• No se han encontrado resultados

KUROU ANABASEWS G

In document Jenofonte - Anabasis (Bilingue) (página 104-136)

RESUMEN

Abatimiento de las tropas griegas tras la pérdida de los generales. Jenofonte, protagonista del relato: después de un sueño, arenga a los capitanes y oficiales a reorganizar el ejército y conducir a los soldados fuera del dominio del Rey. Se sustituyen los generales y capitanes muertos por otros tantos; Jenofonte es elegido general en el puesto de Próxeno (1). Asamblea del ejército: discursos de Quirísofo, Cleanor y Jenofonte a los soldados, que aprueban las propuestas de Jenofonte de reanudar la marcha pese a la amenaza del Rey (2). Mitrádates, anterior aliado de Ciro, ataca el ejército griego con jinetes, arqueros y honderos; los griegos avanzan muy poco en un día, y deciden crear un escuadrón de jinetes (3). Nuevo ataque de Mitrádates, que es rechazado. Los griegos avanzan en dirección norte, siguiendo el curso del Tigris, durante doce etapas, perseguidos por Tisafernes, que los hostiga. Los griegos deciden cambiar la formación en cuadro rígido por otra más flexible (4). Los persas queman las aldeas, dificultando el aprovisionamiento de los griegos. Los generales griegos deciden seguir la ruta del norte, en dirección al mar Negro, entrando en el país de los carducos (5).

LIBRO III

KUROU ANABASEWS G

[“Osa m$n d¾ ™n tÍ KÚrou ¢nab£sei oƒ “Ellhnej œpraxan mšcri tÁj m£chj, kaˆ Ósa ™peˆ Kàroj ™teleÚthsen ™gšneto ¢piÒntwn tîn `Ell»nwn sÝn Tissafšrnei ™n ta‹j sponda‹j, ™n tù prÒsqen lÒgJ ded»lwtai.]

(I.1) [Cuantas cosas hicieron los griegos en la expedición de Ciro hasta la batalla y cuantas sucedieron después de que Ciro muriera, volviéndose los griegos con Tisafernes en la tregua, han sido explicadas en el relato anterior]1.

'Epeˆ d$ oƒ strathgoˆ suneilhmmšnoi Ãsan kaˆ tîn locagîn kaˆ tîn stratiwtîn oƒ sunepÒmenoi ¢pwlèlesan, ™n pollÍ d¾ ¢por…v Ãsan oƒ “Ellhnej, ™nnooÚmenoi Óti ™pˆ ta‹j basilšwj qÚraij Ãsan, kÚklJ d$ aÙto‹j p£ntV poll¦ kaˆ œqnh kaˆ pÒleij polšmiai Ãsan, ¢gor¦n d$ oÙdeˆj œti paršxein œmellen, ¢pe‹con d$ tÁj `Ell£doj oÙ me‹on À mÚria st£dia, ¹gemën d' oÙdeˆj tÁj Ðdoà Ãn, potamoˆ d$ die‹rgon ¢di£batoi ™n mšsJ tÁj o‡kade Ðdoà, proudedèkesan d$ aÙtoÝj kaˆ oƒ sÝn KÚrJ ¢nab£ntej b£rbaroi, mÒnoi d$ kataleleimmšnoi Ãsan oÙd$ ƒppša oÙdšna sÚmmacon œcontej, éste eÜdhlon Ãn Óti nikîntej m$n oÙdšna ¨n katak£noien, ¹tthqšntwn d$ aÙtîn oÙdeˆj ¨n leifqe…h· taàt' ™nnooÚmenoi kaˆ ¢qÚmwj œcontej Ñl…goi m$n aÙtîn e„j t¾n ˜spšran s…tou ™geÚsanto, Ñl…goi d$ pàr ¢nškausan, ™pˆ d$ t¦ Ópla polloˆ oÙk Ãlqon taÚthn t¾n nÚkta, ¢nepaÚonto d$ Ópou ™tÚgcanon ›kastoj, oÙ dun£menoi kaqeÚdein ØpÕ lÚphj kaˆ pÒqou patr…dwn, gonšwn, gunaikîn, pa…dwn, oÞj oÜpot' ™nÒmizon œti Ôyesqai. oÛtw m$n d¾ diake…menoi p£ntej ¢nepaÚonto.

