China en la prensa ilustrada (1836-1900)
3.3. EL MUSEO UNIVERSAL (1857-1869)
3.3.4. P RIMER RETRATO DE LA IMAGEN POLÍTICA DE C HINA
3.3.4.2. L A IMAGEN POLÍTICA CHINA Y LA CREACIÓN DE UN DISCURSO PROPIO
Con la publicación de la noticia “Bombardeo de Cantón por los ingleses” (15 de enero de 1857) en su primer número, El Museo Universal abre los pasos a una constante contemplación orientalista de la actualidad de China. Los sugestivos informes sobre esa actualidad por parte de la recién establecida diplomacia española, las noticias en la prensa extranjera sobre las intervenciones políticas en el territorio chino, junto con las memorias de viajes donde destaca la figura político-administrativa del Celeste Imperio, provocan una oleada de publicaciones de índole política y diplomática en nuestra revista, que forman en su conjunto un discurso sólido, complejo y con voz propia.
En primer lugar, podemos observar que El Museo Universal da cuenta de la Segunda Guerra del Opio en cuanto a su etapa culminante en tiempo real.99 Mediante breves reglones en la “Revista de la Semana”, Nemesio Fernández Cuesta100, el editor encargado durante esta etapa, recorre los sucesos que él considera más relevantes de cada semana, tales como “[...] que se va a reunir una conferencia en Varsovia y que las tropas anglo francesas ha sido derrotadas en China” (30 de septiembre de 1860); “Tropas anglo francesas entran en Shang-hay” (21 de octubre de 1860); “Victoria de las
99 Según nuestro cálculo general, entre el momento del acontecimiento y el tiempo de la publicación de la
noticia relativa apenas se alcanza dos meses de retraso, lo que supone una renovación de noticias en cada 8 números.
100 Según Ossorio y Bernard (1903: 129), el ilustre periodista Fernández Cuesta (1818, Segovia -1893,
Madrid) estudió la segunda enseñanza y varios idiomas. Combatió contra el carlismo y estuvo a punto de ser fusilado en varias ocasiones. Después de la guerra, en 1840 se estrenó en su profesión periodística como taquígrafo en la Gaceta de Madrid. Colaboró, durante 1842-1845, en La Iberia, El Globo y El
Heraldo, en 1846, en El Siglo, desde 1849 y organizó la publicación de El Universal. En 1854, fundó El Adelante, que pasó a ser La Discusión. En 1857, siendo propietario de Las Novedades, dirige la casa
editorial Gaspar y Roig, así como su periódico El Museo Universal. En la época posterior a su dirección de esta revista, se cuenta su larga estancia en Portugal y su encuentro con el Duque de Montpensier. Despúes del triunfo de la revolución de 1868, ocupó la dirección de la Gaceta de Madrid. Tras el fracaso de Montpensier, va despidiéndose de su labor periodística, con intervenciones puntuales en La Política y en su sucesor, El Estudiante. Además, de sus aficiones por los idiomas y las letras, nacen Diccionarios
Enciclopédicos de la Lengua Española (1864), Diccionario de las Lenguas Española y Francesa (1886)
y traducciones como, Historia Universal de César Cantú, Nuevo Viajero Universal de Guillemín, entre otras obras históricas y novelescas.
fuerzas anglo francesas en China” (11 de noviembre de 1860); “En China se firma un tratado de paz con las tropas expedicionarias” (18 de noviembre de 1860), “Las tropas aliadas entran en Pekín” (16 de diciembre de 1860), “Se ha firmado la paz en Pekín” (23 de diciembre de 1860), etc., de modo que mantiene informados a los lectores madrileños de casi cada proceso de la guerra.
Además, en muchos momentos él mismo se encarga de analizar meticulosamente la situación actual en el territorio chino. Veamos dos ejemplos.
