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S EMINARIOS SOBRE EL CONDUCTISMO

Razonamiento, gestalt y conductismo

3. S EMINARIOS SOBRE EL CONDUCTISMO

Hull dedicó dos cuadernos a estos seminarios. El primero contiene las notas del seminario que comienza en enero de 1925 y concluye en mayo de ese año, junto con los comentarios a los libros de Koffka y Köhler analizados en el apartado anterior. El segundo cuaderno, fecha-

do en abril de 1927, contiene las notas de lectura del libro Una Base Teórica de la Conducta Humana (Weiss, 1925), junto con otras notas tituladas “sistema de psicología mecanicista” que no incluyó en los Libros de Ideas debido a problemas de falta de espacio24.

El seminario de 1925

Como indicamos anteriormente, el seminario pretendía ser un estudio crítico de las principales teorías conductistas con vistas a encontrar ideas para una explicación de los procesos superiores del pensamiento. Dicho con palabras de Hull:

Hacer un examen crítico y constructivo de las distintas hipótesis conductistas... La parte constructiva intentará una explicación con- ductista de aquellos campos que todavía no han sido explorados por los conductistas... En cierto sentido será un intento de traducir deta- lladamente a términos conductistas la antigua psicología para ver cómo funciona (BEHAVIORISM I, pág. 1).

Las sesiones del seminario se organizaron en torno a dos textos fundamentales: la Psicología desde el Punto de Vista de un Conductista (Watson, 1919) y el libro Conductismo y Psicología (Roback, 1923). El primero representaba al conductismo clásico, mientras que el segundo era un fiel exponente de la oposición más radical a todo lo que sonase a conductismo25. La elección del libro de Abraham A. Roback (1890- 1965) venía dictada por el deseo de estudiar con cierta imparcialidad las ventajas e inconvenientes de la psicología de la conducta. Pero sus prejuicios y falta de objetividad muy pronto movilizaron a Hull en favor de las posiciones de Watson.

24. Al comienzo del Libro de Ideas X, en junio de 1926, Hull escribe que “durante los últimos meses olvidé comprar un libro, y las notas... han sido colocadas en mi libro de notas sobre el conductismo” (I.B.X, pág. 1).

25. Abraham Aaron Roback (1895-1965), psicólogo polaco de origen judío, se doctoró en Harvard (1917). Profesor de las Universidades de Pittsburgo, Harvard, Clark, y Emerson College de Boston, dedicó el libro a E.B. Titchener y W. McDougall, los “dos pilares de la psicología anglo-americana” (Roback, 1923, pág. 5). Autor de numerosos libros, incluida una History of American Psychology (1952), el más conocido fue The Psychology of Charac-

En temario del seminario incluía las nociones tradicionales de con- ciencia, introspección, sensación, imágenes, atención, voluntad, propósi- tos, creencias, inteligencia, etc.26Sorprendido por lo atípico de esta mez- cla, Hull escribió: “me llama la atención que todo esto es una especie de conductismo analítico. Quizá le parezca una novedad al simple conductis- ta. El se imagina más dinámico y funcional” (BEHAVIORISM I, pág. 5).

El seminario tuvo trece sesiones, o quizá catorce, ya que las notas no son del todo claras. Las seis primeras tomaron el texto de Watson (1919) como punto de referencia, y la séptima versó sobre las aporta- ciones de los primeros conductistas. En la segunda parte del semina- rio, Hull siguió el libro de Roback (1925) y estudió la teoría de las emo- ciones James-Lange y sus relaciones con el conductismo, la ética, la religión, los tests, el condicionamiento y otros temas afines.

La idea de un conductismo compatible con la conciencia se mani- fiesta con claridad en esta respuesta a la pregunta de si la negación de la conciencia pertenece a la esencia del conductismo:

Me inclino a pensar que sí... Pero cuanto más lo considero, mayor es mi inclinación a pensar que un conductismo verdaderamente ade- cuado tendría que afrontar y explicar conductualmente todos los con- ceptos, procesos, etc. de la vieja psicología, entre los que debe estar el fenómeno de la conciencia. Si es posible demostrar que tienen concien- cia ciertas clases de impulsos (o las acciones correspondientes), que otros como los cinestésicos, vestibulares, etc. tienen conciencia muy débil, mientras que otros como la secreción y procesos autonómicos carecen de ella. Aquí también puede entrar la actividad subconscien- te (como el doble pensamiento inducido por el trance, en el que el sujeto resuelve dos problemas distintos al mismo tiempo), aunque probablemente en un sentido distinto (BEHAVIORISM I, págs. 6-7).

