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Introducción a los procesos de remoción en masa

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Capítulo 4. Riesgo por procesos de vertientes y otros movimientos del terreno

4.1 Introducción a los procesos de remoción en masa

L

os procesos de remoción en masa, de vertientes o gravitacionales, como parte de los procesos geomorfológicos exógenos del modelado del relieve de la superficie terrestre, constituyen uno de los peligros naturales más frecuen- tes en las regiones montañosas y en territorios fuertemente modificados por las actividades humanas y sus asentamientos. Su mayor recurrencia e intensidad se presentan en la zona geográfica del Trópico húmedo, donde las precipitaciones y los niveles de humedad aceleran los procesos de intemperismo físico y quími- co, debilitando la estructura y la cohesión del substrato geológico, y colapsando su consistencia y resistencia a la acción de la fuerza de gravedad, principal de fuerza detonante de los mismos.

Múltiples son los factores naturales y socioeconómicos que generan o aceleran estos procesos y desestabilizan las pendientes. Entre los naturales figuran la morfología (geometría), morfometría (dimensiones cuantitativas) y la energía del relieve, las características litológicas y estructurales del subsuelo, el régi- men hidrotérmico, la frecuencia e intensidad de eventos hidrometeorológicos extremos, el escurrimiento hidrológico superficial y subsuperficial, la presión hidrostática a nivel de poro en el subsuelo, la incisión fluvial intensa del te- rreno y otros. Por su parte, la componente antropogénica está determinada por la deforestación a ultranza, el crecimiento demográfico descontrolado y la presión de la población sobre los recursos naturales, los taludes inadecuados de las obras ingenieras para viales, el desarrollo y la asimilación económica princi- palmente en áreas montañosas y en zonas sismotectónicas activas, el pastoreo intensivo y el inadecuado manejo del suelo agrícola, y la inadecuada gestión de riesgo, entre muchas otras variables. A estos factores se han añadido en los últimos años, el incremento de las precipitaciones, en cantidad e intensidad, y las tormentas severas en las zonas tropicales y extratropicales, como efecto del sensible cambio climático global, ya perceptible en nuestros días.

La dinámica de estos procesos puede presentarse lenta y sutil, en substratos arcillosos y de detritos débilmente compactados, a manera de reptación super- ficial de fracciones de metros por año, o de manifestación súbita, por la ruptura del equilibrio entre la litología, la inclinación de la ladera y la fuerza de gravedad de manera cuasi-instantánea. Otros procesos exógenos o endógenos pueden compartir esta responsabilidad de retroceder las pendientes, por su destruc- ción, transporte cuesta abajo y su acumulación en forma de conos de detritos en su base, tales como la abrasión marina en los frentes costeros acantilados, la erosión lateral de los ríos sobre los frentes de terrazas fluviales, la fracturación tectónica en combinación con la disolución kárstica en regiones calcáreas, así como durante estremecimientos intensos y de larga duración durante actividad sísmica de gran magnitud y erupciones volcánicas descomunales.

Las clasificaciones de las formas del relieve derivadas por los procesos de vertientes son diversas, pero las más consultadas son las de Cruden y Varnes (1996) y Goudie (2006). Alcántara (2000) presenta la nomenclatura interna- cional asociada a los movimientos de ladera y establece una clara definición terminológica hispana, a partir de la nomenclatura internacional más aceptada, en la que figuran desprendimientos, vuelcos o desplomes, deslizamientos, ex- pansiones laterales, flujos y movimientos complejos.

Desde el punto de vista paleogeomorfológico, estos procesos se tornan como uno de los grandes modeladores del paisaje físico-geográfico, devorando

en ocasiones hasta espectros completos de terrazas marinas en zonas costeras de elevada sismicidad, como se presenta en el flanco nororiental de la Isla Guadalupe, México (José Luis Palacio, común. pers.) y en el sistema de terra- zas de la franja costera Maisí-Guantánamo, Cuba (Magaz et al., 1991), este último posiblemente por manifestaciones sísmica durante el Cuaternario, a lo largo del límite entre las placas norteamericana y Caribe. Otros autores, como Lomochitz et al. (2005) reportan grandes colapsos en estratovolcanes, como en el Roque Nublo, en Gran Canaria, España, durante épocas pliocénicas, con formación de avalanchas de detritos volcánicos de hasta 50 km, tanto en la isla como en las profundidades marinas aledañas.

Alcántara-Ayala (2004) reporta que los deslizamientos inducidos por las lluvias son muy frecuentes e intensos, como ocurrió durante la depresión tro- pical de octubre del año 1999, que azotó los estados de Puebla, Veracruz e Hidalgo, con un saldo de 263 víctimas, e incalculables pérdidas económicas, fundamentalmente en las montañas, donde la vulnerabilidad social conduce a un significativo desamparo.

Otro de los reportes más dramáticos del México contemporáneo fue el deslizamiento ocurrido sobre el poblado “La Pintada” en el estado de Gue- rrero, durante el paso de la tormenta tropical Manuel, entre el 15 y el 16 de septiembre del año 2013, donde según Zócalo Saltillo (2015), el 85 % del asentamiento desapareció bajo el lodo y se estima que más de 100 personas quedaron sepultadas.

Lamentablemente, la recurrencia de este fenómeno es tal, que casi cobra una cuota anual en vidas, como se desencadenó recientemente durante el paso de la tormenta tropical Earl sobre el territorio veracruzano, poblano e hidal- guense, los primeros días de agosto de 2016, dejando saldo de varias decenas de muertos y desaparecidos, la gran mayoría por deslaves, como se le conoce popularmente a los procesos de remoción en el país.

Los procesos de remoción en masa siempre han constituido un peligro per- manente para la sociedad y su economía a nivel mundial, así como para los propios recursos naturales. Es por ello, que la creación de bases de datos, inclu- yendo inventarios de carácter temático, hoy son herramientas vitales para las autoridades en manejo del riesgo (Ciampalini et al., 2015; Zieger et al., 2016), así como para una adecuada planeación territorial.

Según Freeman et al. (2003), la inmensa mayoría de las muertes por desli- zamientos y otros desastres se ha producido en los países en desarrollo, debido

precisamente a la ausencia de programas robustos de prevención y sobre todo de gestión del riesgo. Estas pérdidas de vidas humanas y económicas se deben, en gran medida, a la ausencia de una planificación certera y de una política es- tratégica exitosa en la gestión de los recursos naturales, así como a la localiza- ción y expansión de asentamientos humanos y de infraestructuras industriales e hidroenergéticas en condiciones vulnerables a dichos procesos.

Generalmente, las sociedades concentran su atención en los peligros por fenómenos hidrometeorológicos, sísmicos y volcánicos, sobre todo en sitios muy vulnerables, despreocupándose con relación a la dinámica de la superfi- cie pétrea del planeta, la que, aunque aparentemente estática, también se rige por la dinámica de los procesos geomórficos y la ley universal de la gravedad. Las autoridades gubernamentales, instituciones académicas y la sociedad ci- vil en general deben incrementar su atención en la gestión de este tipo de riesgos, conduciendo políticas de prevención, corrección, mitigación y control, así como sistemas de alerta temprana, en aras de resguardar la vida humana, proteger sus infraestructuras económicas y contribuir a la reducción de los re- cursos financieros del producto interno bruto para tales propósitos.

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