Periodista y Pastor evangélico
B) El éxodo
La escapada de Moisés al desierto tras ha- ber dado muerte al egipcio y la posterior salida del pueblo hebreo, episodios que se cuentan en el libro del Éxodo, están repre- sentados en Cien años de soledad por la huida de Riohacha de José Arcadio Buen- día y su gente. Después de matar a Pruden- cio Aguilar atravesándole la garganta de una lanzada, José Arcadio Buendía no lo- graba tranquilizar su conciencia. Harta de verlo sufrir, su mujer, Úrsula, le dice:
«Está bien, Prudencio. Nos iremos de este pueblo, lo más lejos que podamos, y no regresaremos jamás. Ahora vete tranquilo.
Fue así como emprendieron la travesía de la sierra. Varios amigos de José Arca- dio Buendía, jóvenes como él, embulla- dos con la aventura, desmantelaron sus casas y cargaron con sus mujeres y sus hijos hacia la tierra que nadie les había prometido» (página 29).
La llegada de los peregrinos a su punto de destino parece calcada del capítulo 34 de Deuteronomio:
«Una mañana, después de casi dos años de travesía, fueron los primeros mortales que vieron la vertiente occidental de la sierra. Desde la cumbre nublada contem- plaron la inmensa llanura acuática de la ciénaga grande, explayada hasta el otro lado del mundo» (página 30).
C) Las plagas
En los capítulos 7, 8, 9, 10, 11 y 12 del li- bro del Éxodo, segundo en el catálogo bí-
blico, se relatan las diez plagas que Dios desencadenó para obligar al faraón de Egip- to a dejar salir de sus dominios al pueblo he- breo. Aunque estas plagas se relacionan con fenómenos naturales, revisten en mayor o menor grado el carácter poderoso y milagro- so de Dios.
Ana María Velasco, Función de lo mítico en «Cien años de soledad», Universidad de Ca- lifornia, Los Ángeles 1992.
Para Ricardo Gullón, el paralelo entre las plagas de Egipto y las plagas que padece Macondo «salta a la vista». [14]
Macondo padece la plaga del insomnio, la plaga de las guerras civiles, la plaga del ol- vido, la plaga de la solapada invasión norte- americana, la plaga del banano y otras. Dice Gullón que
«la variante introducida por García Már- quez no afecta a la sustancia, sino a la ex- tensión de la condena. En la Biblia sólo son castigados los dominadores; en Ma- condo también los sometidos, los conta- giados». [15]
D) El diluvio
Aceptando el lenguaje hiperbólico de San Juan, en el mundo no cabrían los libros que se han escrito acerca del diluvio del que nos habla la Biblia en los capítulos 6, 7 y 8 del Génesis. [16]
La inundación catastrófica que según la Biblia tuvo alcance universal duró unos 400 días, de acuerdo a los análi- sis más fiables que se han hecho del texto bíblico.
En Cien años de soledad el diluvio azota Macondo a raíz del asesinato ordenado por la compañía bananera. No es Dios quien lo desencadena, sino el norteamericano y todopodero- so Mister Brown. Esto es, al menos, lo que cree el pueblo. Y su duración sobrepasa el tiempo del diluvio bíbli- co, según García Márquez:
«Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo se puso sus ropas de pontifical y se compuso una cara de convaleciente para ce- lebrar la escampada, pero pronto se acostumbraron a interpretar las pau- sas como anuncios de recrudeci- miento. Se desempedraba el cielo en unas tempestades de estropicio, y el norte mandaba unos huracanes que desportillaron techos y derriba- ron paredes, y desenterraron de raíz las últimas cepas de las plantacio- nes» (página 269).
E) El Apocalipsis final
Cien años de soledad resume en un si- glo los 1.600 años de historia bíblica. García Márquez inicia su obra en un hipotético paraíso en el que «el mun- do era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre» y lo finaliza en un apocalipsis de destrucción y de- solación.
Las últimas líneas de la novela dicen que «Macondo era ya un pavoroso re- molino de polvo y escombros centri- fugados por la cólera del huracán bí- blico» (página 352).
En un contexto rigurosamente apoya- do en la Biblia, el narrador presenta a Macondo «podrido por la lluvia, rese- co y pulverizado por la sequía y el ca- lor». Sólo falta el apocalíptico ángel exterminador que completará el ciclo del caos al caos.
