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Internacionalización y competitividad en la PYME

Capítulo II. Diagnóstico

2.4. El diagnóstico de las PYME

2.4.3. Internacionalización y competitividad en la PYME

Internacionalización

La gran mayoría de las PYME, y especialmente las que tienen menos de 10 empleados, desarrollan todas sus actividades en mercados locales o nacionales. Además, según diversos estudios internacionales, un elevado porcentaje de las PYME jamás se ha planteado internacionalizarse.

Si bien ampliar las actividades y los movimientos en el extranjero puede resultar demasiado costoso y arriesgado, la internacionalización facilita acceder a una mayor cantidad tanto de clientes como proveedores así como disponer de nuevas tecnologías. Asimismo, posibilita incrementar la rentabilidad, la viabilidad a largo plazo y lograr una mayor competitividad, en última instancia, los beneficios primordiales de una estrategia apropiada de internacionalización.

Nos hallamos entonces frente a una cuestión de sensibilización con la internacionalización, pero incrementar la sensibilización no se refiere únicamente a las ventajas de la internacionalización, sino también a los programas existentes de apoyo a las PYME que optan por esta alternativa.

En ocasiones, el desconocimiento de los programas de apoyo, o bien la confusión originada por la existencia de excesivos regímenes que se solapan, provocan cierto desconcierto en las PYME a la hora de acometer la internacionalización. Esta circunstancia tiene lugar, en particular, en las empresas más pequeñas, puesto que son quienes requieren más protección.

Aquellos programas que a través de una comunicación efectiva estimulan a las PYME a plantearse actividades como la importación, la exportación, la cooperación, etc., han de ir acompañados de sistemas cuyo manejo sea cómodo y sencillo.

A pesar de todo, en el caso de muchas PYME las fronteras nacionales todavía constituyen una barrera significativa a la extensión de sus actividades y dependen, casi de manera exclusiva, de sus mercados nacionales respectivos. Los cálculos más recienten apuntan que tan sólo una quinta parte de las PYME europeas exporta, y solamente en torno a un 3% de las PYME cuenta con filiales, sucursales o empresas conjuntas en el extranjero.

No obstante, el hecho de salir al extranjero aún plantea numerosas dificultades para la inmensa mayoría de las PYME. Algunas no disponen de los recursos ni de los contactos que podrían proporcionarles atractivas oportunidades de negocio, socios potenciales o prácticas comerciales en mercados extranjeros. En otros casos, el principal inconveniente reside en la inversión financiera imprescindible para aventurarse en el terreno internacional, puesto que puede constituir una barrera infranqueable. El Gráfico 2.41 presente las principales barreras y obstáculos de la actividad internacional según el número de trabajadores de la empresa.

Teniendo en cuenta toda esta batería de obstáculos, los gobiernos nacionales y regionales han impulsado numerosos programas de apoyo a la internacionalización de las PYME. Inicialmente, los programas públicos de apoyo se destinaban fundamentalmente a promover las exportaciones a través de instrumentos tales como créditos a la exportación, exposiciones comerciales conjuntas, etc. No obstante, con posterioridad, el carácter y contenido de estas medidas de apoyo evolucionó con los nuevos retos y los entornos, mucho más exigentes.

La consecuencia de todo lo anterior es que la internacionalización no consiste únicamente en exportar. De hecho, la búsqueda de materias primas competitivas, la cooperación transfronteriza o las nuevas tecnologías son destacados incentivos de cara a la internacionalización de las PYME modernas.

De manera conjunta, todo lo anterior pone de manifiesto que el apoyo individualizado a las PYME es el más efectivo en el proceso de internacionalización, lo que implica un análisis en detalle de todos los elementos de la empresa. Esta exploración se concreta en un plan individual, el cual adopta varias medidas de apoyo que, en algunos casos, trascienden más allá de la internacionalización. En cualquier caso, los mecanismos de apoyo están concebidos para valorar todas las necesidades de las empresas, dado que su propósito no es otro más que situarlas mejor en relación a la internacionalización.

Por otro lado, se ha demostrado que existen un vínculo sólido entre la innovación y la internacionalización. Y ambas comparten un efecto positivo y causal en la competitividad. A este respecto, cabe remarcar que algunos países europeos ya han comenzado a aplicar medidas políticas integradas, procurando programas que combinan la innovación y la internacionalización como la mezcla de instrumentos que deberían ayudar a las empresas a incrementar su creación de valor y su competitividad.

Además, estos tipos de programas tienen la ventaja de que están destinados a aquellas empresas para las que el principal impulso a la internacionalización es la mejora del acceso a la innovación, a la alta tecnología o a los conocimientos especializados.

