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Juan Stam*

In document Renovación nº 40 Diciembre 2016 (página 74-76)

* Nacido en Paterson (Nueva Jersey, 1928), en una familia de origen holandesa. Stam cursó sus estudios universitarios en la Universidad de Wheaton, Illinois (Bachillerato en historia 1950; Maestría en Nuevo Testamento 1955). Vive en Costa Rica.

etc, descendiendo siempre a niveles de una deidad más diluida y menos digna. Al fin, muy abajo, llega a una última emanación llamada el Demiurgo, que por necedad e im- prudencia, y sin el permiso del Dios su- premo, crea el mundo material. En ese esquema, ni Dios ni el Verbo es culpable de haber creado la maligna materia. Era un ra- dical idealismo anti-materialista. [Idea- lismo: la verdad consiste en ideas, alcanzadas por el raciocinio].

La estrategia de Juan ante este esquema es genial. Comienza con algo que podían acep- tar ellos, y en el lenguaje de ellos: “El Logos era con Dios, y el Logos era Dios”. ¡Claro que sí! Pero en seguida invierte el sentido del esquema: “Todas las cosas por él fueron hechas (Gr. egeneto), y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”. Desaparece el Demiurgo y desaparece la cadena descen- diente de emanaciones; es el mismo Verbo que ha creado el mundo entero. “El mundo por él fue hecho (egeneto) “ y no por el dis- paratado Demiurgo.

Y si eso no bastara, Juan mete una segunda puñalada a esa filosofía idealista al decir, “Aquel Logos fue hecho carne” (egeneto

igual que en 1:3,6,10). ¡El verbo no sólo hizo la materia, pero se hizo materia! No sólo se hizo persona, o se hizo cuerpo, sino que se hizo carne con toda la corporeidad fí- sica que eso implicaba. Carne (sarx) implica también lo vulnerable y precario, y lo pere- cedero y corruptible, de la existencia física. Bíblicamente, sarxpuede significar también debilidad e inclinación hacia el pecado. Todo eso asumió el Logos en su encarnación en esa primera Navidad.

En esa encarnación física y material, el Logos fue hecho un ser humano con todas las características particulares de su propia individualidad (el escándalo de la particula- ridad: identidad étnica, sexual, social etc). A diferencia radical del theósy el Logosdel gnosticismo, que se quedan infinitamente alejados del mundo, éste Logosse hizo ve- cino nuestro y “habitó entre nosotros”.

Como Verbo encarnado, tomó auténtica “re- sidencia en la tierra”, igual que cualquier otro ser humano.

Las palabras (logoi) se oyen pero no se ven. En Jesús, el eterno Logos se “visibilizó” de modo que “vimos su gloria, como unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad”. Por eso, aunque nadie ha visto a Dios nunca, Jesús como “el unigénito Dios” (1:18, mejor texto griego) “lo ha dado a conocer” — ¡por medio de carne humana! Dios, después de haber hablado de muchas maneras, en la en- carnación nos ha hablado “en hijo” (Heb 1:1). La vida humana de Jesús de Nazaret is el lenguaje definitivo de la revelación de Dios.

Qué irónico, que el idealismo que Juan re- chaza tan vehementemente, después invadió en una gran medida al cristianismo, espe- cialmente la teología cristiana. A menudo creemos que la última realidad de la fe es un sistema de doctrinas (ideas abstractas), que con sólo creerlas estamos bien con Dios. Esto incluye a menudo un rechazo de los as- pectos físico-materiales de la historia y de la vida. No encuentro nada en las escrituras que pudiera fundamentar el idealismo racio- nalista como compatible con la fe, y mucho que apoya un realismo histórico que toma con plena seriedad la dimensión material (carne, tierra, comida, resurrección). Una teología racionalista vuelve a convertir la carne en verbo abstracto. Jesús tradujo el verbo en carne y vida (material-izó la Ver- dad), habitó entre nosotros (contextualizó la Verdad) y vimos su gloria (Jesús “visibilizó” la Verdad a la vista de la gente).