26. Temario del seminario: El conductismo. Relación mente- cuerpo. Explicación con- ductista de la sensación. Imaginería. Discriminación. Método analítico y William James. Atención. Conciencia. Voluntad. Conductismo y propósito. Libertad de elección. Conductismo y responsabilidad, castigo. Planes o intenciones. Problema del fingimien- to y mentira. Relación médico-paciente e introspección. Creencia. Inteligencia. Deseo. Emoción: teoría “James-Lange”. Instintos y reflejos. Hábito y personalidad. Acción ideo-motora. Actividad subconsciente, sugestión. Las notas hacen referencia a Koffka (1924), Köhler (1925), Watson (1913; 1916b; 1924), Roback (1923), Lashley (1923), Wheeler (1923) y Weiss (1925). Véase BEHAVIORISM I, págs. 3-5).

Hull pensaba que la conciencia tenía pleno derecho a figurar en los libros de psicología, siempre y cuando fuese definida objetivamente. De ahí sus esfuerzos por traducirla al lenguaje del estímulo y la respuesta.

Conciencia e introspección

Al igual que en otras ocasiones, Hull identificó a la conciencia con el lenguaje, de modo que, según él, eran conscientes “los procesos que tienen una conexión orgánica (nerviosa) con el lenguaje” (BEHAVIO- RISM I, pág. 7). Pero también podían serlo aquellos estímulos que evo- can la respuesta de todo el organismo, como decía W. Kempf en Las funciones autonómicas y la personalidad (1918)27. Para este autor, según Hull, “la conciencia es la reacción del cuerpo en cuanto totali- dad a la actividad especial o sensorial de una o varias partes del mis- mo” (BEHAVIORISM I, pág. 8). La diferencia entre la conciencia y la inconsciencia sería la misma que la que existe entre el todo y la parte. Dicho con sus propias palabras: “Son conscientes los estímulos que requieren la reacción de la totalidad del organismo, mientras que aquellos que sólo requieren la reacción de una de sus partes no son conscientes. Esto coincide con el espíritu general del conductismo” (BEHAVIORISM I, pág. 8).

Ahora bien, ciertos reflejos comportan movimientos de todo el cuer- po y, sin embargo, no son conscientes28. Quizá ello sea debido a que los movimientos son muy simples, pero los movimientos de la escritura automática realizan operaciones tan complejas como sumar, restar, mul- tiplicar y dividir y, sin embargo, son inconscientes. Ocurre lo mismo que cuando estamos absortos en el trabajo y no caemos en la cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor, aunque con una diferencia importante, porque la personalidad inconsciente ejecuta perfectamente los movi- mientos de la escritura automática. Tal y como continuaba Hull:

27. En el prefacio de The Autonomic Functions and Personality, Kempf (1918) se mues- tra deudor de Darwin, Sherrington, William James, Freud, Cannon, Bechterev y Watson. 28. Hull recordó el principio de la inervación recíproca de Charles S. Sherrington (1856-1952), según el cual “cada reflejo parece exigir, o al menos implicar, a la otra par- te del cuerpo” (BEHAVIORISM I, pág. 8).

En el caso de la doble multiplicación, siendo ambas igualmente efi- caces, el problema no es tan simple. Parece como si la que decidiera fue- se la parte del lenguaje, siendo inconsciente la parte de la mano.

Idea

Posiblemente cada parte puede introspeccionar para sí misma, es decir, la voz puede introspeccionar para su parte y la mano para la suya. Esto cuadraría en el supuesto de que hubiera una disociación corpórea y quedaran relativamente separadas las partes de la mano y del lenguaje. Pero ¿Por qué en estos casos especiales faltan las cone- xiones normales entre ambos? (BEHAVIORISM I, págs. 11-12).