Es entonces cuando el monstruo del Apocalipsis desencadena su fuerza: La «potencia ciclónica arrancó de los
quicios las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería orien- tal y desarraigó los cimientos» (pági- na 352).
No hay un solo personaje en la Biblia, conocido o anónimo, que no haya inspirado a escritores de todos los tiempos. Desde que el hombre aprendió a escribir, la figura de Adán ha constituido un motivo constante de reflexión.
En Cien años de soledad Adán sinteti- za la acción central de la novela. Para Germán Darío Carrillo, «en circuns- tancias semejantes en las que Dios hi- ciera entrega del Paraíso a Adán, asi- mismo parece entregar expresamente Macondo a los Buendía». [17]
«José Arcadio Buendía soñó esa no- che que en aquel lugar se levantaba una ciudad ruidosa con casas de pare- des de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia so- brenatural: Macondo. Al día siguiente convenció a sus hombres de que nun- ca encontrarían el mar. Les ordenó derribar los árboles para hacer un cla- ro junto al río, en el lugar más fresco de la orilla, y allí fundaron la aldea» (página 30).
Esa aldea dada a los Buendía median- te un sueño de «resonancia sobrenatu- ral», constituye un símbolo del paraí- so que Dios puso a disposición de la primera pareja humana.
La caída de Adán y Eva se representa en la novela por la ruina física y mo- ral de los Buendía, especialmente en la pasión amorosa que unió a Aure- liano Babilonia y Amaranta Úrsula. Los dos amantes:
«Perdieron el sentido de la realidad, la noción del tiempo, el ritmo de los hábitos cotidianos… Se revolcaban en cueros en los ba- rrizales del patio… Amaranta Úr- sula comandaba con su ingenio disparatado y su voracidad lírica
aquel paraíso de desastres… Se en- tregaron a la idolatría de sus cuer- pos, al descubrir que los tedios del amor tenían posibilidades inexplo- radas, mucho más ricas que las del deseo» (página 343).
La caída de los Buendía, dramatizada en Arcadio y Amaranta Úrsula, es re- flejo fiel de la caída en pecado de la humanidad como consecuencia del castigo impuesto por Dios a Adán y Eva. Que García Márquez redactó este párrafo teniendo a la vista el primer capítulo de la epístola escrita por San Pablo a la Iglesia en Roma, resulta del todo evidente al comparar ambos tex- tos.
No se agota aquí el análisis de la in- fluencia bíblica en Cien años de sole- dad. Faltan por citar sucesos e imáge- nes de claras connotaciones bíblicas, como la canastilla que simboliza la salvación del niño Moisés en las aguas del Nilo.
Fernanda, para esconder la proceden- cia del hijo de Meme, dice que ha sido encontrado en una canastilla. Cuando le replican que nadie la creerá, res- ponde con sarcasmo:
–«Si se lo creyeron a las Sagradas Escrituras, no veo por qué no han de creérmelo a mí» (página 256). Están también los discos anaranjados que recuerdan las visiones de Eze- quiel y otros episodios semejantes. Igualmente podrían rastrearse las pá- ginas de la novela a la caza de citas li- terales de la Biblia.
Pero a nuestro entender, los puntos expuestos son suficientes para estable- cer la influencia de la Sagrada Escritu- ra en Cien años de Soledad. Lo cual tampoco extraña, porque desde El Quijote de Cervantes a El Paraíso Per- dido de Milton, desde La divina co- media de Dante a las obras más cita- das de Shakespeare, la Biblia ha veni- do ejerciendo una influencia perma- nente y de primer orden en la literatu- ra de todos los tiempos y de todos los pueblos. (Continuará). R
I. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: DIOS EXISTE EN MACONDO
(#2)
[14] Gullón, obra citada, página 53. [15] Gullón, obra citada, página 57. [16] Juan 21:25.
[17] Germán Darío Carrillo, obra citada, página 22.
