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Sobre la valentía y el placer o actitudes buenas por naturaleza

II. INVESTIGACIÓN DE LAS FORMAS DE VIDA

2.2. Investigación de la denominada ética estoica

2.2.2. Sobre el concepto «por naturaleza»

2.2.2.2. Sobre la valentía y el placer o actitudes buenas por naturaleza

supuestos “éticos” que, al parecer, se desprenden de las opiniones sobre la idea de lo que por naturaleza se elige y que por lo tanto es asumido como «lo Bueno». En primer lugar toma como blanco a aquellos que refieren actitudes que bien pueden establecerse como propias de los seres vivos entre los cuales no hay diferencia en los animales y los hombres. Según esto podemos aducir que se trata de investigar ciertas actitudes aparentemente naturales o que aluden a comportamientos naturales y sobre las cuales se erigen fórmulas dogmáticas. Sexto acuña dos de éstas; la primera, postula la valentía como una actitud elegible por naturaleza –y por lo mimo buena– dado que para muchos es una actitud que al darse en los seres animados, se piensa, también se da en el hombre y por lo tanto es la más deseable por ser natural. El argumento de Sexto para contrarrestar esta posición es que, así como hay animales a los que se les puede atribuir la valentía como lo más propio y la cual les permite sobrevivir, también podríamos asumir que la cobardía que también es manifiesta en otros animales produce los mismos efectos. De esta manera, por la oposición de argumentos, no es posible asumir que eso que los

dogmáticos llaman valentía sea algo elegible por naturaleza. 92

En segundo lugar, la actitud que se toma como ataque es tomada de aquellos que

como Epicuro postulan el placer como un fin que naturalmente ha de ser buscado93

.

92

Cfr. E. P., III, 193.

93

Cfr. E. P., III, 187. La cita textual es la siguiente: “De hecho , si Epicuro pone el fin como el placer y afirma que el alma –puesto que también todo- está compuesta de átomos, resulta inconcebible decir cómo es posible que en un montón de átomos surja el placer y el acuerdo o juicio de que tal cosa es elegible y buena y tal otra es vitanda y mala”. Aunque esta refutación parece apresurada, recordemos que Sexto asiente a lo manifiesto y afirmar una “realidad” atómica no es sino una señal más de la actitud dogmática. Ya en el libro II Sexto investigó la posibilidad de afirmaciones tales como el número de estrellas en el universo o los poros en el cuerpo cuyo resultado, allí, lo llevó a la suspensión del juicio. Cfr. E. P., II, No desconocemos lo incómodo que en nuestros días puede resultar el desconocimiento tan radical de las tesis atomistas; sin embargo pudiéramos objetar, a favor de Sexto, que según los interese terapéuticos a los que esta sometida la

Ahora bien esto buscado ha de ser algo manifiesto por todos, y si bien puede ser verosímil afirmar que el placer es algo que todos experimentamos, lo es menos afirmar que es el mismo para todos pues es manifiesto que aquello que para unos es placentero para otros no lo es. Más aún Sexto presenta otro argumento que ataca las bases de esta posición; según él, los epicúreos creen que el placer es lo elegible por naturaleza pues los animales en el momento de nacer se dirigen al placer y evitan los dolores. Pero el argumento de Sexto es que la experiencia muestra que lo

que produce placer va acompañado de dolor94

; Más aún, aquello que se considera doloroso no siempre es algo que se deba evitar pues muchas veces con el esfuerzo, por ejemplo, que para algunos resulta doloroso “accedemos a la posesión de la riquezas y de la amada y los dolores salvaguardan la saludo por lo cual no se puede decir que lo que produce un dolor sea algo indeseable por naturaleza” [E.P., III, 196] el punto está en que distinguir cuáles son esos estados que causan dolor, o en qué medida la causan (lo que para Epicuro serían los “placeres estables” en contra de los “placeres móviles”) carece de un criterio que se atenga al fenómeno. Junto a esto el placer no es deseado por todos pues muchas veces es manifiesto que el esfuerzo es preferible al placer como aquellos que se entregan a una dura jornada de trabajo o los mismos filósofos que prefieren una vida de sacrificios a una placentera o si se quiere, comúnmente placentera. Aun cuando de ese esfuerzo se argumente que se obtiene un placer tal vez más elevado, no hay convención en qué placer es o a cuál se refiere. De esta manera, tampoco una actitud que se avoque a la satisfacción del placer es la más elegible por naturaleza pues la contradicción en quienes afirman tal disposición es clara.

Notemos pues que la investigación plantea la pregunta por aquellas

determinaciones que con la noción «por naturaleza»afirman la valentía como una

actitud propia o Buena en el hombre. Sin embargo, como pudimos ver, aunque la postura sea similar a la del apartado anterior y por lo mismo al parecer parta por una observación empírica, cae en el dogmatismo en cuanto establece la valentía

investigación, poco importa si todo se reduce o no a una constitución atómica pues tal suerte de “realidad” no es manifiesta.

94

Recordemos el célebre pasaje del Fedónen donde la imagen de Sócrates sobándose la pierna alude a esta misma idea. Ver: Platón, Fedón, Gredos, Madrid, 1992. 64 b.

como aquella actitud buena por naturaleza, pues establecer la cobardía es igualmente verosímil.