el vendedor, tratara de sacar provecho al vender lo propio, los productos de los otros regresarían a la colonia como pérdida. Ante esto, los feriantes arman dispositivos para evitar y controlar la emergencia del interés individual, que tienen que ver con la lógica de la reciprocidad: se establecen siste- mas de turnos de venta, se delega la elección de los productos al mismo comprador y algunos otros dispositivos que inventaron. Pero, además, todo el trabajo de construir el mercado en tanto feria franca, todas las reuniones de organización, de definición de precios, de determinación de las categorías y calidades de los productos, todo eso, es concebido por los productores como un trabajo para ‘nosotros’. Lo expresan así: “es un trabajo para nosotros, no es para mí”. Entonces ¿qué vemos ahí?, ¿qué impera? Impera un tipo de relacionamiento que está inspirado en la reciprocidad o, como dice Klaas Woortmann (1990), un orden moral propio que es el de la campesinidad.

En cambio, en el local que ellos mismos construyeron, las cosas eran totalmente diferentes. En el local la vendedora era una persona “del pueblo”, era externa, no era productora y violaba sistemáticamente los acuerdos al comprar productos a no feriantes y al no recibir toda la producción de los feriantes. Esto incidió para que los productores em- pezaran a funcionar y actuar frente al local de la feria como ante cual- quier comerciante que los explota. En relación al local trataban, pues, de maximizar los beneficios individuales. El local termina cerrando porque los productores individualmente no se hacían cargo de las pérdidas y las transferían al local. La cuestión es que el local debe cerrarse y la orga- nización estructurada en base a la reciprocidad, la feria franca, sigue funcionando. Ésta es una de las particularidades que quiero mostrar. En

este estudio analizamos un fenómeno económico que es un tanto atípico, que los productores no reconocen como mercado y que funciona a partir de reglas diferentes, reglas de reciprocidad.

El segundo ejemplo toma una interfaz. Nos trasladamos al norte de la provincia de Misiones, a un paraje cercano a Bernardo de Yrigo- yen, y analizamos la situación de una organización de ocupantes que se llama Unión Campesina. Esta organización, una vez que consiguen que se sancione la ley de expropiación de las tierras que habitan (ley 4093, conocida como Plan de Arraigo y Colonización), empieza a administrar y a gestionar programas de desarrollo. La pregunta que nos hacíamos con el equipo era, ¿esto es cooptación? ¿La gente abandona la lucha porque el mercado o el estado la coopta? En este caso, lo que observamos es que, al haber pasado por la lucha por la tierra, los cortes de ruta, las asambleas, las negociaciones, mucho de lo que aprendieron ahí, de lo que practicaron ahí, lo transfirieron a la construcción de su relación con el Estado y con los programas de desarrollo. Para ser beneficiario de alguno de los planes de desarrollo que ellos ejecutan, es necesario haber mostrado fehacientemen- te una identidad con lo colectivo, con la organización, es decir, no haber negociado individualmente con los titulares registrales de la tierra, con los anteriores dueños. El que claudicó en la lucha no accede a los planes gestionados por la organización. Esto no está establecido en ninguno de los programas nacionales, pero ellos lo hacen así, ellos lo ajustan así. ¿Cómo ven los programas? ¿Cómo hablan de los programas entre ellos y con no- sotros? Los programas, como la tierra, son una conquista, los programas, como la tierra, son su derecho. Pero son un derecho adquirido, conseguido a partir de la lucha. Por esto, en todos los casos, en la aplicación de los pro- gramas, se trata de convertirlos en herramientas de concientización y de organización de los campesinos. En este proceso, además, cambia la rela- ción con los técnicos, son los campesinos los que deciden cuándo el técnico entra y cuándo se va. Acá vemos que los repertorios de la lucha previa por la tierra y sus aprendizajes, se trasladan, y operan en esta nueva lucha, que tiene que ver con su reconocimiento y con el acceso a las políticas públicas. Quiero retomar esto para pensar lo metodológico. Al trabajar en el INTA y al trabajar en el marco de estos proyectos, la participación de la gente ha sido una preocupación constante. Con esta organización, con Unión Campesina, nos sucedió algo semejante a lo que plantea Evans-Pritchard (1997) en la introducción de los Nuer. Él dice que con los Nuer no habría podido trabajar si no hubiera estado en el medio de la aldea, si no era parte de lo que ocurría en la comunidad. Nosotros con Unión Campesina no hubiéramos podido trabajar si no aceptábamos las reglas del juego: eran ellos quienes decidían qué se investigaba, cómo se investigaba y que dimensiones contemplaba el instrumento, la técnica para llevar adelante el estudio.

