dable contemplar algunos ejemplos notables, su número decrece día a día. Algunas de esas casas son testimonios ya de períodos ulteriores, con detalles del lenguaje “art nouveau”, del “art déco” y aun con confi- guraciones abiertamente propias del racionalismo. No pocas de ellas, de holgada superficie, han sido convertidas en restoranes y cafés en el último lustro, dentro de una fortísima corriente de auge gastronómico que ha irrumpido en el barrio.
Como se adelantara, al amparo de una legislación sin suficientes prevenciones y exigencias, y beneficiándose con la cercanía al área cen- tral, la amplitud de las vías y la dotación de infraestructuras y servicios, docenas de nuevos edificios en altura (terminados y en construcción) están cambiando la fisonomía de la franja de cinco cuadras que bordea a la avenida 24 de Setiembre, entre Rosario de Santa Fe y Sarmiento. Muy pocas de estas moles colindan entre sí, por lo que el espectáculo de altísimas medianeras ciegas es consuetudinario. En este contexto, no deja de llamar la atención la relación desmedida que suele haber entre el ancho de la fachada principal y la masiva longitud del paredón lateral, así como la indiferencia de los vecinos afectados por éste 112.
A diferencia de Nueva Córdoba, donde el impulso hacia este géne- ro residencial ha conllevado una construcción de calidad relativamente buena e incluso la aparición (de origen francamente especulativo) y repetición de una variante tipológica arquitectónico-urbanística 113, el edificio-atrio, que enaltece la calidad ambiental, en General Paz suele primar el afán de ocupar a ultranza el terreno con volúmenes que sue- len disimular detrás de sus frentes de ladrillo visto, de su carpintería de aluminio y de sus balcones “compartidos” e inverosímiles ornamentos, defectos o vicios constructivos y de funcionamiento 114.
112 Hay un único caso conocido, de una demanda exitosa emprendida por un propietario vecino, que ha obligado a un consorcio a cerrar con placas un patio interior por el cual sus ventanas poseían dominio visual sobre el espacio privado de una vivienda de una planta.
113 Al verse impedidos de alcanzar alturas convenientes por el ancho insuficiente de las calles, muchos conjuntos han retirado voluntariamente la fachada de la línea municipal, dando lugar a “atrios” semiprivados, con jardines y esculturas. Cuando hay dos o más edificios colindantes, se genera un corredor de estos “atrios” que enriquece la calidad del espacio público. Como resultado impensado, el fenómeno, visible sobre todo en las calles Ituzaingó, Buenos Aires e Independencia, se repite sobre avenidas cuya amplitud eximiría de este requisito a los departamentos, como es el caso de Chacabuco e Illia.
114 Algunas situaciones ostensiblemente anómalas hacen imaginar lo que no puede ser visto. Sobre la vereda sur de 24 de Setiembre, entre Pringles y Jacinto Ríos, al no
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Por otro lado, hay que destacar que la infraestructura del barrio ha sido calculada y construida para una densidad acotada de población, sobre la base de una ocupación edilicia no mayor a las tres plantas, y que la intromisión visual y la pérdida total o parcial de horas o días de asoleamiento no será una problemática aislada y de poca magnitud. No sería de extrañar que dentro de poco tiempo se adviertan señales de escasez en algunos servicios, como los de aguas corrientes 115 y de gas, amén de taponamientos y desbordes en las cloacas 116. De todos modos, parece primar en la población consultada la idea de “progreso”, que se asocia con excesiva simpleza a la altura de la edificación, y la visión de un futuro ambiental más acomodado, sinónimo de un estatus en ascenso, que relegan o hacen pasar inadvertidos los riesgos apun- tados.
Áreas verdes.
Según reza una información del Jardín Botánico de Buenos Aires, Córdoba ostenta la mejor relación (muy lejos de la óptima) entre áreas verdes y población, con 8 m2 por habitante117. No hay dudas de que el barrio acumula un porcentaje conspicuo de esta cifra, ya que una ex- tensísima lonja de vegetación acompaña a la ribera fluvial, contenien- do a la cabecera oeste del parque José María Paz y al parque infantil haberse previsto oportunamente los caños de desagüe pluvial, éstos han sido “añadidos” sobre la fachada escamoteando una parte de la acera. Otro espectáculo poco decoroso se deja ver en la fachada este del edificio de Esquiú y 24 de Setiembre: en este caso, han sido “olvidados” los conductos de ventilación de los calefones, y como remedio se ha adosado al muro un racimo invertido de caños de chapa galvanizada. Por otra parte, usuarios “profanos” en las artes constructivas, explayándose en los grupos focales, han observado la endeblez de tabiques y carpintería interior, que descubrieron por la fácil trasmisión acústica.
115 Como se sabe, en razón de la exigua presión que posee el caño maestro de alimen- tación de agua, el edificio en altura se ve forzado aconstruir una cisterna subterránea, desde la cual bombea el líquido hacia el tanque respectivo, en la azotea. Por hallarse a nivel inferior al de todos los depósitos unifamiliares, que se abastecen por gravedad, dicha cisterna es la primera en ser llenada y, dado su volumen, acapara un caudal que a menudo resulta ser decisivo en épocas de sequía.
116 En el curso de esta investigación, se relevaron desbordes del sistema cloacal, denun- ciados por los ocupantes de los “monoblocks”, que están situados en terrenos bajos, próximos al río.
117 Las cifras tienen vigencia, al menos, hasta finales de 2003. En esa fecha, Rosario ocu- paba el segundo lugar, con 7,6 m2, en tanto que la Capital Federal poseía 1,9 m2 y el Gran Buenos Aires, 0,9 m2. Obviamente, en el orden mundial, el liderazgo le correspondía a Curitiba, con 52 m2.