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Teología, Ciencia y Filosofía Teología, Ciencia y Filosofía
ejercitar el pensamiento crítico está en saber argumentar con racionalidad, es decir, que sepamos desplegar argu- mentos con coherencia y de manera razonada y sosegada. El pensamiento crítico, en mi criterio, está reñido con las prisas, con el apresuramiento en la exposición de ideas. Y a propósito de la argumentación cabe decir que esta se puede manifestar de forma múltiple y con distintas variantes. En realidad muchas argumentaciones que se esgri- men en el campo teológico-religioso, por ejemplo, son argumentaciones fa- laces, es decir, hacen una invocación a lo que supuestamente es lógico pero sin demostrarlo. También otro caso de argumentación falaz sería aquella que hace una proposición que afirma que es cierta porque nadie ha demostrado que sea falsa. Dentro del campo de la argumentación teológica la mayoría de las argumentaciones se apoyan en esta segunda descripción, esto es, afir- mar que algo es verdadero porque no se han encontrado argumentos que de- muestren lo contrario. Obviamente, esta apreciación no es del todo correc- ta pues el hecho de no poder refutar alguna supuesta verdad no quiere de- cir que inequívocamente sea cierta. Se precisa validación para confirmar de manera categórica tal afirmación y, como sabemos, todo lo perteneciente al mundo de lo metafísico-teológico carece de tal elemento confirmador. Nos movemos pues en el mundo de las hipótesis, de las conjeturas. Hemos de añadir que el hecho de que una ar- gumentación sea falaz no significa que sus proposiciones y la conclusión estén formuladas incorrectamente; simplemente que carecen de la valida- ción necesaria para darlas por total- mente ciertas o verdaderas.
Razonamiento deductivo vs. razona- miento inductivo
Alcanzamos ahora un aspecto crucial, a mi juicio, en lo que respecta a la ela- boración del pensamiento crítico y sus consecuencias y este es establecer de manera clara y precisa la diferencia- ción entre razonamiento deductivo e
inductivo, las posibles similitudes y diferencias entre ambos.
Efectivamente, dos son las manera de
plantear el razonamiento y de cómo sea ese planteamiento pues será deter- minante a la hora de esclarecer los ar- gumentos esgrimidos. La diferencia más clara entre el razonamiento de- ductivo y el inductivo está en que el
deductivo se establece de lo general a lo particular y específico mientras que el razonamiento inductivo opera al contrario, es decir, va de lo específico y particular a lo general. Pero, como bien dice Julio César Herrero,inves- tigador asociado al Instituto Universi- tario de Estudios Latinoamericanos, es preferible establecer la diferencia- ción entre ambos razonamientos di- ciendo que mientras que elargumento deductivo demuestra, el inductivo más bien apoya o respalda(Elementos del pensamiento crítico. Ediciones jurídi- cas y sociales, S. A.).
Un aspecto determinante a la hora de establecer la argumentación es el he- cho de que en el argumento deducti- vo las premisas prueban la conclusión y por lo tanto la validez está asegura- da. En el argumento inductivo, en cambio, las premisas ni prueban ni aclaran nada, tan solo se limitan a apoyar la conclusión, pero no cabe en ellas hablar de falsedad o acierto; sim- plemente que pueden ser más o menos contundentes.
Pues bien, llegamos así a la idea clave
de este estudio sobre el pensamiento crítico y este no es otro que intentar aclarar si el sentir religioso puede al- canzar la validez de sus pretensiones o por el contrario se mueve en un mar de confusión y de inexactitudes.
Particularmente pienso que si conside- ramos que el sentir religioso se sus- tenta en un planteamiento estricta- mente experiencial, sentido y vivido como una experiencia íntima y pro- funda pero prácticamente intransferi- ble a otros, entonces, en mi criterio analítico, no existe bajo ningún con- cepto consistencia que valide tal argu- mentación. Se queda tan solo en eso, en una experiencia personal y punto. El apoyo de la creencia religiosa en un credo o revelación no le da tampo- co carácter de validez en absoluto puesto que esa hipotética revelación se sustenta en planteamientos ideoló-
gicos, los cuales pueden ser muy loa- bles ciertamente y transmitir unos va- lores, pero eso no es suficiente para otorgar plena validez a los argumentos esgrimidos.
