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E L SEMINARIO DEL RAZONAMIENTO

Razonamiento, gestalt y conductismo

1. E L SEMINARIO DEL RAZONAMIENTO

Los cuadernos de Hull contienen las notas de tres seminarios sobre el razonamiento2. El primero de ellos, realizado durante el primer tri- mestre de 1924, pretendía estudiar las teorías psicológicas clásicas. El segundo, de fecha incierta, trató de las relaciones entre la psicología y la teoría lógica. El tercero, celebrado en 1926, se proponía establecer las bases de una teoría neoconductista del razonamiento. Para noso- tros el más interesante es el primero, entre otras razones, porque sus notas son las que nos ofrecen más información y además representan el final de su militancia en las filas del funcionalismo.

La ‘Psicología del Razonamiento’ de Rignano

Como dijimos hace un momento, el objetivo principal de Hull era buscar hipótesis de investigación para futuros experimentos sobre el razonamiento.

Según sus proyectos iniciales, el texto fundamental sería la Psico- logía del Razonamiento de Pillsbury (1910) y las primeras sesiones se dedicarían a las teorías de James y Thorndike. A continuación se ana- lizarían los escritos de Dewey (1903, 1910), Woodworth (1921), Irving E. Miller (1909), Bertrand Russell (1921) y John B. Watson (1919), para concluir con los textos de lógica de John S. Mill (1875), Bernard Bosanquet (1895), Francis H. Bradley (1922) y James M. Baldwin (1906-11).

Pero estos proyectos no se cumplieron, al menos en su totalidad, porque la Psicología del Razonamiento de Rignano (1923) desplazó muy pronto al texto de Pillsbury, convirtiéndose en el hilo conduc- tor de este seminario y de los que le siguieron durante los años si- guientes3.

2. Las Notas de seminario de la psicología del razonamiento dedican 33 páginas al seminario de 1924. A continación vienen las del seminario de 1929 y en la página 76 comienzan las de otro seminario que concluyó el 4 de mayo de 1926.

3. Hull designó al seminario de 1929 con el nombre de “seminario de Rignano” debi- do a su interés por el libro de Rignano (1923).

Eusebio Rignano (1870-1930) era un filósofo italiano interesado por las cuestiones científicas y por la biología4. Influido por John S. Mill (1806-1873) y los empiristas británicos, insistió en la observación y el experimento, pero sin descuidar la teoría. Al igual que Wundt y otros filósofos de su tiempo, creía que ésta era necesaria para unificar los datos procedentes de las distintas disciplinas científicas.

En sus escritos biológicos buscó una posición intermedia entre el vitalismo y el mecanicismo, en la que era clara la influencia del Lamar- ckismo. Los seres vivos son propositivos, en el sentido de ser buscado- res de metas, pero esta propiedad interna hunde sus raíces en el mun- do externo, dado que procede de la transformación de la energía física en una energía nerviosa que se acumula en el organismo y produce cambios en la sustancia germinal5.

La función básica de la sustancia viva es la memoria genética o “cua- lidad mnemónica”, como la llamó Rignano6. Al parecer, la energía ner- viosa puede reactivarse de la misma manera que las huellas de las sen- saciones almacenadas en la memoria, porque todas las formas de irri- tabilidad son sustancialmente idénticas, como decía el fisiólogo fran- cés Claude Bernard (1813-1878). En consecuencia, los fenómenos de la especialización celular, transmisión de los caracteres adquiridos y desarrollo ontogenético son manifestaciones de la misma energía que opera en la memoria y el pensamiento.

El razonamiento comporta muchas operaciones, como atender, reflexionar, imaginar, abstraer, etc. que, según Rignano, podían redu-

4. Eugenio Rignano nació en Livorno el 31 de mayo de 1870. Graduado en el Instituto Técnico de esa ciudad, estudió matemáticas en Pisa e ingeniería en el Instituto Politéc- nico de Turín. En 1907 fundó la revista Scientia, de la que fue director durante el perío- do 1915-30. Para una introducción, véanse los trabajos de Gabrielle Sava (1998) y Sergio Cesare Masin (1980).

5. Según Rignano, el desarrollo es controlado por la substancia germinal, en la que se acumulan las corrientes nerviosas generadas por los cambios ambientales de la misma manera que la electricidad en una batería, y esta acumulación explica la herencia de las características adquiridas.

6. Rignano toma de Ewald Hering (1834-1918) el término “propiedad mnémonica” (Hering, 1870). Además fue influido por Richard Semon (1859-1918), seguidor de Ernest H. Haeckel (1834-1919).

cirse a dos funciones básicas: las “tendencias afectivas” y las imágenes de la memoria. Las “tendencias afectivas” guardan cierto parecido con los impulsos de Cannon que, como se recordará, obedecen al principio del equilibrio homeostático. Así, el hambre tiene la función de mante- ner la condición nutritiva precisa para que el organismo pueda ejecu- tar sus operaciones.