Acto seguido, Hull se preguntó por qué el sujeto hipnótico no tiene conciencia de las imágenes del movimiento, y ello le hizo pensar en la atención. Según escribió: “El foco de la atención debería ser aquella pauta de acción que 1) se está ejecutando con más vigor ó 2) se ha extendido más por el cuerpo” (BEHAVIORISM I, pág. 13).

Si esto es así, ¿cómo discriminar la diferencia mínima entre dos pesos? La respuesta era prácticamente la misma que la de la tesis doc- toral: la atención selecciona el estímulo y el aprendizaje lo vincula a la palabra “más pesado”29.

Ahora bien, cuando se compara una experiencia presente con otra ocurrida en el pasado debería salir favorecida la primera, cosa que no siempre ocurre. Con palabras de Hull: “Considerado superficialmente, podría pensarse que si se compara un levantamiento presente con la ima- gen o pauta de acción atenuada de un levantamiento pasado, el primero tendría que parecer necesariamente más grande, puesto que el segundo, es decir, el recordado, es más débil o menos intenso. Y sin embargo, sabemos que esto no es verdad” (BEHAVIORISM I, págs. 16-17)30.

29. Textualmente: “¿Cómo podemos afirmar (conductualmente) la diferencia mínima perceptible entre dos pesos?... Tendría que haber una pauta distinta para 12 gramos y para 14 gramos. ¿Qué puede ser eso y cómo se trasmite la diferencia a la pauta poste- rior que introspectivamente parece ‘más pesada’? ¿Y qué es lo que conduce a la reacción vocal?” (BEHAVIORISM I, pág. 14).

30. A continuación, Hull relacionó a la conciencia con los estados de tensión orgánica de Kempf (1918). Tal y como escribió: “Cuando se aprende un hábito o habilidad, todo el cuerpo coopera, en el sentido de que todas las partes están prestas a colaborar en la consecución de la meta... La conciencia cesa cuando desaparecen esos movimientos o tensiones excesivas” (BEHAVIORISM I, pág. 87).

La autoconciencia, o conciencia de uno mismo, parece relacio- narse con las reacciones defensivas, porque, según Hull, “si una luz es demasiado brillante, el cuerpo se concentrará en la protección del ojo y nos haremos autoconscientes, i.e. del ojo o del dolor del ojo” (BEHA- VIORISM I, pág. 87).

La introspección es la respuesta a los propios movimientos ocu- lares, porque éstos son más pronunciados cuando examinamos nuestros estados mentales. Esta idea se le ocurrió a Hull en las si- guientes circunstancias31:

Mientras descansaba en la cama esta mañana... tuve lo que parece ser un fogonazo de “insight” sobre la naturaleza de la introspección según la hipótesis conductista.

Tomemos el caso de la convergencia ocular en el experimento del punto y el estereoscopio. Cuando la totalidad del cuerpo reacciona a los puntos, entonces éstos parecen estar “ahí fuera”, es decir, tenemos una percepción espacial. Pero cuando la pauta de acción corpórea se orienta al menos en parte hacia los ojos (o músculos oculares), enton- ces puede decirse que estamos introspeccionando.

En el ejemplo anterior, cuando reaccionamos a los puntos somos conscientes sin más. En cambio, cuando reaccionamos a nuestros ojos, al menos en parte, entonces estamos introspeccionando, es decir, somos conscientes de nosotros mismos (BEHAVIORISM I, pág. 91).

Las imágenes son la reproducción implícita de los movimientos realizados con los objetos. Pero, ¿qué decir del pensamiento sin imá- genes? Según Hull, “el pensamiento sin imágenes sería tan difícil de explicar en esta teoría como en la antigua. Es una paradoja que el con- ductista tenga tanta necesidad de la imagen como el psicólogo clásico” (BEHAVIORISM I, pág. 92).

El 22 de abril de 1925, Hull definió al propósito como una predis- posición a la acción parecida a la de la hipnosis, o a la de un reloj des- pertador programado para sonar a una hora determinada. Si el reloj dispusiera de receptores internos, podría tener conciencia del meca- nismo, siempre y cuando se diese el estímulo adecuado, que en este caso sería una pregunta.

