RESUMEN
Emisarios de Arieo, lugarteniente de Ciro, comunican a los griegos la muerte de Ciro y les piden que vuelvan con Arieo a Jonia; envío de negociadores al campamento de Arieo. Una delegación del Rey exige a los griegos la rendición total, con la entrega de las armas; negativa de Clearco en nombre de las tropas griegas (1). Clearco asume el mando de todo el ejército. Los griegos llegan al campamento de Arieo y concluyen una alianza con él. Comienza la marcha de regreso por distinto camino del de ida, por consejo de Arieo (2). Envío de heraldos por parte del Rey para negociar una tregua con los griegos. Entrevista Tisafernes-Clearco, que concluye con el acuerdo de una tregua (3). Desconfianza de las tropas griegas hacia Arieo y Tisafernes. Los griegos y los persas reanudan la marcha por separado; fuerte tensión entre ambos grupos, con varios incidentes en las diecinueve etapas recorridas (4). Clearco decide reunirse con Tisafernes para eliminar suspicacias; acuerdo de amistad. Traición de los persas: Tisafernes apresa por sorpresa a los generales griegos para llevarlos a Babilonia y ajusticiarlos, y aniquila a varios capitanes; Arieo comunica a los griegos el apresamiento de sus generales y exige la rendición total. Los griegos se resisten (5). Retrato de los cinco generales ejecutados: Clearco, Próxeno, Menón, Agias y Sócrates (6).
LIBRO II
KUROU ANABASEWS B
(I.1) [`Wj m$n oân ¹qro…sqh KÚrJ tÕ `EllhnikÕn Óte ™pˆ tÕn ¢delfÕn 'Artaxšrxhn ™strateÚeto, kaˆ Ósa ™n tÍ ¢nÒdJ ™pr£cqh kaˆ æj ¹ m£ch ™gšneto kaˆ æj Kàroj ™teleÚthse kaˆ æj ™pˆ tÕ stratÒpedon ™lqÒntej oƒ “Ellhnej ™koim»qhsan o„Òmenoi t¦ p£nta nik©n kaˆ Kàron zÁn, ™n tù prÒsqen lÒgJ ded»lwtai.]
(I.1) [Cómo fue reunido, efectivamente, el ejército griego por Ciro cuando hizo la expedición militar contra su hermano Artajerjes, cuántas cosas tuvieron lugar en la marcha al in- terior, cómo sucedió la batalla, cómo murió Ciro y cómo los griegos, tras llegar al campamento, durmieron creyendo que eran vencedores absolutos y que Ciro vivía, ha sido explicado en el libro anterior]1.
(2) “Ama d$ tÍ ¹mšrv sunelqÒntej oƒ
strathloˆ ™qaÚmazon Óti Kàroj oÜte ¥llon pšmpei shmanoànta Ó ti cr¾ poie‹n oÜte aÙtÕj fa…noito. œdoxen oân aÙto‹j suskeuasamšnoij § econ kaˆ ™xoplisamšnoij pro
ϊ
šnai e„j tÕ prÒsqen, ›wj KÚrJ summe…xeian. (3) ½dh d$ ™n ÐrmÍ Ôntwn ¤ma ¹l…J ¢nšconti Ãlqe ProklÁj Ð Teuqran…aj ¥rcwn, gegonëj ¢pÕ Damar£tou toà L£kwnoj, kaˆ Gloàj Ð Tamè. oátoi œlegon Óti Kàroj m$n tšqnhken, 'Aria‹oj d$ pefeugëj ™n tù staqmù e‡h met¦ tîn ¥llwn barb£rwn Óqen tÍ protera…v ærmînto, kaˆ lšgei Óti taÚthn m$n t¾n ¹mšran perimšnoien aÙtoÚj, e„ mšlloien ¼kein, tÍ d$ ¥llV ¢pišnai fa…h ™pˆ 'Iwn…aj, Óqenper Ãlqe. (4)taàta ¢koÚsantej oƒ strathgoˆ kaˆ oƒ ¥lloi “Ellhnej punqanÒmenoi baršwj œferon. Klšarcoj d$ t£de epen· 'All' êfele m$n Kàroj zÁn· ™peˆ d$ teteleÚthken, ¢paggšllete 'Aria…J Óti ¹me‹j nikîmšn te basilša ka…, æj Ðr©te,
