II. INVESTIGACIÓN DE LAS FORMAS DE VIDA
2.1. Investigación de las posturas éticas en general
Una de las consideraciones teóricas a las que atiende la investigación escéptica es aquella que asume la determinación de ciertos aspectos que se han denominado éticos y en torno a los cuales se pretende establecer, de manera absoluta, una suerte de saber o dirección alrededor de la forma de vida que debiera seguirse según cierto punto de vista. Podríamos afirmar que muchas de las concepciones éticas, en general, plantean una serie de exigencias que tienen como correlato un discurso aparentemente teórico, alrededor de la virtud, el deber o el buen vivir. Parecería que en la actualidad hace más referencia a una rama de la filosofía que estudia la moral, en donde hay una preocupación por establecer cómo se justifica racionalmente un
66 Observemos que nuestra manera de asumir el problema por el criterio de acción escéptico no toma
como punto de partida la aparente irreductibilidad entre cierta actitud que asume que nada es verdadero y la posibilidad de la misma para actuar. Esta aparente disputa, con la cual KatjaMariaVogt abre su artículo ScepticismanAction, se asume desde la consideración que toma al escéptico como aquel que niega la verdad lo cual, según señalado, es completamente falso. Cfr, VOGT, KatjiaMaría, Scepticism an Action, en: “The Cambridge Companion to Ancient Scepticism” Richard Bett (ed), Cambridge University Press, New York, 2010. A nosotros nos parece mucho mejor, y dado lo que hemos visto del escepticismo, señalar la pregunta por la forma de vida escéptica desde sus investigaciones respecto de las formas de vida y a partir de ahí establece a que se refiere con aquel criterio de acción y las implicaciones de este en el ejercicio de investigación como práctica escéptica.
sistema moral o cómo se ha de aplicar posteriormente a los distintos ámbitos de la vida personal y social. Es decir, busca las razones que justifican cierta conducta conforme a la cual vivir de determinada manera (tal vez vivir bien). Sin embargo ethos, originariamente, parece identificar más cierto carácter que cierto conjunto de normas que constituye de antemano, la manera en la que se asume asunto alguno, incluso aquel que se ocupa de la denominada ética.
Como ya lo habíamos mencionado en el capítulo anterior, la investigación
escéptica de este asunto bien puede partir desde el Décimo Tropo de los atribuidos a
Enesidemo cuyo carácter “hace más referencia a lo ético” [E.P., I, 145] y permite “guiarse hacia la suspensión del juicio en estas cuestiones” [E.P., I, 35].
El décimo tropo es aquel «según las formas de pensar, costumbres, leyes creencias míticas y opiniones dogmáticas» una forma de pensar es, desde luego, un enfoque de la vida o de determinada cuestión surgido en torno a una o varias personas; por ejemplo, en torno a Diógenes o entre los espartanos. Una ley es un contrato escrito entre los que forman un estado, quien incumple el cual es castigado. Una costumbre –o una norma social pues no se diferencian– es la aceptación común de alguna cosa por parte de muchos hombres, quien incumple la cual no es castigado en absoluto. Por ejemplo, es una ley no cometer adulterio y una costumbre entre nosotros no hacer el amor en público con una mujer. Una creencia mítica es la aceptación de cosas no sucedidas e inventadas, como son –entre otras– la que cuentan de Crono; estas cosas, en efecto, arrastran a muchos a la credulidad. Y una opinión dogmática es la aceptación de un hecho que parece justificarse en virtud de alguna analogía o alguna demostración; por ejemplo, que los elementos de los seres son los átomos o las homeomerías o los elementos mínimos u otras cosas. Nosotros oponemos cada una de estas cosas unas veces contra sí misma y otras contra cada una de las demás. [E. P., I, 148]
Observemos que este tropo, comprende cinco aspectos. El primero alude a un estilo de vida o actitud que nace del asentimiento a cierto punto de vista particular o colectivo. El segundo, tiene que ver con los hábitos y costumbres que manifiestan cierto código de conducta no necesariamente escrito, pero que su incumplimiento conlleva una sanción moral. El tercero señala la obediencia a las leyes en cuanto convenciones respaldadas por sanciones específicas en contra de los que la quebrantan. El cuarto elemento hace hincapié en las creencias míticas sobre
diversos asuntos. Finalmente, el quinto, hace referencia a las concepciones dogmáticas que defienden la aceptación de un hecho que parece justificarse en
virtud de una demostración o explicación científica67
todos dentro del campo de lo concerniente a la ética. Pues bien, en cuanto tropo, la estrategia de inducción de la
epojé respecto de las cuestiones éticas, según los dogmáticos, consiste en oponer
cada uno de estos elementos entre ellos y así mostrar la manifiesta disparidad por lo cual no hay razón alguna para señal cualquiera como más persuasivo que el otro.. Podríamos pensar que esta estrategia, además de inducir la epojé al respecto, señala
