Walter L. Arias Gallegos1
Universidad Católica San Pablo, Arequipa, Perú
Recibido 15 de Abril 2012, Revisado 19 de Abril 2012, Aceptado 05 de Mayo de 2012
RESUMEN
El objetivo del presente trabajo fue establecer la relación que existe entre el estrés laboral y el consumo de dos sustancias psicoactivas (SPA): el alcohol y el cigarro. Se evaluó a una muestra de 330 trabajadores (264 varones y 66 mujeres) con un rango de edad de 18 a 55 años, que laboran en cinco empresas de Arequipa. Como instrumentos de investigación se utilizaron el Cuestionario de Estrés Laboral de Robert Karasek, el Test de Identifi cación de desórdenes de uso de Alcohol (AUDIT) y el Test de Fagerstrom para detectar tabaquismo. Los resultados muestran que existe un elevado consumo de alcohol en la muestra estudiada. El 26.51 por ciento de los sujetos cumple los criterios diagnósticos de una dependencia alcohólica. Se encontró además, una relación positiva moderada entre el estrés laboral y el consumo de alcohol, mientras que el consumo de cigarros no tiene una relación estadísticamente signifi cativa con el estrés laboral.
Palabras clave: Sustancias Psicoactivas, estrés laboral, consumo, dependencia.
ABSTRACT
Th e aim of the present work was to establish the relation between job stress and two psychoactive substances use (PAS): alcohol and cigarettes. We tested a sample of 330 workers (264 males and 66 female) with an age range of 18 and 55 years old, who work in fi ve businesses in Arequipa City. As research instruments there were used, Robert Karasek’s Job Stress Questionnaire, Alcohol Use Disorder Identifi cation Test (AUDIT) and Fagerstrom Test. Th e results show high alcohol use in the sample tested. Th e 26.51 percent of subjects has alcohol addiction according to AUDIT’s calcifi cation criteria. It was found in addition, that exist a medium positive relation between job stress and alcohol use, but cigarettes use and job stress have no statistical signifi cance relation.
Key words: Psychoactive substances, job stress, use, addiction.
1 Contacto: [email protected]
Walter L. Arias Gallegos
INTRODUCCIÓN
De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (Organización Mundial de la Salud, 2004) el 8.9 por ciento de la morbilidad mundial se asocia con el consumo de sustancias psicoactivas (SPA). El tabaco supuso 4.1 por ciento de dicha carga y el alcohol 4 por ciento, mientras que las drogas ilícitas el 0.8 por ciento. Esto no es más que un indicador de que el consumo de SPA tiene un efecto negativo en la salud, con desenlaces muchas veces mortales. Por ejemplo, en Argentina 32 por ciento de las muertes y 28 por ciento de morbilidad por lesiones no intencionales registradas en las salas de emergencia son atribuibles al consumo de bebidas alcohólicas (Alderete & Bianchini, 2008). De hecho, las muertes relacionadas con el consumo de alcohol ocupan el tercer lugar entre las principales causas de muerte después del cáncer y las enfermedades del corazón (Bravo et al., 2005).
El consumo de alcohol empero, no sólo es un problema de salud, sino que es también un proble- ma social. En un estudio realizado en Cali, se muestra que la mayor prevalencia de SPA se encontró en suicidios (47.8 por ciento), seguido de homicidios (35.2 por ciento) (Bravo et al., 2005). De este modo, las SPA constituyen un factor de riesgo psicosocial. Los factores psicosociales son considera- dos como “eventos y/o condiciones de carácter psicológico y social que tienen una relación directa o indirecta con otros fenómenos o comportamientos y que pueden ser de orden causal, precipitante, predisponente o simplemente concurrente de los mismos, de acuerdo con su presencia o ausencia en circunstancias concretas” (Varela, Salazar, Cáceres, & Tovar, 2007, p. 32). Como factores sociales que se relacionan con el consumo de SPA se tienen el funcionamiento familiar, el contacto o cer- canía con personas consumidoras y la satisfacción de las relaciones interpersonales. Como factores psicológicos que se relacionan con el consumo de SPA se encuentra la baja autoestima, el escaso autocontrol, la falta de habilidades sociales y el uso de técnicas poco eficaces de afrontamiento.