(2) Al amanecer, los generales, reunidos, se extrañaron de que Ciro ni les enviara a nadie para indicarles lo que había que hacer ni él mismo apareciera. Así pues, decidieron seguir adelante hasta encontrarse con Ciro, después de recoger el bagaje que tenían y de armarse del todo. (3) Estando ya en marcha, cuando se alzaba el sol, llegaron Procles2, el gobernador de Teutrania, descendiente de Damarato de Laconia, y Glus, el hijo de Tamo. Éstos contaron que Ciro estaba muerto y que Arieo había huido, con los demás bárbaros, al lugar de donde habían partido el día anterior, y que Arieo les decía que los esperaban durante ese día, por si pensaban venir, pero que al día siguiente, afirmaba, saldrían para Jonia, de donde precisamente había venido. (4) Al oír estas noticias los generales y enterarse luego los otros griegos, sintieron un gran pesar. Clearco dijo estas palabras: «¡Ojalá Ciro viviera! Pero como está muerto, notificad a Arieo que nosotros hemos vencido al Rey y, como veis, nadie lucha ya contra nosotros, y si vosotros no hubieseis venido, habríamos
1
Este resumen del libro I, igual que los respectivos resúmenes al comienzo de los demás libros (3.1.1, 4.1.1-4, 5.1.1 y 7.1.1), no es de Jenofonte, sino que se trata de una interpolación (cfr. 6.3.1) debida al editor anónimo que dividió la obra en siete libros.
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Procles era descendiente, probablemente un nieto, del rey espartano Damarato, que se refugió en la corte de Darío I después que en 491 a.C., a instancias del otro rey espartano Cleómenes, fuera destronado por «ilegítimo». Darío I le obsequió con el gobiemo de Teutrania, región situada entre Misia y Lidia, cuya capital era Pérgamo, de Halisarna y seguramente también de Gambrion (cfr. Heródoto, VI 51, 61-70; Jenofonte, Hell., III 1, 6, y Ateneo, Dei pnos., I 290. Sus descendientes permanecieron allí en el poder hasta la época helenística. Procles, que se había adherido a la expedición de Ciro, regresó a su patria a cara descubierta junto con Arieo.
oÙdeˆj œti ¹m‹n m£cetai, ka…, e„ m¾ Øme‹j ½lqete, ™poreuÒmeqa ¨n ™pˆ basilša. ™paggellÒmeqa d$ 'Aria…J, ™¦n ™nq£de œlqV, e„j tÕn qrÒnon tÕn bas…leion kaqie‹n aÙtÒn· tîn g¦r m£chn nikèntwn kaˆ tÕ ¥rcein ™st….
marchado contra el Rey. Comunicamos a Arieo que, si viene aquí, le pondremos a él mismo en el trono real, pues gobernar también es propio de los que ganan las batallas.»