Dos meses después de la toma de Pekín en 1860, en el número 51 del día 16 de diciembre, la revista publica esta noticia en un espacio considerable en la mencionada sección informativa. Fernández Cuesta, tras un cálculo cuantitativo de la fuerza armada de la expedición (“de seis mil hombres”) y de población de Pekín (“un par de millones de habitantes”), comenta la huida del emperador con el ejército tártaro y la facilidad con la que se ha conseguido la victoria de la siguiente manera:
Nos congratulábamos de este resultado, que ciertamente no esperábamos que se realizase con tan pocos obstáculos. Las regiones inmensas del Asia central quedarán abiertas al comercio y a la civilización de Europa. Es verdad que siempre las razas que pueblan aquellos países nos mirarán con ojos atravesados, pero la gran conquista de ponerles los ojos derechos, si no es superior a nuestras fuerzas, depende por lo menos del tiempo y del cruzamiento de las castas. Los ingleses han hecho maravillas con los animales, y los holandeses con las flores: los sabios de uno y otro país podrán decirnos cuántas generaciones podrán transcurrir hasta lograr poner los ojos derechos a un chino. Sin embargo, la cosa no es tan fácil como a primera vista parece. Está probado que la raza más numerosa, aunque conquistada comunica sus caracteres a la raza más débil en número aunque conquistadora; y sería de ver que en lugar de poner nosotros los ojos derechos a los chinos, fuesen ellos los que nos los pusieran a nosotros torcidos. ¡Gran Dios! ¿Quién aguantaría ciertas caras? (1860: 401a)
Después, el 18 de octubre, tiene lugar el Saqueo e Incendio del Antiguo Palacio de Verano, igualmente, dos meses más tarde, el 13 de enero de 1861, con un tono marcadamente alegórico, nuestra revista aborda este asunto de modo detenido:
Y bien mirado, una moneda falsa puede y suele ocupar el lugar de la legítima y producir los mismos efectos mientras no la conozcan los que la traen entre manos. [...] Entre las monedas falsas que van corriendo, hay una que dan los ingleses muy a menudo; tal es la de su suavidad de costumbres y su civilización. A lo mejor cuando se ponen a la prueba estas cualidades se
cometieron el delito de asesinar a unos cuantos ingleses que cogieron prisioneros indebidamente, pues iban con bandera de tregua. El ejército ingles ya no podía volverlos la vida; su muerte estaba ya vengada con la de tantos tártaros y con la toma de Pekín; y si el dinero puede compensar algo la pérdida de un individuo, ya el príncipe Kong había entregado 30.000.000 de reales para indemnizar, o digamos, para socorrer y algo más, a las familias de los muertos. ¿Qué quedaba que hacer en esta parte? Cualquier ejército europeo se habría contentado con lo hecho: los ingleses han creído del caso quemar el palacio de verano del emperador con todas las maravillas artísticas que contenía (no hablemos de joyas y dinero: eso no se quema) y con todas las construcciones. Era el mejor monumento de la grandeza y de la civilización chinas; en él se guardaban los anales de la dinastía reinante, en él se daban saraos, conciertos, representaciones teatrales, grandes espectáculos; era no un edificio, sino una serie no interrumpida de edificios, jardines, lagos, calzadas, montecillos artificiales, magnífica y vistosamente preparados. Todo ha desaparecido; todo es hoy un montón de ruinas, para vengar la muerte de los ingleses asesinados. Y bien ¿qué culpa tenía el emperador que había huido y sobre todo el palacio de verano y las preciosidades que encerraba ni qué fruto racional podía sacarse de
semejante acto de tartarismo? 101 Gengis-Kan102 no hubiera hecho más que lo que han hecho lord Elgin y Sir Hope Grant, comisionados ingleses. (1861: 2ab).