(2) Después del apresamiento de los generales y del asesinato de los capitanes y soldados que los acompañaban, los griegos se hallaban realmente en un gran apuro, al ser conscientes de que estaban cerca de la corte del Rey, de que los rodeaban por todas partes muchos pueblos y ciudades enemigas, de que nadie iba ya a facilitarles mercado y distaban de Grecia no menos de diez mil estadios, de que no tenían ningún guía del trayecto y ríos infranqueables se interponían en medio del camino a su patria, de que los habían traicionado incluso los bárbaros que habían hecho la expedición al interior con Ciro y de que se habían quedado solos sin tener ni siquiera un jinete aliado, de modo que estaba bien claro que, si vencían, a nadie podrían matar, y si eran derrotados, ninguno de ellos podría permanecer vivo. (3) Considerando estos hechos y estando desanimados, pocos de ellos probaron la cena al anochecer y pocos encendieron fuego; muchos no fueron al lugar de acampada en esa noche, sino que descansaron en donde cada uno se hallaba por casualidad, no pudiendo dormir de pena y nostalgia de su patria, de sus padres, de sus esposas, de sus hijos, a quienes, creían, nunca más iban a volver a ver. Con este abatimiento descansaron todos2.

1

1 Véase libro II, nota 1.

2Éste largo parágrafo resume las dificultades en las que se encontraba el ejército griego justo antes de la aparición de

Jenofonte como salvador de los expedicionarios. Diodoro, XIV 27, 1 ofrece, en cambio, una versión más realista y menos dramática de las circunstancias presentes.

’Hn dš tij ™n tÍ strati´ Xenofîn 'Aqhna‹oj, Öj oÜte strathgÕj oÜte locagÕj oÜte stratièthj ín sunhkoloÚqei, ¢ll¦ PrÒxenoj aÙtÕn metepšmyato o‡koqen xšnoj ín ¢rca‹oj· Øpiscne‹to d$ aÙtù, e„ œlqoi, f…lon aÙtÕn KÚrJ poi»sein, Ön aÙtÕj œfh kre…ttw ˜autù nom…zein tÁj patr…doj. Ð mšntoi Xenofîn ¢nagnoÝj t¾n ™pistol¾n ¢nakoinoàtai Swkr£tei tù 'Aqhna…J perˆ tÁj pore…aj. kaˆ Ð Swkr£thj ØpopteÚsaj m» ti prÕj tÁj pÒlewj Øpa…tion e‡h KÚrJ f…lon genšsqai, Óti ™dÒkei Ð Kàroj proqÚmwj to‹j Lakedaimon…oij ™pˆ t¦j 'Aq»naj sumpolemÁsai, sumbouleÚei tù Xenofînti ™lqÒnta e„j DelfoÝj ¢nakoinîsai tù qeù perˆ tÁj pore…aj. ™lqën d' Ð Xenofîn ™p»reto tÕn 'ApÒllw t…ni ¨n qeîn qÚwn kaˆ eÙcÒmenoj k£llista kaˆ ¥rista œlqoi t¾n ÐdÕn ¿n ™pinoe‹ kaˆ kalîj pr£xaj swqe…h. kaˆ ¢ne‹len aÙtù Ð 'ApÒllwn qeo‹j oŒj œdei qÚein. ™peˆ d$ p£lin Ãlqe, lšgei t¾n mante…an tù Swkr£tei. Ð d' ¢koÚsaj Æti©to aÙtÕn Óti oÙ toàto prîton ºrèta pÒteron lùon e‡h aÙtù poreÚesqai À mšnein, ¢ll' aÙtÕj kr…naj „tšon enai toàt' ™punq£neto Ópwj ¨n k£llista poreuqe…h. ™peˆ mšntoi oÛtwj ½rou, taàt', œfh, cr¾ poie‹n Ósa Ð qeÕj ™kšleusen.