(5) taàta e„pën ¢postšllei toÝj ¢ggšlouj kaˆ sÝn aÙto‹j Ceir…sofon tÕn L£kwna kaˆ Mšnwna tÕn QettalÒn· kaˆ g¦r aÙtÕj Mšnwn ™boÚleto· Ãn g¦r f…loj kaˆ xšnoj 'Aria…ou. (6) oƒ m$n õconto, Klšarcoj d$ perišmene· tÕ d$ str£teuma ™por…zeto s‹ton, Ópwj ™dÚnato, ™k tîn Øpozug…wn kÒptontej toÝj boàj kaˆ Ônouj· xÚloij d$ ™crînto mikrÕn pro
ϊ
Òntej ¢pÕ tÁj f£laggoj, oá ¹ m£ch ™gšneto, to‹j te o„sto‹j pollo‹j oâsin, oÞj ºn£gkazon oƒ “Ellhnej ™kb£llein toÝj aÙtomoloàntaj par¦ basilšwj, kaˆ to‹j gšrroij kaˆ ta‹j ¢sp…si ta‹j xul…naij ta‹j A„gupt…aij· pollaˆ d$ kaˆ pšltai kaˆ ¤maxai Ãsan fšresqai œrhmoi· oŒj p©si crèmenoi krša ›yontej ½sqion ™ke…nhn t¾n ¹mšran.(5) Dicho esto, despachó a los emisarios y con ellos a Quirísofo de Laconia y a Menón de Tesalia, quien quería ir porque era amigo y tenía lazos de hospitalidad con Arieo. (6) Ellos se fueron y Clearco se quedó esperando. El ejército se abastecía, como podía, de comida de las acémilas, y degollaba bueyes y asnos; avanzando un poco desde la línea en donde tuvo lugar la batalla, utilizaron como madera las flechas que eran numerosas —aquéllas de las que los griegos habían obligado a desprenderse a los desertores del bando del Rey— y los escudos de mimbre y de madera de los egipcios. Muchos escudos ligeros y muchos carromatos estaban libres para ser llevados. Sirviéndose de todo esto, cocieron y comieron carne en aquel día.
(7) kaˆ ½dh te Ãn perˆ pl»qousan ¢gor¦n kaˆ œrcontai par¦ basilšwj kaˆ Tissafšrnouj k»rukej oƒ m$n ¥lloi b£rbaroi, Ãn d' aÙtîn Fal‹noj eŒj “Ellhn, Öj ™tÚgcane par¦ Tissafšrnei ín kaˆ ™nt…mwj œcwn· kaˆ g¦r prosepoie‹to ™pist»mwn enai tîn ¢mfˆ t£xeij te kaˆ Ðplomac…an. (8) oátoi d$ proselqÒntej kaˆ kalšsantej toÝj tîn `Ell»nwn ¥rcontaj lšgousin Óti basileÝj keleÚei toÝj “Ellhnaj, ™peˆ nikîn tugc£nei kaˆ Kàron ¢pšktone, paradÒntaj t¦ Ópla „Òntaj ™pˆ basilšwj qÚraj eØr…skesqai ¥n ti dÚnwntai ¢gaqÒn. (9) taàta m$n epon oƒ basilšwj k»rukej· oƒ d$ “Ellhnej baršwj m$n ½kousan, Ómwj d$ Klšarcoj tosoàton epen, Óti oÙ tîn nikèntwn e‡h t¦ Ópla paradidÒnai· ¢ll', œfh, Øme‹j mšn, ð ¥ndrej strathgo…, toÚtoij ¢pokr…nasqe Ó ti k£llistÒn te kaˆ ¥riston œcete· ™gë d$
(7) Era ya aproximadamente la hora en que se llena el mercado cuando vinieron de parte del Rey y de Tisafernes unos heraldos, bárbaros todos menos uno de ellos, Falino, un griego que resulta que estaba con Tisafernes y era respetado, ya que pretendía ser un experto en lo relativo a formaciones de batalla y al manejo de armas3. (8) Estos se acercaron y, llamando a los jefes de los griegos, les dijeron que el Rey ordenaba a los griegos, como vencedor que era y por haber matado a Ciro, entregar las armas e ir a su corte a tratar de conseguir para sí mismos algún bien, si podían. (9) Esto dijeron los heraldos del Rey y los griegos los escucharon con pesar; sin embargo, Clearco tan solo dijo que no era propio de los vencedores entregar las armas, «así que», continuó, «vosotros, generales, respondedles lo que consideréis más digno y mejor; yo vendré en seguida». En efecto, uno de sus servidores lo llamó para que viera las
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Según Diodoro, XIV 25, 1, Falino de Zacinto encabezaba la delegación persa que debía recibir la capitulación de los griegos. Sólo en la Anábasis se presenta a Falino como asesor militar en la plana mayor de Tisafernes y como experto en táctica y en el perfeccionamiento de la lucha con armas pesadas, es decir, en la hoplomajía aquí mencionada. Los hoplómajoi como Falino acompañaban a los ejércitos en campaña adiestrando a los soldados (cfr. Platón, Laques, 181c ss. y Jenofonte, Cyr., I 6, 17 ss.).
aÙt…ka ¼xw. ™k£lese g£r tij aÙtÕn tîn Øphretîn, Ópwj ‡doi t¦ ƒer¦ ™xVrhmšna· œtuce g¦r quÒmenoj.
víctimas destripadas, pues resulta que estaban haciendo sacrificios.
