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E L IMPACTO DE LA GESTALT

Razonamiento, gestalt y conductismo

2. E L IMPACTO DE LA GESTALT

Michael Sokal, en el artículo “Los psicólogos de la Gestalt en la América conductista” (1984), ha señalado que el número de nortea- mericanos que se dejaron influir por la Teoría de la Gestalt es más numeroso de lo que ordinariamente se piensa. Entre ellos deberíamos incluir a Hull, cuya teoría de la conducta no podría comprenderse en todo su valor sin las críticas al asociacionismo clásico de los psicólo- gos gestaltistas.

Como es bien sabido, la Escuela de la Gestalt nació en Alemania con un artículo de Max Wertheimer (1879-1943) sobre el movimien- to estroboscópico (Wertheimer, 1912b), en el que demostró la inca- pacidad del asociacionismo para explicar la impresión de movi- miento generada por dos luces que se encienden y apagan intermi- tentemente9. El “fenómeno fi”, como lo denominó Wertheimer, era un dato primario de experiencia resultante de la interacción diná- mica entre las configuraciones estimulares y los campos de fuerzas cerebrales.

La primera presentación al público norteamericano la hizo Kurt Koffka (1886-1941) después de la primera Guerra Mundial, en un artí- culo del Psychological Bulletin en el que puso un énfasis especial en la percepción (Koffka, 1922)10. Poco después, durante el curso 1924-25, Koffka recorrió las principales universidades norteamericanas y, al año siguiente, Wolfgang Köhler (1887-1967) pasó un semestre en la Universidad Clark, dando clases sobre el “insight” de los monos11.

9. En realidad, el primer artículo de la escuela gestaltista fue “Conceptos numéricos de los pueblos primitivos” (Wertheimer, 1912a). Para la biografía del fundador de la Gestalt, véase el libro de D. Brett King y Michael Wertheimer (2005) y el artículo de este último (Wertheimer, 1980).

10. Robert M. Ogden (1877- 1959) habló de la Gestalt en la reunión de la APA de 1922; Gordon W. Allport escribió un artículo (Allport,1924) y Harry Helson (1898-1977) le dedicó su tesis doctoral (Helson, 1925, 1926).

11. Koffka fue profesor visitante de Cornell durante el curso 1924-25 (Sokal, 1984, pág. 1247). Después de pasar en Wisconsin el curso 1926-27, se estableció en el Smith College de Northampton, Mass. Para una biografía de Koffka, véase el libro de Molly Harrower(1983). Para la estancia de Köhler en la Universidad Clark, véase el artículo de W. A. Koelsch (1990, pág. 160).

El movimiento gestaltista se había fraguado en el Instituto de Berlín en el seno de la oposición a Wilhelm Wundt (1832-1920), el padre de la psicología experimental. Sus fundadores estudiaron con Carl Stumpf (1848-1936), un discípulo de Franz Brentano (1838- 1927) conocido por su aversión al experimentalismo indiscriminado de Wundt. En una ciencia joven como la psicología, la tarea más urgente no era la experimentación, sino la formulación de hipótesis basadas en la observación. Los experimentos vendrían después, una vez reunido el número suficiente de hipótesis susceptibles de verifi- cación experimental.

En Alemania, los gestaltistas lanzaron el grueso de su artillería con- tra el método de la introspección sistemática que destruye la experien- cia al descomponerla en átomos o sensaciones inertes. Ella era la prin- cipal culpable de la esterilidad de la psicología académica y de su ale- jamiento de la vida real.

Como ha señalado Mitchel G. Ash (1980), Wertheimer tuvo que hacer frente a la campaña de los filósofos contra los psicólogos que les estaban arrebatando las principales cátedras universitarias12. Su res- puesta a este desafío fue una nueva teoría psicológica capaz de expli- car las experiencias humanas reivindicadas por los filósofos sin por ello renunciar a la ciencia13. Pero esto requería una drástica reformu- lación de los principios y métodos de la ciencia conforme al nuevo modelo de la física cuántica (Köhler, 1920). El universo no era el meca- nismo inerte de Newton, sino un campo dinámico de fuerzas en conti- nua interacción que estaba presidido por una tendencia general al equilibrio, orden y estabilidad.