(4) Había en el ejército un tal Jenofonte3, ateniense, que los acompañaba sin ser general, ni capitán, ni soldado, sino porque Próxeno, con quien tenía antiguos lazos de hospitalidad4, lo había mandado llamar desde su patria; le había prometido, si iba, que lo convertiría en amigo de Ciro, a quien decía considerar mejor para sí mismo que su propia patria. (5) Con todo, Jenofonte tras leer la carta, se lo comunicó a Sócrates5 de Atenas y le preguntó acerca del viaje. Y Sócrates, sospechando que podría recibir algún reproche por parte de la ciudad llegar a ser amigo de Ciro, porque Ciro tenía fama de haberse unido decididamente al bando espartano en la guerra contra los atenienses6, aconsejó a Jenofonte que fuera a Delfos7 a consultar a la divinidad sobre el viaje. (6) Fue Jenofonte a preguntar a Apolo a cuál de los dioses debía ofrecer sacrificios y rogar para hacer el viaje que tenía pensado del mejor modo posible y quedar a salvo tras tener éxito en él. Y Apolo le designó los dioses a los que debía ofrecer sacrificios. (7) Cuando volvió, contó a Sócrates el oráculo. Éste, al oírlo, le censuró que no preguntara primero si era mejor para él marchar o quedarse, y que, habiendo juzgado por su cuenta que él debía ir, se hubiera inforrnado de cómo podría hacer su viaje de la mejor manera. «Sin embargo», dijo, «puesto que así lo has preguntado, debes hacer cuanto el dios te ha ordenado»8.

Ð m$n d¾ Xenofîn oÛtw qus£menoj oŒj ¢ne‹len Ð qeÕj ™xšplei, kaˆ katalamb£nei ™n S£rdesi PrÒxenon kaˆ Kàron mšllontaj

(8) Así pues, Jenofonte, después de ofrecer los sacrificios a los dioses que la divinidad le había designado, zarpó y, al llegar a Sardes, encontró a

3

Jenofonte ya se había mencionado brevemente cuatro veces en los libros anteriores: 1.8.15, 2.4.15, 2.5.37 y 2.5.41, pero es aquí cuando hace su presentación formal en la obra como protagonista de la dificil katábasis o regreso de los Diez Mil. Hablando en tercera persona, como siglos después hará César en sus relatos de la guerra de las Galias y de la guerra civil, Jenofonte detalla al lector la causa de su participación en la expedición de Ciro. Véase Introducción, § II. 3.

4

Véase libro I, nota 15, y, sobre la xenía, libro I, nota 13.

5

La aparición del famoso filósofo ateniense recuerda al lector el vínculo de Jenofonte con quien fuera su maestro, a quien pide consejo. La respuesta de Sócrates concuerda con el pensamiento manifestado por él en el diálogo platónico Critón: no se debe traicionar, bajo ningún concepto, las leyes de la polis o ciudad-estado en donde se vive, en este caso Atenas. Se alude, además, al carácter piadoso de Sócrates (manda a Jenofonte ir a consultar el oráculo de Delfos), cuando uno de los dos cargos de su condena a muerte era «no creer en las divinidades de la ciudad».

6

Fama que era bien cierta: véase libro I, nota 2. Jenofonte, en los dos primeros libros de sus Helénicas, refiere cómo Ciro, en cuanto fue nombrado káranos de Lidia en 407-406 a.C., ayudó económicamente a los espartanos Lisandro y Calicrátidas para luchar contra Atenas.

7

El más importante oráculo de la antigüedad, en el santuario de Apolo, estaba situado en la ladera sur del monte Parnaso, en la región de la Fócide. Los griegos lo consideraban el «centro del mundo» (omphalós).

8

Curiosamente Jenofonte, un hombre muy religioso, tal como aparece a lo largo de toda la obra, se ha portado como un pícaro, engañando a Sócrates, puesto que ya tenía resuelto partir en la expedición.