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Historia y Literatura Historia y Literatura
EL SUEÑO
DE LA RAZÓN
Una radiografía al alma de escritores famosos
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Juan A. Monroy
Periodista y Pastor evangélico
B) El éxodo
La escapada de Moisés al desierto tras ha- ber dado muerte al egipcio y la posterior salida del pueblo hebreo, episodios que se cuentan en el libro del Éxodo, están repre- sentados en Cien años de soledad por la huida de Riohacha de José Arcadio Buen- día y su gente. Después de matar a Pruden- cio Aguilar atravesándole la garganta de una lanzada, José Arcadio Buendía no lo- graba tranquilizar su conciencia. Harta de verlo sufrir, su mujer, Úrsula, le dice:
«Está bien, Prudencio. Nos iremos de este pueblo, lo más lejos que podamos, y no regresaremos jamás. Ahora vete tranquilo.
Fue así como emprendieron la travesía de la sierra. Varios amigos de José Arca- dio Buendía, jóvenes como él, embulla- dos con la aventura, desmantelaron sus casas y cargaron con sus mujeres y sus hijos hacia la tierra que nadie les había prometido» (página 29).
La llegada de los peregrinos a su punto de destino parece calcada del capítulo 34 de Deuteronomio:
«Una mañana, después de casi dos años de travesía, fueron los primeros mortales que vieron la vertiente occidental de la sierra. Desde la cumbre nublada contem- plaron la inmensa llanura acuática de la ciénaga grande, explayada hasta el otro lado del mundo» (página 30).
C) Las plagas
En los capítulos 7, 8, 9, 10, 11 y 12 del li- bro del Éxodo, segundo en el catálogo bí-
blico, se relatan las diez plagas que Dios desencadenó para obligar al faraón de Egip- to a dejar salir de sus dominios al pueblo he- breo. Aunque estas plagas se relacionan con fenómenos naturales, revisten en mayor o menor grado el carácter poderoso y milagro- so de Dios.
Ana María Velasco, Función de lo mítico en «Cien años de soledad», Universidad de Ca- lifornia, Los Ángeles 1992.
Para Ricardo Gullón, el paralelo entre las plagas de Egipto y las plagas que padece Macondo «salta a la vista». [14]
Macondo padece la plaga del insomnio, la plaga de las guerras civiles, la plaga del ol- vido, la plaga de la solapada invasión norte- americana, la plaga del banano y otras. Dice Gullón que
«la variante introducida por García Már- quez no afecta a la sustancia, sino a la ex- tensión de la condena. En la Biblia sólo son castigados los dominadores; en Ma- condo también los sometidos, los conta- giados». [15]
D) El diluvio
Aceptando el lenguaje hiperbólico de San Juan, en el mundo no cabrían los libros que se han escrito acerca del diluvio del que nos habla la Biblia en los capítulos 6, 7 y 8 del Génesis. [16]
La inundación catastrófica que según la Biblia tuvo alcance universal duró unos 400 días, de acuerdo a los análi- sis más fiables que se han hecho del texto bíblico.
En Cien años de soledad el diluvio azota Macondo a raíz del asesinato ordenado por la compañía bananera. No es Dios quien lo desencadena, sino el norteamericano y todopodero- so Mister Brown. Esto es, al menos, lo que cree el pueblo. Y su duración sobrepasa el tiempo del diluvio bíbli- co, según García Márquez:
«Llovió cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo se puso sus ropas de pontifical y se compuso una cara de convaleciente para ce- lebrar la escampada, pero pronto se acostumbraron a interpretar las pau- sas como anuncios de recrudeci- miento. Se desempedraba el cielo en unas tempestades de estropicio, y el norte mandaba unos huracanes que desportillaron techos y derriba- ron paredes, y desenterraron de raíz las últimas cepas de las plantacio- nes» (página 269).
E) El Apocalipsis final
Cien años de soledad resume en un si- glo los 1.600 años de historia bíblica. García Márquez inicia su obra en un hipotético paraíso en el que «el mun- do era tan reciente que muchas cosas carecían de nombre» y lo finaliza en un apocalipsis de destrucción y de- solación.
Las últimas líneas de la novela dicen que «Macondo era ya un pavoroso re- molino de polvo y escombros centri- fugados por la cólera del huracán bí- blico» (página 352).
En un contexto rigurosamente apoya- do en la Biblia, el narrador presenta a Macondo «podrido por la lluvia, rese- co y pulverizado por la sequía y el ca- lor». Sólo falta el apocalíptico ángel exterminador que completará el ciclo del caos al caos.
