Dentro de este apartado hay que distinguir dos vertientes: por una parte, los efectos medioambientales de la actividad agraria y por otra, los espacios naturales protegidos.
Efectos medioambientales de la actividad agraria
A partir de los años 60, la agricultura catalana experimentó un fuerte crecimiento tanto del volumen de la producción como de la productividad por hectárea. Estos incrementos fueron consecuencia de un progresivo cambio de las técnicas de producción, abandonando los sistemas tradicionales, y una progresiva introducción de lo que se ha llamado “agricultura industrial”. Se incrementaron la mecanización agraria y la utilización de abonos químicos y pesticidas.
Estas nuevas técnicas permitieron no sólo multiplicar la producción sino también mantener la renta de las explotaciones sin que se incrementase el precio de los productos.
En este mismo período, se desarrolló también la ganadería intensiva desligada de la producción agrícola de la explotación. La alimentación tradicional del ganado fue substituida por pienso, que el campesino compraba fuera de la explotación.
Si bien todos estos cambios tuvieron un reflejo claramente positivo en la modernización de las explotaciones, el aumento de la productividad y la mejora de las condiciones de vida de los agricultores, también es cierto que acabaron creando un conjunto de problemas medioambientales, sobretodo cuando se extendieron prácticamente a todo el territorio. Los efectos más importantes de este desarrollo sobre el medio ambiente han sido:
• Contaminación por fertilizantes y efectos de las deyecciones ganaderas
En la segunda mitad del siglo XIX se introdujeron los abonos fósiles en la agricultura. Los más usados fueron el nitrato de Chile y los abonos fosfóricos. Estos fertilizantes complementaban los fertilizantes orgánicos tanto de origen animal como humano. Si bien este sistema no permitía alcanzar una productividad elevada, no creaba problemas medioambientales importantes, ya que la cantidad de abonos fósiles utilizados estaba limitada por su precio, relativamente elevado, y, en el caso del estiércol de origen orgánico, por la cabaña ganadera existente en cada zona.
La aparición de los fertilizantes de síntesis permitieron incrementar la productividad pero sin embargo provocaron problemas de contaminación. Los abonos nitrogenados son, en general, muy solubles. Su exceso es rápidamente disuelto y se incorpora al acuífero de la zona. Así, en las zonas de regadío intensivo, hay lugares donde se superan los 50 mg/l que fija la directiva 91/676/CEE.
Por otro lado, a partir de los años 60 hubo un importante crecimiento de la ganadería, particularmente la intensiva como complemento de la renta de las explotaciones agrícolas, al principio, y desvinculadas de la actividad agrícola, después.
Este incremento de explotaciones ha ocasionado importantes problemas medioambientales, relacionados con la necesidad de eliminación de los residuos orgánicos de las granjas o de los cadáveres de los animales muertos en las explotaciones... Este problema se ve incrementado por el hecho de que las granjas no se han distribuido de forma homogénea por todo el territorio, sino que se ha concentrado en determinadas comarcas.
El principal problema es, sin duda, el originado por la eliminación de los purines de las granjas de porcino, tanto a nivel práctico como por los posibles efectos contaminantes si su manejo no se hace de forma correcta, respetando el código de buenas prácticas agrarias.
• Contaminación por plaguicidas
Una de las características más importantes en el desarrollo de la llamada agricultura industrial es la utilización de los productos químicos de síntesis. Los espectaculares resultados que se obtuvieron con estos productos en la lucha contra los agentes nocivos de las cosechas han comportado un aumento constante de su utilización. En algunos casos, se puede considerar que hay un uso excesivo de estas sustancias, especialmente en los cultivos hortofrutícolas y en la agricultura intensiva.
En el futuro, un mejor conocimiento de la biología de las plagas y de los efectos secundarios de los plaguicidas y el desarrollo de una nueva generación de pesticidas, entre los cuales se incluye la confusión sexual, harán posible un uso más racional de estos productos, limitando su aplicación al momento oportuno y en las dosis precisas, evitando los excesos que puedan afectar negativamente a otras especies. Por otro lado, hay que incentivar el proceso de sustitución de los pesticidas tradicionales por otros más específicos que afecten únicamente a las especies nocivas y tengan un menor impacto sobre el medio ambiente.
• Erosión de terrenos agrícolas
En las tierras áridas y semiáridas, la erosión ocasiona la pérdida de la capa superficial de las tierras de cultivo, que es rica en materia orgánica y nutrientes. La regeneración de la tierra perdida no es posible más que con el paso del tiempo y con técnicas de cultivo que limiten los efectos de la erosión. Los estudios hechos en Cataluña reflejan pérdidas importantes por erosión en los suelos del Prepirineo y en las comarcas del litoral y prelitoral.
En el Prepirineo, el pasto en áreas secas elimina progresivamente buena parte de la cubierta vegetal, y, después, la lluvia y el viento se llevan el suelo y hacen muy difícil su restitución. En las comarcas litorales y meridionales y también en el mismo Prepirineo, algunas prácticas agrícolas y los tratamientos con herbicidas eliminan buena parte de la cubierta vegetal y dejan al descubierto el suelo, lo que provoca que se incremente la acción erosiva del agua y del viento.
Tradicionalmente, la práctica del tableo ha impedido el movimiento del suelo en los terrenos con fuerte pendiente y ha contribuido a su conservación. Las exigencias de la mecanización y los elevados costes del tableo hacen que en las transformaciones de los terrenos y las nuevas roturas se prescinda de estas obras y se instalen nuevos cultivos en zonas de gran pendiente, muy expuestas a la erosión, sin utilizar ningún sistema que reduzca sus efectos.
Espacios naturales protegidos
En Cataluña hay una amplia normativa, tanto del Estado como de la Generalitat y de las administraciones locales, dirigida a defender y proteger los lugares de especial interés medioambiental. Aproximadamente, el 20% de la superficie de Cataluña (6480 ha) está protegida por algún tipo de legislación especifica. De ésta el 5% corresponde a espacios naturales protegidos y el 15% (4800 ha) a espacios incluidos dentro del Plan de Espacios de Interés Natural (PEIN). La actividad agraria dentro de estas zonas se limita a las prácticas tradicionales, siempre que se compruebe que no afectan de forma negativa a su entorno.
Actualmente, los espacios naturales con protección especial están clasificados en siete grupos. Son los siguientes:
ESPACIOS NATURALES SUPERFICIES
Parques Nacionales 14119 ha.
Parajes Naturales de Interés Nacional 7516 ha.
Parques Naturales 12179 ha.
Reservas Naturales 13044 ha.
Espacios protegidos por la legislación urbanística 33357 ha.
Reservas marinas 7 archipiélagos
Espacios de Interés Natural 144 espacios