Las “tendencias afectivas” proceden en último término del impulso básico de la vida, denominado “propiedad mnemónica”, que sufre un proceso de diferenciación a medida que el organismo realiza las trans- formaciones precisas para adaptarse a los cambios medioambientales. Ellas le orientan hacia metas específicas, aunque los movimientos resultantes son imprevisibles porque la misma meta puede alcanzarse por muchas vías distintas.

En el razonamiento operan dos “tendencias afectivas”, una que busca la satisfacción inmediata y otra que intenta demorar la des- carga hasta unas circunstancias más propicias. La primera brinda las imágenes y explica la unidad del pensamiento, mientras que la segunda intenta adaptarlo a la realidad en función de las experien- cias precedentes.

Siguiendo a Ernst Mach (1838-1916), uno de los padres del positi- vismo moderno, Rignano definió al razonamiento como un “Gedanken- experiment”, es decir, una sucesión de experimentos con las imágenes mentales que llevan al mismo estado de conciencia al que se llegaría manipulando los objetos físicos.

El razonamiento tenía una finalidad eminentemente práctica, a saber, resolver los problemas de la vida diaria. Para ilustrarlo, Rignano propuso el caso de una aldeana a la que dio 12 francos para que le hiciese unas compras. Cuando regresó a casa, ella le dijo que había gastado 7 francos y él le pidió los 5 que sobraban. La mujer puso las monedas sobre la mesa, separó 12 francos y se los entregó diciéndole: “ahora dame 7”. Mientras que Rignano había operado con imágenes mentales, ella hizo lo mismo con los objetos del mundo físico.

Estas descripciones, llenas de vida y frescura, impresionaron a Hull, como lo indica este comentario a los primeros capítulos del libro:

En la primera parte desarrolla una teoría de la atención en la que describe correctamente un estado real, pero que difícilmente será designada con el nombre de atención por los psicólogos... Es un buen material para el razonamiento, pero difícilmente lo que generalmente llamamos atención.

Su explicación del razonamiento parece una explicación del movi- miento deductivo. Es totalmente cualitativa y de muy fácil lectura.

Sospecho que admitiría una buena defensa la tesis de que en el razonamiento la pauta estimular es tal que siempre contiene un pri- mer aspecto que tiende a iniciar una acción y otro segundo que tien- de a despertar la acción contraria.

Pero después vienen los casos en los que el propósito exige una acción y, sin embargo, la situación es tan nueva que no hay ningún impulso a una acción particular (REASONING, págs. 15-16).

El énfasis de Rignano en las tendencias impulsivas caía en terreno abonado, ya que la práctica de la hipnosis le había enseñado a Hull la íntima relación existente entre el pensamiento y la motivación. Por otra parte, su énfasis en la utilidad adaptativa de la vida mental era típicamente funcionalista, dado que William James había dicho que la dirección del pensamiento dependía de la atención voluntaria y ésta, a su vez, estaba al servicio de los intereses biológicos de la superviven- cia7. De ahí la sintonía de Hull con el libro de Rignano.

Descendiendo más a lo concreto, su lectura le ayudó a perfilar tres nociones importantes:

1. El propósito. Después de leer a Rignano, Hull comprendió que no podía explicar el razonamiento a espaldas de los impulsos biológi- cos del organismo. Tal y como escribió:

Cuanto más lo pienso, más me persuado de que probablemente el propósito es el núcleo, y ciertamente un elemento imprescindible, de toda teoría del pensamiento o de la acción persistente que dure más de unos segundos. Muy probablemente, la razón por la que los psicólogos modernos lo han tenido tan olvidado es que 1) lo han dado por supues- to sin formularlo ni reconocerlo expresamente, y 2) han estudiado unas conductas tan fragmentarias que la tarea o ‘Aufgabe’ subsistía fácil- mente y fue tácitamente entendida (REASONING, págs. 18-19).

El propósito explica la persistencia en la búsqueda de la solución y limita los ensayos y errores a las conductas que tuvieron éxito en oca- siones anteriores. Como escribió Hull:

El propósito limita el ensayo y error a unos pocos símbolos. Cuando el problema se extiende directamente de uno a otro vínculo, no existe ensayo y error. El mecanismo del propósito es eficaz. Pero, al parecer, cuando hay una o varias conexiones intermedias, entonces debe intervenir el ensayo y error para encajar los bloques, sirviendo el propósito para mantener activo el proceso hasta la consecución del éxito (REASONING, págs. 19-20).

Por otra parte, el propósito explica el acortamiento de los hábitos del pensamiento, que en este punto se comportan como los hábitos del laberinto. Así, a propósito del cálculo aritmético8, Hull creyó opor- tuno “llamar la atención sobre la semejanza entre la eliminación de una vía ciega en el laberinto y la de los detalles experimentales que median entre el estímulo originario y la culminación final” (REASONING, pág. 30).