Ya comentábamos en otro momento que demostrar la plena validez de los argumentos de carácter metafísico y/o religioso se torna prácticamente impo- sible. Imposible, en efecto, porque nos estamos refiriendo a un mundo invisi- ble, solamente perceptible por el que lo siente. Pero, como es obvio, esto no resta importancia y valor al sentirreli- gioso. Es más, soy de la idea de que esto lo enriquece. Y me explico. Cuando nos acercamos al mundo de lo espiritual tenemos el firme convenci- miento de que lo hacemos a algo que nos trasciende, a algo que va más allá de nosotros mismos. Parece que esto forma parte consustancial de nuestras vidas y todo indica que así es. Sin em- bargo, llama poderosamente la aten- ción el hecho de que aun viviendo esta experiencia íntima y sustancial no podamos demostrarla efectivamente. Pero sorprende todavía más cuando vemos intentar a algunos defender con pretendidos argumentos pueriles, que no tienen sostenimiento real posible, el sentir religioso basándose exclusi- vamente en argumentos ideológicos. Yo soy más bien de la idea de que la argumentación ideológica, del tipo que sea, puede ser una estrategia argu- mental eficaz en determinadas situa- ciones, pero cuando se trata de cues- tiones intangibles, como es el caso del
sentir religioso tan íntimo, personal e intransferible, creo que toda argumen- tación ideológica se viene al traste,
valga la expresión. El mundo de las ideas nos ayuda en nuestro proceso de integración analítica interior y el pensamiento crítico nos capacita, a la luz de la razón, para el ejercitamiento de esas ideas dándolas validez o no, según los casos y las circunstancias.
Pero creer que una ideología religiosa o de otra índole puede dar una expli- cación plena y completa al devenir de nuestra existencia pienso que es un acto, digamos, de loable ingenuidad cuando no de ignorancia asumida. Y muchos, desde luego, están dispuestos a vivir –y viven– en ambas vicisitu- des. En fin...
Conclusiones finales
Llegados ya al final del ensayo quisie- ra puntualizar algunas cuestiones im- portantes que sirvan a modo de coro- lario sobre lo expuesto anteriormente. En primer lugar comentar que el pen- samiento crítico como capacidad para evaluar y elaborar argumentos razona- dos con frecuencia se opone al sentir religioso. Pudiéramos preguntarnos el porqué esto es así y la única causa que le podemos encontrar y que nos dé una explicación bastante convincente, en mi criterio, es el hecho de que en el acontecer del sentir religioso como expresión de todo un fenómeno que acompaña la existencia de ingente cantidad de personas en el mundo no se para a evaluar y valorar el alcance real de sus creencias y la posible vero- similitud o no de las mismas. Curiosa- mente esta parece ser una de las pecu- liaridades más relevantes del homo re- ligiosus cuando se deja llevar por una apasionamiento desmedido de sus creencias que le obnubilan su pensar. Todos hemos conocido a individuos que les es prácticamente imposible admitir tan siquiera la posibilidad de sus errores en materia religiosa. Inca- paces de reconocer el error de sus ar- gumentaciones no admiten refutación alguna sobre el mismo. Quien más quien menos ha tenido la experiencia de intentar empatizar sosegadamente con este tipo de individuos imbuidos de sus particulares catecismos y la si- tuación se ha tornado totalmente im- posible de canalizar. Son individuos carentes de pensamiento crítico, o
cuando menos incapaces de ejercitarlo adecuadamente. Evidentemente no en todos los casos es así, pero en un alto porcentaje sí que se dan esas situacio- nes.
En segundo lugar cabe decir que el ejercitamiento del pensamiento crítico
nos lleva a reconocer que el sentir re- ligioso en algunas ocasiones se con- vierte en un verdadero obstáculo que impide tener una percepción más rea- lista del devenir de nuestra existencia. Esto implica, como ya analizamos, una distorsión, una desvirtuación de la propia capacidad pensante. Razonar y, en consecuencia, argumentar impli- ca todo un ejercicio mental que pasa por el análisis, la indagación y explo- ración del propio conocimiento, tal y como vimos al hablar sobre la meta- cognición. Esto que parece fácil de realizar en realidad no lo es en absolu- to, especialmente para los individuos imbuidos de sus particulares argumen- taciones que son expresión del sentir religioso de sus vidas.
Y por último cabe añadir que si el en- frentamiento entre el pensamiento crí- tico y el sentir religioso es más que evidente, como he intentado demostrar a lo largo de este ensayo analítico, po- dríamos también pensar si es posible una reconciliación entre ambos ele- mentos. Quiero creer que sí es posible, pero bajo unas determinadas condicio- nes que pienso que son insoslayables. Y estas condiciones no son otras que la capacidad para percibir que el sentir religioso obedece a una actitud inte- rior de nuestro ser, la cual puede estar condicionada por elementos espurios que bien pudieran interferir de manera negativa en el recto pensar imposibili- tando así el ejercitamiento del pensa- miento crítico. Pero, como en todas las cosas de nuestro acontecer, bueno sería recordar aquella célebre senten- cia de Séneca que decía “Longum iter est per praecepta; breve et efficax per exempla” (Largo es el camino de en- señar por medio de la teoría; breve y eficaz por el ejemplo” Epístolas. ep. 6,5)
Y es que pienso, como bien dejaba en- trever el célebre filósofo de origen his- pano en su sabia sentencia, que de teo-
rías está el mundo lleno; lo que se ne- cesita son ejemplos que nos sirvan de acicate, es decir, de estímulo en el diario transitar de la existencia. Y a ello contribuye en buena medida el ejercitamiento de nuestro pensamiento crítico. R
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Julio César Herrero
Razonar y, en
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