§ 11. El reclamo
Un filibustero, misógino, homofóbico y xenófobo con- sumado fue elegido presidente en Estados Unidos en 2016; en el plebiscito del 2 de octubre en Colombia las víctimas del conflicto armado con las FARC-EP fueron derrotadas por esa otra parte de “colombianos” que además de indife- rentes e indolentes, no han tenido que poner su sangre, su carne y sus vidas en la guerra; el 1% de la población mun- dial acumula lo que el 99% necesita (cf. Stiglitz 2012); a esta misma hora, mientras usted lee, un muchacho, o muchos, vende bolsas de basura en la búsqueda de la sobreviven- cia, en lugar de estar en un salón de clases aprendiendo aritmética, poesía, biología, historia, Filosofía, o en dos palabras, ciencia y artes. ¿Por qué la humanidad parece persistir en el hundimiento de sus propios abismos maqui- nados? Ensayaré aquí una respuesta que tiene sus líneas supeditadas a la educación.
Verdad, bondad, justicia, belleza, libertad, autodeter- minación, posibilidad, oportunidad, virtud, responsabili- dad, reconocimiento y vida, son especies del bien supremo al que la humanidad puede tender por derecho propio. Son intencionalidades cumplidas que han buscado colmar el plano de satisfacción de sentido. Es decir que se fundan en actividades en tanto que tales especies del más perfecto de los bienes son observables en los actos respectivos del saber, del amar, de la equidad, de los actos estéticos, libres, autoconscientes, razonables, equilibrados, responsables, donadores de sentido original y protectores del otro. Se
puede deducir entonces que el bien supremo es el conjunto, el tejido de actos que le consiguen al ser humano la exce- lencia, que lo hacen ser, en una semántica perfecta de lo que es racional, más hombre. Para que esto sea una reali- dad como se la ha atestiguado en los hombres buenos y no una ausencia o un vicio como también se puede ver en los que son malos, si y solo si, sin detrimento de otras esferas de posibilidad importantes como son la familia y la expe- riencia de lo divino, es una necesidad para todos los niños un Prometeo. O varios. Y puede que con mayor relieve sea vital para los jóvenes y en el mismo nivel para los adultos, pero con otras características.
No sé si la comprensión que voy a esgrimir sobre el mito que a Prometeo remite haya sido elaborada antes o si hay alguna que se acerca. Aténgase el lector solo a los atributos que tomo en préstamo de las presentaciones que Hesíodo (cf. 1995, 2000, 2005, 2008), Esquilo (cf. 2000), Platón (cf. Platón 1871 [320d-321d] 15-92) y otros como Goethe (1893), hacen a la historia en tema. Solo a ellos porque con base en los mismos es que elaboro un conjunto de metá- foras y analogías que van apareciendo en el devenir de las ideas que siguen.
Dicha comprensión sobre el relato es, por un lado, metafórica —como lo acabo de insinuar—, y por otro, feno- menológica. La metáfora una vez la intuitividad ha hecho su labor que es la de poner los objetos ante mí22, es una
22 A este respecto no hay mejor explicitación que esta: “No hay teoría concebible capaz de hacernos errar en punto al principio de todos los principios: que toda
producción del lado afectivo y estético de la racionalidad, es, dice Jorge Luis Borges, “Síntesis de dos o más imágenes en una, que ensancha de ese modo su facultad de sugeren- cia” (1997 128). Dice también que el ejercicio metafórico es la inquisición de atributos comunes en los dos térmi- nos de la imagen, cualidades o atributos que son por todos conocidos “pero cuya coincidencia en dos conceptos leja- nos no ha sido vislumbrada hasta el instante de hacerse la metáfora” (1993 132). Unos ejemplos de metáfora son los siguientes que tomo prestados del grande, dice Gabriel García Márquez (cf. 2014 214), el más grande de los poe- tas, Pablo Neruda: “Y el verso cae al alma como al pasto
intuición en que se da algo originariamente es un fundamento de derecho del conocimiento; que todo lo que se nos brinda originariamente (por decirlo así,
en su realidad corpórea) en la ‘intuición’, hay que tomarlo simplemente como se
da, pero también sólo dentro de los límites en que se da. Vemos con evidencia,
en efecto, que ninguna teoría podría sacar su propia verdad sino de los datos originarios. Toda proposición que no hace más que dar expresión a semejantes datos, limitándose a explicitarlos por medio de significaciones fielmente ajustadas a ellos, es también realmente, como hemos dicho en 1as palabras iniciales de este capítulo, un comienzo absoluto, llamado a servir de fundamento en el genuino sentido del término, es realmente un principio [Aim Prinzip aller Prinzipien: daß jede originär gebende Ainfchauung eine Rechtsguelle der
Erkenntnis fei, daß alles, was fleh uns in der »Intuition« originär, (fozufagen
in feiner leibhaften Wirklichkeit) darbietet, einfach hinzunehmen fei, als was
es fich gibt, aber auch nur in den Schranken, in denen es Fich da gibt, kann
uns keine erdenkliche Theorie irre machen. Sehen wir doch ein, daß eine jede ihre Wahrheit felbft wieder nur aus den originären Gegebenheiten fchsöpfen könnte. Jede Ausfage, die nichts weiter tut, als folchen Gegebenheiten durch bloße Explikation und genau Fich anmeffende Bedeutungen Ausdruck zu verleihen, ift alio wirklich, wie wir es in den einführenden Worten diefes Kapitels gefagt haben, ein abfoluter Anfang, im echten Sinne zur Grundlegung berufen, principium]” (Hua III 1993 58 [43-44; esta paginación corresponde a la publicación de la obra Ideas primer libro en el Jahrbuch für Philosophie und
phänomenologische Forschung, 1913]).
el rocío” (Neruda 2003 42); estas en otro poema: “Aban- donado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue nau- fragio!” (Id. 43). Dos ejemplos más tomados ahora de una obra ensayística de Octavio Paz: “El tiempo de amor no es grande ni chico: es la percepción de todos los tiempos en uno solo, de todas las vidas en un instante” (1997 212); “Vestido o desnudo, el cuerpo es una presencia: una forma que, por un instante, es todas las formas del mundo” (Id. 197). O apegándose a la tesis sustentada en el título que del poeta mexicano echo mano: el amor y el erotismo constituyen la llama doble que siempre ha de regresar al fuego original, a Pan y a su alarido que hace temblar la selva (Id. 200).
Fenomenológica también porque, además de estar fundada esta disertación en la luz de la obra de Franz Brentano y en la de Edmund Husserl en mayor medida, voy a reclamar a los profesores a quienes voy a exigir la altura de Prometeo —he aquí la metáfora aunque todavía coja—, el acto de retroceder hasta los modos de conciencia (cf. Hua IX) en los que han constituido el significado de su trabajo para observar qué tan genuina es su vivencia interna, íntima, de lo que son y los compromisos que tie- nen por ser profesores.