En lo que respecta al significado, el conductismo lo identifica con las respuestas evocadas por la palabra32. Como escribió Hull:

La explicación conductista convencional del significado (de los estímulos) es la reacción resultante. Por ejemplo, para el soldado la orden “atención” significa que la acción viene a continuación... Si el organismo se encuentra en un estado en el que no emite ninguna res- puesta, el estímulo carecerá de significado. Esto puede darse en un caso de sueño o cuando el organismo está ocupado con un estímulo- reacción, es decir, en la atención (BEHAVIORISM I, pág. 96).

Roback no creía posible que una conducta del presente pudiese representar a otra ocurrida en el pasado. Pero la objeción también valía para la psicología tradicional, que supone que los hechos pretéri- tos son representados por los procesos nerviosos que operan en el pre- sente. Hull analizó la noción conductista de “pasado” con vistas a resolver la dificultad, pero no parece que encontrase nada importante a juzgar por las notas del seminario33.

Por esta misma época, cayó en sus manos el artículo “Interpretación conductista de la conciencia” (Lashley, 1923), en el que se define a la introspección en función de las respuestas a los estímulos del movi- miento. La definición le mereció el calificativo de “espléndida” (BEHA- VIORISM I, pág. 100). Raymond H. Wheeler (1923), por su parte, había identificado a la conciencia con la descarga nerviosa previa a la conduc- ta. Pero estas definiciones dejaron de interesarle cuando vio que los expe- rimentos de Köhler cuestionaban la neurofisiología atomista de la época.

32. Titchener (1914) criticó el olvido de los significados por parte de Watson, a lo que éste respondió que el significado es un problema filosófico, y el psicólogo se limita a observar las conductas instigadas por la palabra.

33. Según Hull: “Tomemos un caso de memoria verbal, por ejemplo, un experimento ordinario de laboratorio. El estímulo genera una repuesta inmediata. Esto es el recuer- do. La asociación puede explicarlo y, en consecuencia, no hay problema. El problema está en cómo atribuir un pasado a unas pautas y novedad a otras... Parece como si inter- viniera un concepto de pasado. Éste sería una suerte de pauta generalizada de acción... Posiblemente opera una especie de disposición o condición del sistema neuromuscu- lar... Quizá un buen modo de analizarla sería considerar los intervalos de corta duración y comparar el propósito o disposición futura con la memoria o disposición pasada... ¿Cómo puede esta disposición ser accesible a la introspección?... Quizá por el uso de la palabra” (BEHAVIORISM I, págs. 98-99).

Pros y contras del conductismo

Hull encontró muchas cosas positivas en la teoría conductista de Watson, a pesar de sus reticencias iniciales hacia su persona34. Así, por ejemplo, las críticas de Roback a la idea del “hombre máquina” le merecieron el siguiente comentario35:

Exactamente, ¿qué quiere decir Roback cuando afirma que el autómata teórico ‘no comprendió la importancia o trascendencia de una sola de sus acciones?’

Nota: importancia parece significar aquí que el autómata no era capaz de decir cuál era la razón de sus actos ni cuál era aquel que deseaba realizar. Lo primero mira hacia atrás y es memoria y lo segundo mira al futuro y es propósito o meta. El propósito recordado, en cuanto relacionado con la causa o estímulo, puede entrar en la memoria. El mecanismo capaz de explicar o llenar esa pretendida fal- ta es que el mecanismo del lenguaje, digamos, responderá a ciertas disposiciones del sistema neuromuscular siempre que sea desencade- nado por algún estímulo como una pregunta. Entonces emitirá una serie de respuestas que corresponden a, o que significan lo dejado por aquello que fue, o por la disposición que produce la acción si no se ve perturbada. Pregunta: ¿Cuáles son los puntos básicos del mecanismo que asegura esa correspondencia? (BEHAVIORISM I, págs. 47-48). El conductismo abría nuevas perspectivas al estudio de los procesos mentales. Como escribió a propósito de la memoria, “ofrece la esperan- za de una explicación más prometedora que la de la antigua psicología, dado que ésta me parece totalmente estéril” (BEHAVIORISM I, pág. 97).