½dh Ðrm©n t¾n ¥nw ÐdÒn, kaˆ sunest£qh KÚrJ. proqumoumšnou d$ toà Proxšnou kaˆ Ð Kàroj sumprouqume‹to me‹nai aÙtÒn, epe d$ Óti ™peid¦n t£cista ¹ strate…a l»xV, eÙqÝj ¢popšmyei aÙtÒn. ™lšgeto d$ Ð stÒloj enai e„j Pis…daj. ™strateÚeto m$n d¾ oÛtwj ™xapathqe…j–oÙc ØpÕ Proxšnou· oÙ g¦r Édei t¾n ™pˆ basilša Ðrm¾n oÙd$ ¥lloj oÙdeˆj tîn `Ell»nwn pl¾n Kle£rcou· ™peˆ mšntoi e„j Kilik…an Ãlqon, saf$j p©sin ½dh ™dÒkei enai Óti Ð stÒloj e‡h ™pˆ basilša. foboÚmenoi d$ t¾n ÐdÕn kaˆ ¥kontej Ómwj oƒ polloˆ di' a„scÚnhn kaˆ ¢ll»lwn kaˆ KÚrou sunhkoloÚqhsan· ïn eŒj kaˆ Xenofîn Ãn.

Próxeno y a Ciro a punto de empezar el camino al interior del país, y fue presentado como amigo a Ciro9. (9) Igual que Próxeno, también Ciro deseaba vivamente que Jenofonte se quedara, y le dijo que nada más acabase la campaña militar lo enviaría sin demora de vuelta a su casa. Se decía que la expedición era hacia el territorio de los písidas. (10) Por tanto, Jenofonte se unió a la expedición militar engañado así completamente, no por Próxeno, que desconocía el ataque contra el Rey10, lo mismo que cualquier otro de los griegos, salvo Clearco. Sin embargo, cuando llegaron a Cilicia, parecía estar ya claro para todos que la expedición era contra el Rey. Aun temiendo el camino y contra su voluntad, no obstante, la mayoría siguió con Ciro por vergüenza de sí mismos y de él; entre éstos, fue también Jenofonte.

™peˆ d$ ¢por…a Ãn, ™lupe‹to m$n sÝn to‹j ¥lloij kaˆ oÙk ™dÚnato kaqeÚdein· mikrÕn d' Ûpnou lacën eden Ônar. œdoxen aÙtù brontÁj genomšnhj skhptÕj pese‹n e„j t¾n patróan o„k…an, kaˆ ™k toÚtou l£mpesqai p©sa. per…foboj d' eÙqÝj ¢nhgšrqh, kaˆ tÕ Ônar tÍ m$n œkrinen ¢gaqÒn, Óti ™n pÒnoij ín kaˆ kindÚnoij fîj mšga ™k DiÕj „de‹n œdoxe· tÍ d$ kaˆ ™fobe‹to, Óti ¢pÕ DiÕj m$n basilšwj tÕ Ônar ™dÒkei aÙtù enai, kÚklJ d$ ™dÒkei l£mpesqai tÕ pàr, m¾ oÙ dÚnaito ™k tÁj cèraj ™xelqe‹n tÁj basilšwj, ¢ll' e‡rgoito p£ntoqen ØpÒ tinwn ¢poriîn. Ðpo‹Òn ti m$n d¾ ™stˆ tÕ toioàton Ônar „de‹n œxesti skope‹n ™k tîn sumb£ntwn met¦ tÕ Ônar. g…gnetai g¦r t£de. eÙqÝj ™peid¾ ¢nhgšrqh prîton m$n œnnoia aÙtù ™mp…ptei· t… kat£keimai; ¹ d$ nÝx proba…nei· ¤ma d$ tÍ ¹mšrv e„kÕj toÝj polem…ouj ¼xein. e„ d$ genhsÒmeqa ™pˆ basile‹, t… ™mpodën m¾ oÙcˆ p£nta m$n t¦ calepètata ™pidÒntaj, p£nta d$ t¦ deinÒtata paqÒntaj Øbrizomšnouj

