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Investigación de «lo bueno», «lo malo» y «lo indiferente»

II. INVESTIGACIÓN DE LAS FORMAS DE VIDA

2.2. Investigación de la denominada ética estoica

2.2.1. Investigación de «lo bueno», «lo malo» y «lo indiferente»

Como lo habíamos mencionado anteriormente, el blanco al que Sexto dirige su ataque es a la noción de «Bien» en tanto que “la parte de la ética que parece

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Richard Bett ha señalado que tanto la pregunta en esta parte de los Esbozos Pirrónicos, Como la que se hace en Adversusmatemáticus en la parte destinada a la investigación de la ética es si hay algo bueno, malo o indiferente por naturaleza. Nosotros estamos de acuerdo con esto, Sin embargo no aceptamos que el fin de tal investigación tenga como correlato mostrar que el escepticismo sea mejor que quien no es escéptico. Cfr, BETT, Richard, Scepticism and Ethics, en: “The Cambridge Companion to Ancient Scepticism”, RichardBett (ed), Cambridge University Press, New York, 2010.

ocuparse de la distinción entre lo bueno, lo malo y lo indiferente” [E.P. III,168]. De esta manera, la investigación partirá por este punto o como lo afirma el mismo Sexto “sumariamente investigamos sobre la realidad de lo bueno, lo malo y lo indiferente” [E.P. III, 168] Como suele hacerlo, en primer lugar acuña una lista de opiniones que tienen la pretensión de definir «el Bien», o acaso establecer una determinación absoluta al respecto. En éstas, «el Bien» tiene varios rostros; a veces, el de «la utilidad o una cosa no distinta de la utilidad», “entendiendo por utilidad la virtud y la conducta honrada y por una cosa no distinta de la utilidad al hombre honrado y al amigo” [E.P. III, 168]; otras, el de «aquello por lo que es posible ser beneficiado». “dicen que es el bien más importante…la virtud”, [E.P. III, 171]; también «aquello conforma a lo cual ocurre lo de ser beneficiado» “como son las conductas virtuosas” [E.P. III, 168]; o incluso, «lo que contribuye a la felicidad y la colma» “el buen discurrir en la vida” [E.P. III, 168]. Sexto observa que estas pretendidas definiciones no podrían considerarse más que como descripciones de

atributos (symbebekos), o acaso características, de eso que se presupone como

«Bien». Así, argumentando contra el método inductivo85

, señala que ni siquiera a partir de ellas nos es posible tener un acceso a la noción de Bien, ya que al no tener una experiencia del mismo, es imposible determinar cuáles características son propias y específicas de éste, y cuáles comparte con otras nociones. Esta observación es respaldada por una analogía según la cual se compara a aquellos que proceden de esta manera con estos otros quienes “al no tener idea del caballo, tampoco saben que es el relinchar ni puede llegar a través de ello al concepto de caballo si primero no encuentran un caballo que relinche” [E.P., III, 174] Esta ambigüedad, imperdonable para la precisión que el espíritu escéptico exige de los que pretenden afirmar algo, debe ser tenida en cuenta como un síntoma más de la petulancia y el malestar dogmático. Más aún, son los mismos dogmáticos quienes

85 Ya en E.P. II, 204. Sexto había dedicado unas líneas a la investigación del «principio de

inducción». Entonces consideró en descalificarlo, o si se quiere, suspender el juicio al respecto, al observar que no hay claridad en afirmar dicho principio si con ello se pretende garantizar la universalidad de los particulares ya que sería necesario aclarar, previamente, si se trata de todos los particulares o sólo de algunos. Si se trata de todos los particulares sería una cosa imposible al ser infinitos e indeterminados. Más si sólo se tratara de algunos no habría seguridad en que aquellos otros que sin criterio claro se dejan de lado pudieran contradecir al universal. Cfr. E. P., II.

demuestran esta ambigüedad en sus propias teorías pues en la práctica disputan continuamente entre ellos en cuanto al modo de vida que, según ellos, se debería llevar supuesto que persiguieran el Bien. Afirman algo de acuerdo a su escuela, pero cuando se les pregunta qué es aquello de lo que estas cosas se dan como accidentes, caen en una polémica sin tregua.

Sin que el mismo Sexto lo mencione, podemos ver que el recurso de la

investigación es el tropo por hipótesis de los atribuidos a Agripa. Así, aquí es

posible asumir que dado que no tenemos experiencia del «Bien» en cuanto tal, tampoco tendríamos de «lo virtuoso»; apenas contamos con lo que parecen características particulares con las que no nos es legítimo pasar a construir una idea

de lo en sí, o acaso la idea en cuanto tal, pues así como nos resulta dificultoso

asumir que de las características se pueda tal idea, también establecer si aquellas son las características propias de esa idea dado que no parece haber un criterio claro. Los dogmáticos apenas las plantean como hipótesis pero parece que olvidan que es sólo eso y las toman como realidades. Observemos que Sexto no niega de antemano la “realidad” de una entidad que simpatice con la idea que tenemos de «Bien», pero tampoco cae en el error de afirmarla; simplemente conviene en la epojé a partir de la investigación de los propios argumentos dogmáticos que le salen al paso; argumentos que, dicho sea de paso, no sólo buscan garantizar una suerte de constitución ontológica de la realidad, sino que, además, pretenden determinan

modos de vida o escuelas de estudio de los mismos con base en ellas.86

Del mismo modo, procede con los conceptos de «lo Malo» y de «lo Indiferente»; a partir de la investigación de los argumentos que afirman por un lado una cosa y por el otro, otra, no encuentra en ello un fundamento confiable por lo cual se ve llevado a suspender el juicio respecto de estos conceptos de los que parece tratar la ética.

86 Según Sexto, para el estoicismo el Bien es sinónimo de la utilidad y esta es para ellos una virtud

que se cultiva, ya en el hábito de una conducta honrada, ya en lo hábitos propios del cuerpo (salud, riqueza) o incluso en el mismo hecho de elegir. Cfr. E.P., III, 179; 181; 240.