la dificultad de asumir los postulados éticos como absolutos dado que sólo son
perspectivas que desde cierto contexto se enuncia. Es decir, se trata de señalar los desacuerdos producto de las diferentes convicciones o formas de vida que puedan tenerse y desde las cuales se dan afirmaciones cuya pretensión absoluta postula cierta manera de asumir la vida, o si se quiere, ciertas conductas que en el ejercicio de contraposición resultan igualmente verosímiles. De esta manera:
“mostrada tal disparidad de cosas no podremos decir cómo es la realidad objetivamente, sino cómo aparece según esta forma de pensar, esta ley esta costumbre y cada uno de los otros criterios. Y por ello, en conclusión, es necesario que mantengamos la suspensión del juicio respecto de la realidad” [E.P., I, 165]
En la introducción a este capítulo anunciamos que nuestra intención era señalar la investigación escéptica de las afirmaciones dogmáticas respecto de las formas de vida, o si se quiere, respecto de las determinaciones éticas dogmáticas. Así pues, en este primer paso, podemos observar que la estrategia del tratamiento escéptico es dirigir la atención hacia los diversas contextos desde los que se enuncian los postulados éticos, o las formas de vida n medio de las cuales se generan formas de pensar. Dada su diferencia no hay criterio alguno para establecer de manera absoluta una suerte de verdad ética. Nos parece que esto es relevante en nuestra indagación pues revela la diversidad de posturas desde las que podría afirmarse o emitirse un juicio y que como tales, están en potencia de asumir –dogmáticamente- la realidad de éstas. Así, si asumimos que lo fundamental o relevante de este tropo
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es su insistencia en el aspecto «relativo a», o si se quiere «en relación con» de las posturas éticas dogmáticas, entonces podríamos pensar que hay un interés en señalar que éstas muchas veces tienen su origen en relación con cierto ámbito moral desde el que se dan tales afirmaciones y por tales, su pretensión absoluta dogmática queda reducida a estos contextos. Así pues, lo que muestra ese tropo es que es posible pensar que las determinaciones que emiten los dogmáticos, más allá de una aparente lógica o racionamiento universal, no son más que extensiones de contexto en medio del cual se emiten y por lo tanto solamente pueden (o acaso podrían) llegar a aspirar a ser aplicables en aquel contexto. De esta manera, respecto de la viabilidad o verosimilitud absoluta de tales determinaciones no habrá más que suspender el juicio al respecto.
Esta forma de tratar las posturas éticas, según nos parece, además de establecer
el aspecto circunstancial en medio de cual se hacen los juicios68
, en este caso, respecto de la ética, abre un problema y es aquel que señala en qué sentido se determina cierta consideración como una postura ética dogmatica y en qué sentido como una simple descripción de conductas o costumbres respecto de algún
contexto; es decir, en qué sentido se habla de un deber ser y en qué de un parece
ser.69
El problema está en establecer en qué momento o ante qué es posible adoptar una actitud escéptica; si ante las posturas aparentemente científicas que determinan
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No nos extraña que se revele el carácter circunstancial respecto del cual se hacen los juicios éticos pues, como ya hemos visto, se nos ha revelado como una mas de las características de la actitud escéptica. Se trata de su tendencia a revelar la investigación en medio de cierta condición o respecto de que hace posible la investigación terapéutica concreta y por lo mismo la apertura investigadora. En este caso, y según como lo vamos a ver a continuación, respecto de la determinaciones éticas, tanto dogmáticas como contextuales.
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M. Nussbaum junto con J. Annas y Hakinson, han referido como a partir de esta suerte de «ética relativista escéptica» la noción de ética de se desplaza de un campo estrictamente normativo a uno descriptivo en donde se suprima todo interés en determinar deber ser alguno más que el que dependa de las formas particulares de convivencia. Sin comprometernos con esta afirmaciones nosotros aceptamos que a partir del carácter escéptico es mucho más difícil aspirar a una ética universal que se sostenga sobre un deber ser o sobre la utilidad por ejemplo. Esto será mucho más claro cuando veamos la investigación que se hace de los supuestos éticos estoicos. Más aún, en las conclusiones generales aspiramos dedicar algunas palabras respecto de la posibilidad de una ética en el escepticismo aun cuando se constituya en forma de vida. Sin embargo, no debe olvidarse que el escéptico no está asumiendo respuesta o posibilidad alguna ante los resultados de la investigación. De ahí que asumir una suerte de ética relativista escéptica es problemático pues se asumiría, además, que el escéptico se compromete con una poción relativista lo cual ya señalamos como errada. Cfr. Ops, cit.