(11) Puesto que era una situación difícil, Jenofonte estaba apenado como los demás y no podía dormir; pero tras echar una cabezadita, tuvo un sueño. Le pareció oír un trueno y que un rayo caía en su casa paterna, y por esto brillaba toda entera. (12) Lleno de espanto, se despertó al instante y, por una parte, juzgaba el sueño de buen augurio, porque estando entre fatigas y peligros le pareció haber visto una gran luz procedente de Zeus, pero, por otra, también tenía miedo de que, como el sueño le parecía venir de Zeus en tanto que Rey y le parecía que el fuego brillaba rodeándole, no pudiera salir del territorio del Rey y estuviera cercado por todas partes por diversos obstáculos. (13) Qué significa realmente haber visto tal clase de sueño es posible aclararlo por lo sucedido después. Pues ocurrió lo siguiente: en cuanto se despertó, en primer lugar le vino a las mientes la siguiente reflexión: «¿Por qué estoy echado? La noche avanza y, en cuanto se haga de día, es probable que los enemigos lleguen aquí. Si acabamos en poder del Rey, ¿qué impedimento habrá para que

9

Por 6.1.23 sabemos que Jenofonte desembarcó en Éfeso, en donde visitó el templo de Ártemis, y desde Éfeso marchó a Sardes en un viaje que debió durar tres días (cfr. Heródoto, V 54, 2).

10

No dice lo mismo Diodoro, XIV 19, 9, quien cuenta que Ciro sí había comunicado a los generales griegos, no a los soldados, el objetivo de su expedición, y no es verosímil que Próxeno fuera una excepción. En realidad, en todo este párrafo se percibe con claridad la tendencia apologética de la Anábasis. Jenofonte trata de justificar ante sus compatriotas atenienses su participación en la sublevación de Ciro: no se debía a ninguna provocación contra los intereses políticos de Atenas, enemiga de Ciro, sino producto de un complicado engaño, evidentemente por parte de Ciro. Sin embargo, como Jenofonte ha hecho un elogioso retrato de Ciro (1.9), tiene que «hacer equilibrios» como un funambulista sin explicitar la autoría del engaño.

¢poqane‹n; Ópwj d' ¢munoÚmeqa oÙdeˆj paraskeu£zetai oÙd$ ™pimele‹tai, ¢ll¦ katake…meqa ésper ™xÕn ¹suc…an ¥gein. ™gë oân tÕn ™k po…aj pÒlewj strathgÕn prosdokî taàta pr£xein; po…an d' ¹lik…an ™mautù ™lqe‹n ¢name…nw; oÙ g¦r œgwg' œti presbÚteroj œsomai, ™¦n t»meron prodî ™mautÕn to‹j polem…oij. ™k toÚtou ¢n…statai kaˆ sugkale‹ toÝj Proxšnou prîton locagoÚj.

no muramos de malos tratos, después de haber contemplado las cosas más desagradables y después de haber sufrido todas las cosas más terribles? (14) De cómo nos defenderemos nadie se previene ni se preocupa, sino que estamos echados como si nos fuera posible estar tranquilos. Por tanto, yo ¿de qué ciudad espero al general que vaya a actuar así? ¿A qué edad he de aguardar para ir en persona? Pues yo, por lo menos, ya no llegaré a vivir más años, si hoy me entrego a los enemigos».

