“Polietilene” rezaba el tubito. A lo que exclamé “polietileno, sin duda!”. Fle- xible pero no elástico. Irrompible, manejable, barato o increíblemente barato, perdible, encontrable y, por supuesto, ligeramente tóxico como todo buen plás- tico. Resistente a los rayos ultravioletas. Disponible en diferentes diámetros.
Atajando por un jardín en construcción le pegué un puntapié a un retal de tubo negro. Poco más de un palmo. Grosor dedo meñique. Sudoríparos opera- rios estaban instalando un sistema de riego. Aquella patada separó un antes de un después. La constatación de que una conducta esporádicamente vandálica puede abrir una puerta a la creatividad.
¿Bastaría con aplanar a martillazos una de las bocas del tubo para obtener en unos instantes algo comparable a una improvisada caña de “duduk”? Así fue. Y así se lo voy a contar.
tímetros del tubo. Con unas tijeras se corta el borde para igualar las dos palas resultantes que pueden haber quedado deformadas durante el proceso de machacado. Y se procede al lijado de la lengüeta. Se lija y se lija, probando a soplar regularmente por si ya fuera suficientemente blanda para producir sonido. Se trabaja entonces como una palleta normal, solo hay que tener en cuenta que es más grande. La nota que aflora será la más grave del nuevo instrumento. Cor- tando de a poco la parte final lograremos que coincida en algún momento con alguna nota “conocida”.
A partir de aquí hacemos los agujeros uno a uno, ascendiendo hacia la embo- cadura. Seis o siete agujeros delante y uno atrás está bien. Yo los hago con un accesorio para los taladros ligeros de Dremel o similar, una bola abrasiva o fresa- dora ya que las brocas no funcionan bien con el plástico si no se usa un soporte para fijar el taladro.
No voy ahora a caer en la rutina de dar aquí las medidas y situación de los agujeros. Que cada cual experimente, pues la ventaja de trabajar con este tipo de materiales es que uno se puede ir equivocando. El agujero “que no iba ahí” se puede cerrar con cinta aislante y aquí no ha pasado nada. Con un poco de prác- tica se puede construir en unos minutos y se puede tocar toda la vida.
De todas maneras, una forma intuitiva y a veces asombrosamente exacta es la siguiente: sosteniendo el instrumento sólo con la boca, uno marca el tubo con los dedos previamente manchados de “tipp-ex”, con las manos en posición, recu- rriendo conscientemente a esa memoria muscular que todos tenemos.
El instrumento es barato. Hacerlo bonito y bueno depende de cada uno. Dul- zaineros, clarinetistas, saxofonistas y soplones en general le pueden sacar parti- do fácilmente. No hay instrumento malo.
Si el instrumento se cae al suelo, al barro o al agua, no le pasa nada. Si se quema en un incendio o en una explosión y por más cariño que le hayamos teni- do en vida, la cosa no es grave teniendo en cuenta el tiempo y el dinero inverti- dos. Además, si estamos tocando y no nos sale bien y presos de un comprensi- ble ataque de ira lo estampamos contra la pared, rebota y listo. No le pasa nada. Incluso parece gustarle.
Lo tiene todo. Lo que le falta es nombre. ¿Alguna sugerencia?
(Para aquellos o aquellas que quieran ver el tubito en acción que busquen Xavi Lozano en “facebook.com”. Esta colgado en mi muro y en mis vídeos).
www.unmundodebambu.com.ar
(Los paréntesis en inglés hacen referencia a la terminología usada en la litera- tura de divulgación acústica).
Desde varios puntos de vista puede afirmarse que el bambú es un material que se presta para producir objetos con él. Sus utilidades son casi infinitas, aunque hay que aclarar que en algunos aspectos dista bastante de lo que imagina la gente que no lo ha trabajado nunca.
Justamente, es uno de esos materiales naturales que, a la distancia, se presta para todo tipo de imaginario humano. Es fuerte, recto, circular; es resistente, durable...pero hay que cuidarlo. El bambú tiene su personalidad, no es total- mente maleable, sino que ofrece sus resistencias a ser trabajado y llevado hacia sitios dónde no quiere ir o pertenecer.
Así, la luthería relacionada con el bambú, cañas y otros materiales naturales, surge de un respeto a sus formas y condiciones. El bambú nos permite usarlo, es generoso en su disponibilidad, abundante en forma natural, pero nos guía por su camino.