En resumen, todas las propuestas descritas en este apartado emergen como pautas más que recomendables para que España incremente la capacidad y la internacionalización efectiva de sus PYME (situadas en niveles muy inferiores a sus máximos). Por otra parte, además de aumentar la conciencia de las PYME sobre la necesidad de internacionalizarse, las instituciones europeas, nacionales y regionales han de promover un acceso más fácil y mayoritario a los programas de apoyo. También hay que afrontar contrariedades a nivel interno tales como la falta de recursos humanos suficientes y suficientemente formados para enfrentar la internacionalización y la necesidad de apoyo financiero directo para la misma. Todo esto habrá de tener en cuenta la disparidad y heterogeneidad de las PYME, por lo que será necesario un planteamiento individualizado para cada empresa.

Gráfico 2.41. Importancia de las barreras y dificultades en la actividad internacional. Por número de trabajadores (porcentajes)

Fuente:Elaboración propia a partir de datos del INE.

Competitividad

A la hora de analizar los principales factores de competitividad de las empresas españolas, y siguiendo el informe Empresas Españolas. Competitividad y Tamaño, los expertos coinciden en señalar la relación entre el salario y la formación media de los trabajadores españoles en relación a la obtenida en otros países europeos más desarrollados.

Hasta hace unos pocos años, las empresas españolas basaban su competitividad en la fijación de precios más bajos, lo cual les permitía ser más competitivas en relación a las empresas del resto de Europa.

0% 5% 10% 15% 20% 25% 30% 35% 40% 45% 50%

Menos de 10 empleados De 10 a 25 empleados De 26 a 50 empleados

Procesos aduaneros Contratación internacional Falta de información Idiomas

Preparación de trabajadores internos Desconocimiento de la competencia Otras Logística/transporte Económicas Cobros Competencia Dificultades de financiación Falta de ayudas Registro/homologación de productos Burocracias/trámites

Situación de los mercados Ninguna barrera Ns/Nc

Sin embargo, en un contexto de globalización como es el actual, esta apuesta no es válida. En otras palabras, el problema de competitividad de las empresas españolas radica en la calidad.

En este sentido, existe consenso en que hay cambiar de modelo y pasar de uno asentado en menores costes a otro avalado por mejores calidades. La mejor herramienta de alcanzar este resultado es la innovación, pero no sólo la tecnológica; todas las dimensiones abarcables de innovación. Y para alcanzar este objetivo, es preciso conocer algunos factores de competitividad vinculados con la innovación. Entre los más destacados figuran los siguientes:

 La demanda en algunos sectores no es excesivamente exigente en relación a la innovación, esto es, ni se demandan nuevos productos, ni se exige a los proveedores herramientas novedosas. Por ejemplo, en los sectores de alta tecnología, la mayor parte de las empresas son multinacionales cuya sede central se ubica en otros países. Y la demanda de innovación de estas empresas se realiza normalmente desde sus sedes centrales, lugar desde el cual los departamentos de I+D realizan sus peticiones a las empresas locales y dinamizan los procesos innovadores del tejido productivo local

 La baja productividad de las empresas españolas. El objetivo a conseguir a este respecto es evidente: la innovación en los procesos de producción es la fórmula que garantiza ganancias continuas de productividad

 La mayoría de empresas no cuenta con la infraestructura necesaria para el desarrollo de nuevos productos

 Las políticas de ayudas públicas entorpecen la renovación interna de las empresas e interfieren en la propia dinámica de nacimiento y desaparición de las empresas

Por lo que afecta a las empresas industriales que radican en España, existen ventajas comparativas concretas, a saber: un entorno propicio para la actividad empresarial (sin excesiva hostilidad hacia las actividades industriales), ventajas en la dotación de capital físico o una regulación legal favorable que estimula la actividad empresarial, entre otras. Además, aparecen otras ventajas competitivas tales como el dominio de empresas con estrategias de especialización, el potencial de diferenciación comercial basado en la adecuación a las necesidades del cliente o el modelo organizativo, apropiado por el menor número de niveles jerárquicos, la proximidad de la dirección al cliente y la polivalencia de los trabajadores.

Entre las desventajas, cabe reseñar que la empresa española tiene más complicado abordar con éxito las siguientes cuestiones:

 La tendencia a la globalización y desregulación de los mercados, lo cual acarreará la configuración de mercados abiertos de gran dimensión

 El incremento de la internacionalización, que llevará aparejados el aumento de la competencia y la penetración de capital extranjero en el mercado nacional, así como el desarrollo de grandes empresas

 La exigencia de flexibilidad y de capacidad de adaptación a entornos turbulentos

 El desarrollo de la economía digital y del e-business

 La aceleración del cambio tecnológico y del desarrollo de la I+D+i

 El aumento del valor competitivo de la logística, ligado a la creciente relevancia de las redes y de las plataformas de distribución