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Intimidad espiritual

In document El Camino a la realidad - K.P. Yohannan (página 108-114)

N

unca olvidaré uno de mis primeros cultos de oración

en América. Había estado en los Estados Unidos sólo unas semanas, y estaba ansioso por conocer los gigantes espirituales y los grandes líderes. Antes de salir de la India, había escuchado de un hombre en particular. Era famoso por su fiel defensa de las Escrituras y de la sana doctrina.

Así que ese primer domingo, me apresuré a visitar su iglesia—una de las más famosas de la ciudad. Más de 3,000 asistieron al servicio de la mañana para escuchar los talentosos coros y la excepcional predicación de la Palabra.

Mis oídos estuvieron atentos cuando el pastor de la iglesia anunció con un énfasis especial el próximo culto de oración a mediados de semana. él dijo que habían ciertas cosas “que cargaban su corazón.” Anunció el nombre de cierta capilla, y me propuse ir.

En otras partes del mundo, donde los cristianos son frecuentemente perseguidos y atacados por su fe, los cultos de oración son el centro del calendario de la iglesia, todos van. La oración y la adoración a menudo se extienden toda la noche. La oración es la maquinaria de su fe, y muchos

creyentes se levantan antes del amanecer para los cultos diarios de oración.

La oración es probablemente el mejor termómetro que usted puede tener para medir su crecimiento en Cristo. Controla todo lo que es espiritual, tanto en la iglesia como en nuestras vidas personales.

La noche señalada llegué temprano, por temor de no conseguir un buen asiento—o simplemente, un asiento. En seguida noté que había espacio para aproximadamente 500 adoradores, pero no había cantos ni aplausos. El salón estaba completamente vacío. Caminé hasta llegar al frente y me senté a esperar.

Ya para las 7:15 me estaba realmente preocupando. “Probablemente entré al salón equivocado,” pensé. Salí a revisar el nombre sobre la puerta, y pude ver que estaba esperando en el lugar correcto.

Finalmente, a las 7:30 varios otros vinieron al gran salón, no había líder, canciones o adoración. La gente se sentó y habló sobre los deportes y el clima.

Aproximadamente después de 45 minutos un anciano vino a dirigir el culto de oración. El pastor ni siquiera estaba ahí. Conté siete personas. El anciano leyó una escritura, hizo algunas observaciones de enseñanza y dirigió una oración breve.

Cuando los demás se paraban para irse, me quedé sentado y atónito. ¿Era eso todo? ¿No se iban a quedar y esperar en Dios? ¿Dónde estaban la adoración y las lágrimas? ¿Los clamores por guía y dirección? ¿Dónde estaba la lista de los enfermos, los pobres y los necesitados? ¿Qué de la carga que el pastor dijo era pesada en su corazón? ¿No íbamos a interceder por un milagro?

¿Y qué de las misiones? Me pregunté en silencio. Esta iglesia apoya misiones en todos los continentes. ¿No iban a pasar las cartas de petición de oración misionera y orar juntos

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por los misioneros que estaban enfrentando los ataques de Satanás en el frente de batalla?

Muchos organizan sus iglesias y sus vidas igual como lo hacen con sus carreras y negocios seculares. Con o sin la bendición y la presencia de Dios, la religión sigue funcionando como una máquina bien lubricada.

Estas iglesias, por decenas de miles, tienen lo que llaman “cultos de oración semanales.” Pero es una vergüenza aun llamarles cultos de oración. Lo que realmente sucede en estos cultos rara vez tiene que ver con la oración. La gente se reúne. Alguien dirige algunos cánticos, luego una persona ora—brevemente. Otra persona lee una lista de anuncios. Por supuesto, el predicador usualmente da un corto sermón. En algunos casos, puede que haya unas pocas oraciones, pero la mayoría termina sin realmente haber tenido ningún tiempo de oración. ¿Cómo podemos llamarle a eso un culto de oración?

Nada revela la bancarrota del cristianismo moderno más clara y rápidamente que la actual crisis en la oración. Esta ha alcanzado proporciones alarmantes y demanda nuestra atención.

Lo puedo hacer yo mismo, ¡gracias!

Muchas veces he preguntado, “¿Por qué nosotros los creyentes del Occidente no oramos más?” y “¿Por qué las iglesias no dedican más atención a la oración?”

Después de todo, la oración es el acto fundamental de intimidad espiritual con Dios, ¿No debería ser esta la actividad central de nuestras vidas completas? No puede ser que nos falte enseñanza acerca de la oración. Pocos cristianos tienen más libros y seminarios sobre la oración que los creyentes de Norte América.

La horrible verdad, la admitamos o no, es que no oramos porque en nuestros corazones no creemos que realmente

necesitamos a Dios. No sabemos como orar porque la oración verdadera puede sólo originarse de una vida vacía de autosuficiencia.