En el Nuevo Mundo, donde la introspección había sido borrada del mapa por el conductismo, los Gestaltistas dirigieron sus críticas contra esta escuela y, más en particular, contra la neurofisiología en la que se sustentaba. La “reactología de músculos y glándulas” de

12. Wilhelm Dilthey (1833-1911) polemizó con Ebbinghaus (Caparrós, 1986, págs. 177- 205). En 1913, los filósofos protestaron contra la concesión de las cátedras de filosofía a los psicólogos (Ash, 1980, págs. 406-407).

Watson era incapaz de explicar la percepción, el aprendizaje y la so- lución de problemas14.

Estas críticas, expuestas por Koffka en la Universidad de Wisconsin en presencia de Hull, fueron el catalizador del proceso que le llevó a una nueva teoría de la conducta15.

Koffka en Wisconsin

Según refiere en su Autobiografía, Hull quiso estudiar con Koffka, pero no pudo hacerlo porque le fue denegada la beca para viajar a Alemania. Entonces intentó llevarle a Wisconsin y le consiguió una plaza de profesor visitante durante el curso 1926-192716. Una lectura superficial de sus escritos autobiográficos podría dar la impresión de que fue entonces cuando decidió hacerse conductista después de oír una conferencia de Koffka. Pero en realidad la conferencia tuvo lugar a principios del año 1925, como lo indica esta nota en la que se dice que la sesión séptima del seminario del conductismo fue suspendida para “oír explicar la teoría de la Gestalt al profesor Koffka” (BEHA- VIORISM, I, pág. 40). Como el seminario comenzó inmediatamente después de las vacaciones de Navidad, la conferencia tuvo que haber- se celebrado a finales de febrero de ese año17.

Hull no aclaró nunca las verdaderas razones de su interés por la Teoría de la Gestalt, limitándose a decir que habló largo y tendido de

14. Según Asch, “Este cambio ya era visible en los primeros artículos de los teóricos de la Gestalt publicados en inglés, en los que las cuestiones empíricas y metodológicas de la percepción tuvieron más relieve que las de cosmovisión” (Asch, 1985, pág. 327).

15. En las “Notas sobre un libro sobre psicología del aprendizaje”, de mayo de 1934, Hull dice que Koffka estuvo en Wisconsin “hará unos 7 u 8 años” (Hull, 1962, pág. 854).

16. Véase la Autobiografía de Hull(1952a, pág. 154).

17. El texto no tiene fecha. Como el seminario se celebraba los lunes, la conferencia de Koffka tuvo que tener lugar el 16 ó el 23 de febrero de 1925. Según Gengerelli, la gran preocupación de Hull en aquellos momentos era “la teoría psicológica; deseaba crear una estructura teórica que no recurriera a ninguna facultad ni entidad mentalista para explicar la conducta. En sus aspiraciones era un conductista 200%, pero creía que el conductismo de entonces no afrontaba los problemas que debían solucionarse –los de la motivación y del propósito” (Gengerelli,1976, pág. 685).

ella con Joseph A. Gengerelli (1905-2000), estudiante de Wisconsin y afín a las posiciones del grupo de Berlín18.

Aunque Koffka tenía un fondo de razón en sus críticas, el apasio- namiento del que hizo gala produjo el efecto contrario al deseado. En lugar de ganarle para la Gestalt, le convenció de que Watson no había ido lo suficientemente lejos en la defensa de sus posiciones. Por esta razón, escribió en su Autobiografía: “En lugar de convertirme a la Gestalttheorie, el resultado fue una tardía conversión a una especie de neoconductismo –un conductismo dedicado especialmente a la deter- minación de las leyes de la conducta y su sistematización deductiva” (Hull, 1952a, pág. 154).

