RESUMEN
Los griegos en el país de los carducos; dificultades de la marcha por las montañas y enfrentamientos con los carducos, con captura de prisioneros. Se recorren tres etapas (1). Fuertes combates entre carducos y griegos, con cuantiosas bajas entre los expedicionarios (más de trescientos hombres). Finalmente, los griegos llegan a la frontera con Armenia, tras haber recorrido tres etapas (2). Los griegos logran cruzar el río Centrites, pese al ataque por detrás de los carducos y la oposición en frente de Orontas, sátrapa de Armenia Oriental, gracias a una genial estrategia de Jenofonte, y entran en esta provincia (3). Los griegos pasan de Armenia Oriental a Armenia Occidental, en donde acuerdan una tregua con el sátrapa de esta provincia, Tiribazo. El invierno se hace más duro, con nevadas. Tiribazo ataca a los griegos, prevenidos por un prisionero; los griegos ponen en fuga a los bárbaros. Recorrrido total: nueve etapas (4). Los griegos continúan su avance por Armenia con grandes penalidades por el rigor del invierno; en medio de la nieve, escasean las provisiones y muchos hombres caen extenuados. Finalmente, después de ocho etapas, llegan a un pueblo en donde son agasajados (5). Los griegos entran en territorio de los fasianos, que les hacen frente junto con cálibes y taocos en el paso de una montaña, después de doce etapas de recorrido; los griegos vencen a los enemigos y conquistan la montaña (6). Los griegos penetran en el país de los taocos y los vencen; luego entran en el país de los cálibes y también los vencen, y continúan el avance por territorio de los escitenos. Tras un largo recorrido de veinticinco etapas, los griegos divisan el mar Negro desde un monte y se alegran (7). Los griegos penetran en el país de los macrones, con los que acuerdan un pacto, y prosiguen su recorrido por territorio de los colcos, que son derrotados. Por último, tras cinco etapas, llegan a la colonia griega de Trapezunte en el mar Negro (8).
LIBRO IV
KUROU ANABASEWS D
[“Osa m$n d¾ ™n tÍ ¢nab£sei ™gšneto mšcri tÁj m£chj, kaˆ Ósa met¦ t¾n m£chn ™n ta‹j sponda‹j §j basileÝj kaˆ oƒ sÝn KÚrJ ¢nab£ntej “Ellhnej ™poi»santo, kaˆ Ósa parab£ntoj t¦j spond¦j basilšwj kaˆ Tissafšrnouj ™polem»qh prÕj toÝj “Ellhnaj ™pakolouqoàntoj toà Persikoà strateÚmatoj, ™n tù prÒsqen lÒgJ ded»lwtai. ™peˆ d$ ¢f…konto œnqa Ð m$n T…grhj potamÕj pant£pasin ¥poroj Ãn di¦ tÕ b£qoj kaˆ mšgeqoj, p£rodoj d$ oÙk Ãn, ¢ll¦ t¦ KardoÚceia Ôrh ¢pÒtoma Øp$r aÙtoà toà potamoà ™kršmato, ™dÒkei d¾ to‹j strathgo‹j di¦ tîn Ñršwn poreutšon enai. ½kouon g¦r tîn ¡liskomšnwn Óti e„ dišlqoien t¦ KardoÚceia Ôrh, ™n tÍ 'Armen…v t¦j phg¦j toà T…grhtoj potamoà, Àn m$n boÚlwntai, diab»sontai, Àn d$ m¾ boÚlwntai, peri…asi. kaˆ toà EÙfr£tou d$ t¦j phg¦j ™lšgeto oÙ prÒsw toà T…grhtoj enai, kaˆ œstin oÛtwj œcon. t¾n d' e„j toÝj KardoÚcouj ™mbol¾n ïde poioàntai, ¤ma m$n laqe‹n peirèmenoi, ¤ma d$ fq£sai prˆn toÝj polem…ouj katalabe‹n t¦ ¥kra.]
