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1.4 Fundamentos filosóficos y jurídicos de la Revolución Francesa

1.4.2 Jean Jacques Rosseau y el Contrato Social

Será Jean Jacques Rousseau quien va a proponer la idea más determinante, la idea del contrato social en una obra sobre filosofía política que esencialmente plantea la libertad y la igualdad de los hombres que instituyen un estado político para preservar la mayor libertad posible para cada individuo siendo la mayoría la que decida los asuntos públicos a través de la llamada voluntad general. Todo ciudadano es poseedor de unos derechos básicos y la voluntad de la mayoría deberá ser respetada.

El contractualismo había surgido como una corriente filosófica y política que entiende que el origen de la sociedad y del Estado se fundamenta en un contrato original entre los hombres, por el cual se acepta una limitación de su libertad a cambio de las leyes que garantizan la perpetuación del cuerpo social.

La teoría del contrato social que rompe con el naturalismo político planteado por los filósofos clásicos, Platón y Aristóteles, conduce a la aparición del concepto de la igualdad política, formal y material, y esta ya esbozada en la filosofía de Thomas Hobbes para quién el estado de naturaleza no es deseable ante lo cual los hombres ya deben someterse a un pacto de sujeción, a un pacto social por el que los individuos traspasan su libertad y sus derechos a un régimen político que intentará el control contra la violencia, a un soberano cuya misión fundamental es la de proteger la vida de sus súbditos. De forma menos pesimista John Locke entiende que el hombre es racional y atiende a sus propios intereses pero que en ese estado de naturaleza existe una especia de armonía preestablecida, una sociedad

natural en la que los hombres gozan de una relativa paz, de una serie de derechos naturales entre los que se encuentra la libertad y la propiedad privada.

Es en esa filosofía en la que plantea el contrato social como un pacto de unión en el que el soberano se compromete a proteger la vida, la libertad y la propiedad. La finalidad es crear una autoridad que salvaguarda unas autoridades y cuyo fundamento es un contrato basado en un consenso o un acuerdo, que le permite gozar de mayor libertad y seguridad aceptando someterse a la voluntad de la mayoría.

Jean Jacques Rousseau había nacido en Ginebra donde se había exiliado su familia por motivos religiosos y será tutelado por una dama ilustrada -Madame de Warens- volviendo a París en 1745 donde contacta con Diderot a quién ya había conocido en Lyon, y con Voltaire D’Alembert y Rameau contribuyendo al espíritu de la Ilustración por su rechazo a los regímenes autocráticos186.

En 1754 realiza su Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres -Discours sur l'origine et les fondements de l'inégalité parmi les hommes-, también conocido como el "Segundo discurso", en respuesta a un concurso de la Academia de Dijon contestando al mensaje: ¿Cuál es el origen de la desigualdad entre los hombres, y es autorizado por la ley natural? Rousseau analiza dos tipos de desigualdades, naturales o físicas y éticas o políticas. Desigualdad natural implica diferencias entre la fuerza física de un hombre y la de otro y esta desigualdad es un producto de la naturaleza. Rousseau no se ocupa de este tipo de desigualdad y desea investigar la desigualdad moral argumentando que la desigualdad moral es endémica de una sociedad civil y se relaciona con las

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Ernst Cassirer, Rousseau, Kant, Goethe: filosofía y cultura en la Europa del

diferencias de poder y riqueza. Este tipo de desigualdad se establece por convención187.

En su visión de la sociedad civil, el hombre se ha alejado de su "estado natural" del aislamiento y la consiguiente libertad para satisfacer sus necesidades y deseos individuales. Para Rousseau, la sociedad civil es una manipulación realizada por los poderosos contra los débiles con el fin de mantener su poder o riqueza. “El primer hombre que, habiendo cercado un terreno, dijo:" Esto es mío ", y encontró gente tan ingenua como para creerle, aquél hombre fue el verdadero fundador de la sociedad civil. De cuántos crímenes, guerras y asesinatos, de cuántos horrores y desgracias no podría haber salvado a cualquiera humanidad, tirando hacia arriba de las estacas o rellenando la zanja, y gritando a sus compañeros: Cuidado de escuchar a este impostor; ustedes se deshacen si una vez olvidáis que los frutos de la tierra pertenecen a todos nosotros, y la misma tierra de nadie.”188