El Saqueo e Incendio del Palacio del Antiguo Palacio de Verano (En chino,
Yuanmingyuan) parece ser denunciado de forma unánime entre los autores españoles
que lo tratan en sus escritos. Es la barbarie en contra de la razón el ojo del huracán de la polémica. En el texto arriba citado, Fernández Cuesta emplea la palabra “tartarismo” haciendo juego con su doble sentido en el especial contexto de China, refiriéndose a las invasiones de los pueblos nómadas en la historia del Celeste Imperio y a barbaridades cometidas por pueblos no civilizados, por lo tanto, impropias en los europeos.
De vez en cuando, en medio de estas noticias de la actualidad, también podemos encontrar fragmentos de descripción de paisaje del país oriental. Sin embargo, por el interés político que las condiciona, estas presentaciones dejan de ser meramente pintorescas, tal y como leíamos en las revistas anteriores, y se impregnan de un latente tono imperialista.
101 Las cursivas son nuestras.
102 Gengis-Kan (1162-1227) fue el fundador del Imperio Mongol, el imperio más extenso de la Historia.
Fue el gran conquistador de un vasto territorio que abarcaba desde Europa oriental hasta el Océano Pacífico. Este territorio fue dividido en 1264 en cuatro partes, adjudicadas a sus cuatro herederos, una de las cuales consistía, aproximadamente, en el territorio de China y Mongolia que quedó bajo el poder del Gran Khan Kublai, quien en el año 1271 fundó una dinastía al estilo chino, la Dinastía Yuan (1279-1368). De hecho, se trata del imperio chino que Occidente conoció por primera vez, a través de los recuerdos de viajes redactados supuestamente por Marco Polo. Véase el capítulo deHISTORIA CULTURAL
Desde Tientsin a Chang-chou el ejército aliado atravesó un país tan bien cultivado, que parecía un extenso jardín, todo lleno de árboles de exquisitas frutas, de melonares, de vides, de naranjos. El pueblo chino es muy industrioso y muy inteligente en agricultura; pero gran parte de sus ciudades no son más que montones de barro y paja con calles estrechas y sucias y habitantes más sucios aun que sus calles. Mucho ha de costar hacerles
cambiar de hábitos.103 (1860: 377b).
Y dicho tono, en ocasiones, se deja correr a rienda suelta:
Otra de las grandes cosas que hizo 1860 fue abrir las puertas de lo interior de la China a la civilización y al comercio europeo y dar mayor entrada también a los europeos en el Japón. Este es uno de los mayores y más importantes resultados obtenidos por la influencia de Europa en el presente siglo, aunque acostumbrados como estamos a marchar de maravilla en maravilla y de prodigio en prodigio no nos parezca tan grandioso como será en adelante. (1861: 2b)
Lo cierto es que por la extensión reducida de la ya mencionada sección informativa, es difícil profundizar en cada uno de los temas en cuestión, de modo que, en muchas ocasiones, estos breves renglones en las primeras dos páginas son completados por otras colaboraciones sobre mismo asunto.
Finalizada la Segunda Guerra del Opio, la inestabilidad política y social a causa de la guerra provoca serios cambios en el poder central de China. En este momento, dos temas parecen preocupar mayormente a nuestros editores. En primer lugar, el monarca, el supuesto máximo representante del poder chino, en este caso, el emperador Xianfeng. La revista ha descrito previamente su débil estado de salud “de resulta de sus vicios y disolución”, por lo que “dirigen en su nombre todos los negocios cuatro ancianos mandarines, dos de ellos miembros de su familia.” (Fernández Cuesta 1860: 377b). En segundo lugar, la relación de China con Europa a nivel tanto gubernamental como popular.