(10) œnqa d¾ ¢pekr…nato Kle£nwr Ð 'Ark£j, presbÚtatoj ên, Óti prÒsqen ¨n ¢poq£noien À t¦ Ópla parado…hsan· PrÒxenoj d$ Ð Qhba‹oj, 'All' ™gè, œfh, ð Fal‹ne, qaum£zw pÒtera æj kratîn basileÝj a„te‹ t¦ Ópla À æj di¦ fil…an dîra. e„ m$n g¦r æj kratîn, t… de‹ aÙtÕn a„te‹n kaˆ oÙ labe‹n ™lqÒnta; e„ d$ pe…saj boÚletai labe‹n, legštw t… œstai to‹j stratiètaij, ™¦n aÙtù taàta car…swntai.
(11) prÕj taàta Fal‹noj epe· BasileÝj nik©n ¹ge‹tai, ™peˆ Kàron ¢pškteine. t…j g¦r aÙtù œstin Óstij tÁj ¢rcÁj ¢ntipoie‹tai; nom…zei d$ kaˆ Øm©j ˜autoà enai, œcwn ™n mšsV tÍ ˜autoà cèrv kaˆ potamîn ™ntÕj ¢diab£twn kaˆ plÁqoj ¢nqrèpwn ™f' Øm©j dun£menoj ¢gage‹n, Óson oÙd' e„ paršcoi Øm‹n dÚnaisqe ¨n ¢pokte‹nai.
(10) Entonces Cleanor4 de Arcadia, que era el general más viejo, respondió que morirían antes que entregar las armas, y Próxeno de Tebas dijo: «Falino, yo me pregunto con asombro si el Rey pide las armas como vencedor o como presentes de amistad. Pues si lo hace como vencedor, ¿por qué tiene él que pedirlas y no tornarlas viniendo aquí? Y si quiere cogerlas tras persuadirnos, que diga qué habrá para los soldados si le complacen en ello». (11) A esto contestó Falino: «El Rey se considera vencedor porque ha matado a Ciro, pues ¿quién hay que contienda con él por el imperio? Considera también que vosotros le pertenecéis, porque os tiene en el centro de su país y entre ríos que no pueden cruzarse a pie y puede llevar un gran número de hombres contra vosotros, tantos que ni siquiera podríais matarlos, si se os brindara la ocasión».
