CAPITULO II: MARCO TEÓRICO
4. Modelos explicativos de la violencia de pareja
6.2 La ira y la violencia de pareja
La ira es un estado emocional negativo, puede surgir como una reacción a la vulnerabilidad ante una amenaza, coerción o daño recibido, ya sean reales o imaginarios. El sentir dolor o evaluar la situación como ofensiva, injusta o perjudicial son dos aspectos claves para experimentar ira.
Se caracteriza por malestar y activación, con tendencia al ataque ante la ofensa o daño. La ira se puede expresar hacia afuera con una conducta de agresión dirigida hacia los demás o guardarse para sí sin ser expresada. (Spielberger, Reheiser & Sydeman, 1995). Tiende a tomarse como sinónimo de agresión y hostilidad, por lo que Spielberger, propone el síndrome AHI (agresión- hostilidad-ira), que incluye la respuesta humana en las dimensiones: componente afectivo, cognitivo y conductual (Miguel-Tobal, Casado, Cano-Vindel & Spielberger, 1997; Spielberger, Miguel-Tobal, Casado & Cano 2001).
Recientemente, el estudio de la expresión de la ira ha sido una variable de interés constante, en el estudio de la violencia de pareja, en especial ha servido de eje central en algunas clasificaciones y tipologías de agresores (Eckhardt, Sampler & Murphy, 2008).
Norlander y Eckhardt (2005), realizaron un estudio meta analítico para comparar si la ira y la hostilidad estaba significativamente relacionada a hombres perpetradores de violencia de pareja y en los hombres que no ejercen violencia a hacia la misma, lo que encontraron al incluir treinta y tres estudios y 28 muestras independientes fue que los hombres perpetradores de violencia de pareja (IPV: intimate partner violence), consistentemente reportaron niveles moderadamente más altos de ira y hostilidad que la muestra de hombres no perpetradores de violencia.
Entre algunas de sus conclusiones destacaron como las investigaciones sistemáticamente consideraron como determinante los precursores de la infancia, la influencia social y el contexto interpersonal: la psicopatología del perpetrador.
Aun cuando los autores reportan que desde las investigaciones consideradas parecía obvia la asociación de la violencia con la ira y la hostilidad, encontraron que no siempre se especificaron claramente las diferencias y los resultados mostraban algunas diferencias, en los resultado, sin embargo quedó claro que en muestras de hombres que ejercieron violencia contra su pareja, se podía distinguir entre los hombres violentos y los no violentos en términos de ira y hostilidad.
Los resultados del metaanálisis indicaron que consistentemente y a través de distintos métodos de medición, los hombres agresores hacia la pareja obtuvieron niveles más altos de ira y hostilidad en relación con los no violentos, puesto que fue desconocido si esa diferencia significativa entre unos hombres y otros se debía a la presencia de la violencia per se o a otras variables que potenciaran la ira, se evaluó el papel moderador de la angustia y los resultados siguieron manifestando niveles más altos en los perpetradores
Se han realizado también, investigaciones en población general para determinar si el afecto de ira, desencadena siempre en manifestaciones de agresión, lo que se encontró en una muestra constituida por adultos de población general fue que solo un 10% de comportamientos agresivos ocurrieron en conjunto con una manifestación de excitación por ira, sin embargo respuestas verbalmente agresivas fueron significativamente más comunes, ocurriendo en un 49% de los casos (Avery, 1982 en Norlander & Eckhardt (2005).
Otras investigaciones han sugerido que la probabilidad de comportamiento violento seguido de episodios de ira, correlaciona positivamente con la predisposición individual de experimentar permanentemente ira (Trafate & Kassinove, 2002). Así quienes obtuvieron las puntuaciones individuales más altas de ira, típicamente reportaron más comportamientos agresivos, durante un contexto de episodios de ira.
Existe abundante literatura que ha apoyado el papel de ira y hostilidad en la agresión (Archer, 2004; Averill, 1983; Davery, Day & Howells, 2005; Rodríguez, Peña & Graña, 2002; Ruiz, Smith & Rhodewalt, 2001).
Schumacher, Feldbau-Kohn, Slep, y Heyman, (2001). Realizaron un metaanálisis en donde revisaron la metodología de cinco estudios y se concluyó que la ira y la hostilidad son predictores consistentes de violencia hacia la pareja, en todos los estudios revisados. Estos autores también sugirieron que esta específica relación (Ira-violencia de pareja), puede estar mediada por malestar marital, una de las críticas a estos estudios fue que no se emplearon muestras no violentas para comparar los resultados, en uno de los 5 estudios se encontró la
angustia como mediadora de la ira-hostilidad y solo uno de los estudios incluyó una muestra de no-violencia y se encontró que los niveles de ira y hostilidad eran significativamente menores que los encontrados en la muestra de violentos hacia la pareja.