Por otra parte, sus limitaciones teóricas no eran tan grandes si se las compara con las de la psicología tradicional. Es cierto que la expli-

34. Las notas sobre la persona de Watson dicen lo siguiente: “Hablado de sus comien- zos en Chicago, luego en Hopkins, algunos detalles íntimos de su divorcio, venta de las cartas a los periódicos, fotografías de las mismas y venta posterior a la prensa de Nueva York. Conexión de Watson con J.Walter Thompson Co. Sueldo inicial $8.000. Luego $24.000... Mencionada discusión entre Watson y McDougall, en la que le acusó de debi- lidad religiosa y los jueces dieron veredicto favorable a McDougall, mientras que los estudiantes se lo dieron a Watson” (BEHAVIORISM I, pág. 25).

35. Según Roback, si los actos no son libres, carece de sentido castigar de modo dife- rente a los débiles mentales y a los normales. Respuesta de Hull: “probablemente el débil no caería en la cuenta del significado del castigo y por eso no tendría efectos disuasorios” (BEHAVIORISM I, pág. 52).

cación del aprendizaje dada por Watson deja mucho que desear; pero, se preguntó Hull, “¿cuánto mejor es la teoría de las ideas o del ‘insight’? ¿Cómo es posible que una idea inmaterial pueda causar una acción material? Violación de la ley de la conservación de la energía” (BEHAVIORISM I, pág. 69).

Hull le reconoció a Watson algunas intuiciones válidas. Así, el 9 de mayo de 1925 examinó su artículo “Conducta y enfermedad mental” (Watson, 1916b), en el que propuso una interpretación conductista de la teoría freudiana de las neurosis36. Su primera impresión no pudo ser más positiva, como lo indica este comentario:

Watson intenta traducir los conceptos freudianos a: 1) Hábitos infantiles que persisten en la edad adulta.

2) El cambio de afecto, común en la literatura freudiana, es con- cebido como reflejo condicionado emocional.

Watson pone de relieve el papel de los mecanismos del lenguaje en el informe verbal de los pacientes y en el experimento de la libre aso- ciación. Watson insiste en la duplicación de los actos por las palabras, lo cual es bastante sugestivo y convincente.

Me parece que las críticas de Roback a este artículo son bastante poco limpias, en especial en lo que respecta a la introspección (BEHA- VIORISM. I, s.p.).

El punto en el que Hull se mostró más en desacuerdo con Watson fue el relativo a la naturaleza del pensamiento. No veía cómo las imá- genes podían ser simples reproducciones de los movimientos realiza- dos con los objetos, porque en la experiencia introspectiva no las veía como tales. Tal y como escribió:

Watson sostiene que si su teoría de la conducta implícita es ver- dadera, entonces (al parecer) el pensamiento estaría al mismo nivel que ciertas acciones manifiestas o explícitas como el andar. La dife- rencia es notable al menos en un aspecto. Las respuestas implícitas de las imágenes del color o de la percepción de la profundidad no son percibidas en absoluto como movimientos, sino como algo total- mente distinto (BEHAVIORISM I, pág. 77).

36. Para la interpretación watsoniana de la teoría de las neurosis de Freud, véase Gondra (1985) y Rilling (2000).

Las imágenes del pensamiento tenían que ser de una naturaleza distinta a los demás movimientos corpóreos.

Discrepancias con Weiss

Los desacuerdos de Hull con el conductismo clásico se manifiestan con más claridad en sus comentarios al libro Una Base Teórica de la Conducta Humana (Weiss, 1925), que cayó en sus manos justo cuando estaba a punto de concluir el seminario37.

Albert Paul Weiss (1879-1931) fue más radical que Watson en lo que respecta a reduccionismo fisiológico, probablemente debido a la influen- cia de Max Meyer (1873-1967), profesor suyo en la Universidad de Missouri. Meyer fue uno de los primeros en definir a la psicología como ciencia de la conducta (Meyer, 1911), pero lo hizo desde una perspectiva neurofisiológica, dado que pensaba que las leyes fundamentales del com- portamiento había que buscarlas en la fisiología del sistema nervioso38.

Influido por Meyer, Weiss insistió en que la conciencia era un fenó- meno biosocial, resultante de la acción conjunta del sistema nervioso y del lenguaje recibido de la sociedad39.

En los primeros capítulos del libro, Weiss habló de un “solipsis- mo conductista” (1925, pág. 56) apoyándose en el argumento de que