™peˆ d$ sunÁlqon, œlexen· 'Egè, ð ¥ndrej locago…, oÜte kaqeÚdein dÚnamai, ésper omai oÙd' Øme‹j, oÜte katake‹sqai œti, Ðrîn ™n o†oij ™smšn. oƒ m$n g¦r polšmioi dÁlon Óti oÙ prÒteron prÕj ¹m©j tÕn pÒlemon ™xšfhnan prˆn ™nÒmisan kalîj t¦ ˜autîn paraskeu£sasqai, ¹mîn d' oÙdeˆj oÙd$n ¢ntepimele‹tai Ópwj æj k£llista ¢gwnioÚmeqa. kaˆ m¾n e„ ØfhsÒmeqa kaˆ ™pˆ basile‹ genhsÒmeqa, t… o„Òmeqa pe…sesqai; Öj kaˆ toà Ðmomhtr…ou ¢delfoà kaˆ teqnhkÒtoj ½dh ¢potemën t¾n kefal¾n kaˆ t¾n ce‹ra ¢nestaÚrwsen· ¹m©j dš, oŒj khdemën m$n oÙdeˆj p£restin, ™strateÚsamen d$ ™p' aÙtÕn æj doàlon ¢ntˆ basilšwj poi»sontej kaˆ ¢poktenoàntej e„ duna…meqa, t… ¨n o„Òmeqa paqe‹n; «r' oÙk ¨n ™pˆ p©n œlqoi æj ¹m©j t¦ œscata a„kis£menoj p©sin ¢nqrèpoij fÒbon par£scoi toà strateàsa… pote ™p' aÙtÒn; ¢ll' Ópwj toi m¾ ™p' ™ke…nJ genhsÒmeqa p£nta poihtšon.

(15) Seguidamente se levantó y convocó a los capitanes de Próxeno11 en primer lugar. Cuando se congregaron, les dijo: «Yo, capitanes, ni puedo dormir, como creo que tampoco vosotros, ni estar acostado más tiempo, viendo en qué situación estamos. (16) En efecto, es evidente que los enemigos no nos han declarado la guerra antes de tener por cierto que sus fuerzas se han preparado bien, pero ninguno de nosotros presta, en cambio, ninguna atención a cómo luchar de la mejor manera posible. (17) Y, ciertamente, si somos sometidos y venimos a parar a poder del Rey, ¿qué creernos que sufriremos? Éste hombre incluso a su hermano uterino, cuando ya estaba muerto, le cortó la cabeza y la mano y las empaló12; nosotros, entonces, a los que no nos asiste protector alguno y que hemos hecho la guerra contra él para hacerlo esclavo en vez de Rey, y matarlo si pudiéramos, ¿qué creemos que podríamos sufrir? (18) ¿Acaso no acudiría a cualquier cosa para causar miedo a todo el mundo de hacer una expedición militar contra él, después de habernos infligido las mayores torturas? Sin duda hay que hacer todo para no llegar a estar en su poder.

™gë m$n oân œste m$n aƒ spondaˆ Ãsan oÜpote ™pauÒmhn ¹m©j m$n o„kt…rwn, basilša d$ kaˆ toÝj sÝn aÙtù makar…zwn, diaqeèmenoj aÙtîn Óshn m$n cèran kaˆ o†an œcoien, æj d$ ¥fqona t¦ ™pit»deia, Ósouj d$ qer£pontaj, Ósa d$ kt»nh,

(19) »Ciertamente, yo, mientras había la tregua, nunca dejé de compadecernos y de felicitar al Rey y a los que estaban con él, al observar qué grande y qué fértil territorio tenían, cuán abundantes eran sus provisiones, cuántos sus servidores, cuántos sus rebaños, su oro y su

11

Seguramente unos veinte hombres, porque Próxeno había acaudillado un contingente de dos mil soldados, y cada compañía tenía un promedio de cien (véase libro I, nota 51).

12

Cfr. 1.10.1 y libro I, nota 148. La mutilación de un cadáver era un sacrilegio para los griegos: Heródoto, VII 238 cuenta que la misma acción mandó hacer Jerjes I del cuerpo de Leónidas, el rey espartano, lo que le parece un ultraje horrible. En 3.4.5 Jenofonte se apresura a decir que los oficiales no dieron la orden a los soldados de mutilar los cadáveres de los enemigos. Entre los persas, en cambio, era una costumbre (véase libro II, nota 45).