Eckhardt et al. (2008), estudiaron en una muestra de 190 hombres que ejercieron violencia hacia su pareja los niveles de ira, a través del State Trait Anger Expression Inventory (STAXI), lograron realizar una clasificación en donde se agruparon como: Alta expresión de la ira (HA-E= 56 hombres agresores), Moderada ira inexpresiva (MA-IE= 13 hombres) y Baja ira (AL= 118 hombres agresores).
Estos resultados representan que un 30% de los hombres se caracterizó por un alto nivel del rasgo de ira dirigida hacia el exterior, (HA-E. [Expresión de la ira y poco control de la ira]), el grupo de Baja ira (AL) representó el 60% de los encuestados que reportó niveles normales de la expresión de ira, y el 10% estuvo representado por un grupo pequeño de encuestados que mostró una tendencia a controlar la expresión de la ira, a través de la supresión (control de la ira a través de la supresión).
Sin embargo otros estudios han mostrado diferencias significativas por ejemplo Murphy, Taft & Eckhardt (2007) encontraron que los el porcentaje de hombres que puntuaron alto en HA-E (Alta ira expresiva), fue más alto que el grupo que puntuó con Baja ira (LA).
Los hombres que puntuaron con Alta expresión de la ira (HA-E), también reportaron haber tenido experiencias de abuso durante la niñez, recibieron significativamente más abuso de los padres o cuidadores y también reportaron ser testigos de violencia entre los padres, también se encontró que este porcentaje de hombres reportó mayor consumo de alcohol que los hombres con un nivel bajo de ira (LA).
El grupo de HA-A (Alta expresión de la ira), comparte muchas características con los violentos por trastorno antisocial, al igual que en este trastorno los hombres de la muestra presentan elevaciones significativas de
expresión de ira, deficiente control de la ira y altos niveles de expresión generalizada de ira, además el grupo de HA-A, igual que la personalidad antisocial, presentó problemas relacionados con el alcohol y las drogas (Eckhardt, 2008).
Echeburúa, Sarasua, Zubizarreta, y de Corral (2009), evaluaron a 196 sujetos que participaban voluntariamente en un programa terapéutico, el 55% (108) completaron el tratamiento y el 45%( 88) lo abandonaron. Entre los instrumentos utilizados para el estudio de la personalidad se encontraban: STAXI- 2, (State Trait Anger Expression Inventory) STAI (State-Trait Anxiety Inventory), BDI, (Escala de Depresión de Beck) y EA (Escala de Autoestima). De acuerdo con los resultados obtenidos, encontraron personas que en muchos casos abusaban del alcohol, con baja autoestima, presencia de depresión, los trastornos de personalidad que más se presentaron fue el compulsivo, agresivo y el narcisista.
Se encontró inestabilidad emocional, sobre todo en lo referido al control de la ira, y la ansiedad, presentando altos niveles de manifestación de ira, pobre control y ansiedad.
Loinaz, Echeburúa y Torrubia (2010), en una muestra de 50 hombres de un centro penitenciario quienes participaron voluntariamente en el estudio y habían sido condenados por violencia contra su pareja, realizaron un estudio piloto con el objetivo de realizar una tipología de agresores, se evaluaron la autoestima, la ira, las distorsiones cognitivas y los trastornos de la personalidad, así como la frecuencia y el tipo de violencia, de acuerdo a sus resultados para el tipo de personalidad se establecieron dos grupos, el primero con puntuaciones más altas en todas las escalas de trastornos de la personalidad sobre todo la personalidad antisocial y paranoide, los trastornos narcisistas y el dependiente, no manifestaron diferencias entre los dos grupos.
Con respecto a la ira, se encontró que los miembros del primer grupo que puntuaron más alto en cuanto a personalidad antisocial y paranoide, se obtuvieron niveles más altos de ira, sobre todo en la manifestación de la ira, y pobre control de la misma.
En el 2011, replicaron su estudio, en otra muestra de hombres quienes también se encontraban en un centro penitenciario, esta vez sus resultados fueron diferenciados en 2 grupos. El primer grupo denominado: Normalizado, representó el 43.75% de la muestra y se caracterizó por menor psicopatología, menor distorsión cognitiva y mayor control de su ira.
El grupo denominado: Antisocial, representó el 56.25% de la muestra, aquí se encontraban los hombres con mayor psicopatología (tanto en personalidad como en síndromes clínicos, con mayor distorsión cognitiva, mayor expresión de la ira y una violencia hacia la pareja más compleja (Loinaz, Ortiz-Tallo, Sánchez, & Ferragut, 2011).
El estudio de la ira en la violencia de pareja si bien parece mostrar resultados consistentes en donde la mayoría de las investigaciones concluyen que los hombres maltratadores muestran niveles de ira más elevados que los no violentos otros estudios han encontrado que no existen diferencias estadísticamente significativas, e incluso puntuaciones más bajas en ira en hombres maltratadores (Hastings y Hamberger, 1988).