cierto aspecto como absoluto, en este caso respecto de la forma de vida tales como las estoicas, por ejemplo, o ante cualquier postura que pretenda determinar cómo absoluto cierto aspecto, en este caso, respecto de la forma de vida, tal como podrían hacerlo las costumbres o las leyes, que si bien no se erigen como entes con el rigor científico, si parecen establecer ciertos juicios como absolutos. Notemos pues que hacemos la pregunta que ya se nos anunciaba en el capítulo anterior cuando intentábamos establecer a qué se refería Sexto cuanto señalaba que la actitud se
ejercitaba en la contraposición de fenómenos y consideraciones teóricas.70
Entonces se mencionó que si bien el escéptico atiende a lo que se manifiesta y esto comprende tanto las consideraciones teóricas (dogma) como los fenómenos, sólo duda de aquello que se dice del fenómeno, es decir, de las consideraciones teóricas. El mismo Sexto lo expresa de la siguiente forma: “cuando nos dedicamos a indagar si el objeto es tal como se manifiesta, estamos concediendo que se manifiesta y en este caso investigamos no sobre el fenómeno, sino sobre lo que se afirma del fenómeno” [E.P., I, 19] Vale la pena señalar que aunque en la cita respecto del
décimo Tropo se da una determinación de aquello que es dogma71
, nos parece que esta determinación no nos satisface plenamente pues no porque una opinión asuma la determinación científica de la realidad podemos asumir que se trata de un dogma ya que al hacerlo, determinamos que todo aquello que pretende afirmar la realidad de algo es una afirmación de tipo científica, sin embargo es manifiesto que también desde postulados, por ejemplo religioso, se da esta intención. Al establecer que en el conjunto de lo que se manifiesta estamos en potencia de adoptar una actitud
70
El problema por la identidad de Dogma ya está presente en algunas páginas de P. Pellegrin, cfr., PELLEGRIN, P., Op., cit., p. 127 ss. Sin embargo allí no se hace énfasis en el criterio de distinción como nosotros lo intentamos hacer.
71 Ver E. P., I, 148. Advertimos que esta pregunta por el criterio por el cual algo se considera un
dogma excede nuestras capacidades, por lo menos, respecto de los propósitos de esta tesis. Recordemos que hacemos esta pregunta desde la consideración por la investigación de las formas de vida según los dogmáticos y por ende el problema no es el principal. Sin embargo, no desconocemos lo interesante que puede ser esta pregunta pues tal habría de tomar en cuenta no sólo la dignidad de los postulados estoicos, sino además los postulados respecto de lo que se investiga en Adversusmatemáticus y que la tradición medieval ha denominado “artes liberales”. Así pues, dada tales exigencias respecto de la posibilidad de aquella investigación, en nuestra consideración apenas estableceremos una suerte de respuesta que nos permite , como veremos, el tránsito de la investigación de los postulados éticos estoicos a la mención del criterio de acción en el contexto de la forma de vida escéptica
frente a lo que se dice del fenómeno, según lo que hemos mencionando más arriba, nos es posible imaginar que ante toda determinación u opinión estamos en capacidad de asentir o no. Así, respecto de las afirmaciones sobre las formas de vida, no simplemente se investigaría aquello que se afirma desde una poción dogmática, sino también, aquello desde otras tales como las formas de pensar, las costumbres, las leyes, las creencias míticas o las opiniones dogmáticas. Pareciera que la poción escéptica de antemano establece cierta actitud ante los dogmatismos más no, por ende, ante las costumbres o las leyes, aunque estas pretendieran, también, establecer una determinación absoluta de algo. Sin embargo esto nos resulta extraño pues la determinación de dogmatismo no resulta muy clara pues también en le escéptico hay una intención por no caer en una actitud dogmática y para ello despliega una serie de estrategias que lo hacen posible (por lo menos así nos parece) Pero si se identifica dogmático exclusivamente con científico no podríamos hablar de una respuesta terapéutica escéptica al malestar dogmático (como mostramos en el capítulo anterior) pues esta también se hallaría en el ámbito científico y por tal, parecería, que tendría que asumir ciertas exigencias, por lo menos aquellas que no se limitan a lo persuasivo.