(I.1) [Cuanto, sin duda, sucedió en la expedición hasta la batalla y cuanto después de ella durante la tregua que acordaron el Rey y los griegos que hicieron la expedición con Ciro, y cuanto, una vez que el Rey y Tisafernes violaron la tregua, se combatió contra los griegos persiguiéndolos el ejército persa, ha sido explicado en el relato anterior. (2) Cuando llegaron allí donde el río Tigris no se podía en absoluto pasar, debido a su profundidad y a su tamaño, y no había camino paralelo a la orilla, sino que los montes carducos colgaban escarpados por encima del río mismo, decidieron los generales que había que marchar a través de las montañas. (3) Pues oyeron decir a los prisioneros que si iban por entre los montes carducos, en Armenia pasarían sobre las fuentes del río Tigris, si querían, y si no querían, las rodearían. Y se decía que las fuentes del Éufrates no estaban lejos de las del Tigris, y esto es así. (4) La penetración en el país de los carducos la hicieron así: en parte, intentando pasar inadvertidos; en parte, intentando anticiparse a los enemigos en ocupar las cimas]1.
`Hn…ka d' Ãn ¢mfˆ t¾n teleuta…an fulak¾n kaˆ ™le…peto tÁj nuktÕj Óson skota…ouj dielqe‹n tÕ ped…on, thnikaàta ¢nast£ntej ¢pÕ paraggšlsewj poreuÒmenoi ¢fiknoàntai ¤ma tÍ ¹mšrv prÕj tÕ Ôroj.
(5) Cuando era en torno a la hora de la última guardia2 y quedaba de noche sólo el tiempo de atravesar la llanura a oscuras, en ese momento se dio la orden de levantarse y ponerse en marcha, y llegaron al amanecer a la montaña3.
1
Véase libro II, nota 1.
2
La noche se dividía en tres guardias, cuya duración variaba según las estaciones: la primera guardia iba desde el crepúsculo hasta medianoche, la segunda desde medianoche hasta romper el alba, y la tercera desde el alba hasta la hora del inicio de la marcha.
3
A partir de este momento, en el que los expedicionarios griegos se meten en las montañas del Kurdistán, hasta su llegada a Trapezunte en 4.8.22, su itinerario preciso no es seguro. Ningún nombre de ciudad, salvo Gimnias en 4.7.19, es mencionado por Jenofonte. El país es muy accidentado, con sierras por encima de los 3.000 metros, y lo habitan pueblos nómadas, muy belicosos e incivilizados. Los ríos citados por su nombre son poco conocidos y, en general, dificiles de localizar. Para una propuesta detallada del itinerario seguido, cfr. Lendle, Kommentar, págs. 191-287.
œnqa d¾ Ceir…sofoj m$n ¹ge‹to toà strateÚmatoj labën tÕ ¢mf' aØtÕn kaˆ toÝj gumnÁtaj p£ntaj, Xenofîn d$ sÝn to‹j ÑpisqofÚlaxin Ðpl…taij e†peto oÙdšna œcwn gumnÁta· oÙdeˆj g¦r k…ndunoj ™dÒkei enai m» tij ¥nw poreuomšnwn ™k toà Ôpisqen ™p…spoito.
(6) Por entonces Quirísofo comandaba el ejército tras tomar sus propias tropas y todos los gimnetas, y Jenofonte lo seguía con los hoplitas de la retaguardia y sin ningún gimneta, ya que no parecía haber riesgo alguno de que alguien los persiguiera por detrás mientras marchaban cuesta arriba.
kaˆ ™pˆ m$n tÕ ¥kron ¢naba…nei Ceir…sofoj pr…n tinaj a„sqšsqai tîn polem…wn· œpeita d' Øfhge‹to· ™fe…peto d$ ¢eˆ tÕ Øperb£llon toà strateÚmatoj e„j t¦j kèmaj t¦j ™n to‹j ¥gkes… te kaˆ muco‹j tîn Ñršwn.