(12) met¦ toàton QeÒpompoj 'Aqhna‹oj epen· ’W Fal‹ne, nàn, æj sÝ Ðr´j, ¹m‹n oÙd$n œstin ¢gaqÕn ¥llo e„ m¾ Ópla kaˆ ¢ret». Ópla m$n oân œcontej o„Òmeqa ¨n kaˆ tÍ ¢retÍ crÁsqai, paradÒntej d' ¨n taàta kaˆ tîn swm£twn sterhqÁnai. m¾ oân o‡ou t¦ mÒna ¢gaq¦ ¹m‹n Ônta Øm‹n paradèsein, ¢ll¦ sÝn toÚtoij kaˆ perˆ tîn Ømetšrwn ¢gaqîn macoÚmeqa. (13)
¢koÚsaj d$ taàta Ð Fal‹noj ™gšlase kaˆ epen· 'All¦ filosÒfJ m$n œoikaj, ð nean…ske, kaˆ lšgeij oÙk ¢c£rista· ‡sqi mšntoi ¢nÒhtoj ên, e„ o‡ei t¾n Ømetšran ¢ret¾n perigenšsqai ¨n tÁj basilšwj dun£mewj. (14) ¥llouj dš tinaj œfasan
(12) Después de éste, Teopompo5 de Atenas replicó: «Falino, ahora, como tú ves, ningún otro bien tenemos nosotros salvo las armas y el valor. Creemos, ciertamente, que si tenemos armas, también podremos disponer del valor; en cam- bio, si las entregáramos, seríamos despojados además de nuestras vidas. Por tanto, no creas que los únicos bienes que tenemos os los entregaremos, sino que lucharemos con ellos incluso por vuestros bienes». (13) Al oír esto Falino se rió y dijo: «Pareces un filósofo, muchacho, y dices cosas que no dejan de ser graciosas6; no obstante, debes saber que eres un insensato, si crees que vuestro valor superaría las fuerzas del Rey». (14) Algunos otros, según
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Cleanor es mencionado aquí dentro del grupo de los generales, si bien no es hasta más tarde (cfr. 3.1.47) cuando accede por primera vez al rango de general, en sustitución de Agias. Seguramente era el más viejo de los lugartenientes de los generales o hipostrategoí (cfr. 3.1.32-34), y, debido a su experiencia, gozaba de una posición de confianza entre los generales (algunos de los cuales eran todavía jóvenes). Su concisa respuesta militar no puede ser más clara y rotunda. La de Próxeno, en cambio, desarrolla una argumentación irónica de tipo sofistico.
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Única aparición de este personaje en toda la obra, que está en los codices meliores, mientras que en los llamados deteriores figura el nombre de Jenofonte, lo que es, evidentemente, una conjetura sacada del contexto. Se excluye, por tanto, por completo que Jenofonte se mencione a sí mismo bajo un pseudónimo, dado que él da a conocer más tarde su participación en la expedición (cfr. 5.1.4) y se presenta a menudo con su propio nombre. Por otro lado, el empleo del verbo éphasan: «contaban» en 2.1.14 revela que Jenofonte no tomó parte personalmente en el debate.
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Expresión homérica, ouk ajárista, que aparece en Od., VIII 236. Falino alude con ella, y con la palabra «filósofo», al carácter sofistico de la contestación de Teopompo.
lšgein Øpomalakizomšnouj, æj kaˆ KÚrJ pistoˆ ™gšnonto kaˆ basile‹ ¨n polloà ¥xioi gšnointo, e„ boÚloito f…loj genšsqai· kaˆ e‡te ¥llo ti qšloi crÁsqai e‡t' ™p' A‡gupton strateÚein, sugkatastršyaint' ¨n aÙtù.
contaban, que se iban acobardando dijeron que habían sido leales a Ciro y que podrían ser de mucho valor para el Rey si quería ser su amigo, y que si quería utilizarlos en otro asunto, o hacer una expedición contra Egipto7, lo podrían ayudar a conquistarlo.
(15) ™n toÚtJ Klšarcoj Âke, kaˆ ºrèthsen e„ ½dh ¢pokekrimšnoi een. Fal‹noj d$ Øpolabën epen· Oátoi mšn, ð Klšarce, ¥lloj ¥lla lšgei· sÝ d' ¹m‹n e„p$ t… lšgeij. (16) Ð d' epen· 'Egè se, ð Fal‹ne, ¥smenoj ˜Òraka, omai d$ kaˆ oƒ ¥lloi p£ntej· sÚ te g¦r “Ellhn e kaˆ ¹me‹j tosoàtoi Ôntej Ósouj sÝ Ðr´j· ™n toioÚtoij d$ Ôntej pr£gmasi sumbouleuÒmeq£ soi t… cr¾ poie‹n perˆ ïn lšgeij. (17) sÝ oân prÕj qeîn sumboÚleuson ¹m‹n Ó ti soi doke‹ k£lliston kaˆ ¥riston enai, kaˆ Ó soi tim¾n o‡sei e„j tÕn œpeita crÒnon [¢na]legÒmenon, Óti Fal‹nÒj pote pemfqeˆj par¦ basilšwj keleÚswn toÝj “Ellhnaj t¦ Ópla paradoànai sumbouleuomšnoij suneboÚleusen aÙto‹j t£de. osqa d$ Óti ¢n£gkh lšgesqai ™n tÍ `Ell£di § ¨n sumbouleÚsVj.