La iglesia que vemos hoy es realmente la iglesia de Laodicea descrita en Apocalipsis 3:14-22. No hay una descripción más exacta de nuestra condición espiritual en ningún otro lugar en la Biblia. Jesús dijo de esta iglesia, “Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero por cuanto eres tibio y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca. Tú dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad. Pero no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo.” (Apocalipsis 3: 15–17)

Nuestra falta de oración resalta nuestra autosuficiencia. Esta

mentalidad de que “lo puedo hacer yo mismo: es el cáncer espiritual de nuestros tiempos. Es la raíz causante de la actual falta de poder en nuestras vidas personales e iglesias. Porque aún no comprendemos la esencia de la oración, fracasamos en ver la arrogancia y terrible rebelión de nuestro estado presente.

Tenemos tantas cosas de las cuales depender hoy — edificios, máquinas, dinero, programas y tecnología. Pasamos miles de horas con consultantes en estudio y planificación, pero parece no haber tiempo para orar.

Claramente, hemos perdido contacto con el Dios viviente y eterno. En su lugar estamos sirviendo a las máquinas, a los programas y sistemas que hemos establecido. Pero esos son ídolos, dioses que hemos creado y ahora controlamos con nuestra propia ingenuidad. Y el mensaje de la Biblia sobre la idolatría es claro. O nos alejamos de estos ídolos y confiamos en Dios, o el Señor mismo intervendrá para destruir las obras de nuestra carne. Es peligroso viajar en este camino de orgullo—en nuestras vidas personales como también en nuestra vida como iglesia.

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Esperando el poder de lo alto

Qué diferente es nuestro estilo de vida actual a las instrucciones de Cristo a los primeros discípulos.

Después de tres años y medio de constante ejemplo y enseñanza, ¿Cuál fue la única lección que él quiso que ellos recordaran? “Sin mí nada podéis hacer.” Con razón él les dijo que se quedaran en Jerusalén y esperaran hasta ser llenos con poder de lo alto, antes de ir a cumplir la gran comisión. él quería que se dieran cuenta de que, por ellos mismos, iban camino al desastre.

A menos que vengamos a este nivel de total impotencia, nunca podremos comprender la oración. Por esto es que Pablo dice “Cuando soy débil, entonces soy fuerte.” La oración no es nada más que expresar nuestra dependencia de Dios. Y la respuesta a cada oración no es nada más que ésta: Dios está con nosotros, con todo Su poder y autoridad, para compensar nuestras limitaciones humanas.

Cada uno de nosotros, en nuestro diario vivir y nuestro trabajo, pasa a través de pruebas y tribulaciones. Estas prueban nuestra fe y deben estimularnos a una vida de más oración y más profunda dependencia de Dios.

Tenemos incontables oportunidades para confiar en Dios en el mundo de la obra misionera. Sin embargo, aun en esta área, donde parecería que querríamos más depender de Dios, es raro encontrar líderes moviéndose en total confianza en Dios.

Me sorprendo ante las docenas de pequeñas y grandes conferencias de misiones y consultas que se llevan a cabo anualmente en los Estados Unidos y Canadá. He asistido a unas cuantas de ellas. Rara vez los líderes han hecho un llamado a todo un día de oración, sin parar, por las necesidades del mundo perdido.

y les he preguntado cuánto tiempo pasan en oración con su personal. Con pocas excepciones, la mayoría ni siquiera tiene un culto semanal de oración de dos horas. Sin embargo, estos mismos líderes viajan a través del país para reunirse con consultantes para asuntos de recaudación de fondos y planificación.

Tenemos tiempo para estudiar antropología, sociología, teología, mercadeo y comunicaciones, pero no tenemos tiempo para orar. No es nada para nuestros líderes pasar dos o tres días en continua planificación y proyectos. Pero rara vez encontrará a estos mismos hombres y mujeres en sus rodillas para una noche de oración. ¿Por qué no estamos esperando una revelación de Su plan? ¿Clamando para que el Dios invisible vaya al frente de nosotros en la batalla?

¿No es ésta una clara indicación de que estos líderes y organizaciones están tratando de alcanzar el mundo perdido sin venir cara a cara con la realidad espiritual? ¿Cómo podemos vencer fuerzas espirituales que no se ven, echar fuera fortalezas malignas y abrir puertas cerradas a menos que seamos gente de oración? El ejército de Dios siempre se mueve al frente en sus rodillas.

Miles de grupos escondidos están aún sin el Evangelio en Asia. Y nosotros seguimos ciegamente—participando en conferencias tras conferencias de planificación en cómo alcanzarlos sin al menos dedicar igual tiempo a la oración.

Si nuestras propias carreras, iglesias, familias y ministerios no están fundamentadas en la oración, estamos en peligro de engendrar un Ismael.

Capítulo 15

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