(7) Quirísofo subió a la cima antes de que algunos de los enemigos se dieran cuenta; luego continuó guiando el camino y el resto del ejército lo seguía sin interrupción hacia las aldeas que se hallaban en las cañadas y profundidades de las montañas.
œnqa d¾ oƒ m$n Kardoàcoi ™klipÒntej t¦j o„k…aj œcontej kaˆ guna‹kaj kaˆ pa‹daj œfeugon ™pˆ t¦ Ôrh. t¦ d$ ™pit»deia poll¦ Ãn lamb£nein, Ãsan d$
kaˆ calkèmasi pampÒlloij
kateskeuasmšnai aƒ o„k…ai, ïn oÙd$n œferon oƒ “Ellhnej, oÙd$ toÝj ¢nqrèpouj ™d…wkon, ØpofeidÒmenoi, e‡ pwj ™qel»seian oƒ Kardoàcoi diišnai aÙtoÝj æj di¦ fil…aj tÁj cèraj, ™pe…per basile‹ polšmioi Ãsan· t¦ mšntoi ™pit»deia ÓtJ tij ™pitugc£noi ™l£mbanen· ¢n£gkh g¦r Ãn. oƒ d$ Kardoàcoi oÜte kaloÚntwn Øp»kouon oÜte ¥llo filikÕn oÙd$n ™po…oun.
(8) Los carducos, entretanto, abandonaron sus casas y huyeron con sus mujeres y sus hijos a las montañas. Muchas eran las provisiones que tomar, y las casas estaban abastecidas también de numerosísimos objetos de bronce, ninguno de los cuales se llevaron los griegos, ni persiguieron a los habitantes, mostrando algo de consideración por si, de algún modo, los carducos estuvieran dispuestos a que ellos pasaran como por un país amigo, ya que precisamente ese pueblo era enemigo del Rey. (9)
Sin embargo, respecto a las provisiones, cada cual tomaba lo que encontraba, pues tenían necesidad. Los carducos hicieron oídos sordos a su llamada y no mostraron ningún otro gesto amistoso.
™peˆ d$ oƒ teleuta‹oi tîn `Ell»nwn katšbainon e„j t¦j kèmaj ¢pÕ toà ¥krou ½dh skota‹oi (di¦ g¦r tÕ sten¾n enai t¾n ÐdÕn Ólhn t¾n ¹mšran ¹ ¢n£basij aÙto‹j ™gšneto kaˆ kat£basij), tÒte d¾ sullegšntej tin$j tîn KardoÚcwn to‹j teleuta…oij ™pet…qento, kaˆ ¢pšktein£n tinaj kaˆ l…qoij kaˆ toxeÚmasi katštrwsan, Ñl…goi Ôntej· ™x ¢prosdok»tou g¦r aÙto‹j ™pšpese tÕ `EllhnikÒn. e„ mšntoi tÒte ple…ouj sunelšghsan, ™kindÚneusen ¨n diafqarÁnai polÝ toà strateÚmatoj. kaˆ taÚthn m$n t¾n nÚkta oÛtwj ™n ta‹j kèmaij hÙl…sqhsan· oƒ d$ Kardoàcoi
(10) Cuando los últimos griegos bajaron desde la cima hacia las aldeas, ya a oscuras —debido a que el camino era estrecho, el ascenso y el descenso les ocupó el día entero—, justo en ese instante se congregaron unos cuantos carducos y atacaron a los últimos; a pesar de que eran pocos, mataron a algu- nos hombres e hirieron a otros con piedras y flechas. Sin esperarlo, cayó sobre ellos el ejército griego. (11) No obstante, si en aquel momento se hubieran reunido más carducos, habría corrido peligro de ser destruido gran parte del ejército griego. Y durante esa noche vivaquearon así en las aldeas; los carducos encendían muchas hogueras en derredor, en las montañas, y estaban a la vista unos de otros4.