Surgen así dos aproximaciones a la luthería: una, que diseña y modifica un material más “neutro” en lo que hace a forma, y obtiene de él un instrumento o accesorios. Así, un metal se funde o bate, una madera se tornea, una cerámica se moldea.
La otra aproximación sale de la forma prediseñada por la naturaleza: el bambú, las calabazas, las caracolas, los cuernos, nos ofrecen formas natural- mente musicales, y está en el ingenio del luthier descubrirlas y explotarlas.
La luthería en materiales como el metal o el bloque de madera parte de la
idea, y se moldean; en los segundos, parte de la observación, hay que sacarles el
material que sobra.
Como en el Ying y el Yang, nada es del todo blanco ni del todo negro. Así como los metales y los bloques de madera no son totalmente neutros o imper- sonales (¡nada más lejos de la realidad!), los bambúes y las cañas también admi- ten ser modificados.
Ahora bien, la gran diferencia está en la generosidad del material. El bambú nos ofrece multiplicidad de tubos para flautas; las distintas especies y su confor- mación resultan aerófonos característicos de culturas del mundo que las dispo- nen. Por otro lado, el bambú suena de por sí al ser golpeado, frotado, raspado; y con ello nos ofrece toda otra gama de instrumentos idiofónicos. Sus fibras pue- den constituir cuerdas idioglóticas, y sus cavidades, soportar parches para realizar membranófonos. Con ello, aerófonos, idiofonos, cordófonos y membranónfonos pueden ser construidos en bambú.
Detengámonos un poco en la primera de sus cualidades: la de ofrecer tubos para aerófonos. Existen muchas especies de bambú, alrededor de 1200, clara- mente no todas aptas para el trabajo de luthería de flautas. Muchas son enanas, herbáceas; o gigantes desproporcionados a la escala de una flauta humana1.
Dentro de las que quedan, ya hay suficientes para hacer una flauta o un aeró- fono.
Los requisitos acústicos acá se juntan con lo que es las necesidades de la plan- ta... hagamos una digresión cuasi filosófica: la madera es un material “diseñado” por la naturaleza para sostener la copa de un árbol y transportar la savia, no para hacer una tabla o una flauta. Pensamiento algo frío y poco romántico, pero tan realista como las leyes de Darwin.
Las cañas de bambú, básicamente, también sirven en la Naturaleza para el mismo fin, con la diferencia que en nuestros culmos, la misma se valió de otra estrategia: mayor diámetro y firmeza en la base, fuerte estructura longitudinal, nudos o diafragmas que refuerzan transversalmente esa estructura cada cierta distancia (variable según los géneros y especies, pero siempre menores en la base y mayores en la punta); y tallos huecos, con entrenudos de cierta longitud. Acero vegetal, le llaman algunos, por su increíble resistencia a la flexión, a lo que debe-
1Si bien, bambúes gigantes pueden ser usados para tubos de órganos, existiendo al menos un ejemplo en las Fili-
mos agregar su extraordinario diseño. Es la manera más “económica” que tiene la naturaleza de alcanzar copas de gran altura con el mínimo uso de material y la máxima resistencia, como decía, básicamente a la flexión, por los vientos y el peso de la copa.
Para hacer un aerófono, es necesario tener un tubo que respete algunos prin- cipios acústico-geométricos:
1. Deben tener una longitud apreciable: la longitud del tubo de aire determi- na la longitud de onda, esta la frecuencia, que es la altura sonora de una nota. Entrenudos más largos nos permiten hacer flautas más graves.
2. Debe tener una relación largo-diámetro razonable. Se relaciona acá el diá- metro interno con el largo total del tubo. Así, una flauta traversa tiene una rela- ción aproximada de 1/32; una quena, 1/20; un clarinete, puede llegar a 1/40. Si nos ponemos a medir, encontraremos varios ejemplos dispares, pero siempre dentro del orden de las decenas (digamos, 1/X *10, siendo X un número menor a 10).
3. Forma: las flautas deben, salvo algunas excepciones, respetar una geome- tría interna determinada. La misma es la de un cilindro, un cono regular, o una combinación de ambas. (ver cuadro 1).
4. Sostener la columna de aire: las paredes deben ser lo suficientemente rígi- das
5. Superficie interna: a los efectos de una buena propagación, la textura inter- na del tubo de un aerófono debe ser pareja y no demasiado rugosa (ver cuadro). Justamente, todo esto o casi todo lo cumplen los entrenudos que constituyen el diseño del bambú.