(15) En ese instante vino Clearco y preguntó si ya habían contestado. Falino dijo en respuesta: «Estos, Clearco, dicen unos una cosa y otros otra, pero dinos tú qué piensas». (16) Él contestó: «Yo, Falino, me he fijado en ti con agrado y creo que también todos los demás, pues tú eres griego y nosotros, todos los que tú ves, también. Estando nosotros en tales cir- cunstancias te pedimos consejo sobre qué se debe hacer respecto a lo que dices. (17) Tú, por tanto, aconséjanos en nombre de los dioses lo que te parezca mejor y más noble, y esto te reportará honor en la posteridad, cuando se cuente que Falino, habiendo sido enviado un día por parte del Rey para exhortar a los griegos a entregar las armas, después que le pidieron consejo les aconsejó así. Sabes que es seguro que se cuente en Grecia lo que hayas aconsejado».
(18) Ð d$ Klšarcoj taàta Øp»geto boulÒmenoj kaˆ aÙtÕn tÕn par¦ basilšwj presbeÚonta sumbouleàsai m¾ paradoànai t¦ Ópla, Ópwj eÙšlpidej m©llon een oƒ “Ellhnej. Fal‹noj d$ Øpostršyaj par¦ t¾n dÒxan aÙtoà epen·
(19) 'Egè, e„ m$n tîn mur…wn ™lp…dwn m…a tij Øm‹n ™sti swqÁnai polemoàntaj basile‹, sumbouleÚw m¾ paradidÒnai t¦ Ópla· e„ dš toi mhdem…a swthr…aj ™stˆn ™lpˆj ¥kontoj basilšwj, sumbouleÚw sózesqai Øm‹n ÓpV dunatÒn.
(18) Clearco traía esto a colación porque quería que incluso él, que actuaba como embajador de parte del Rey, les aconsejara no entregar las armas, para que los griegos estuvieran más esperanzados. Pero Falino, eludiendo la cuestión, contra lo que imaginaba Clearco, dijo: (19) «Yo, si vosotros tenéis una sola de las innumerables esperanzas de salvaros haciendo la guerra al Rey, os aconsejo no entregar las armas; mas si realmente no hay ninguna esperanza de salvación contra la voluntad del Rey, os aconsejo que os salvéis como os sea posible».
(20) Klšarcoj d$ prÕj taàta epen· 'All¦ taàta m$n d¾ sÝ lšgeij· par' ¹mîn d$ ¢p£ggelle t£de, Óti ¹me‹j o„Òmeqa, e„ m$n dšoi basile‹ f…louj enai, ple…onoj ¨n ¥xioi enai f…loi œcontej t¦ Ópla À paradÒntej ¥llJ, e„ d$ dšoi poleme‹n,
(20) A esto replicó Clearco: «Eso es lo que tú dices, pero de nuestra parte comunícale lo siguiente, que pensamos nosotros: si tuviéramos que ser amigos del Rey, seríamos amigos más valiosos teniendo las armas que si se las entregáramos a otro, y si tuviéramos que hacerle
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Véase libro I, nota 124. En 414 a.C., Psamético había liberado a Egipto del yugo persa. La propuesta de la expedición contra Egipto era sin duda atractiva para los persas.