Nos parece conveniente en este punto de la tesis mencionar que este problema se ha trabajado por los comentaristas en el contexto de la pregunta por las posibilidades de vivir escépticamente. A nosotros no nos interesa formularnos esa
pregunta pero sí servirnos de algunos de sus aportes para alimentar este problema72
Las dos interpretaciones más relevantes en la actualidad están divididas entre la de
M. Burnyeat y la de M. Frede. El primero, en Can theSceptic Live
72 Desde que asumimos la pregunta por la manera en la que un escéptico vive aspiramos alimentar el
asombro con el que también nos fue entregada dicha pregunta. Sin embargo la pregunta por su posibilidad, nos parece mucho menos interesante pues nos reconocemos como indagadores más que como legisladores. Atender a la descripción de la manera de asumir cierta forma de vida es diferente de juzgarla. Ahora bien, si no basta con esta moción de sinceridad y se nos exige argumentos contundentes que tomen partido respecto de este problema que nosotros mismos hemos reconocido como uno de los fundamentales en los estudios sobre el escepticismo antiguo, a continuación intentaremos establecer algunos puntos que satisfacen dicha inquietud y revelan otra perspectiva del problema. Así, pese a que se asuma que el escéptico se contradice o no, no parece posible argumentar que ya es un modo de vida como podría serlo el estoico pese a que desde la perspectiva del escéptico ésta no sea más que la causante de muchos malestares (como para los estoicos puede serlo la forma de vida escéptica y sus certeras objeciones)
HisScepticism?,ha intentado mostrar que el escéptico pretende vivir sin creencias y para ello se basa solamente en su asentimiento a las apariencias. Esto implicaría, como el mismo autor lo reconoce, la imposibilidad del modo de vida escéptico pues para tal fin, en concordancia con lo que ha postulado, el escéptico se vería obligado a rechazar toda creencia, incluso aquella que pretende establecer un criterio de acción con base en las apariencias, (como efectivamente lo hace Sexto) pues al asumir dicho criterio asumiría también la creencia en dicho criterio aunque
solamente sea aparente.73
Así pues, si asumiéramos la interpretación de Burnyeat respecto del problema que nos acontece, es decir, el criterio de Dogma, tendríamos que asumir que Sexto tomaría como dogma cualquier tipo de asentimiento que en
forma de creencia se presentase bajo la forma «s es p» en dondes está determinado
absolutamente como p y por tal, establecería absolutamente cualquier aspecto de la
realidad desde la creencia, así que investigar una posición dogmática sería investigar toda postura que en forma de creencia la realidad de algo. Sin embargo, establecido así, al asumir que el escéptico investiga los dogmas se hablaría también de que el escéptico investiga las creencias en cuanto aparentes. Así, asumir que finalmente el escéptico procura vivir sin creencias es como afirmar que busca vivir con certezas aparentes o verdades de aquello que no es creencia lo cual, como vimos en el capítulo primero es una interpretación insostenible. Más aún, si se aceptáramos tal forma de aceptar el criterio por algo se considera como dogma, toda afirmación ética caería un dogmatismo por lo cual no habría posibilidad de establecer forma de vida alguna. Sin embargo, el escéptico asume ciertas exigencias o criterio74
en medio de los cuales actúa por lo cual esta interpretación de Burnyeat
no nos sirve. Por el otro lado esta M. Frede quien en TheSceptic’sBeliefs afirma que
las únicas creencias que el escéptico reconoce son la teóricas y por lo mismo es justificable el criterio de acción en cuanto que su ataque se dirige única y exclusivamente hacia aquellas que, como las estoicas, postulan una suerte de
73Cfr. BURNYEAT, Myles, Can the Skeptics Live His Skepticism?, en: “The Skeptical Tradition”,
University of California Press, Berkeley.
74 Por supuesto nos referimos al criterio de acción en donde Sexto condensa las denominadas
exigencias vitales y frente a las cuales investigamos en qué sentido no son tomadas como dogma a pesar de ser, al parecer, diferentes a fenómenos.
verdad mediante un tipo de demostración científica75
Así, si asumiéramos la tesis de Frede entonces podríamos afirmar que es verosímil establecer el criterio de dogma como aquel que se limita a las pociones científicas y por lo cual el criterio de acción se sostendría pues éste refiere a aspectos que no se presentan como determinaciones teóricas cuyos postulados se demuestran uno tras otro, sino que son del sentido común o la cultura. Sin embargo, según anunciamos, si se tomara dogma como aquello exclusivo de la poción científica, en el ataque a la denominada ética estoica, aun cuando esta se presente como ciencia, se revela que no es más que una serie de juicios sin fundamento lo cual iría en contra del rigor y la totalidad que se espera de la ciencia. Esto implica que, en contra de la opinión de Frede, el escéptico no asume