Es entonces cuando el monstruo del Apocalipsis desencadena su fuerza: La «potencia ciclónica arrancó de los
quicios las puertas y las ventanas, descuajó el techo de la galería orien- tal y desarraigó los cimientos» (pági- na 352).
No hay un solo personaje en la Biblia, conocido o anónimo, que no haya inspirado a escritores de todos los tiempos. Desde que el hombre aprendió a escribir, la figura de Adán ha constituido un motivo constante de reflexión.
En Cien años de soledad Adán sinteti- za la acción central de la novela. Para Germán Darío Carrillo, «en circuns- tancias semejantes en las que Dios hi- ciera entrega del Paraíso a Adán, asi- mismo parece entregar expresamente Macondo a los Buendía». [17]
«José Arcadio Buendía soñó esa no- che que en aquel lugar se levantaba una ciudad ruidosa con casas de pare- des de espejo. Preguntó qué ciudad era aquella, y le contestaron con un nombre que nunca había oído, que no tenía significado alguno, pero que tuvo en el sueño una resonancia so- brenatural: Macondo. Al día siguiente convenció a sus hombres de que nun- ca encontrarían el mar. Les ordenó derribar los árboles para hacer un cla- ro junto al río, en el lugar más fresco de la orilla, y allí fundaron la aldea» (página 30).
Esa aldea dada a los Buendía median- te un sueño de «resonancia sobrenatu- ral», constituye un símbolo del paraí- so que Dios puso a disposición de la primera pareja humana.
La caída de Adán y Eva se representa en la novela por la ruina física y mo- ral de los Buendía, especialmente en la pasión amorosa que unió a Aure- liano Babilonia y Amaranta Úrsula. Los dos amantes:
«Perdieron el sentido de la realidad, la noción del tiempo, el ritmo de los hábitos cotidianos… Se revolcaban en cueros en los ba- rrizales del patio… Amaranta Úr- sula comandaba con su ingenio disparatado y su voracidad lírica
aquel paraíso de desastres… Se en- tregaron a la idolatría de sus cuer- pos, al descubrir que los tedios del amor tenían posibilidades inexplo- radas, mucho más ricas que las del deseo» (página 343).
La caída de los Buendía, dramatizada en Arcadio y Amaranta Úrsula, es re- flejo fiel de la caída en pecado de la humanidad como consecuencia del castigo impuesto por Dios a Adán y Eva. Que García Márquez redactó este párrafo teniendo a la vista el primer capítulo de la epístola escrita por San Pablo a la Iglesia en Roma, resulta del todo evidente al comparar ambos tex- tos.
No se agota aquí el análisis de la in- fluencia bíblica en Cien años de sole- dad. Faltan por citar sucesos e imáge- nes de claras connotaciones bíblicas, como la canastilla que simboliza la salvación del niño Moisés en las aguas del Nilo.
Fernanda, para esconder la proceden- cia del hijo de Meme, dice que ha sido encontrado en una canastilla. Cuando le replican que nadie la creerá, res- ponde con sarcasmo:
–«Si se lo creyeron a las Sagradas Escrituras, no veo por qué no han de creérmelo a mí» (página 256). Están también los discos anaranjados que recuerdan las visiones de Eze- quiel y otros episodios semejantes. Igualmente podrían rastrearse las pá- ginas de la novela a la caza de citas li- terales de la Biblia.
Pero a nuestro entender, los puntos expuestos son suficientes para estable- cer la influencia de la Sagrada Escritu- ra en Cien años de Soledad. Lo cual tampoco extraña, porque desde El Quijote de Cervantes a El Paraíso Per- dido de Milton, desde La divina co- media de Dante a las obras más cita- das de Shakespeare, la Biblia ha veni- do ejerciendo una influencia perma- nente y de primer orden en la literatu- ra de todos los tiempos y de todos los pueblos. (Continuará). R
I. GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ: DIOS EXISTE EN MACONDO
(#2)
[14] Gullón, obra citada, página 53. [15] Gullón, obra citada, página 57. [16] Juan 21:25.
[17] Germán Darío Carrillo, obra citada, página 22.
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