El mensaje de la navidad es un desafío a nosotros a encarnar el evangelio y “visibili- zar” la presencia de Dios en toda nuestra existencia, para que el mundo vea su gloria, su gracia y su verdad. Viviendo plenamente inmersos en nuestro mundo, hemos de ser discípulos “encarnacionales” del Logos que se hizo carne para contextualizar el mensaje en el poder del Espíritu. R

¡La voz de mi amado! He aquí él viene. Sal- tando sobre los montes. Brincando sobre los collados. Mi amado es semejante al corzo ( gacela, según Orígenes ), o al cervatillo. Helo aquí, está tras nuestra pared, Mirando por las ventanas, atisbando por las celosías. Mi amado me habló, y me dijo: Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Porque he aquí ha pasado el invierno, Se ha mudado, la lluvia se fue; se han mostrado las flores en la tierra, El tiempo de la canción ha venido, en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola, la higuera ha echado sus higos, Y las vides en cierne dieron olor; levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven. Paloma mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes, Muéstrame tu rostro, hazme oir tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu aspecto. Cazadnos las zorras, las zorras pequeñas, que echan a perder las viñas; Porque nuestras viñas están en cierne. (Cantares 2:8-15).

Del capítulo 2:8 en adelante, se van suce- diendo las escenas con sus connotaciones anímico-emocionales; surge la primavera y la esposa se transforma en una paloma: se pro- duce la metamorfosis alegórica del ser; por consiguiente el esposo se transmuta, necesa- riamente, en un palomo. Es conveniente se- ñalar que la etología, en el mundo de las aves, nos enseña que la relación amorosa entre la paloma hembra y el macho es indes- tructible, indisoluble y permanente hasta que uno de los dos desaparece con la muerte. La primavera es anunciada de una manera bellísima como queda constatado en la perí- copa anteriormente reseñada. La ausencia de la lluvia, el brote de las flores en los campos, el renacer de los higos en la higuera , el olor

de la vides en cierne, todas son manifestacio- nes de la misma realidad, que se abre al re- nacer de la vida y que sensibiliza las entrañas de toda la creación.En este templo incom- parable de la vida,la esposa duerme y en sus vivencias oníricas advierte un peligro: son sus propias resistencias a rendirse, plenamente al amor que aflora a su yo onírico cuando toma consciencia de que el esposo viene y la está llamando. El esposo clama impulsado por el deseo vehemente de un amor que quiere, ardorosamente, realizarse en el en- cuentro con su amada. Conoce la morada donde ella se oculta y clama: levántate, oh amiga mía, hermosa mía, que estás en los agujeros de la peña (en su nido, según Fray Luis de León ), en lo escondido de escarpados parajes. Muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz, porque dulce es la voz tuya y hermoso tu aspecto. Aparecen las dificultades para que el amor obtenga la respuesta tan deseada:

“Cazarnos las zorras, las zorras pequeñas que echan a perder las viñas, porque nues- tras viñas están en cierne”. Aportación ale- górica y parabólica de una realidad que se daba en el cultivo de las vides palestinenses. Las vides de esta tierra tenían unas caracte- rísticas especiales: el fruto, de las mismas, desprendía un olor embriagante y su sabor era exquisito. Desde el punto de vista organo- léptico satisfacían las demandas más exigen- tes. Los racimos de estas vides no eran grandes ni espectaculares, pero cuando el fruto estaba a punto de madurar, era cuando hacían su aparición estas zorras, pequeñas y astutas, que se infiltraban por debajo del manto que formaban los racimos maduros y en su avidez lujuriosa las devoraban. Cuando el viñador iba a recoger el fruto descubría la acción fagocitaria de estos depredadores, que habían actuado, impunemente, sin que

José M. González Campa*

* Licenciado en Medicina y Cirugía. Especialista en Psiquiatría Comunitaria. Psicoterapeuta. Especialista en alcoholismo y toxicomanías. Conferenciante de temas científicos, paracientíficos y teológicos, a nivel nacional e internacional. Teólogo y escritor evangélico.

In document Renovación nº 40 Diciembre 2016 (página 74-76)