Para Rousseau los dos principios fundamentales del hombre son la piedad y el amor propio que actuando juntos contribuyen a la preservación de la especie humana a través del tiempo. A diferencia del hombre natural de Hobbes el hombre natural de Rousseau es más o menos como cualquier otro animal, con instinto de conservación casi como única preocupación y los únicos bienes que reconoce en el universo son los de alimentos, una mujer, y el sueño. Este hombre

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Bachofen, Blaise : La Condition de la liberté. Rousseau, critique des raisons

politiques, Paris, Payot, 2002. 188

El primer sentimiento del hombre fue el de su existencia; su primer cuidado, el de su conservación. Los productos de la tierra le proveían de todo, lo necesario; el instinto le llevó a usarlos. El hambre, otros deseos hacíanle experimentar sucesivamente diferentes modos de existir, y hubo uno que le invitó a perpetuar su especie; esta ciega inclinación, desprovista de todo sentimiento del corazón, sólo engendra un acto puramente animal; satisfecho el deseo, los dos sexos ya no se reconocían, y el hijo mismo nada era para la madre en cuanto podía prescindir de ella J.J. Rousseau “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre

los hombres” Segunda Parte. Traducción del Francés Ángel Pumarga Madrid

natural, a diferencia de Hobbes, no se encuentra en constante estado de miedo y ansiedad sino que posee algunas cualidades que le permiten distinguirse de los animales durante un largo período de tiempo.

Lo más importante de esta argumentación es la capacidad del hombre para elegir, lo que Rousseau llama "el libre albedrío", pero la voluntad del hombre libre se ve socavada por su creencia de que el hombre es un ser que actúa siempre de acuerdo con ciertos principios invariables en donde interviene la compasión y asimismo la cualidad de "perfectibilidad", lo que le permite mejorar su propia condición física, la situación del medio ambiente y desarrollar su propia supervivencia,

La creciente regularidad y la convención de contacto del hombre con los demás hombres transfigura su capacidad básica de la razón y la reflexión, su natural o ingenuo amor propio en una dependencia corruptora sobre las percepciones y el favor de los demás. Este amor propio crea un estado que se ve impulsado por el orgullo y los celos en vez del meramente elemental instinto de conservación. Esta adhesión al amor propio tiene cuatro consecuencias: la competencia, la auto-comparación con los demás, el odio y la instancia por el poder. Todos ellos llevan a la construcción de una cínica sociedad civil.

Para Rousseau el hombre es solitario y autosuficiente que trata de autoprotegerse y es entonces cuando el hombre natural establece como propiedad suya alguna cosa, cuando se produce el "principio del mal". Sin embargo Rousseau reconoce la necesidad de la institución de la propiedad y entiende que el gobierno debe ser creado para protegerla. Este Discurso está dedicado al Estado de Ginebra, lugar de nacimiento de Rousseau, y en la dedicación elogia de manera idealizada a Ginebra como buena república, si no perfecta, escogiendo como cualidades para su alabanza: la estabilidad de sus leyes e

instituciones, el espíritu comunitario de sus habitantes, y sus buenas relaciones con los Estados vecinos, así como las mujeres bien educadas de Ginebra.

Otra obra importante es la que Jean-Jacques Rousseau publica en 1762 la obra “Emilio, o la educación” -Émile ou De l'éducation- donde describe la educación ideal abordando los problemas educativos refiriéndose finalmente a la edad adulta y a la educación de la mujer. Esta obra fue censurada y le hizo impopular siendo desterrado de Francia y acogido en Inglaterra por David Hume.

Fue en ese mismo año de 1762 cuando publica su obra más notable, “El Contrato Social o Principios de Derecho Político” -Du contrat social ou Principes du droit politique- que trata sobre la libertad y la igualdad de los hombres bajo un estado asumido por medio de un contrato social. Rousseau establece en el Contrato social una organización social "imparcial" sobre la base de un pacto garantizando la igualdad y la libertad de todos los ciudadanos. Este acuerdo se celebra entre todos los participantes, es decir con el conjunto de los ciudadanos. En el pacto social, cada uno renuncia a su libertad natural para tener una libertad civil.

La soberanía popular es el principio fundamental del contrato social. La indivisibilidad de la soberanía es otro principio fundamental por el cual debemos entender que el poder del soberano no se puede dividir y no se pueden separar por especial interés porque particular interés es contraria al interés general de la investigación, uno de los objetivos del contrato social. Bajo la teoría de contrato social se fundamenta una parte de la filosofía liberal, en especial el liberalismo clásico por su visión filosófica del individuo como fundamental que luego decide vivir en sociedad por lo que necesita del Estado de derecho que asegure las libertades para poder convivir.