En este contexto, la adolescencia constituye uno de los periodos más vulnerables para el consu- mo de SPA (Herrera, Wagner, Velasco, Borges, & Lazcano, 2004). Por ejemplo, el ser mayor de 40 años y tener mayor nivel educativo se asocia con un bajo riesgo de consumo de alcohol (Alderete & Bianchini, 2008), y podemos decir que con otras SPA, ya que el 50 por ciento de hombres y el 9 de mujeres de países en desarrollo son fumadores, mientras que el 35 por ciento de varones y el 22 por ciento de las mujeres de los países desarrollados son fumadores (Organización Mundial de la Salud, 2004). Llama la atención que en los países desarrollados, el índice de consumo de cigarros en mujeres casi triplica el índice de consumo de mujeres de países en vías de desarrollo. Creemos que la respuesta se encuentra en las diferencias culturales, ya que este hallazgo supone que, a medida que las mujeres adquieren mayor independencia socioeconómica, sus patrones de consumo de SPA se asemejan más a los de los varones.
Un hecho preocupante, es que los índices de consumo de SPA legales va en aumento, a tal punto que para el caso del alcohol, el 5.9 por ciento de la población urbana de México de 18 a 65 años, cumple con los criterios de dependencia al alcohol. Además, el consumo es más prevalente entre varones que entre mujeres: el 12 por ciento de hombres y el 2 por ciento de mujeres mostraron un consumo peligroso de alcohol (Caraveo, Colmenares & Saldívar, 1999). En el Perú, los índices de alcoholismo son también elevados, a tal punto que el Ministerio de Salud considera cuatro des- órdenes psicológicos como ejes prioritarios dentro del Programa Nacional de Salud Mental. Estos desórdenes son: trastornos de ansiedad, trastornos del estado del ánimo (depresión), alcoholismo y violencia intrafamiliar. Desórdenes todos estos que se relacionan entre sí, ya que en muchos casos se aprecia comorbilidad entre dos o más de estos cuadros clínicos. Por otro lado, aunque el consumo de alcohol y de cigarrillos, está permitido legalmente, su consumo se asocia con el riesgo de utiliza- ción de drogas ilegales (Herrera, et al., 2004).
Existen diversas hipótesis que explican el uso excesivo o adictivo de las SPA. Para el caso del ci- garrillo, algunos estudios sugieren que la nicotina favorece el aprendizaje (Arroyo, Aldea, Fuenteal-
ESTRÉS LABORAL Y CONSUMO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS (SPA) DESDE UN ENFOQUE DE LA SALUD OCUPACIONAL
ba, & García, 2002). Este hallazgo explicaría por qué diversas personas que realizan actividades de tipo intelectual, suelen fumar. El alcohol que también tiene impacto en el sistema nervioso central (SNC), y en particular en el cerebro, es capaz de atravesar la barrera hematoencefálica (BHE) en un 90 por ciento (Arias, 2005). Sus efectos activan los sistemas neuronales motivacionales que normal- mente son activados por estímulos como la comida, el agua, el peligro y la pareja. De modo que el cerebro es engañado, respondiendo como si el alcohol fuera una sustancia biológicamente necesaria. (Organización Mundial de la Salud, 2004).
También se ha relacionado el consumo de SPA con las técnicas de afrontamiento, de modo que en las mujeres prevalecen respuestas de afrontamiento por descarga emocional y búsqueda de apoyo, mientras que en los varones predominan respuestas de aproximación frente al estrés laboral (Garce- te, 2008), que incluyen el consumo de SPA. En ese sentido, algunos estudios han asociado el consu- mo de SPA con personalidades psicopáticas (Sandín, 1995). Dado que en los varones las conductas psicopáticas y agresivas son más prevalentes que en las mujeres, es posible que exista una relación personalidad-estrés-estilo de afrontamiento.
Precisamente, otra hipótesis –que pretende ser demostrada en este estudio– supone que el con- sumo de SPA como el alcohol o los cigarrillos, reduce la tensión emocional (Cuenya, 2006). Así por ejemplo, el estrés se ha asociado con el consumo de alcohol, el tabaquismo y el uso de drogas ilegales (Ríos & Godoy, 2005). En los EE.UU. el 50 por ciento de las personas con algún trastorno mental padece también de dependencia a SPA en comparación con un 6 por ciento de la población general (Organización Mundial de la Salud, 2004).
Otras investigaciones informan que el estrés y el síndrome de Burnout han sido relacionados con el consumo de drogas (Barreiro et al., 2001). Las SPA y su consumo se relacionan también con di- versas alteraciones psicológicas como la ansiedad, la depresión y el estrés. Algunos estudios reportan que los sujetos con alto nivel de estrés se asociaron con síntomas de depresión (Martínez, Medina & Rivera, 2005). La Organización Mundial de la Salud (2004) ha reportado que un 80 por ciento de personas que tiene dependencia al alcohol tiene síntomas de depresión. Esta relación alcohol- depresión es coherente con el hecho de que la acción psicofisiológica y farmacodinámica del alcohol es fundamentalmente depresiva (Arias, 2005).