El tercer caso es la caracterización socioambiental de la cuenca

hidrográfica en donde viven los productores de Unión Campesina1. Este

es un caso que se desprende del anterior, porque es la misma población, pero en relación a otro tema. ¿Cómo hicimos el estudio? Aplicamos todo tipo de diseños participativos. Los problemas fueron identificados, defi- nidos y acotados con los productores. El agua es el problema que ellos priorizaron. Con ellos también se hicieron mapeos participativos de la región, se seleccionó el área de estudio, se definieron las dimensiones de análisis y se analizó el primer borrador de una ficha de relevamiento. Se llevó a cabo un entrenamiento con productores de Unión Campesina, nuestros estudiantes y técnicos del INTA, y se realizó en conjunto el re- levamiento de información. Los datos fueron analizados por el equipo de la universidad e INTA y discutidos con los productores en talleres. Lo que quiero comentar son los aprendizajes que obtuvimos a partir de un estudio que hacíamos, paralelamente, sobre la interfaz, sobre la rela- ción entre técnicos, campesinos y estudiantes. Analizamos las reuniones, fundamentalmente la primera que tuvimos, como un ritual. Un ritual en el cual Unión Campesina nos contaba su historia de lucha y donde no- sotros, desde INTA, contábamos nuestro proyecto nacional centrado en el acceso a los recursos tierra y agua. Pero cuando, en esa reunión, ellos nos presentan su historia de lucha y acordamos una forma de trabajar, lo que estamos haciendo realmente, siguiendo una forma de interacción que tiene un profundo carácter ritual en el sentido que propone Tam- biah (1985), es pactar cómo íbamos a trabajar, pactar los cimientos de la relación y establecer cuáles serían los valores que la inspirarían. En esa reunión se habló de todo esto. La reunión consagró un tipo particular de relación, y la forma a la que debería ajustarse todo el trabajo que siguió. Pero hay un aspecto más sobre el que quiero reflexionar, las for- mas en que se discutieron y negociaron los significados de ciertos tér- minos en el marco de la interlocución entre los integrantes de Unión Campesina y nosotros. Discutiendo la ficha de relevamiento se planteó la siguiente controversia. Nosotros habíamos puesto la identificación del encuestado, un dato que nos parecía claro y neutral, preguntamos quién era el ocupante, y lo habíamos puesto así: “nombre de la familia o nombre del ocupante”. Lo primero que nos dicen es: “nosotros no somos ocupan- tes, somos poseedores”. Ellos mismos se reconocían como ocupantes dos años antes, pero en ese momento eran poseedores. Con la conquista de la ley de expropiación, ahora, se identificaban, y reclamaban ser reconoci- dos como poseedores. Como en este punto, aparecieron otras diferencias en la forma en que debíamos plantear las preguntas de la ficha. Lo que estas situaciones y controversias en la construcción de la ficha dejan ver,

es que, en realidad, el trabajo con INTA constituía también una arena en la que hacer visibles sus reclamos y construir nuevas alianzas en el contexto regional. Concluyendo, el análisis de esa intervención nos per- mite adentrarnos en las reglas del juego de la relación entre técnicos y productores, nos permite también mostrar cómo, para la organización campesina, el proyecto es un ámbito más para ser reconocidos como interlocutores, lo que les permite tener más poder y nuevos aliados.

Desde la antropología, un aspecto que es central y constitutivo, es la etnografía. Nosotros, desde la antropología, construimos conoci- miento que parte de la comprensión de la perspectiva del otro. Los fe- nómenos sociales, el conocimiento que podamos producir sobre ellos, debe incluir la comprensión de la perspectiva de los actores involucrados. Por eso todas esas reflexiones que vengo planteando acá, la mesa como reciprocidad, el local como negocio, antes “ocupantes” ahora “poseedo- res”, implican comprender la perspectiva del otro. Un segundo aspecto fundamental, es que nosotros en general lo que atendemos es a cosas pequeñas, micro, cotidianas, y lo que hacemos con esas cosas pequeñas y esas prácticas cotidianas y rutinarias, es extrañarlas, hacerlas extrañas. Así podemos ver una reunión como un ritual. Pero son procedimien- tos para poder encontrar la lógica de funcionamiento. Esto nos permite desnaturalizar lo dado, lo a-problemático, lo entendido como natural. Y por último, esta idea de que utilizamos mucho el análisis comparativo, por ejemplo, la mesa versus el negocio. Esto lo planteo para explicar qué hacemos los antropólogos como estudiosos de la sociedad. Sin dudas, la posibilidad de construir interdisciplina y trabajo interdisciplinario pasa, primero, por reconocer las especificidades disciplinarias, para que los diálogos tengan esa comprensión como un supuesto.

BIBLIOGRAFÍA

Evans-Pritchard, Edward 1977 Los Nuer (Barcelona: Anagrama). Rodríguez, Francisco y Gandolla, Enrique 2012 Agua para la agricultura

familiar. Diagnóstico participativo de la cuenca del arroyo Guavirá, Misiones. (Programa Nacional de Apoyo al Desarrollo de los

Territorios, Documento de Trabajo Nº 8, INTA).

Tambiah, Stanley 1985 “A performative approach to ritual” en Tambiah, Stanley Culture, Thought, and Social Action. An Anthropological

Perspective (Cambridge: Universidad de Harvard).

Woortmann, Klaas 1990 “Com parente não se neguceia. O campesinato como ordem moral” en Anuário Antropológico N° 87.

In document Hacia una psicología rural latinoamericana (página 137-143)