2. Reacciones a las propias reacciones. Unas consideraciones de Rignano sobre el papel del placer y el dolor en el desarrollo de los con- ceptos evocaron el siguiente comentario de Hull:

Creo que la indicación de Rignano de que podemos reaccionar a las cosas de acuerdo con los resultados producidos por ellas, puede esclarecer el problema que me preocupa desde hace algún tiempo, a saber, cómo puede responder el organismo a la relación, en cuanto distinta de las partes sensoriales de la situación perci- bida.

Pero quizá sea mucho más productiva la posibilidad de que reac- cionemos a nuestras reacciones previas. Probablemente éste es el secreto del razonamiento. Puede ser también el secreto del ‘cortocir- cuitamiento’ (REASONING, pág. 16).

8. El “cortocircuitamiento” aparece a propósito del razonamiento mátemático (REA- SONING, págs. 30-32). La aritmética de contar con los dedos cede el sitio a las tablas de sumar y multiplicar debido al acortamiento de los símbolos.

El conocimiento de las relaciones tenía mucho que ver con la aso- ciación por semejanza porque, al fin y al cabo, ésta era una clase espe- cial de relación. Pues bien, la posibilidad de “reaccionar a las reaccio- nes previas” abría las puertas al mecanismo con el que posteriormen- te explicó la semejanza entre estímulos que sólo tenían en común el hecho de evocar la misma respuesta. Además anticipaba la noción de “acto de estímulo puro”, cuya única función era suministrar estímulos al organismo (Hull, 1930c), ya que en este caso las reacciones previas servían de estímulo a los actos que venían a continuación.

3. Hábitos Generales. Hull desarrolló esta noción mientras leía el capítulo de Rignano sobre la intuición y la deducción. Tal y como escribió:

Me ha llamado la atención la posibilidad de que el principio de la generalización de las pautas estimulares pueda ir ascendiendo pro- gresivamente a niveles superiores. Ejemplo de tendencia estímulo- respuesta muy general es la tendencia a ser cauto cuando se está operando con pautas estimulares fragmentarias o parciales.

Otras tendencias de esta clase son (1) el hábito de “verificar hipó- tesis” y 2) llevar las cosas hasta el límite (P 128); 3) situaciones mejor afrontadas mediante ensayo y error o por ‘reductio ad absurdum’ (REASONING, pág. 28).

Los hábitos de proceder con cautela, verificar hipótesis, o argu- mentar por reducción al absurdo, eran generales en el sentido de que podían utilizarse en muchas situaciones concretas. Además, como la generalidad admitía distintos grados, podía pensarse en una organi- zación jerárquica de los hábitos, la noción que Hull desarrolló en el artículo de las “jerarquías de familias de hábitos” (Hull, 1934a).

Críticas al introspeccionismo

Las alabanzas al libro de Rignano iban acompañadas de muchas consideraciones críticas. Por ejemplo, las nociones no superaban el estadio de la observación cualitativa y, por esta razón, era preciso defi- nirlas operativamente antes de llevarlas al laboratorio. Esto era espe- cialmente válido para la percepción de semejanzas, como lo indica este

comentario al capítulo en el que Rignano trató de la capacidad para percibir analogías:

Aquí hay un gran desafío fundamental. Debo concentrarme en ello y elaborar el mecanismo asociativo pertinente. Me parece que es la esencia de la razón y que Rignano lo abandona. Köhler insiste en que la asociación no puede hacerlo y prácticamente lo abandona. Pero no pue- de ser obra del azar, ya que el simple azar no lograría nada, dado el número enorme de combinaciones posibles. Probablemente la verdad es que el propósito (afectividad de Rignano) sirve de alguna manera fisiológica para limitar grandemente los ensayos.

Pero entonces siempre hay tres pasos con pérdida del eslabón intermedio. Como mis teorías no parecen haberlo tocado hasta ahora, debo examinarlo más despacio (REASONING, págs. 24-25).

Una vez más, Hull volvía al problema de la semejanza. Mientras no se delinease el mecanismo de la detección de semejanzas entre objetos distintos desde un punto de vista físico, sería muy difícil, por no decir que imposible, ofrecer una explicación coherente del razonamiento.

Para concluir, su posición frente a la psicología tradicional del pen- samiento se resume en este comentario suyo al libro de Irving E. Miller (1909), escrito el 11 de febrero de 1924:

Esta tarde he leído el libro de Miller sobre la psicología del razo- namiento. Encuentro muchas cosas verdaderas, especialmente en sus críticas a la debilidad del enfoque lógico. Pero mi objeción principal es que no señala los mecanismos asociativos de los distintos hechos. Habla de hipótesis, ¿pero cuál es el mecanismo del surgimiento de la hipótesis? (REASONING, pág. 3).

Hull estaba convencido de que la explicación del razonamiento tenía que basarse en la teoría de la asociación. El libro de Rignano le ayudó a perfilar algunas nociones interesantes como la del propósito que dirige el curso de las asociaciones, la respuesta a las reacciones precedentes y los hábitos generales. Pero, descontento con su vague- dad conceptual, decidió explorar las posibilidades del conductismo, que en aquellos momentos era el blanco principal de las críticas ges- taltistas.