crusÕn dš, ™sqÁta dš· t¦ d' aâ tîn stratiwtîn ÐpÒte ™nqumo…mhn, Óti tîn m$n ¢gaqîn toÚtwn oÙdenÕj ¹m‹n mete…h, e„ m¾ pria…meqa, Ótou d' çnhsÒmeqa Édein œti Ñl…gouj œcontaj, ¥llwj dš pwj por…zesqai t¦ ™pit»deia À çnoumšnouj Órkouj ½dh katšcontaj ¹m©j· taàt' oân logizÒmenoj ™n…ote t¦j spond¦j m©llon ™foboÚmhn À nàn tÕn pÒlemon. ™peˆ mšntoi ™ke‹noi œlusan t¦j spond£j, lelÚsaqai moi doke‹ kaˆ ¹ ™ke…nwn Ûbrij kaˆ ¹ ¹metšra Øpoy…a. ™n mšsJ g¦r ½dh ke‹tai taàta t¦ ¢gaq¦ «qla ÐpÒteroi ¨n ¹mîn ¥ndrej ¢me…nonej ðsin, ¢gwnoqštai d' oƒ qeo… e„sin, o‰ sÝn ¹m‹n, æj tÕ e„kÒj, œsontai. oátoi m$n g¦r aÙtoÝj ™piwrk»kasin· ¹me‹j d$ poll¦ Ðrîntej ¢gaq¦ sterrîj aÙtîn ¢peicÒmeqa di¦ toÝj tîn qeîn Órkouj· éste ™xe‹na… moi doke‹ „šnai ™pˆ tÕn ¢gîna polÝ sÝn fron»mati me…zoni À toÚtoij.

vestimenta; (20) por el contrario, siempre que reflexionaba sobre la situación de los soldados, que no teníamos parte en ninguno de estos bienes, si no los comprábamos, y que sabía, además, que pocos tenían con qué comprar, y que nosotros, guardando ya unos juramentos, de ningún otro modo nos procurábamos los víveres salvo comprándolos, al considerar, como digo, estos hechos algunas veces temía más la tregua que ahora la guerra. (21) Sin embargo, puesto que aquéllos han roto la tregua, me parece que también están disueltos su arrogancia y nuestro recelo. Pues estos bienes yacen ya en medio como premios para el que de los dos bandos sea mejor13, y son jueces de la competición los dioses, que, como es natural, estarán con nosotros. (22) Porque esos hombres han cometido perjurio ante ellos; en cambio, nosotros, aun viendo muchos bienes, nos alejábamos de ellos rigurosamente debido a los juramentos hechos a los dioses, de manera que me parece que es posible ir al certamen con un espíritu mucho más alto que estos bárbaros. œti d' œcomen sèmata ƒkanètera toÚtwn

kaˆ yÚch kaˆ q£lph kaˆ pÒnouj fšrein— œcomen d$ kaˆ yuc¦j sÝn to‹j qeo‹j ¢me…nonaj— oƒ d$ ¥ndrej kaˆ trwtoˆ kaˆ qnhtoˆ m©llon ¹mîn, Àn oƒ qeoˆ ésper tÕ prÒsqen n…khn ¹m‹n didîsin. ¢ll' ‡swj g¦r kaˆ ¥lloi taÙt¦ ™nqumoàntai, prÕj tîn qeîn m¾ ¢namšnwmen ¥llouj ™f' ¹m©j ™lqe‹n parakaloàntaj ™pˆ t¦ k£llista œrga, ¢ll' ¹me‹j ¥rxwmen toà ™xormÁsai kaˆ toÝj ¥llouj ™pˆ t¾n ¢ret»n· f£nhte tîn locagîn ¥ristoi kaˆ tîn strathgîn ¢xiostrathgÒteroi. k¢gë dš, e„ m$n Øme‹j ™qšlete ™xorm©n ™pˆ taàta, ›pesqai Øm‹n boÚlomai, e„ d' Øme‹j t£ttet' ™m$ ¹ge‹sqai,

In document Jenofonte - Anabasis (Bilingue) (página 104-136)

Documento similar