En otro documento más antiguo, una carta a Norman R. F. Maier del año 1931, Hull fue más explícito en el reconocimiento de su deuda hacia la escuela gestaltista. Según escribió:

El movimiento de la Gestalt ha influido mucho en mí. En mi opi- nión, sus críticas al conductismo ingenuo han sido su principal con- tribución... las cuales fueron un estímulo para algunos –al menos para mí– y nos llevaron a reexaminar la situación. Tras un año de contac- tos con Koffka, llegué a la conclusión de que todas sus críticas al con- ductismo ingenuo eran prácticamente válidas; pero en lugar de acep- tar su opinión de que eran una demostración de la insuficiencia per- manente y estéril del punto de vista general, sus críticas me animaron a tomar la decisión de intentar una sofisticada psicología del estímu- lo-respuesta, capaz de resolver estos problemas siempre y cuando se le brindase una oportunidad19.

Paradójicamente, las críticas de Koffka le llevaron a intentar un nuevo conductismo en el que tuvieran cabida los procesos superiores del pensamiento. Veamos ahora sus reacciones frente a los libros de K. Koffka (1924) y W. Köhler (1925).

18. Hull escribe que “no mucho después de que el movimiento conductista barriese el país, vino de Alemania el movimiento de la Gestalt... Yo mantuve largas conversaciones sobre estas cuestiones con un estudiante joven y brillante llamado Joseph Gengerelli” (Hull, 1952a, pag. 154)

19. Carta de Hull a Maier, 24.1.1931. The Maier Papers, Box M49. Archives of the History of the American Psychology, University of Akron, (Ohio).

El “Desarrollo de la Mente”

Los comentarios al libro de Koffka (1924) contienen algunos datos interesantes en medio de su concisión. Desde una perspectiva negati- va, Hull lamentó su olvido de cuestiones tan fundamentales como el origen de las Gestalten perceptivas y sus relaciones con la conducta, o el aprendizaje por ensayo y error20.

Sin embargo, su énfasis en las configuraciones estimulares plan- teaba problemas interesantes, como la explicación de los instintos, la influencia de las características abstractas, y los planes o propósitos. Dicho con sus propias palabras:

En la vertiente positiva, el libro ha servido para llamar la atención sobre los defectos de la vieja psicología, especialmente del asociacio- nismo, y la importancia concedida a la pauta o configuración estimu- lar ha suscitado la cuestión básica de una explicación mecanicista de: 1. Las tendencias algo indefinidas a la acción que ordinariamente se consideran instintivas.

2. Cómo las sutiles características abstractas de las situaciones o pautas pueden evocar todo tipo de respuestas.

3. Cómo puede tener cabida en una teoría conductista el “propósi- to” o “plan” y, en tal caso, cómo puede operar a modo de factor selecti- vo, por ejemplo, en el aprendizaje por ensayo y error (BEHAVIORISM I, pág. 83).

En lo que respecta al “propósito”, Hull pensó que se trataba de una presteza o disposición a la acción que, en último término, remitía a un proceso de facilitación nerviosa21. Pero, viendo que esto era demasiado vago, centró su atención en las configuraciones gestálticas, que le me- recieron el siguiente comentario:

20. Véase BEHAVIORISM I (pág. 82).

21. Según las notas de Hull: “La base más simple para el mecanismo del propósito debe- ría ser la facilitación. Un estímulo como el dolor, o el hambre, inicia acciones de locomo- ción incansables, digamos. Tomemos el hambre en el laberinto. ¿Qué tiene una galería o vía ciega para movilizar un mecanismo evitativo o inhibidor? Parece como si todo meca- nismo adecuado o inteligible tuviera que constituirse a base de unidades... es decir, habría que descomponer el sistema nervioso en secciones o, al menos, en semi-unidades capa- ces de operar una y otra vez la una sobre la otra. En el caso anterior, podría concebirse un mecanismo de la disposición o propósito, es decir, controlando la disposición o direc- ción de la facilitación y, por otra parte, llevándola a cabo” (BEHAVIORISM I, pág. 84).

Me parece que si el conductismo pusiese tanto énfasis en el prin- cipio de la pauta estimular como en el de la pauta de acción elimina- ría la principal objeción de la psicología de la Gestalt y reuniría las ventajas de ambos sistemas.