Estos dos temas son tratados juntos por el mismo Fernández Cuesta en un artículo titulado “Descripción de Pekín y apuntes biográficos del actual emperador” (6 de enero de 1861). El texto se estructura en dos partes. Al empezar, el autor da cuenta sobre el peligro en que se encuentra el emperador por el hecho de tener que enfrentarse al mismo tiempo a las dos fuerzas que amenazan su gobierno: la civil de la rebelión
Taiping y la armada de las potencias occidentales. Ante esta situación de caos tanto exterior como interior del país, el emperador, que ha huido a Mukden (hoy Shenyang), se ve obligado a volver a Pekín y a aceptar las negociaciones sobre un nuevo tratado con los occidentales. El artículo pasa a explicar el proceso de la firma de la Convención de Pekín hasta que empieza una descripción detallada de un plano de la ciudad capital, el cual, según el autor, se publicará en el próximo número.
La segunda parte del artículo se centra en el emperador reinante Hien-Fu (Xianfeng), su biografía, la descripción de su figura, su naturaleza enérgica y su contundencia en ciertas decisiones, poniendo como ejemplo una anécdota sobre cómo dicho emperador manda matar dieciocho mandarines de alto rango junto con sus familias por sospechas de una conspiración. Al final, alaba la favorable actitud que siempre ha mostrado ante la penetración de potencias extranjeras. Sin embargo, lamenta que en momentos tan cruciales como éste el emperador se haya dejado persuadir por sus ministros, los cuales se oponen a las negociaciones de apertura con los europeos. Al final, afirma el autor que “siendo así que si se hubiera guiado por su propia opinión, hubiera adelantado más”. (1861: 3c).
Como complemento a esta presentación verbal, al final del mismo artículo se publica el retrato del emperador en su vestido de gala, elaborado por Bernardo Rico, y en el número que sigue, el ya mencionado “Plano de la ciudad de Pekín” (13 de enero de 1861) con minuciosas leyendas que sirven para una mayor divulgación.
Sabemos que el emperador Xianfeng fallece el 22 de agosto de 1861, dejando el poder en manos de su hijo de seis años, el emperador Tongzhi. Así que dos meses después, el 27 de octubre de 1861, en El Museo Universal se lee una brevísima noticia en la portada, dedicada al asunto:
Murió el emperador de la China Yen-fu, a quien llaman Bogdo-Khan104 o príncipe hijo del cielo, y dejó nombrado su sucesor, rodeado de un consejo compuesto de varios sabios personajes, cuyos nombres todos acaban en fu fu y en yuen yuen y chin chin. (1861: 337c)
Tal y como hemos informado en el capítulo de Historia Cultural de este estudio, Xianfeng es considerado como un emperador de carácter débil y dependiente. Y su hijo Tongzhi, apenas llegó a gobernar el país, ya que solo recibió la corona para ser un pelele
104 Fernández Cuesta confunde dos personajes històricos. Es muy posible que la confusión provenga de su
manipulado por su madre la emperatriz Cixi y su tío el príncipe Kong. El periodista Fernández Cuesta, observador de esta historia desde Occidente, tras entrever el papel de los dos emperadores y el paradero de su mando de poder, mediante un tono irónico y burlesco, muestra, por un lado, su decepción por los monarcas chinos, y por otro lado, su preocupación por el interés legítimo de los europeos por un país donde el poder dominante ha caído en el desconcierto.105
El otro tema preocupante durante esta época se maximiza en la Rebelión Taiping, el levantamiento popular masivo incitado por la impotencia y la corrupción del gobierno manchú, referido en el capítulo de Historia cultural de esta tesis. Sabemos que este movimiento, que alcanza la magnitud de una guerra civil, fue suprimido por el gobierno Qing con ayuda de los ejércitos occidentales. El reflejo de esta historia lo encontramos en la primera página del número 33 de 1862 de nuestra revista:
En la China siguen los ingleses y franceses ayudando a la dinastía reinante para deshacerse de los rebeldes posesionados de Nankín y de otras poblaciones acabadas en in y en on. Los aliados, cuando encuentran ocasión oportuna combaten y derrotan a los rebeldes llamados por los chinos tae-
pings, y después saquean las poblaciones que les han tomado. La felicidad de esas poblaciones, invadidas primero por los tae-pings, e libertadas después por los franceses e ingleses debe de ser superior a todo encarecimiento:
porque si los primeros las pusieron al borde de la ruina, los segundos las dejan en estado de no poder arruinarse por más que hagan en lo sucesivo; los
unos las inician en las crueldades del salvajismo; pero los otros les muestran las dulzuras de la civilización. [...] No de otra suerte se civilizan los pueblos por esas grandes masas civilizadoras que se llaman ejércitos.