El papel de la ira es muy importante en la categorización de la personalidad de los individuos que ejercen violencia hacia la pareja, la comparación de los distintos subtipos de los hombres violentos entre sí, e identificar cómo cada tipo de hombre violento se diferencia de los hombres no violentos, podría aumentar la comprensión de la violencia conyugal y ayudar a identificar los diferentes procesos que subyacen en la violencia en la pareja. El desarrollo de una tipología de los hombres violentos permitiría un examen sistemático de cómo y por qué los hombres utilizan la violencia contra la mujer (Torres, Lemos-Giráldez & Herrero, 2013).
Como podemos observar, se presenta un patrón reiterativo a establecer la relación de la ira con la violencia masculina, hay mucho menos estudios analizando esta relación en mujeres.
La literatura muestra que al hablar de la ira y sus manifestaciones en mujeres, se realizan más investigaciones sobre los efectos de la ira para la salud
de la mujer, más que estudios de la dirección que toma la manifestación de la ira, como en el caso de los hombres, cuyo efecto constante parece ser, ejercer violencia hacia otros, principalmente la pareja femenina.
Algunos estudios han indagado acerca de la ira interiorizada o suprimida en mujeres, y los resultados han mostrado una relación directa con síntomas somáticos y enfermedades cardiovasculares (Whiteman, 2006).
Pérez-García, Sanjuán, Rueda & Ruiz (2011) realizaron un estudio con 372 mujeres para analizar las relaciones entre expresión de la ira (ira interiorizada, exteriorizada y controlada y los efectos sobre la salud. Lo que encontraron fue que el grupo de mujeres con una ira más desadaptativa presentaba peor salud cardiovascular, que el resto de las mujeres.
Esta investigación es importante porque destaca el papel de la ira interiorizada en mujeres y predice malestar emocional y síntomas cardiovasculares, en esta muestra también se observó que las mujeres quienes tenían menor control o peor canalización y regulación de los sentimientos de ira, se predijo niveles de presión sanguínea más patológicos.
Se encontró que cuando la ira es experimentada pero no es expresada hacia afuera (control interno de la ira) se encontraban niveles altos de depresión.
La relación de ira internalizada y depresión e ira internalizada y ansiedad ha sido apoyada también por otras investigaciones (Mao, Bardwell, Major, & Dimsdale, 2003; Suls & Bunde, 2005).
Las diferencias por sexos en las manifestaciones de violencia, también arroja pocas investigaciones sin embargo, estudios como el de Sanz, Magán y Paz (2006), reportan datos importantes. Cuando estudiaron la ira rasgo, su relación con la desconfianza y la actitud de enfrentamiento considerando el sexo como variable predictora, los resultados revelaron que sí existen diferencias estadísticamente significativas entre hombres y mujeres (15.6 frente a 13.8 respectivamente F[1259] = 9.38, p<.002), pero no en ira rasgo (9.7 frente a 10.1 respectivamente (F[1259]= .29 ns), o desconfianza (12.5 frente a 11.6 respectivamente (F[1259]= 1.90ns).
En este estudio podemos observar que entre hombres y mujeres la ira como rasgo no presenta diferencias significativas.
Saburido, Gómez, y Egido (1999), realizaron la incidencia de la ira en una muestra transcultural (1093 estudiantes universitarios provenientes de diferentes países: Suecia, España, Francia, EE. UU, Chile, Venezuela, Argentina y Costa Rica) aplicando el STAXI en sus diferentes versiones para cada país. La muestra intracultural se compuso de tres grupos: Un grupo control, un grupo experimental 37 participantes de Universidades y un grupo de riesgo, integrado por 35 sujetos provenientes de centros penitenciarios
En cuanto al análisis de la muestra intracultural, se encontraron diferencias tanto en la ira estado como en la ira rasgo por país, sin embargo para el análisis que nos ocupa, no se considera relevante profundizar sobre estas diferencias por nacionalidad, solo se destaca que el plano social y cultural tiene un papel importante en las manifestaciones y control de ira, como se ha observado anteriormente.
Con respecto a las diferencias por sexo se encontraron diferencias estadísticamente significativas sobre todo en la escala de Ira-estado, las puntuaciones de los hombres resultaron significativamente superiores a las de las mujeres poniéndose de manifiesto que probablemente los determinantes socioculturales y socioeducativos que potencian más en los varones que en las mujeres reacciones de intransigencia, intolerancia, manifestación de la ira.
En las escalas de Ira-Rasgo y Expresión de la ira no se apreciaron diferencias estadísticamente significativas entre hombres y mujeres, coincidiendo con los resultados de Sanz et al (2006).