¥meinon ¨n poleme‹n œcontej t¦ Ópla À ¥llJ paradÒntej. (21) Ð d$ Fal‹noj epe· Taàta m$n d¾ ¢paggeloàmen· ¢ll¦ kaˆ t£de Øm‹n e„pe‹n ™kšleuse basileÚj, Óti mšnousi m$n Øm‹n aÙtoà spondaˆ e‡hsan, pro
ϊ
oàsi d$ kaˆ ¢pioàsi pÒlemoj. e‡pate oân kaˆ perˆ toÚtou pÒtera mene‹te kaˆ sponda… e„sin À æj polšmou Ôntoj par' Ømîn ¢paggelî. (22) Klšarcoj d' œlexen· 'Ap£ggelle to…nun kaˆ perˆ toÚtou Óti kaˆ ¹m‹n taÙt¦ doke‹ ¤per kaˆ basile‹. T… oân taàt£ ™stin; œfh Ð Fal‹noj. ¢pekr…nato Klšarcoj· –Hn m$n mšnwmen, sponda…, ¢pioàsi d$ kaˆ proϊ
oàsi pÒlemoj. (23) Ð d$ p£lin ºrèthse· Spond¦j À pÒlemon ¢paggelî; Klšarcoj d$ taÙt¦ p£lin ¢pekr…nato· Spondaˆ m$n mšnousin, ¢pioàsi d$ kaˆ proϊ
oàsi pÒlemoj. Ó ti d$ poi»soi oÙ dies»mhne.la guerra, la haríamos mejor con las armas que entregándoselas a otro». (21) Falino contestó: «Por supuesto comunicaremos esto, pero el Rey también me ordenó deciros que, si os quedáis aquí, tendréis tregua; en cambio, si avanzáis o regresáis, tendréis guerra. Decid, por tanto, también sobre esta cuestión si vais a quedaros y a tener tregua o comunicaré de vuestra parte que hay guerra». (22) Clearco dijo: «Pues bien, comunícale al respecto que también a nosotros nos parece lo mismo que al Rey». «¿Y qué es ello?», preguntó Falino. Respondió Clearco: «Si nos quedamos, tregua; si regresamos o avanzamos, guerra». (23) Preguntó de nuevo el otro: «¿Anunciaré tregua o guerra?». Clearco respondió lo mismo otra vez: «Tregua si nos quedamos; si regresamos o avanzamos, guerra». Pero lo que iba a hacer no lo señaló8.
(II.1) Fal‹noj m$n d¾ õceto kaˆ oƒ sÝn aÙtù. oƒ d$ par¦ 'Aria…ou Âkon ProklÁj kaˆ Ceir…sofoj· Mšnwn d$ aÙtoà œmene par¦ 'Aria…J· oátoi d$ œlegon Óti polloÝj fa…h 'Aria‹oj enai Pšrsaj ˜autoà belt…ouj, oÞj oÙk ¨n ¢nascšsqai aÙtoà basileÚontoj· ¢ll' e„ boÚlesqe sunapišnai, ¼kein ½dh keleÚei tÁj nuktÒj. e„ d$ m», aÜrion prö ¢pišnai fhs…n. Ð d$
(2) Klšarcoj epen· 'All' oÛtw cr¾ poie‹n· ™¦n m$n ¼kwmen, ésper lšgete· e„ d$ m», pr£ttete Ðpo‹on ¥n ti Øm‹n o‡hsqe m£lista sumfšrein. Ó ti d$ poi»soi oÙd$ toÚtoij epe.
(II.1) Así pues, Falino y sus acompañantes se fueron. Procles y Quirísofo llegaron de su embajada a Arieo; Menón se quedó allí, junto a Arieo. Aquéllos dijeron que Arieo afirmaba que había muchos persas mejores que él, que no lo aceptarían como Rey; «pero si queréis volveros con él, os exhorta a ir ya de noche. Si no, dice que mañana por la mañana se marchará». (2)
Clearco dijo: «Hay que obrar así como decís, si vamos; pero si no, obrad como creáis que más os conviene». Pero lo que iba a hacer ni siquiera a éstos se lo dijo.
(3) met¦ taàta ½dh ¹l…ou dÚnontoj sugkalšsaj strathgoÝj kaˆ locagoÝj œlexe toi£de.
(3) Después de estas palabras, cuando el sol ya se estaba poniendo, convocó a los generales y capitanes y les dijo lo siguiente:
'Emo…, ð ¥ndrej, quomšnJ „šnai ™pˆ basilša oÙk ™g…gneto t¦ ƒer£. kaˆ e„kÒtwj