Desde que fue saqueado el palacio de verano del emperador de la China, ha empezado a progresar de un modo asombroso aquel imperio, se han desarrollado las relaciones comerciales y políticas, se publican periódicos, se establecen telégrafos y pronto las locomotoras recorrerán aquellas regiones arrastrando trenes cargados de opio. La Europa en cambio de tantos
sacrificios como hace para civilizar y saquear a los habitantes del celeste imperio, obtendrán los medios de hacer progresar sus artes.106 Es probable que a estas fechas esté ya descubierto el secreto de hacer la porcelana y de preparar el té; se aprenderá también a sorber una taza de caldo con dos palillos chinos; y habiéndose traído a París algunas batas bordadas del hijo del Cielo, se hallará el medio de imitar estos bordados imperiales. (1862: 257c)
105 Para otro ejemplo del sentido irónico con el que el autor toma la imagen del emperador chino, véase la
noticia “El emperador de China manda analizar la participación de cada uno de sus dioses en la pacificación de su imperio...” 46 (13 de noviembre de1864), p. 367.
A medida que estos escritos en su conjunto desvelan la imparable expansión imperialista que está llevando a cabo Francia e Inglaterra en el territorio oriental, dejan en evidencia una compleja tesis periodística de Fernández Cuesta. Por un lado, observamos que conducido por su identidad europea habla en términos de civilización y salvación incluso ante los hechos de una invasión. Por otro lado, sin poder omitir su nacionalismo español, contemplando la penetración de los ingleses y franceses en el país oriental y sobre todo, los consiguientes beneficios, se refugia en sus sentimientos filantrópicos, declarándose sensible a infortunios tan ajenos como los chinos. Sin embargo, para nosotros, estas vacilaciones entre los dos papeles no son menos que un vislumbre del ansia que padecían muchos intelectuales españoles de la época por una mayor competividad española en el mapa político de Asia Oriental.
Posiblemente es por esa misma razón por la que, en una época posterior de la edición de la revista, podemos observar un giro temático favorable a una mayor intervención española en el territorio chino. A continuación pasamos a analizar otras publicaciones de distintos autores, que, aun de una intensidad menor, se muestran en consonancia con los escritos de Fernández Cuesta.
El primero se titula “La China y las potencias cristianas”, publicado en dos entregas en los números 49 y 50 de 1861. Se trata de una reseña bibliográfica escrita por Florencio Janer para presentar la obra homónima del célebre diplomático en China: Sinibaldo de Mas. La primera parte del artículo contiene una introducción general y reproducción de un capítulo de dicha obra, dedicado a las costumbres nupciales observadas en una boda con un grabado “Procesión de un casamiento chino” (g. 2-17), mientras que la segunda consiste en una presentación de su contenido principal, que es la situación política y económica de la China ante las intervenciones extranjeras.
Sinibaldo de Mas, el personaje fundacional de esa primera etapa de relaciones españolas con China, escribe los dos volúmenes de La Chine et les puissances
chrétiennes en francés publicados en París en 1861, conforme a la corriente diplomática
de la época. Se trata de una crónica diplomática en la que el autor expone la situación política actual de China mientras relata las costumbres del país, basándose en su experiencia personal durante su misión en China.107
107 Para más detalles de las dos obras, véanse los siguientes estudios: Alberto Gil Novales (2006): “El
Orientalismo de Sinibaldo de Mas”, Trienio: ilustración y liberalismo: Revista Historia, Núm 47, pp. 48-