Este contrato social, es como una continuación del estado de naturaleza en el que existe la ley del más fuerte. Para Rousseau, la ley

del más fuerte no puede ser un principio rector de la sociedad, ya que es incompatible con el interés público, y por lo tanto con el Contrato Social: "El más fuerte no es nunca suficientemente fuerte para ser siempre el amo, si no transforma la fuerza en derecho y la obediencia en deber”. La disolución del contrato social, es el retorno al estado de naturaleza, primitiva, pre-social, "vana y tiránica".

El contrato social comienza con estas palabras: "Quiero saber si, en el orden civil, puede haber alguna regla de administración legítima y segura, tomando a los hombres tal como son y como las leyes que se encuentren. Yo trato siempre de combinar, en esta investigación, que la ley permite con lo que el interés prescribe, a fin de que la justicia y la utilidad no se encuentren divididos. "189

Rousseau parte de la tesis que supone que todos los hombres nacen libres e iguales por naturaleza. Comienza hablando del estado originario del hombre y afirma que las familias son el primer modelo de sociedad política. Los sucesivos capítulos del primer libro enuncian su pensamiento: “de las primeras sociedades, del derecho del más fuerte, de la esclavitud, para concluir en el capítulo V que es forzoso volver a una primera convención y realizar un contrato social, un pacto social “poniendo cada uno de los otros en común su persona bajo la suprema dirección de la voluntad general” y finaliza dedicando sucesivos capítulos al soberano, al estado civil y a la libertad civil y al dominio real, la propiedad.

En un segundo libro se ocupa sobretodo del concepto de “voluntad general” a cuyo ejercicio lo llama soberanía de la que señala que es inalienable, indivisible, preguntándose si puede errar la voluntad general y planteando los límites del poder soberano que no

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puede traspasar la libertad que por naturaleza tiene el hombre común, continuando con su exposición sobre el derecho, la ley, el legislador, el pueblo, los sistemas de legislación y las clases de leyes. Piensa que la libertad subsiste gracias a la igualdad: “es precisamente porque la fuerza de las cosas tiene siempre a destruir la igualdad, por lo que la fuerza de la legislación debe siempre tender a mantenerla”.

El libro III, el más extenso se ocupa fundamentalmente del gobierno en sus formas. Se refiere al aparato del Estado, al gobierno y sus diversas formas, a la democracia como sistema político, aristocracia y monarquía, gobiernos mixtos, abuso de gobierno, representantes y asambleas. El gobierno muestra el ejercicio legítimo del poder ejecutivo. El poder legislativo, por su parte, siempre pertenece al pueblo y sólo puede pertenecer a él. Rousseau aun considera que la forma de gobierno más adecuada para un país depende del número de habitantes y de su extensión. De este modo, el gobierno democrático conviene a los pequeños estados, el aristocrático a los medianos y la monarquía a los grandes. Entiende que las instituciones deben adaptarse a los tiempos afirmando que "si queremos una institución duradera, no pensemos en hacerla eterna”.

En el libro cuarto comienza hablando de la bondad y rectitud de los hombres sencillos. Éstos no necesita más que pocas leyes. Finaliza el libro con una referencia al pueblo, su fuerza de organización y su poder de decisión, la voluntad general e indestructible, el sufragio, las elecciones, la censura, la religión civil y concluyendo con el diseño de otro contrato de índole exterior que tenga que ver con el derecho de gentes y el derecho público. Su concepto de la soberanía política presenta un carácter radical que lo diferencia claramente de todo el pensamiento anterior. Aunque Rousseau es crítico con los teóricos del contrato social de su propia época y de épocas anteriores, construye su teoría del Estado, sin embargo, sobre la base del contrato social y de la doctrina de la soberanía.

En el Contrato social establece la conocida tesis de que el Estado nace de un pacto o contrato entre los hombres. El hombre vivía un principio en un estado de naturaleza, sin restricción de su libertad natural. La relaciones entre los seres humanos, exentas de toda compulsión, se entablan espontáneamente, sin contiendas ni luchas, ya que todos ellos estaban colocados en una situación de igualdad que generaba la armonía, obedeciendo al orden natural de las cosas.Los hombres han hecho un contrato para garantizar su existencia, su libertad y para conseguir el bien común configurando un sistema de cooperación y de protección mutua mediante una legislación elaborada por el propio pueblo y mediante la ejecución de la misma por parte de un gobierno obligado a rendir cuentas al pueblo.

