“Hoy la dominación se perpetúa y amplia no sólo gracias a la tecnología sino precisamente en tanto que tecnología…” (H. Marcuse)
La evolución de las técnicas de la tortura no podría haber sido llevada a cabo si no hubiera tenido el aporte de las descubiertas y avances, sin precedentes, de la tecnología y de la ciencia, durante en el siglo XX. Y eso ha ocurrido de forma paralela, como ya decimos, a la revaloración del ser humano y de su dignidad, sobre todo a través de marcos legales, tanto en el interior de los países como en el nivel internacional. Pero, concomitantemente, en el mismo siglo hallamos la síntesis de la brutalidad y de la sofisticación del dolor270. Las técnicas y recursos para infligir sufrimiento del pasado recobran su validez, su actualidad; algunas son mejoradas gracias a incansables investigaciones, reformadas y adaptadas a las necesidades actuales. “Ningún recurso ha sido despreciado, todos son buenos. Todo tipo de golpes, vejámenes e insultos, el entrenamiento riguroso de los torturadores, junto al efecto sicológico calculado de cada medida o el uso de modernas tecnologías y drogas, conviven sin conflicto en el arsenal de la tortura contemporánea. La mejor brutalidad medieval está hoy presente271.”
Por eso afirmó Franz Hinkelammert, de modo más incisivo, que desde el filósofo Bacon, en el comienzo de la ciencia empírica moderna, la imagen del torturador está en su cuna. “Hace más de trescientos años, Bacon anunció las ciencias de la naturaleza con esta imagen: hay que torturar a la naturaleza para que suelte sus secretos272”. El saber “instrumental” tiene validez en la medida que se torna saber aplicado para fines determinados. “De este modo Bacon contestó al Gran inquisidor español Torquemada, quien a finales del siglo XV 270 Los ejemplos son siempre extensivos. Citamos algunos: “La escalera de Mauthausen, las cámaras de
gas de Auschwitz, las experiencias médicas del Dr. Rascher, entre las que se cuentan los estudios de reacciones a las altas presiones, los experimentos de resistencia al frío, las pruebas es esterilización, los injertos óseos, los ensayos de vacunas contra la tifus y la ictericia y los estudios de los efectos de la gangrena gaseosa”, entre otros. En OTERO y LÓPEZ, p. 65.
271 Ídem, p. 57. Lo que se pude constatar es la armónica convivencia de las antiguas técnicas con las
“nuevas tecnologías” de sometimiento: nada necesita ser excluido.
272 HINKELAMMERT, F. “El nihilismo al desnudo – los tiempos de la globalización”, p. 163.
109
se hacía la pregunta siguiente: ¿Es lícito no torturar a un hereje? Su pregunta era negativa. No preguntaba si era lícito torturar al hereje, sino si era lícito no torturarlo. El mismo daba la respuesta: no es lícito no torturarlo, porque de esta manera se le robaría la última oportunidad para salvar su alma eterna. El hereje tenía el derecho irrenunciable de ser torturado. Bacon únicamente secularizó esta posición poniendo en el lugar del alma eterna del hereje el progreso técnico infinito. De esta manera se hace visible el hecho de que la Inquisición fue la revolución cultural de la cual nació la modernidad”. Más que eso, encontramos in locus las exactas condiciones en que el poder produce un tipo de saber necesario a la dominación y, ese saber aplicado, reproduce el poder273. Es un círculo en el cual saber, poder y dominación se encuentran íntimamente ligados, no apenas para el conocimiento de los “secretos” de la naturaleza como afirma Hinkelammert, sino también, y de modo prioritario, como dominio del hombre sobre la naturaleza y el ambiente social, como definió Mauricio Tragtenberg.
Cuando George Orwell, en su último libro describió las sociedades futuras como sociedades del control, controladas y controladoras, para muchos les parecía ser apenas la visión pesimista y desencantada de un escritor brillante, viejo y enfermo, hacía el futuro. Sin embargo, la denuncia de que el “telos” orientador de las investigaciones científicas y de sus colaboradores no era exactamente las ideas emancipadoras de ilustración, de más de un siglo atrás, parece confirmarse una y otra vez. “El científico actual es una mezcla de psicólogo y policía que analiza minuciosamente las expresiones, los gestos y los tonos de voz, los efectos de las drogas de la verdad, los tratamientos de shock, la hipnosis y los efectos de la tortura. Físicos, químicos y biólogos se preocupan de aquellas ramas de su especialidad que sólo sirven para matar. En los grandes laboratorios del Ministerio de la Paz, estos científicos trabajan en forma incansable274”.
273 TRAGTENBERG, M. “O saber e o poder” en “Sobre educação, política e sindicalismo”, p. 21.
Traducido libremente.