4
La colocación de hogueras rodeando el campamento al aire libre de los griegos la interpreta Jenofonte como un sistema de señales, con cuya ayuda los carducos huidos en diferentes direcciones se informaban recíprocamente de su situación (cfr. también 5.12.13).
pur¦ poll¦ œkaion kÚklJ ™pˆ tîn Ñršwn kaˆ suneèrwn ¢ll»louj.
¤ma d$ tÍ ¹mšrv sunelqoàsi to‹j strathgo‹j kaˆ locago‹j tîn `Ell»nwn œdoxe tîn te Øpozug…wn t¦ ¢nagka‹a kaˆ dunatètata œcontaj poreÚesqai, katalipÒntaj t«lla, kaˆ Ósa Ãn newstˆ a„cm£lwta ¢ndr£poda ™n tÍ strati´ p£nta ¢fe‹nai. scola…an g¦r ™po…oun t¾n pore…an poll¦ Ônta t¦ ØpozÚgia kaˆ t¦ a„cm£lwta, polloˆ d$ oƒ ™pˆ toÚtoij Ôntej ¢pÒmacoi Ãsan, dipl£si£ te ™pit»deia œdei por…zesqai kaˆ fšresqai pollîn tîn ¢nqrèpwn Ôntwn. dÒxan d$ taàta ™k»ruxan oÛtw poie‹n.
(12) Al amanecer, se reunieron los generales y los capitanes griegos y decidieron marchar con las bestias de carga necesarias y las más capaces, abandonando las otras, y soltar a todos cuantos esclavos hechos recientemente prisioneros había en el ejército. (13) Pues, al ser un gran número, hacían lenta la marcha las bestias de carga y los prisioneros, y muchos eran los que no podían combatir por estar a cargo de éstos, y había que abastecer y transportar doble cantidad de provisiones, ya que eran muchos los hombres. Proclamaron por medio de heraldo el acuerdo de hacerlo así.
'Epeˆ d$ ¢rist»santej ™poreÚonto, Øpost»santej ™n tù stenù oƒ strathgo…, e‡ ti eØr…skoien tîn e„rhmšnwn m¾ ¢feimšnon, ¢fVroànto, oƒ d' ™pe…qonto, pl¾n e‡ tij œkleyen, oŒon À paidÕj ™piqum»saj À gunaikÕj tîn eÙprepîn. kaˆ taÚthn m$n t¾n ¹mšran oÛtwj ™poreÚqhsan, t¦ mšn ti macÒmenoi t¦ d$ kaˆ ¢napauÒmenoi.
(14) Después de haber desayunado, emprendieron la marcha; los generales, tras haber apostado a los soldados en el espacio estrecho, si encontraban algo de lo mencionado que no había sido entregado, lo requisaban, y ellos obedecían, excepto si alguien, por ejemplo, había ocultado un muchacho o una mujer bonita por lujuria. Durante ese día marcharon así, unas veces con algún combate, otras descansando de la lucha.