Por tanto, y de acuerdo con esto, si los conductistas consiguen for- mular una hipótesis más completa y elaborada que logre vincular a la pauta estimular y a la pauta de acción (sistema de conexiones), harán una gran contribución a la psicología y fortalecerán enormemente su posición (BEHAVIORISM I, págs. 85-86).

Aunque hablaba en tercera persona, sin identificarse plenamente con el conductismo, parecía estar pensando en una psicología objetiva de la conducta más atenta a las Gestalten o pautas estimulares. El paso siguiente sería definir al propósito como un componente más de la pauta estimular, cosa que hizo cuando conoció el libro de Köhler sobre la inteligencia de los monos (1925).

La inteligencia de los monos

Como dijimos anteriormente, los experimentos de Köhler en la Isla de Tenerife pusieron contra las cuerdas a las teorías clásicas del apren- dizaje. La conducta de los monos seguía un curso rectilíneo muy dis- tinto a los zig-zags del ensayo y error, por lo que denotaba una cierta inteligencia. Como escribió Köhler: “Mientras sus esfuerzos se dirigen al objetivo, todos los estadios distinguibles de su conducta (como los seres humanos en situaciones similares) parecen intentos completos de solución, ninguno de los cuales se presenta como resultado de unas partes ordenadas accidentalmente” (Köhler, 1925, pág. 191).

El aprendizaje se caracterizaba por su naturaleza súbita y repenti- na, en contraste con el ensayo y error que era gradual y podía mejorar con la práctica22. Por otra parte, como los animales no repetían nunca

22. Según Köhler, los gatos no escapan de las situaciones de confinamiento moviendo pestillos o tirando de cuerdas. Los ensayos y errores son el producto de una situación experimental en la que no pueden ver el mecanismo de apertura de las cajas (Köhler, 1925, págs. 2-4). El “insight” se caracteriza porque es instantáneo y no depende de la repetición. De ahí que los asociacionistas tengan que “derivar estrictamente del princi- pio de la asociación la captación de una relación entre dos cosas material, interna, (más universalmente: la captación de la estructura de la situación)” (Köhler, 1925, pág. 219).

los mismos movimientos, carecía de sentido preguntarse cuál era la respuesta que habían aprendido. Lo que verdaderamente aprendían eran las relaciones de campo entre los componentes de la situación.

El libro de Köhler impresionó a Hull, como lo indica esta nota del 9 de mayo de 1925: “Es una espléndida muestra de trabajo. En particular me gustaron sus críticas a la teoría de la asociación. Vi que incidían especialmente en el mecanismo del propósito” (BEHAVIORISM I, s.p.). El experimento consistente en coger el palo largo situado fuera de la jaula con otro más corto para emplearlo como instrumento para alcanzar el plátano, le hizo ver la inadecuación de su definición ante- rior del propósito. ¿Cómo es posible que un instrumento secundario se transforme en una meta de conducta?

Tratando de encontrar una respuesta a esta pregunta, Hull pensó en las “punzadas del hambre” y éstas le llevaron a definir el propósito como un estímulo interno que podía condicionarse a las respuestas de una serie conductual de la misma manera que los demás componentes de la pauta estimular. Tal y como escribió:

Resulta totalmente claro que mi consideración anterior del propó- sito era algo simplista. Köhler suscita agudamente este problema cuando considera el pensamiento propositivo. La pregunta es la si- guiente: ¿Qué mecanismo asociativo puede explicar el hecho de que un proyecto secundario pueda ser introducido como medio para con- seguir un objetivo primario?

En primer lugar, está muy claro que la pauta estimular es conjun- tamente lo externo unido a lo interno (hambre). En circunstancias simples, esta combinación bajará el umbral de las sinapsis, que envia- rán impulsos a los grupos de músculos, y estos producirán movi- mientos coordinados de prensión y llevarán el plátano a la boca, con la ingestión del alimento (BEHAVIORISM I, s.p.)23.