Ahora bien, el consumo de SPA puede verse mediado por el estrés laboral. Según Hernández, Romero, González de Rivera, & Rodríguez (1997), los conflictos laborales predicen una amplia variedad de desórdenes psicopatológicos como el consumo de SPA. Asimismo, los efectos negativos del estrés en el trabajador pueden ser fisiológicos, cognitivos y motores; dentro de los que se ubica el consumo de SPA (Rodríguez, Roque & Molerio, 2002). Lucas Cuenya (2006) obtuvo resultados similares: los jóvenes que presentaron un consumo moderado de alcohol tenían mayores puntua- ciones en las medidas de estresores ocupacionales. También se encontró que el soporte social se correlaciona negativamente con dichos estresores de tipo laboral.
Así pues, entre los factores estresantes en el trabajo se tiene aquellos que son intrínsecos al pro- pio trabajo, los relacionados con el desempeño de roles, con las relaciones interpersonales y con la estructura organizacional (Rodríguez, et al., 2002). Pero como indica Garcete (2008) no pueden obviarse otros factores como la inestabilidad laboral, la insatisfacción en el trabajo, la sobrecarga laboral, el clima organizacional y la desocupación. En ese sentido, cabe mencionar que entre los desempleados se ha reportado un incremento del consumo de marihuana, cocaína y alucinógenos (Valencia & Pérez, 2005).
El área laboral y el tipo de trabajo es otro factor de riesgo de consumo de alcohol y drogas. Algu- nos estudios reportan que los médicos tienen mayor consumo de drogas que otros grupos profesio- nales (Martínez, et al., 2005), aunque otros profesionales del sector salud también están incluidos en esta lista. Por ejemplo, un estudio de Otero, Huerta y Duro (2008) informó que el personal
Walter L. Arias Gallegos
médico presenta mayores probabilidades de padecer trastornos adictivos, mientras que de acuerdo con Barreiro et al. (2001) un alto porcentaje de los anestesiólogos de Uruguay consumen SPA.
Más allá de las diferencias entre los grupos profesionales, en la Argentina, un estudio reciente reportó que de 5.000 trabajadores 700 consumía drogas, con negativas y diversas consecuencias en las actividades productivas (Valencia & Pérez, 2005). En Estados Unidos, se estima que el 10 por ciento de la fuerza laboral tiene problemas de alcoholismo y que ello representa un costo de 9 mil millones de dólares anuales para la economía de ese país y de las empresas (Schultz, 1998).
La seguridad en el trabajo se ve seriamente vulnerada por el consumo de SPA. Carreño, Medina, Martínez, Juárez, y Vázquez. (2006) reportaron que en 277 trabajadores que laboran en una texti- lería mexicana, el consumo de alcohol se relacionaba con el estrés y los accidentes relacionados con el uso de maquinaria. Otras cifras sugieren que del 15 al 30 por ciento de los accidentes laborales se deben al consumo de drogas y del 20 al 25 por ciento de los accidentes afectan a personas que se encuentran intoxicadas.
La Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), ha reportado que en el Brasil, el consumo de alcohol se relacionaba con el 50 por ciento de ausentismo. Además los riesgos de acci- dentes se quintuplican en los centros de trabajo. El consumo de SPA se relaciona con el 15 o 30 por ciento de accidentes laborales, se multiplican por 8 los gastos de hospitalización y se triplica el uso de seguros sociales (Valencia & Pérez, 2005).
Todas estas cifras sugieren que es vital atender al problema del consumo de las SPA, ya que traen consecuencias nefastas para la salud de quien las consume y para las empresas que soslayan su impor- tancia en el proceso de producción. En ese sentido es fundamental entender que los recursos huma- nos constituyen un recurso estratégico como capital humano. Si como hemos dicho el deterioro de la calidad de vida laboral en una determinada organización y los niveles de estrés pueden repercutir negativamente sobre sus RR.HH. (Rodríguez, et al., 2002), es necesario dar un viraje al enfoque con que se hace empresa en América Latina, para invertir en el trabajador a través de medidas y dis- posiciones preventivas que contribuyan con su salud ocupacional y la seguridad en el trabajo.
El presente trabajo tiene por objetivo el analizar la relación que presumiblemente existe, entre el consumo de SPA y el estrés laboral en diversas empresas e industrias de Arequipa.
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