e„j d$ t¾n Østera…an g…gnetai ceimën polÚj, ¢nagka‹on d' Ãn poreÚesqai· oÙ g¦r Ãn ƒkan¦ t¢pit»deia. kaˆ ¹ge‹to m$n Ceir…sofoj, çpisqoful£kei d$ Xenofîn. kaˆ oƒ polšmioi „scurîj ™pet…qento, kaˆ stenîn Ôntwn tîn cwr…wn ™ggÝj prosiÒntej ™tÒxeuon kaˆ ™sfendÒnwn· éste ºnagk£zonto oƒ “Ellhnej ™pidièkontej kaˆ p£lin ¢nac£zontej scolÍ poreÚesqai· kaˆ qamin¦ par»ggellen Ð Xenofîn Øpomšnein, Óte oƒ polšmioi „scurîj ™pikšointo. ™ntaàqa Ð Ceir…sofoj ¥llote m$n Óte paregguùto Øpšmene, tÒte d$ oÙc Øpšmenen, ¢ll' Ãge tacšwj kaˆ parhggÚa ›pesqai, éste dÁlon Ãn Óti pr©gm£ ti e‡h· scol¾ d' oÙk Ãn „de‹n parelqÒnti tÕ a‡tion tÁj spoudÁj· éste ¹ pore…a Ðmo…a fugÍ ™g…gneto to‹j ÑpisqofÚlaxi. kaˆ ™ntaàqa ¢poqnÇskei ¢n¾r ¢gaqÕj LakwnikÕj Leènumoj toxeuqeˆj di¦ tÁj ¢sp…doj kaˆ tÁj spol£doj e„j t¦j pleur£j, kaˆ
(15) Al día siguiente se produjo una gran tormenta, pero había que continuar la marcha, pues las provisiones no eran suficientes. Quirísofo era el guía y Jenofonte guardaba la retaguardia. (16) Los enemigos atacaron con todas sus fuerzas, y al ser estrechos los lugares, se acercaron y dispararon flechas con sus arcos y piedras con sus hondas, de modo que los griegos se veían obligados a perseguirlos y a retroceder de nuevo, avanzando lentamente, y a menudo Jenofonte mandaba que lo esperasen, cuando los enemigos los acosaban intensamente. (17) Quirísofo, en otras ocasiones en que se le pasó la orden, lo aguardó, pero la última no lo hizo, sino que siguió conduciendo el ejército con rapidez y dio la orden de seguirlo, de manera que era evidente que había alguna cosa, pero quien iba pasando no tenía tiempo de ver la causa de la aceleración. Así pues, la marcha se asemejaba a una huida para la retaguardia. (18) En ese trayecto murieron un hombre valiente, Leónimo de Laconia, alcanzado por una flecha que, atravesando el escudo y el jubón, penetró en un costado, y Basias
Bas…aj 'Ark¦j diamper$j t¾n kefal»n. de Arcadia, con la cabeza perforada de lado a lado.
™peˆ d$ ¢f…konto ™pˆ staqmÒn, eÙqÝj ésper ecen Ð Xenofîn ™lqën prÕj tÕn Ceir…sofon Æti©to aÙtÕn Óti oÙc Øpšmenen, ¢ll' ºnagk£zonto feÚgontej ¤ma m£cesqai. kaˆ nàn dÚo kalè te kaˆ ¢gaqë ¥ndre tšqnaton kaˆ oÜte ¢nelšsqai oÜte q£yai ™dun£meqa. ¢pokr…netai Ð Ceir…sofoj· Blšyon, œfh, prÕj t¦ Ôrh kaˆ „d$ æj ¥bata p£nta ™st…· m…a d' aÛth ÐdÕj ¿n Ðr´j Ñrq…a, kaˆ ™pˆ taÚtV ¢nqrèpwn Ðr©n œxest… soi Ôclon tosoàton, o‰ kateilhfÒtej ful£ttousi t¾n œkbasin. taàt' ™gë œspeudon kaˆ di¦ toàtÒ se oÙc Øpšmenon, e‡ pwj duna…mhn fq£sai prˆn kateilÁfqai t¾n Øperbol»n· oƒ d' ¹gemÒnej oÞj œcomen oÜ fasin enai ¥llhn ÐdÒn. Ð d$ Xenofîn lšgei· 'All' ™gë œcw dÚo ¥ndraj. ™peˆ g¦r ¹m‹n pr£gmata pare‹con, ™nhdreÚsamen, Óper ¹m©j kaˆ ¢napneàsai ™po…hse, kaˆ ¢pekte…namšn tinaj aÙtîn, kaˆ zîntaj prouqum»qhmen labe‹n aÙtoà toÚtou ›neka Ópwj ¹gemÒsin e„dÒsi t¾n cèran crhsa…meqa.