El “estímulo del impulso”, junto con los estímulos externos, impri- me una dirección a la conducta del mono en una situación nueva en la que no le sirven los hábitos adquiridos previamente.

23. En el volumen I del Seminario del Conductismo sólo están numeradas las 100 pri- meras páginas. El texto viene a continuación de unas notas sobre los escritos de Lashley (1923), Wheeler (1923) y Watson (1916b).

En el caso más sencillo, cuando un obstáculo bloquea el camino directo a la meta, lo más probable es que se detenga unos instantes para exponer sus órganos sensoriales a algún elemento de la pauta estimu- lar que hasta entonces no había advertido. Si este estímulo elicita la res- puesta adecuada, el problema desaparece y cesan los tanteos.

En los problemas más difíciles, el animal no ha visto nunca juntos a los componentes de la pauta estimular. Supongamos que una panta- lla se interpone en su camino. Sus respuestas son controladas por el impulso del hambre que le impele a buscar comida y por los estímulos de la pantalla, que dirigen su brazo hacia al agujero por el que puede alcanzar la fruta.

Una situación más complicada es la ya conocida en la que el animal intenta en vano arrastrar la fruta con el palo corto y después lo utiliza para coger el palo largo situado fuera de la jaula y de esta manera con- seguir el plátano. Al parecer, primero establece la asociación palo cor- to-fruta y después la transfiere al palo largo en virtud de la semejanza entre ambas respuestas de coger. Dicho con sus propias palabras:

El propósito “coger el palo” ya interpuesto delante del propósito “fruta” se transfiere al palo largo en virtud de la identidad o semejan- za de la reacción ya establecida entre palo y plátano. El animal inteli- gente reacciona a la parte de la situación, mientras que el animal estú- pido no. (BEHAVIORISM I, s.p)

Aunque la terminología es imprecisa, dado que “propósito” parece referirse a la disposición o presteza a coger, la identidad parcial de las respuestas hace que las situaciones sean semejantes, a pesar de no tener externamente nada en común. Como esta identidad parcial con- tiene la clave de la solución del problema, Hull la relacionó inmedia- tamente con la inteligencia. Al parecer, el animal inteligente detecta la similitud de los estímulos propioceptivos, lo que significa que es capaz de responder a componentes muy pequeños de la situación.

A continuación, su atención se centró en los hábitos generales, una de las nociones más difíciles para la teoría del aprendizaje, y los com- paró con una llave inglesa universal capaz de ajustarse a tuercas de muchos tamaños distintos. Como decía esta nota del seminario del conductismo:

La acción sufre modificaciones cuando tropieza con obstáculos y éstas se basan en unidades complejas previamente establecidas entre las reacciones y una parte de la situación (¡la analogía es la de una lla- ve inglesa universal con una gran variedad de asideros que pueden ajustarse a todas clases de tuercas y tornillos!) (BEHAVIORISM I, s.p.). En suma, la lectura del libro de Köhler le ayudó a perfilar dos mecanismos del pensamiento:

1. El propósito como estímulo. Rignano había insistido en el papel de los propósitos en el razonamiento, cosa que Hull aceptó de buen grado. Pero el libro de Köhler le ayudó a definirlos como un compo- nente más de la pauta estimular. Dicho con sus propias palabras: “La cosa sería más sencilla si pudiera asumirse que la disposición, el ham- bre, por ejemplo,... forma parte de la pauta estimular. De hecho, pare- ce probable que ocurra algo así” (BEHAVIORISM I, s.p.).

El estímulo del hambre, en su calidad de estímulo, jugaba un papel importante en la formación de los hábitos generales de búsqueda de comida, como veremos enseguida.

2. La generalización basada en la similitud de respuestas. Los estímu- los propioceptivos explicaban las conductas inteligentes del “insight”. Así, los estímulos del coger la fruta con la mano y con el palo son idén- ticos, al menos parcialmente, y esta identidad explica la generalización o transfer. Aunque Hull habla de propósitos, en realidad se está refi- riendo a las respuestas que se transfieren de una situación a otra.