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E L “M ODELO ECONÓMICO DE 1964 Y SUS LIMITACIONES ”

La crisis internacional y los modelos alternativos de desarrollo: El caso de Brasil

II. E L “M ODELO ECONÓMICO DE 1964 Y SUS LIMITACIONES ”

La victoria política alcanzada por el gran capital nacional e internacional, a través del golpe de Estado de 1964, permitió la represión y neutralización de las fuerzas opuestas a su programa económico. De este modo pudo imponerse sin mayores restricciones un “modelo” puro de desarrollo capitalista dependiente.

Es importante destacar la relación directa entre lo político y lo económico. En otros países donde nos se habían producido golpes de Estado bajo la hegemonía del gran capital, las leyes del desarrollo capitalista internacional obligaron a seguir caminos semejantes, pero las medidas concretas fueron ejecutadas por gobiernos que matizaban y restringían el alcance final de esas medidas, debido a la resistencia política de las fuerzas sociales por ellas perjudicadas.

La importancia de la experiencia brasileña surge en gran medida de esa relativa pureza de aplicación del programa económico del gran capital. Y decimos “relativa” porque el golpe de Estado de 1964 no pudo expurgar totalmente al Estado de otros intereses que no fueran los del gran capital.

Entre esos intereses es necesario destacar en primer lugar los vastos residuos de la propiedad latifundista rural y sus desdoblamientos canalizados a través de la especulación inmobiliaria urbana, típicamente parasitaria. La solución encontrada por el gran capital en cuanto a la limitación del poder de estos sectores fue la instauración del estatuto de la tierra y el catastro rural, con el objetivo de obligar a los propietarios de tierras ociosas a ponerlas a trabajar, estimulando al mismo tiempo el desarrollo del capitalismo en el campo con medidas complementarias de carácter financiero, asistencial y de creación de infraestructura vial, energética, etc. De ese modo se estableció una creciente fusión entre el gran capital internacional y nacional y la gran propiedad territorial rural, dando origen inclusive a grandes inversiones en propiedades de tierras por parte de las multinacionales que operaban en el sector agro-industrial, financiero y hasta industrial.

En el sector urbano se expandieron, por medio de grandes créditos, generados por el sistema nacional de vivienda, las inversiones en infraestructura que permitieron la implantación de un vasto programa de construcciones. En consecuencia, se dinamizó la especulación urbana, vinculándola cada vez más al desarrollo del capitalismo y a la urbanización.

Ninguna de esas soluciones tuvo un carácter progresista ni promovió el avance económico y cultural de las grandes masas.

La penetración del capitalismo en el campo destruyó masivamente las relaciones patriarcales y semi-serviles, como la aparcería y otras. Pero estas relaciones arcaicas y precapitalistas fueron reemplazadas por la formación de masas de asalariados temporarios conocidos como “golondrinas”, cuyas condiciones de vida están al nivel de la miseria absoluta. En 1972, por ejemplo, INCRA registraba seis millones ochocientos mil asalariados temporarios y solamente novecientos setenta y siete mil asalariados permanentes en la población dedicada a la agricultura. Muchos de esos trabajadores asalariados temporarios formaban también parte de los cinco millones trescientos mil pequeños propietarios y sus empleados que trabajaban. Ambas categorías formaban la mayor parte de la población dedicada a la agricultura, que estaba constituida por dieciocho millones ochocientas mil personas.

En los grandes centros urbanos las poblaciones marginadas se amontonaron en favelas (villas miseria) y construcciones irregulares, compactas y con servicios mínimos, al lado de lujosos edificios levantados por la especulación inmobiliaria y el apoyo financiero estatal.

El segundo sector con el cual el capital internacional tuvo que enfrentarse dentro del Estado fue una vasta capa de lo que podríamos llamar una burguesía compradora o intermediaria que vive de la mediación entre el Estado y los sectores privados, recibiendo comisiones y remuneraciones especiales. Con la modernización del Estado neocapitalista aumentó la influencia de los tecnócratas en la formulación de políticas y en las decisiones referentes al uso de los fondos y las financiaciones estatales.

En consecuencia, se formó una amalgama de intereses entre la burguesía compradora, los tecnócratas, los directores de empresas estatales y los responsables de la política económica. Como veremos más adelante, esto generó un amplio debate sobre el significado económico-social y sobre la naturaleza de esa nueva capa social cuyos intereses se vinculan al crecimiento del aparato estatal. Algunas veces se destacó su contenido modernizante, confundiéndolo con la discutible “tecnoestructura” identificada por Galbraith en el capitalismo avanzado. Otras veces se puso el énfasis en su vínculo con el Estado, confundiéndola con la burguesía de Estado que, de manera también discutible, fue identificada por Carles Betelheim, en los países socialistas o bajo la hegemonía del capitalismo de Estado4.

Es preciso destacar, sin embargo, que esa nueva burguesía de tipo compradora o intermediaria cumple un papel limitante de la instauración plena de la política económica del gran capital. Para hacer concesiones a este grupo, la política económica tuvo que aumentar o multiplicar las inversiones estatales y tuvo también que desarrollar proyectos económicos que no se encuadraban necesariamente en sus objetivos estratégicos.

Inclusive puede decirse que, a la sombra de ese grupo, sobrevivió y hasta se amplió una industria de base nacional en sectores tales como la construcción civil y la industria de máquinas y herramientas que forman otro contrapeso importante a la política del gran capital internacional. En la medida en que tienen un poder de acumulación de capital propio, estas fuerzas burguesas pasan a representar un papel importante dentro de la clase dominante brasileña.

Para atender a sus exigencias, el régimen tuvo que realizar planes de desarrollo más sustanciales y orgánicos, aunque a veces superdimensionados e inasequibles. Es indudable que el capitalismo brasileño no pudo adaptarse totalmente a la nueva división internacional del trabajo y convertirse en una especie de Corea del Sur o de Taiwán, en gran parte por la acción de esas fuerzas que se mantienen debido a la extensión del mercado interno brasileño, aunque éste se limite a un pequeño sector de la población con un poder real de compra.

Estas limitaciones al pleno ejercicio del modelo económico del gran capital llevaron a una realidad diferente, en muchos aspectos, del análisis teórico sobre las características “puras” de este modelo.

Según este análisis, este “modelo” se caracteriza por tres aspectos esenciales, interdependientes y mutuamente complementarios:

- La dependencia económica para con el sistema capitalista internacional y particularmente su centro hegemónico, los Estados Unidos.;

- La concentración y la centralización de la producción y de la renta;

- La marginación y exclusión de vastas capas sociales, sobre todo las de menores ingresos, de la producción y distribución de la riqueza.

Todas esas tendencias se concretaron, pero en realidad se encuentran mezcladas con la acción de otras fuerzas sociales, como ya lo hemos señalado. La evolución económica, social y política del Brasil de hoy es un resultado de la acción y reacción de esas fuerzas. Pero es evidente que la renta de la tierra y la especulación financiera se convirtieron en los límites fundamentales a la evolución del capitalismo en Brasil. En consecuencia, la reforma agraria y la nacionalización de los bancos se convirtieron en los puntos neurálgicos del futuro económico nacional. Y poca gente percibe que ese callejón sin salida ha determinado la evolución reciente del país.

Sin embargo la resolución de estas dos cuestiones dejaría todavía en suspenso otros efectos del propio modelo: la deuda externa y la descapitalización del país a través de las remesas de ganancias, los intereses, los “royalties”, etc., hacia el exterior; la concentración de la renta y sus efectos depresivos sobre el mercado interno; el fenómeno de la pobreza y la marginación social como límite al desarrollo de los recursos humanos.