(19) Cuando alcanzaron el final de la etapa5, inmediatamente Jenofonte fue, tal como estaba, hacia Quirísofo para censurarlo por no haberlo esperado y verse ellos obligados a luchar al mismo tiempo que huían. «Y ahora están muertos dos hombres de bien y no hemos podido recoger sus cuerpos ni enterrarlos.» (20) Quirísofo le respondió: «Mira hacia las montañas y ve cuán intransitables son todas. Ese camino que ves es el único cuesta arriba y en él puedes ver un gran número de hombres, que tienen ocupada la salida y la vigilan.
(21) Por estas razones yo me daba prisa y no te esperé, por si de algún modo podía anticiparme a tomar el paso de la montaña. Los guías que tenemos afirman que no hay otro camino.» (22) Jenofonte replicó: «Pero yo tengo dos prisioneros. Como nos causaban problemas, les tendimos una emboscada, lo que, por otra parte, hizo que también tomáramos un respiro, y matamos a algunos de ellos y nos esforzamos por coger a otros vivos por esta misma causa: para utilizarlos como guías expertos del territorio.»
Kaˆ eÙqÝj ¢gagÒntej toÝj ¢nqrèpouj ½legcon dialabÒntej e‡ tina e„de‹en ¥llhn ÐdÕn À t¾n faner£n. Ð m$n oân ›teroj oÙk œfh m£la pollîn fÒbwn prosagomšnwn·
(23) Al momento trajeron a los hombres en cuestión y los interrogaron, a cada uno por separado, acerca de si conocían algún otro camino aparte del que era visible. Uno dijo que no, pese a proferírsele un montón de amenazas espantosas; como no decía nada útil, fue degollado a la vista del otro6.
™peˆ d$ oÙd$n çfšlimon œlegen, Ðrîntoj toà ˜tšrou katesf£gh. Ð d$ loipÕj œlexen Óti oátoj m$n oÙ fa…h di¦ taàta e„dšnai, Óti aÙtù ™tÚgcane qug£thr ™ke‹ par' ¢ndrˆ ™kdedomšnh· aÙtÕj d' œfh ¹g»sesqai dunat¾n kaˆ Øpozug…oij poreÚesqai ÐdÒn.
(24) Él que quedaba contó que su compatriota había dicho que no lo sabía, porque resulta que había dado en matrimonio una hija suya a un hombre de allí. Éste dijo que los guiaría por una vía transitable hasta para los animales de carga.
™rwtèmenoj d' e„ e‡h ti ™n aÙtÍ (25) Al serle preguntado si había en ese camino
5
El ejército acampó al sereno; las columnas de marcha se instalaron a derecha e izquierda de la calzada, en el suelo, para pasar la noche.
6
El degüello de uno de los prisioneros, a los ojos del otro, muestra claramente qué grado de desesperación se había adueñado de los griegos.
dusp£riton cwr…on, œfh enai ¥kron Ö e„ m» tij prokatal»yoito, ¢dÚnaton œsesqai parelqe‹n.
algún lugar dificil de pasar, dijo que había una cima por la que, si no se ocupaba de antemano, sería imposible pasar.
™ntaàqa d' ™dÒkei sugkalšsantaj locagoÝj kaˆ peltast¦j kaˆ tîn Ðplitîn lšgein te t¦ parÒnta kaˆ ™rwt©n e‡ tij aÙtîn œstin Óstij ¢n¾r ¢gaqÕj ™qšloi ¨n genšsqai kaˆ Øpost¦j ™qelont¾j poreÚesqai.
(26) Entonces decidieron convocar a capitanes, a peltastas y a ciertos hoplitas para explicarles la situación presente y preguntar si había alguno entre ellos dispuesto a mostrarse valiente y a marchar voluntario bajo promesa de hacerlo.