274 ORWELL, G. “!984”, p. 149.
Para no quedarse apenas en la literatura: “En el verano de 1.977, el New York Times denunció el programa Pájaro Azul o Alcachofa. Veinticinco años y otros tantos millones de dólares invirtió la CIA en
110
Hace muchos años, Tragtenberg ya había denunciado la orientación ideológica de la mundialmente reconocida American Sociological Association, con sus múltiples accesos a las fuentes de financiamiento de pesquisa, que posibilitaba “controlar firmemente” los rumbos de las investigaciones. ¿Qué finalidad tenía la producción del conocimiento socioeconómico, modelos econométricos, banco de datos, teoría de los modelos? – “será utilizado para fortalecer nuestra posición militar”. En otras palabras, los intelectuales hacen parte integrante del complejo militar-industrial-académico: “En la era del imperialismo, del capitalismo archimaduro, la tortura adquiere un carácter rigurosamente científico, técnico y racional, como racional es el funcionamiento de una empresa industrial275”.
La tortura en nuestros días se ha complejizado de manera sorprendente. Otero y López afirman que en el siglo XX se practica la tortura sin improvisación – aunque, particularmente, me parece que en otros tiempos tampoco había improvisación en términos de la tortura, haya vista la cantidad de manuales, técnicas, informes, leyes, bulas, etcétera, que contenía las penas y su modo de aplicación con riqueza de detalles. Sea como fuere, lo que sí es cierto, la tortura fue “modernizada” de modo a adaptarse a las “necesidades” actuales para mantener su eficacia histórica276.
Terrón sostiene que, comparada con la tortura racionalizada, tecnificada, científica, ideada, elaborada y empleada por los expertos en represión del
el estudio de procedimientos científicos destinados a controlar la mente humana. Infinidad de médicos colaboraron en la noble tarea. Afortunadamente, siempre hay excepciones. En noviembre de 1.962 Mansfield Gunn, médico de la CIA, intentó fichar al neurocirujano Robert Heath. ‘Dije bien en claro – confesaría Heath – que si hubiera querido ser espía hubiera sido espía; pero yo quise ser médico y practico medicina”. CABALLERO, O., p. 258.
275 TERRÓN, E. p. 246.
276 Solé Sabaris, en su artículo “Factores de supervivencia en los torturados”, también publicado en libro
“Contra la tortura”, explicita tal hecho: “Actualmente, la tortura es mucho más refinada y difícil de demostrar, por ejemplo, el encarcelamiento individual prolongado insonorizado, o en celdas de color blanco brillante (Isolation Sickness), que produce sensaciones cinestésicas y también alucinaciones acústicas, el torturado termina por hablar sólo y cae muchas veces en delirio de persecución, despertando agresividad violenta”. Pelegrí, siguiendo el misma línea de argumentación, añade: “Antiguamente la tortura, que tiene un doble efecto – inquisitivo e intimidador – , era admitida como prueba en los tribunales, y si hoy en día no se aplica, eliminada va de todo procedimiento, está permitida o es inducida por las autoridades, las cuales ahora emplean un tipo de procedimientos tan refinados que dejan anticuado aquel viejo calificativo de tormento chino, que superan con las perfeccionadas técnicas que se estilan entre los hombres que se llaman – y se creen – civilizados.” “Tortura y ética profesional”, p. 205.
111
capitalismo avanzado, la crueldad de los asirios, de los antiguos chinos, de los señores feudales de la Edad Media, y sobre todo del Santo Oficio, “toda esta tortura-ficción fue una niñería”. Aunque, a nuestro juicio, la comparación nos parece demasiadamente desproporcional, puesto que la ciencia de la Inquisición era, para su época, altamente sofisticada, la afirmación del autor pone de manifiesto y denuncia la vigencia, la actualidad y alcances de la tortura en la sociedad contemporánea. Para él, los verdugos de la Inquisición eran meros artesanos al lado de los especialistas de la Gestapo, de las fuerzas norteamericanas en Vietnam, de las francesas en Argelia o de Pinochet en Chile. Particularmente no utilizaría tal expresión para describir la diferencia temporal en la práctica de la tortura; intentar comprender las evoluciones y permanencias, la función social que cumple la misma herramienta en distintos contextos históricos, sociales y espaciales. Más que llamar la Inquisición de “mera artesanía” en comparación con la actualidad, pregunto: ¿cómo es posible que en sociedades tan diferentes y tan distantes (estructuralmente) la tortura ejerza papeles igualmente importantes? Esa es la cuestión.
“No cabe duda, que los progresos de la técnica proporcionan instrumentos y métodos de precisión y refinamiento increíbles, y hasta las mismas ciencias del hombre contribuyen con extraordinaria eficacia a descubrir y utilizar nuevas formas de tortura. Todavía estará en la mente de todas las revelaciones, aireadas por toda la prensa, de que la C.I.A. financió investigaciones en el campo de la psicología dirigidas a encontrar procedimientos para modificar y controlar las conciencias de los individuos, especialmente destinadas a apoderarse de las almas de los agentes de espionaje enemigos. Este intento de apoderarse de las almas se ha practicado en las últimas guerras periféricas bajo la etiqueta de ‘lavado de cerebro’ (brainwashing), con la que se pretendía aniquilar la mente o consciencia del individuo y sustituirla por otra, made in USA277”.
277 TERRÓN, p. 245.
O’Brien, el personaje que comanda las sesiones de tortura en el fantástico “1984” de George Orwell, recuerda a una de sus víctimas: “En nuestro mundo, el progreso significa avanzar hacia un dolor más profundo”, p. 201.
112