Esta idea del Estado es realmente revolucionaria, pues ni descansa en la gracia divina ni en un poder autoritario que convierta a los miembros del pueblo en un montón de individuos carentes de libertad: el poder del Estado está basado en un acuerdo libre de los ciudadanos y en que éstos se gobiernan a sí mismos. Sólo un poder de estas características es legítimo para Rousseau.

La radicalidad de esta idea de la soberanía reside en su carácter intransferible. Para Rousseau la soberanía procede del pueblo y ahí tiene que seguir residiendo siempre. No se la puede transferir a nadie distinto del propio pueblo y no se la puede trocear. Este carácter intransferible implica la negación de cualquier forma de delegación de la soberanía popular a representantes que actuaran por ella y en vez de ella: un pueblo que delega su poder en representantes deja de ser libre.190

El núcleo de la soberanía es la legislación, que según él está reservada exclusivamente al pueblo sin necesidad de diputados, parlamentos u otras instancias intermedias. Junto al pueblo soberano

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hay un gobierno para la ejecución de las leyes, el cual es simplemente un órgano ejecutor del legislador, obligado a rendir cuentas al pueblo soberano y susceptible de ser revocado en todo momento. A este pueblo soberano que se gobierna a si mismo con leyes lo denomina Rousseau República. Es decir, Rousseau llama “república” a todo estado o cuerpo político gobernado por leyes, cualquiera que sea su forma de administración, porque entonces sólo gobierna el interés público. Sólo el gobierno republicano es legítimo191.

Para Rousseau lo que ha de prevalecer es la voluntad general que es diferente a la voluntad de los individuos y a la suma de esas voluntades. Es superior, se identifica con el deseo colectivo y racional, que lleva el bien común, que es la finalidad del contrato social. La ley que derive de esto es la expresión de esa voluntad general, su forma de expresarse. La voluntad genérica es la que más se identifica con el hecho de ser hombre, la que tiene valor, se identifica con la voluntad general. Los hombres no se entregan algo extraño, sino realizar su voluntad genérica. Esto es el paso del liberalismo a la democracia. La voluntad general especificar el poder político, la voluntad particulares el propio bien de cada individuo y la voluntad genéricas preocuparse por los demás. A través de la voluntad general se persiguen los objetivos de la voluntad genérica.

La libertad, para Rousseau, es hacer que la voluntad genérica domine sobre la voluntad particular para ser auténticamente libre. Así, con el contrato social se consigue la libertad de un beneficio añadido: ser libre en moralidad en virtud.

La legitimidad consiste, en definitiva, en estar vinculado a la voluntad de los ciudadanos, que se manifiesta en las leyes, las cuales son asunto de la voluntad general, que es precisamente donde los ciudadanos como tales se funden en una persona pública. Este

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gobierno de leyes -legítimo o republicano – puede conocer distintas formas de gobierno o de ejercer el poder ejecutivo, y lo que destaca Rousseau es que este gobierno que ejerce el poder ejecutivo tiene que ser distinto del cuerpo político o soberano, pues señala que “no es bueno que quien hace las leyes las ejecute él mismo”. Ahora bien, el gobierno ejecutor de las leyes está subordinado al poder legislativo. De no ser así no habría una constitución, sino una situación de anarquía.

Al entender la república como gobierno de las leyes y al ser posibles varias “formas de administración”, Rousseau está estableciendo claramente una distinción entre república y democracia. La democracia es, junto con la aristocracia, la monarquía y el gobierno mixto, una forma concreta de gobierno -es decir, de ejecución de las leyes-, a la que Rousseau no le concede realmente muchas oportunidades. Democracia es para él una forma concreta de la ejecución de las leyes, en la que la mayoría de los ciudadanos están gobernando, si bien la legislación sigue estando en manos del pueblo. Dicho de otra manera, democracia es la forma de República o de Estado, en la que el pueblo soberano le encarga el gobierno –o ejecución de las leyes- a todo el pueblo o la parte mayor del pueblo192. El propio Rousseau ve este tipo de gobierno muy difícil. En el capítulo dedicado a la democracia en el Contrato social dice Rousseau que, por un lado, el que hace la ley sabe mejor que nadie cómo debe ser ejecutada e interpretada. Pareciera entonces que la mejor constitución sería aquella en la que el poder ejecutivo estuviera unido al legislativo. Pero añade en seguida que no es bueno que el que hace las leyes las ejecute, ni que el cuerpo del pueblo desvíe su atención de