Øf…statai tîn m$n Ðplitîn 'Aristènumoj MequdrieÝj ['Ark¦j] kaˆ 'Agas…aj Stumf£lioj ['Ark£j], ¢ntistasi£zwn d$ aÙto‹j Kall…macoj Parr£sioj ['Ark¦j kaˆ oátoj] œfh ™qšlein poreÚesqai proslabën ™qelont¦j ™k pantÕj toà strateÚmatoj· ™gë g£r, œfh, oda Óti ›yontai polloˆ tîn nšwn ™moà ¹goumšnou. ™k toÚtou ™rwtîsin e‡ tij kaˆ tîn gumn»twn taxi£rcwn ™qšloi sumporeÚesqai. Øf…statai 'Aristšaj C‹oj, Öj pollacoà polloà ¥xioj tÍ strati´ e„j t¦ toiaàta ™gšneto.
(27) Entre los hoplitas se comprometieron Aristónimo de Metridio [arcadio] y Agasias de Éstinfalia [arcadio], y, rivalizando con ellos, Calímaco de Parrasio [arcadio también éste]7 dijo que estaba listo para marchar llevándose con él a voluntarios de todo el ejército, «pues yo», aseguró, «sé que muchos jóvenes me seguirán si yo soy su guía». (28) A continuación, preguntaron si algún taxiarca8 de los gimnetas estaba también dispuesto a salir con ellos. Se comprometió Aristeas de Quíos, quien en muchos lugares, en circunstancias semejantes, resultó de gran valía para el ejército9.
Kaˆ Ãn m$n de…lh, oƒ d' ™kšleuon aÙtoÝj ™mfagÒntaj poreÚesqai. kaˆ tÕn ¹gemÒna d»santej paradidÒasin aÙto‹j, kaˆ sunt…qentai t¾n m$n nÚkta, Àn l£bwsi tÕ ¥kron, tÕ cwr…on ful£ttein, ¤ma d$ tÍ ¹mšrv tÍ s£lpiggi shma…nein· kaˆ toÝj m$n ¥nw Ôntaj „šnai ™pˆ toÝj katšcontaj t¾n faner¦n œkbasin, aÙtoˆ d$ sumbohq»sein ™kba…nontej æj ¨n dÚnwntai t£cista.
(II.1) Atardecía y a los voluntarios les ordenaron que tomaran un bocado y se pusieran en marcha. Una vez que ataron al guía, se lo entregaron y acordaron vigilar el lugar por la noche, si tomaban la cumbre, y al amanecer dar la señal con la trompeta; asimismo, convinieron en que los que estuvieran arriba irían contra los que ocupaban la salida visible, y que ellos mismos se unirían para ayudarlos partiendo lo más rápidamente que pudieran.
taàta sunqšmenoi oƒ m$n ™poreÚonto plÁqoj æj disc…lioi· kaˆ Ûdwr polÝ Ãn ™x oÙranoà· Xenofîn d$ œcwn toÝj
(2) Tras estos acuerdos, el grupo de voluntarios se puso en marcha, en número aproximado de dos mil hombres, cuando del cielo caía un gran aguacero10;
7
Los arcadios eran numerosos en el ejército expedicionario y algún glosista antiguo ha añadido el gentilicio de esta región para explicar que las tres pequeñas villas mencionadas como lugar natal de los respectivos hoplitas son de Arcadia.
8
El taxiarca era el comandante de un cuerpo del ejército griego, fuera de infantería, de caballería o bien de la armada.
9
Cfr. 4.6.20. Aristeas, de la isla jónica de Quíos en el mar Egeo, podría haber figurado inicialmente en el ejército de Próxeno, pero se había trasladado ya a la vanguardia, al igual que todas las tropas ligeras.
10
Los expedicionarios se encuentran en pleno invierno (febrero de 400 a.C.), en un país de altas montañas; las tormentas no son infrecuentes allí en esa época del año.
ÑpisqofÚlakaj ¹ge‹to prÕj t¾n faner¦n œkbasin, Ópwj taÚtV tÍ Ðdù oƒ polšmioi prosšcoien tÕn noàn kaˆ æj m£lista l£qoien oƒ periiÒntej. ™peˆ d$ Ãsan ™pˆ car£drv oƒ ÑpisqofÚlakej ¿n œdei